Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
3

31En la oscuridad de la noche

busco al amor de mi vida.

En la soledad de mi cuarto

lo busco y no lo encuentro.

2Me levanto,

recorro la ciudad,

voy por calles y mercados,

buscando al amor de mi vida.

Lo busco y no lo encuentro.

3Me topo con los guardias,

con los que vigilan la ciudad,

y les pregunto si han visto

al amor de mi vida.

4Apenas los dejo,

encuentro al amor de mi vida.

Lo abrazo,

no lo suelto,

lo llevo a mi casa,

¡lo hago entrar

en la habitación donde nací!

El novio

5Mujeres de Jerusalén,

quiero que me prometan,

por las gacelas y venaditas

que corren por el bosque,

que no molestarán a mi amada

ni la despertarán de su sueño de amor

hasta que ella sola se despierte.

Tercer canto

Los amigos

6¡Algo viene por el desierto!

¿Qué podrá ser?

Parece una columna de humo

que avanza entre aromas

de flores, incienso y perfumes.

7¡Pero si es Salomón,

y viene en su carruaje real!

Lo escoltan sesenta valientes,

¡los mejores soldados de Israel!

8Armados con espadas,

son maestros en el combate;

todos llevan la espada lista

por causa de los peligros

que presenta la noche.

9Este carruaje fue hecho

con finas maderas del Líbano.

Salomón mismo lo mandó hacer.

10Ordenó que le pusieran

columnas de plata,

soportes de oro,

y un asiento de tela púrpura.

Las mujeres de Jerusalén

decoraron su interior

con gran delicadeza.

11¡Salgan, mujeres de Jerusalén!

¡Vengan a ver al rey Salomón!

Lleva puesta la corona

que su propia madre le hizo

para el día de su boda,

¡para el día más feliz de su vida!

4

El novio

41¡Eres bella, amada mía!

¡Eres sumamente bella!

Son tus ojos dos palomas

que se asoman tras el velo.

Son tus negros cabellos

cabritos que juguetean

en los montes de Galaad.

2Son blancos tus dientes,

como ovejas recién bañadas

listas para la trasquila.

3Son rojos tus labios

cual cinta escarlata,

y melodiosas tus palabras.

Tus mejillas, tras el velo,

son rojas como manzanas.

4Tu cuello me recuerda

a la torre de David,

hecha de piedras labradas

y adornada con mil escudos

de valientes guerreros.

5Tus pechos son dos gacelas,

¡son dos gacelas

que pastan entre las rosas!

6Mientras sopla todavía

la brisa de la tarde,

y las sombras van cayendo,

subiré a la colina

de las suaves fragancias.

7¡Qué bella eres, amada mía!

¡Todo en ti es perfecto!

8¡Vamos, novia mía,

baja del Líbano conmigo!

Baja de las cumbres de los montes,

baja de las cuevas de los leones,

de los montes de los leopardos.

9Amada mía,

desde que me miraste

mi corazón te pertenece.

Es tuyo desde que lo envolviste

entre los hilos de tu collar.

10¡Qué dulces son tus caricias,

amada mía!

¡Son más dulces que el vino!

¡Más fragantes tus perfumes

que todas las especias!

11Son tus labios un panal,

amada mía;

de tu lengua brotan leche y miel.

Hay en tus vestidos

la dulce fragancia

de los bosques del Líbano.

12Tú eres un jardín cerrado,

amada mía;

eres un jardín cerrado,

¡eres sellado manantial!

13El paraíso de tus pechos

es un huerto de manzanos.

Hay en él nardos y azahares,

14los más variados aromas,

y las más finas especias.

15Eres la fuente de los jardines,

¡el manantial de agua viva

que baja del monte Líbano!

La novia

16¡Despierta, viento del norte!

¡Ven acá, viento del sur!

¡Soplen sobre mi jardín

y esparzan su fragancia!

¡Ven a tu jardín, amado mío,

y prueba sus deliciosos frutos!

5

El novio

51Ya estoy dentro de mi jardín,

amada mía;

y encuentro en él bálsamo y mirra.

Allí pruebo la miel de mi panal,

y bebo vino y leche.

Los pastores

¡Vamos, amigos,

coman y beban!

¡Queden saciados de amor!

Cuarto canto

La novia

2En medio de mis sueños

mi corazón despertó

y alcancé a oír una voz.

Era la voz de mi amado,

que estaba a la puerta:

El novio

«Amada mía;

mi preciosa palomita,

¡déjame pasar!

Tengo la cabeza bañada en rocío;

¡me corre por el cabello

la lluvia de la noche!»

La novia

3«Pero ya me quité la ropa,

¡tendría que volver a vestirme!

Ya me lavé los pies;

¡me los ensuciaría de nuevo!»

4Mi amado metió la mano

por un hoyo de la puerta;

¡todo mi ser se estremeció!

5Salté de la cama

para abrirle a mi amado;

¡por las manos y los dedos

me corrían gotas de perfume,

y caían sobre la aldaba!

6Al oír la voz de mi amado,

sentí que me moría.

Le abrí la puerta,

pero él se había marchado;

¡ya no estaba allí!

Me dispuse a seguirlo:

lo busqué y no lo encontré;

lo llamé y no me respondió.

7Me topé con los guardias,

con los que vigilan la ciudad;

y ellos me hirieron, me golpearon,

¡y me dejaron desnuda!

8Mujeres de Jerusalén,

quiero que me prometan

que, si encuentran a mi amado,

le digan que…

¡Que me estoy muriendo de amor!

Las mujeres de Jerusalén

9¿Qué tiene de especial tu amado,

mujer bella entre las bellas?

¿En qué es diferente tu amado

del resto de los hombres,

que nos pides tales promesas?

La novia

10Tan elegante es mi amado,

y tan rosada es su piel,

que entre diez mil hombres

es fácil reconocerlo.

11Su cabeza es oro puro;

sus cabellos son rizados

y negros como un cuervo.

12Sus ojos son dos palomas

bañadas en leche

y sentadas junto a los arroyos.

13Sus mejillas son un huerto

de hierbas aromáticas.

Sus labios parecen rosas,

y por ellos corre miel.

14Por brazos tiene

un par de barras de oro

adornadas con topacios.

Su cuerpo es tan terso

como el pulido marfil,

y lo adorna un cielo de zafiros.

15Son sus poderosas piernas,

dos pilares de mármol

apoyados sobre bases de oro puro.

Su presencia es majestuosa

como los cedros del Líbano.

16Hay dulzura en sus labios;

¡es un hombre encantador!

¡Así es mi amado,

mujeres de Jerusalén!

¡Así es mi amado!