Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
8

Grandeza divina, grandeza humana

(1) Himno de David.

Instrucciones para el director del coro: para cantarlo con la melodía que se toca cuando se exprimen las uvas.

81 1 (2) Nuestro Dios y nuestro rey,

¡qué grande eres

en toda la tierra!

¡Tu grandeza está por encima

de los cielos más altos!

2 2 (3) Con las primeras palabras

de los niños más pequeños,

y con los cantos

de los niños mayores

has construido una fortaleza

por causa de tus enemigos.

¡Así has hecho callar

a tus enemigos que buscan venganza!

3 3 (4) Cuando contemplo el cielo,

y la luna y las estrellas

que tú mismo hiciste,

4 4 (5) no puedo menos que pensar:

«¿Qué somos los mortales

para que pienses en nosotros

y nos tomes en cuenta?»

5 5 (6) ¡Nos creaste casi igual a ti!

Nos trataste como a reyes;

6 6 (7) nos diste plena autoridad

sobre todo lo que hiciste;

nos diste dominio

sobre toda tu creación:

7 7 (8) sobre ovejas y vacas,

sobre animales salvajes,

8 8 (9) sobre aves y peces,

¡sobre todo lo que se mueve

en lo profundo del mar!

9 9 (10) Nuestro Dios y nuestro rey,

¡qué grande eres

en toda la tierra!

9

La justicia de Dios

SALMO 9 (9a)

(1) Himno de David.

Instrucciones para el director del coro: Este himno deberá cantarse acompañado de flautas y arpas.

91-2 1-2 (2-3) Dios mío, Dios altísimo,

yo quiero alabarte de todo corazón.

Quiero expresarte mi alegría;

¡quiero cantarte himnos

y hablar de tus maravillas!

3-4 3-4 (4-5) Tú eres un juez justo:

juzgaste mi caso

y me declaraste inocente.

Por ti mis enemigos huyen,

tropiezan y son destruidos.

5 5 (6) Reprendiste a los pueblos

que no te adoran;

destruiste a esos malvados,

¡y nadie volvió a recordarlos!

6 6 (7) Para siempre cayó la desgracia

sobre nuestros enemigos;

dejaste sin gente sus ciudades,

y ya nadie se acuerda de ellos.

7 7 (8) Dios mío, tú reinas para siempre,

estás sentado en tu trono,

y vas a dictar la sentencia.

8 8 (9) Juzgarás a los pueblos del mundo

con justicia y sin preferencias.

9-10 9-10 (10-11) Tú, Dios mío,

proteges a los que son maltratados

y los libras de la angustia.

Los que te conocen

confían en ti,

pues nunca los abandonas

cuando te buscan.

11 11 (12) ¡Canten himnos a Dios,

que es el rey de Jerusalén!

¡Den a conocer entre los pueblos

todo lo que ha hecho!

12 12 (13) Dios sabe que ustedes han sufrido,

y les hará justicia;

Dios siempre atiende a los pobres

cuando le piden ayuda.

13 13 (14) Dios mío, ¡compadécete de mí!

¡Fíjate en los que me odian!

¡Mira cómo me afligen!

¡No dejes que me maten!

14 14 (15) Tú me salvaste;

por eso estoy feliz.

Iré a donde todos me oigan,

y les diré a los que pasen

que también deben alabarte.

15 15 (16) Los pueblos que no te conocen

han caído en su propia trampa;

han quedado atrapados

en la red que ellos tendieron.

16 16 (17) Tú te has dado a conocer

como un juez siempre justo;

en cambio, los malvados

caen en su propia trampa.

17 17 (18) ¡Que se mueran los malvados,

esas naciones que no te conocen

ni te toman en cuenta!

18 18 (19) Pero tú, Dios mío,

nunca te olvides de los pobres

ni pongas fin a sus esperanzas.

19-20 19-20 (20-21) ¡Vamos, mi Dios!

¡Llama a cuentas a las naciones!

¡Hazlos que sientan miedo!

¡No permitas que te desafíen!

¡Que sepan esos paganos

que no son más que polvo!

10

Oración por la victoria

SALMO 10 (9b)

101Dios mío,

¿por qué te quedas tan lejos?,

¿por qué te escondes de mí

cuando más te necesito?

2Los malvados y orgullosos

persiguen a los humildes,

pero acabarán por caer

en sus propias trampas.

3-4Alaban a los ambiciosos,

pero a ti te menosprecian.

No te buscan,

porque para ellos no existes.

Son groseros. Levantan la nariz

y presumen de su codicia,

pues solo en eso piensan;

5¡siempre les va bien

en todo lo que hacen!

Tus leyes, Dios mío,

no las pueden entender.

Se burlan de sus enemigos,

6y en su interior piensan

que jamás fracasarán,

que nunca tendrán problemas

y que siempre serán felices.

7Sus palabras ofenden y lastiman;

tras sus palabras esconden

sus malas intenciones.

8Andan por las calles

espiando a los inocentes,

para caerles encima

y matarlos a traición.

9Siempre se andan escondiendo,

como el león en su cueva;

siempre están dispuestos a saltar

sobre la gente indefensa,

y en cuanto la atrapan,

la arrastran en su red.

10Y así, quedan humillados

los que tienen la desgracia

de caer bajo su dominio.

11Esos malvados piensan

que a ti no te importa,

y que hasta escondes la cara

para no ver lo que pasa.

12-15¡Vamos, Dios mío!

¡Llama a cuentas a los malvados!

¿Por qué han de burlarse de ti?

¡Pídeles cuentas de su maldad,

y bórralos de este mundo!

¿Por qué han de creer

que no les pedirás cuentas?

Tú conoces su maldad,

tomas en cuenta su violencia,

y un día les darás su merecido.

¡Tú acabarás con su poder!

¡Dios mío,

no te olvides de los humildes!

Los huérfanos y desvalidos

confían en ti;

¡tú eres quien los ayuda!

16-18Tú, Dios mío, reinas para siempre

y escuchas la oración de los humildes.

Tú defiendes a los huérfanos

y a los que son maltratados;

tú los animas y les prestas atención.

Pero a los que no te reconocen

los echarás de tu tierra,

para que nadie en este mundo

vuelva a sembrar el terror.