De la Biblia a la vida: las amistades

Existe una expresión de la iglesia de Cristo que refiere a lo estrictamente relacional. Cuando recorremos la revelación bíblica observamos que la experiencia de la iglesia emerge en tres dimensiones que conviven y se retroalimentan entre sí. Te invito a recorrer en una lectura profunda los capítulos 1 y 18 del libro de Hechos. Allí podrás observar estás dimensiones de las que te hablo. Podrás ver con claridad cómo la iglesia es una experiencia de alcance mundial, tiene incidencia e impacto en lo local, pero también resulta una vivencia profundamente relacional. Ese es el diseño de Dios para su pueblo.

Cristo inició la iglesia sobre la base de relaciones. Relaciones que reunieron a hombres contradictorios, opuestos entre sí, sospechosos y desconfiados. Durante tres años les abrió su mente y corazón y los llevó, prácticamente, a la aventura de la convivencia entre sí y al servicio al prójimo. Fue tiempo de clases magistrales, dinámicas con preguntas incisivas y trabajos prácticos que llevaron a sus discípulos a la comprensión de que su propuesta consistía en regalarles su amistad (Jn 15. 15). Sobre esa base Jesús los mandó a multiplicar ese modelo relacional, haciendo discípulos, consolidando su amistad entre ellos y abriéndose a nuevas amistades.

La amistad es una de las maneras más concretas, sólidas y palpables de hacer pueblo y de hacer iglesia. Hebreos 10.23-25 dice:
“Mantengamos firme y sin fluctuar la esperanza que profesamos, porque fiel es el que prometió. Tengámonos en cuenta unos a otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como es la costumbre de algunos, sino animémonos unos a otros; y con más razón ahora que vemos que aquel día se acerca”.

La dimensión relacional de la iglesia es el escenario donde el compañerismo y la amistad deben cultivarse de manera deliberada e intencional. Este pasaje nos revela el desafío de salir del aislamiento y la indiferencia para tenernos en cuenta, estimularnos y animarnos por medio de las relaciones. Es un reto a nuestro favor abrirnos a amistades saludables donde crezca esa interacción que nos permite nutrir y ser nutridos.

Cada uno de nosotros debe aprender a cultivar y profundizar amistades que potencien nuestra amistad con Jesús, estimulándonos y desafiándonos a realizar obras de amor, creciendo en la oración y en el disfrute de nuestra relación con Dios.

Germán Ortiz
Psicólogo social. Pastor. Autor de “Vamos por más” y otras publicaciones.
Miembro fundador de LAGRAM.

Este post fue publicado el viernes 10 julio 2020
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Porque de tal manera amó Dios al mundo,
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Juan 3:16

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