Sociedad Biblica Argentina

La Biblia y la Amistad: Día 1

Leé la reflexión al final

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Texto(s) de la Biblia

La llegada del Espíritu Santo

1Cuando llegó el día de Pentecostés, todos ellos estaban juntos y en el mismo lugar.

2De repente, un estruendo como de un fuerte viento vino del cielo, y sopló y llenó toda la casa donde se encontraban.

3Entonces aparecieron unas lenguas como de fuego, que se repartieron y fueron a posarse sobre cada uno de ellos.

4Todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu los llevaba a expresarse.

5En aquel tiempo vivían en Jerusalén judíos piadosos, que venían de todas las naciones conocidas.

6Al escucharse aquel estruendo, la multitud se juntó, y se veían confundidos porque los oían hablar en su propia lengua.

7Estaban atónitos y maravillados, y decían: «Fíjense: ¿acaso no son galileos todos estos que están hablando?

8¿Cómo es que los oímos hablar en nuestra lengua materna?

9Aquí hay partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia.

10Están los de Frigia y Panfilia, los de Egipto y los de las regiones de África que están más allá de Cirene. También están los romanos que viven aquí, tanto judíos como prosélitos,

11y cretenses y árabes, ¡y todos los escuchamos hablar en nuestra lengua acerca de las maravillas de Dios!»

12Todos ellos estaban atónitos y perplejos, y se decían unos a otros: «¿Y esto qué significa?»

13Pero otros se burlaban, y decían: «¡Están borrachos!»

Primer discurso de Pedro

14Entonces Pedro se puso de pie, junto con los otros once, y con potente voz dijo: «Varones judíos, y ustedes, habitantes todos de Jerusalén, sepan esto, y entiendan bien mis palabras.

15Contra lo que ustedes suponen, estos hombres no están borrachos, pues apenas son las nueve de la mañana.

16Más bien, esto es lo que dijo el profeta Joel:

17»Dios ha dicho:

En los últimos días derramaré de mi Espíritu

sobre toda la humanidad.

Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán;

sus jóvenes tendrán visiones

y sus ancianos tendrán sueños.

18En esos días derramaré de mi Espíritu

sobre mis siervos y mis siervas,

y también profetizarán.

19Haré prodigios en el cielo,

y en la tierra se verán señales de sangre,

de fuego y de vapor de humo.

20El sol se oscurecerá,

la luna se pondrá roja como sangre,

antes de que llegue el día del Señor

y se muestre en toda su grandeza.

21Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.

22»Varones israelitas, escuchen mis palabras: Jesús nazareno, que fue el varón que Dios aprobó entre ustedes por las maravillas, prodigios y señales que hizo por medio de él, como ustedes mismos lo saben,

23fue entregado conforme al plan determinado y el conocimiento anticipado de Dios, y ustedes lo aprehendieron y lo mataron por medio de hombres inicuos, crucificándolo.

24Pero Dios lo levantó, liberándolo de los lazos de la muerte, porque era imposible que la muerte lo venciera.

25De él dice David:

»Siempre veía al Señor ante mí.

Él está a mi derecha, y nada me perturbará.

26Por eso mi corazón se alegró,

y mi lengua cantó llena de gozo.

Mi cuerpo descansará en la esperanza,

27porque no dejarás mi alma en el Hades,

ni permitirás que tu Santo se corrompa.

28Me hiciste conocer los caminos de la vida,

y me llenarás de gozo con tu presencia.

29»Varones hermanos, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nuestro patriarca David murió y fue sepultado, y que hoy sabemos dónde está su sepulcro entre nosotros.

30David era profeta, y sabía que Dios le había jurado que de su linaje humano saldría el Cristo, que se sentaría en su trono.

31Esto lo vio antes de que sucediera, y habló de la resurrección de Cristo y de que su alma no se quedaría en el Hades, ni su cuerpo se corrompería.

32Pues a este Jesús Dios lo resucitó, y de eso todos nosotros somos testigos.

33Y como él fue exaltado por la diestra de Dios, recibió del Padre la promesa del Espíritu Santo, y ha derramado esto que ahora están viendo y oyendo.

34David mismo no subió a los cielos, pero sí dice:

»Dijo el Señor a mi señor:

Siéntate a mi derecha,

35hasta que yo ponga a tus enemigos

por estrado de tus pies.

36»Sépalo bien todo el pueblo de Israel, que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo.»

37Al oír esto, todos sintieron un profundo remordimiento en su corazón, y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?»

38Y Pedro les dijo: «Arrepiéntanse, y bautícense todos ustedes en el nombre de Jesucristo, para que sus pecados les sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo.

39Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos, para todos los que están lejos, y para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios llame.»

40Y con muchas otras palabras les hablaba y los animaba. Les decía: «Pónganse a salvo de esta generación perversa.»

41Fue así como los que recibieron su palabra fueron bautizados, y ese día se añadieron como tres mil personas,

42las cuales se mantenían fieles a las enseñanzas de los apóstoles y en el mutuo compañerismo, en el partimiento del pan y en las oraciones.

La vida de los primeros cristianos

43Al ver las muchas maravillas y señales que los apóstoles hacían, todos se llenaban de temor,

44y todos los que habían creído se mantenían unidos y lo compartían todo;

45vendían sus propiedades y posesiones, y todo lo compartían entre todos, según las necesidades de cada uno.

46Todos los días se reunían en el templo, y partían el pan en las casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

47mientras alababan a Dios y brindaban ayuda a todo el pueblo. Y cada día el Señor añadía a la iglesia a los que habían de ser salvos.

Pablo en Corinto

1Después de esto, Pablo salió de Atenas y se fue a Corinto.

2Allí se encontró con un judío que se llamaba Aquila, nacido en el Ponto, y que había llegado recientemente de Italia junto con Priscila, su mujer, porque Claudio había ordenado que todos los judíos salieran de Roma. Pablo fue a verlos

3y se quedó con ellos para que trabajaran juntos, pues tanto ellos como él fabricaban tiendas de campaña;

4y todos los días de reposo debatía en la sinagoga y lograba persuadir a judíos y a griegos.

5Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo estaba totalmente dedicado a la predicación de la palabra, y les probaba a los judíos que Jesús era el Cristo.

6Pero como ellos se oponían y blasfemaban, Pablo se molestó mucho y les dijo: «Que su propia sangre recaiga sobre ustedes. Yo no tengo nada de qué avergonzarme. Desde ahora, me voy a predicar a los no judíos.»

7Al salir de allí, se fue a la casa de Ticio Justo, un hombre que honraba a Dios y que vivía junto a la sinagoga.

8Crispo, que era el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor junto con toda su familia; y muchos de los corintios que oían a Pablo también creyeron y fueron bautizados.

9Una noche, mientras Pablo dormía, el Señor le dijo en una visión: «No temas. Habla y no calles,

10porque yo estoy contigo. Nadie podrá hacerte daño, porque en esta ciudad cuento con mucho pueblo.»

11Pablo se quedó allí un año y seis meses, y les enseñaba la palabra de Dios.

12Cuando Galión era procónsul de Acaya, los judíos que estaban en contra de Pablo se pusieron de acuerdo y lo llevaron ante el tribunal.

13Allí dijeron: «Este hombre persuade al pueblo a que honre a Dios, aun en contra de nuestra ley.»

14Cuando Pablo comenzó a hablar, Galión les dijo: «Si ustedes los judíos acusaran a este hombre de algún agravio o de un crimen muy grave, yo les aseguro que atendería el caso, como corresponde.

15Pero como esto es cuestión de palabras y nombres, y de su propia ley, véanlo ustedes mismos. Yo no quiero meterme en sus cosas.»

16Y los echó del tribunal.

17Entonces se lanzaron sobre Sóstenes, que era el jefe de la sinagoga, y lo golpearon delante del tribunal, pero eso a Galión no le importó nada.

18Pablo se quedó allí muchos días, pero después se despidió de los hermanos y se embarcó a Siria. Con él se fueron Priscila y Aquila. En Cencrea, Pablo se rapó la cabeza debido a un voto que había hecho.

19Cuando llegaron a Éfeso, Pablo los dejó y entró luego a la sinagoga, donde empezó a debatir con los judíos.

20Estos le rogaban que se quedara con ellos más tiempo, pero él no aceptó.

21Al despedirse, les dijo: «Si es la voluntad de Dios, volveré a ustedes.» Y zarpó de Éfeso.

Pablo regresa a Antioquía. Comienza su tercer viaje misionero

22Cuando desembarcó en Cesarea, fue a saludar a la iglesia; después de eso regresó a Antioquía

23y estuvo allí algún tiempo, pero luego se fue y recorrió la región de Galacia, y luego la de Frigia, para confirmar a todos los discípulos.

Apolos predica en Éfeso

24Por esos días llegó a Éfeso un judío de Alejandría, que se llamaba Apolos. Era muy elocuente, y tenía un sólido conocimiento de las Escrituras;

25además, había sido instruido en el camino del Señor, y con espíritu fervoroso hablaba y enseñaba con precisión todo lo concerniente al Señor. Pero solo conocía el bautismo de Juan.

26Apolos comenzó a hablar en la sinagoga sin ningún temor, pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llamaron aparte y le expusieron con todo detalle el camino de Dios.

27Apolos quería ir a Acaya, y los hermanos lo animaron; escribieron a los discípulos de allá para que lo recibieran y, cuando él llegó, fue de mucho provecho para los que, por la gracia de Dios, habían creído,

28pues con mucha vehemencia refutaba en público a los judíos, y con las Escrituras les demostraba que Jesús era el Cristo.

Dios es amor

7Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Existe una expresión de la Iglesia de Cristo que se refiere a lo estrictamente relacional. Cuando recorremos la revelación bíblica observamos que la experiencia de la iglesia emerge en tres dimensiones que conviven y se retroalimentan entre sí. Te invito a recorrer en una lectura profunda los capítulos 2 y 18 del libro de Hechos. Allí podrás observar estas dimensiones de las que te hablo. Podrás ver con claridad cómo la iglesia es una experiencia de alcance mundial, tiene incidencia e impacto en lo local, pero también resulta una vivencia profundamente relacional de amistad. Ese es el diseño de Dios para su pueblo.

Nuestro anhelo

Queremos ayudarte en tu encuentro con Dios a través de la Biblia. Para esto traducimos, publicamos, difundimos y exaltamos la Palabra de Dios.

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