Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
10

Dios promete bendecir a su pueblo

101Dios continuó diciendo:

«Yo soy el Dios de Israel.

Pídanme lluvia en época de sequía

y yo haré que llueva en abundancia.

Yo soy quien forma las tormentas

y quien hace que los campos produzcan.

2Pero los ídolos son engañosos;

los adivinos solo dicen mentiras.

Engañan a la gente con sus sueños,

y escucharlos no da ningún consuelo.

¡Por eso ustedes andan perdidos,

como un rebaño sin pastor!

3»Yo soy el Dios de Israel,

y voy a castigar a esos pastores

porque estoy muy enojado con ellos.

Yo mismo cuidaré de mi pueblo.

Judá es ahora un rebaño de ovejas,

pero pronto voy a convertirlos

en briosos caballos de batalla.

4De entre ellos saldrán grandes jefes

que brindarán su apoyo a mi pueblo;

serán como la estaca de una tienda,

como un arco para lanzar flechas,

¡como la piedra principal de un edificio!

5Serán como los soldados valientes

que luchan en medio del lodo;

lucharán contra soldados de a caballo

y les ganarán la batalla,

porque yo estaré con ellos.

6»Yo soy el Dios de Israel,

y escucho las oraciones de mi pueblo.

Yo fortaleceré a la gente de Judá

y salvaré a todos los israelitas;

los haré volver a su tierra,

y parecerá que nunca los rechacé

porque les mostraré mi compasión.

7»Los israelitas se alegrarán

como se alegran los soldados

cuando han tomado mucho vino;

cuando sus hijos vean esto,

también se llenarán de alegría

por lo que yo haré con ellos.

8»Cuando les dé la señal,

los llamaré y volveré a reunirlos;

y cuando los haya salvado,

volverán a ser un pueblo numeroso

como lo fueron en tiempos pasados.

9Yo los dispersé entre las naciones,

pero aun allí se acordarán de mí,

y regresarán a su tierra

en compañía de sus hijos.

10»Los haré volver de Egipto y Asiria,

y los haré vivir en Galaad

y en la región del monte Líbano;

pero serán muchos cuando vuelvan

y no habrá lugar para todos.

11Angustiados, cruzarán el mar,

pero yo calmaré sus olas

y secaré por completo el río Nilo;

¡yo acabaré con el poder de Egipto,

y pondré fin al orgullo de Asiria!

12Yo fortaleceré a mi pueblo,

y en mi nombre avanzarán sin miedo.

Yo soy el Dios de Israel,

y les juro que así será.

11

111»Monte Líbano,

¡abre paso al fuego,

porque va a devorar tus cedros!

2Ustedes, los pinos,

¡lloren por esos enormes árboles!

¡Los grandes cedros han sido derribados!

Y ustedes, robles de Basán,

¡lloren por esos grandes bosques

que han dejado de existir!

3Los pastores lloran desesperados,

porque sus verdes pastos se quemaron;

los leones rugen furiosos,

porque los llanos del río Jordán

ahora parecen un desierto».

Los dos pastores

4El Dios todopoderoso me dio este mensaje:

«Ve y cuida de las ovejas que serán llevadas al matadero. 5Los que las compran las matan sin ninguna compasión; los que las venden dicen “¡Gracias a Dios ya soy rico!”; y ni siquiera sus propios pastores se compadecen de ellas.

6»Yo haré lo mismo: ¡no tendré compasión de los habitantes de este país! Dejaré que caigan bajo el poder de las naciones vecinas y del rey que las gobierne. Y aunque su tierra sea destruida por completo, yo no iré en su ayuda. Yo soy el Dios todopoderoso, y juro que así lo haré».

7Yo me dediqué a cuidar de las ovejas que irían al matadero, y di especial atención a las ovejas más débiles. Tenía yo dos varas de pastor; a una de ellas la llamé «Bondad», y a la otra la llamé «Unión». 8Como los pastores no me querían, ni yo los quería a ellos, en un mes despedí a tres. 9A las ovejas les dije: «¡Ya no quiero ser su pastor! ¡No me importa si se mueren o las matan! ¡Tampoco me importa si se comen las unas a las otras!»

10Después tomé la vara llamada «Bondad», y la rompí. Con eso di a entender a los que estaban allí que Dios había roto su pacto con todas las naciones. 11Los comerciantes de ovejas vieron lo que hice, y entendieron que eso era un mensaje de Dios para ellos, en el que yo representaba a Dios y las ovejas representaban al pueblo.

12Luego les dije a los comerciantes: «Quiero que me paguen mi sueldo. Pero si no quieren pagarme, no lo hagan». Entonces ellos me pagaron treinta monedas de plata.

13Dios me dijo: «¡Treinta monedas de plata es muy poco por todo lo que yo he hecho a favor de mi pueblo! ¡Toma las monedas, y tíralas en el cofre de las ofrendas

Tomé entonces las monedas, y cumplí con lo que Dios me ordenó hacer. 14Después de eso, rompí la vara llamada «Unión», y así se rompió el lazo fraternal que unía a Israel con Judá.

Los malos pastores

15Dios me dio este otro mensaje:

«Ahora vas a representar a esos pastores que no se preocupan por sus ovejas. 16Porque voy a poner este país al cuidado de un rey que no se preocupará por su pueblo. Será como un pastor descuidado: no se preocupará por las ovejas que se apartan del camino, ni buscará a las ovejas perdidas, ni curará a las ovejas lastimadas, ni alimentará a las ovejas hambrientas. Ese rey solo se ocupará de los ricos y poderosos que le dan de comer.

17»¡Qué mal le va a ir al pastor inútil,

que no cuida del rebaño!

¡Ojalá que con una espada

le corten una mano,

y que con un cuchillo

le saquen los ojos!»

12

Dios destruirá a los enemigos de Jerusalén

121Dios me dio este mensaje para los israelitas:

«Yo soy el Dios todopoderoso.

Yo fui quien extendió los cielos

y afirmó las bases de la tierra.

Yo soy quien dio vida

a todos los seres humanos.

2-3»Cuando las naciones vecinas quieran atacar a Jerusalén y a las ciudades de Judá, yo las haré fracasar. Su ataque será tan torpe que mi pueblo pensará que están borrachos.

»Cuando llegue ese día, todas las naciones se unirán para acabar con Jerusalén. Pero yo haré que Jerusalén sea como una piedra enorme; ¡todo el que trate de moverla será aplastado por ella!

4»Yo estaré vigilando al pueblo de Judá, así que ese día dejaré ciegos a todos los caballos de las naciones, y espantaré a sus jinetes. 5Cuando los jefes de Judá vean esto, dirán convencidos: “¡El único Dios todopoderoso es el Dios de los que vivimos en Jerusalén! ¡Nuestro Dios es nuestra fortaleza!”

6-7»Ese día convertiré a los jefes de Judá en fuego, y con ese fuego consumiré por completo a todas las naciones vecinas, pero a la ciudad de Jerusalén no le pasará nada. Salvaré a las familias de Judá, pues para mí son tan importantes como la familia de David y como los que viven en Jerusalén. Que nadie piense lo contrario.

8-9»Yo estoy dispuesto a destruir a cualquier nación que ataque a Jerusalén. De tal manera protegeré a sus habitantes que, ese día, los más débiles entre ellos serán tan poderosos como David; además, los descendientes de David volverán a gobernar como si mi propio ángel los dirigiera.

10»Yo haré que los descendientes de David oren y se pongan muy tristes al mirar al que atravesaron con una lanza. También haré que lloren los habitantes de Jerusalén. Y será tan grande su tristeza que llorarán como si hubieran perdido a su único hijo. 11Ese día llorarán en Jerusalén, como cuando lloran la muerte del dios Hadad-rimón en la llanura de Meguido. 12-14Todos en el país estarán de luto, y cada familia llorará por separado. Llorarán hombres y mujeres entre los descendientes de David, Natán, Leví y Simí, y entre todas las demás familias.