Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
67

Dios, guía de todas las naciones

SALMO 67 (66)

(1) Instrucciones para el director musical: Este himno deberá cantarse acompañado de instrumentos de cuerda.

671 1 (2) Dios mío,

ten compasión de nosotros

y danos tu bendición.

Míranos con alegría

y muéstranos tu amor;

2 2 (3) así todas las naciones del mundo

conocerán tus enseñanzas

y tu poder para salvar.

3 3 (4) Dios mío,

¡que te alaben los pueblos!

¡Que todos los pueblos te alaben!

4 4 (5) ¡Que todas las naciones se alegren

y canten llenas de felicidad!

Tú gobiernas a los pueblos con justicia;

¡tú guías a las naciones de la tierra!

5 5 (6) Dios mío,

¡que te alaben los pueblos!

¡Que todos los pueblos te alaben!

6 6 (7) La tierra dará grandes cosechas,

y tú nos bendecirás.

7 7 (8) Sí, tú nos bendecirás;

a ti te alabarán

los más lejanos países de la tierra.

68

Dios victorioso

SALMO 68 (67)

(1) Himno de David.

681 1 (2) ¡Vamos, Dios mío,

dispersa a tus enemigos!

¡Haz que huya de tu presencia

esa gente que te odia!

2 2 (3) ¡Haz que desaparezcan por completo,

como desaparece el humo

tan pronto como sopla el viento!

¡Haz que esos malvados

se derritan como cera en el fuego!

3 3 (4) Pero a la gente honrada

permítele alegrarse y hacer fiesta,

y estar feliz en tu presencia.

4 4 (5) ¡Cantemos himnos a Dios!

¡Sí, cantémosle al que manda la lluvia!

¡Hagamos fiesta en su presencia!

¡Él es el Dios de Israel!

5 5 (6) Dios, que vive en su santo templo,

cuida a los huérfanos

y defiende a las viudas;

6 6 (7) les da hogar a los desamparados,

y libertad a los presos;

pero a los que no lo obedecen

les da tierras que nada producen.

7-8 7-8 (8-9) Dios mío,

cuando sacaste de Egipto

a tu pueblo Israel

y lo guiaste por el desierto,

tan pronto llegaste al monte Sinaí,

la tierra tembló

y el cielo dejó caer su lluvia.

9 9 (10) Dios mío, tú

enviaste abundantes lluvias

y nuestras tierras

volvieron a producir.

10 10 (11) Y en esa tierra vivimos;

en la tierra que, por tu bondad,

preparaste para los pobres.

11 11 (12) Tú, Dios mío, hablaste,

y miles de mujeres dieron la noticia:

12 12 (13) «¡Huyen los reyes,

huyen sus ejércitos!»

Las mujeres, en sus casas,

se reparten las riquezas

que le quitaron al enemigo:

13 13 (14) objetos de plata y de oro.

Pero algunos israelitas

se escondieron entre el ganado.

14 14 (15) Cuando tú, Dios todopoderoso,

hiciste que los reyes de la tierra

salieran huyendo,

lo alto del monte Salmón

se llenó de nieve.

15 15 (16) Las montañas de Basán

son montañas muy altas;

las montañas de Basán

son montañas majestuosas.

16 16 (17) Ustedes, altas montañas,

¿por qué ven con envidia

la montaña que Dios ha elegido

para vivir allí para siempre?

17 17 (18) Son miles los carros

que Dios usa para la guerra;

en uno de ellos vino del Sinaí

para entrar en su santuario.

18 18 (19) Cuando tú, Dios y Señor,

subiste a las alturas,

te llevaste contigo a los presos,

y te quedaste a vivir allí.

¡Todo el mundo, hasta los rebeldes,

te dieron muchos regalos!

19 19 (20) ¡Bendito seas siempre, nuestro Dios!

Tú, Dios y salvador nuestro,

nos ayudas en nuestros problemas.

20 20 (21) Tú eres un Dios que salva;

¡tú nos libras de la muerte!

21 21 (22) ¡A esos enemigos tuyos

que no dejan de pecar,

les aplastarás la cabeza

y se la partirás en dos!

22 22 (23) Dios nuestro,

tú nos has dicho:

«Yo los haré volver de Basán;

yo los haré volver

de las profundidades del mar,

23 23 (24) para que se empapen los pies

en la sangre de sus enemigos,

¡y hasta los perros de ustedes

lamerán esa sangre!»

24 24 (25) En el santuario se ven

los desfiles de mi Dios y Rey.

25 25 (26) Al frente van los cantores,

seguidos de las que tocan panderetas;

los músicos cierran el desfile.

26-27 26-27 (27-28) Los dirige la tribu más joven,

que es la de Benjamín,

y los sigue una gran multitud:

¡Son los príncipes de Judá,

de Zabulón y de Neftalí!

Ustedes, israelitas,

¡bendigan a nuestro Dios,

cuando celebren sus reuniones!

28 28 (29) Dios mío, Dios mío,

¡demuéstranos tu poder!

¡Déjanos ver la fuerza

que has usado para ayudarnos!

29-31 29-31 (30-32) Dios mío,

por causa de tu templo

los reyes te traen regalos

a la ciudad de Jerusalén.

Reprende a esa nación

que vive solo para la guerra.

Parece una fiera entre los juncos;

es como una manada de toros,

¡parece una nación de terneros!

Es tanta su ambición por las riquezas

que hasta entre ellos se pelean.

Egipto te enviará su bronce,

y Etiopía te traerá regalos.

32 32 (33) Gente de todos los reinos,

¡cántenle a Dios!

¡Cántenle himnos a nuestro Dios!

33-34 33-34 (34-35) ¡Reconozcan su poder!

Sobre el cielo de Israel pueden verse

su poder y su majestad.

Nuestro Dios va por el cielo

como si fuera montando un caballo,

y deja oír su potente voz,

que resuena como el trueno.

35 35 (36) Dios mío, Dios de Israel,

¡qué imponente te ves

al venir de tu santuario!

Tú nos das fuerza y poder.

¡Bendito seas!

69

¡Sálvame, Dios mío!

SALMO 69 (68)

(1) Himno de David. Instrucciones para el director del coro: Este salmo deberá cantarse con la melodía «Los lirios».

691 1 (2) Dios mío,

¡sálvame, pues siento que me ahogo!

2 2 (3) ¡Siento que me hundo en el barro

y no tengo dónde apoyarme!

¡Me encuentro en aguas profundas,

luchando contra la corriente!

3 3 (4) Cansado estoy de pedir ayuda;

tengo reseca la garganta.

Ya los ojos se me cierran,

y tú no vienes a ayudarme.

4 4 (5) ¡Tengo más enemigos

que pelos en la cabeza!

Muchos me odian sin motivo,

y quieren matarme;

¡me exigen que les devuelva

lo que nunca les robé!

5-6 5-6 (6-7) Dios de Israel y Dios del universo,

tú eres mi Dios.

Tú conoces mis tonterías;

¡no te puedo esconder mis errores!

¡No dejes que por mi culpa

queden en vergüenza

los que confían en ti!

¡No dejes que por mi culpa

sean puestos en ridículo

los que buscan agradarte!

7 7 (8) Por ti he sido ofendido;

¡me arde la cara de vergüenza!

8 8 (9) ¡Hasta mis propios hermanos

me ven como a un extraño!

9 9 (10) El amor que siento por tu templo

me quema como un fuego;

por eso me siento ofendido

cuando te ofenden a ti.

10 10 (11) Si me aflijo y no como,

tengo que aguantar sus insultos;

11 11 (12) y si me visto de luto,

tengo que soportar sus ofensas.

12 12 (13) ¡Toda la gente del pueblo

y hasta los borrachos

hablan mal de mí!

13 13 (14) Dios mío,

te ruego que me respondas

en el mejor momento.

Yo sé que me amas,

así que ven a salvarme.

14-15 14-15 (15-16) ¡Líbrame de los que me odian!

¡Sácame del barro en que me hundo!

¡Sácame de esta profunda corriente

que me arrastra!

Siento que me traga un remolino;

¡no me dejes morir!

16 16 (17) Dios mío,

tú me amas y eres bueno;

¡respóndeme!

Tú eres un Dios compasivo;

¡préstame atención!

17 17 (18) No me des la espalda,

pues estoy en problemas;

¡date prisa!

18 18 (19) ¡Acércate a mí,

y sálvame de mis enemigos!

19 19 (20) Tú siempre los estás viendo

y sabes muy bien que me ofenden,

me avergüenzan y me insultan.

20 20 (21) Cuando escucho sus ofensas,

se me rompe el corazón;

¡no tengo ánimo para nada!

Esperaba hallar apoyo y consuelo,

y no los recibí;

21 21 (22) cuando tuve hambre,

me dieron a comer veneno;

cuando tuve sed,

me dieron a beber vinagre.

22 22 (23) ¡Haz que sus fiestas y banquetes

se conviertan en una trampa para ellos!

23 23 (24) ¡Haz que se les nublen los ojos

para que no puedan ver!

¡Haz que se queden sin fuerzas!

24 24 (25) ¡Descarga tu enojo sobre ellos!

¡No los dejes escapar!

25 25 (26) ¡Que sus casas se queden vacías!

¡Que nadie viva en ellas!

26 26 (27) Aunque tú ya me afligiste

y me hiciste sufrir,

mis enemigos me persiguen

y se burlan de mí.

27 27 (28) ¡Págales mal por mal!

¡No los dejes disfrutar

de tu perdón!

28 28 (29) ¡Bórralos del libro de la vida!

¡No pongas su nombre

en la lista de la gente buena!

29 29 (30) Dios mío,

¡levántame, dame ánimo!

Yo soy muy pobre y humilde,

30 30 (31) pero te alabaré con mis canciones,

¡te pondré en alto con mi alabanza!

31 31 (32) Eso te será más agradable

que recibir muchas ofrendas.

32 32 (33) Cuando vean esto

los pobres que te buscan,

se pondrán muy alegres,

y recobrarán el ánimo.

33 33 (34) Tú, Dios mío,

atiendes a los pobres;

¡no te olvidas de tu pueblo

que se encuentra cautivo!

34 34 (35) ¡Que te alaben cielo y tierra!

¡Que te alabe el mar

y todo lo que hay en él!

35 35 (36) Tú vendrás en ayuda de Jerusalén,

y reconstruirás las ciudades de Judá.

Tu pueblo tomará posesión del país

y se establecerá en él.

36 36 (37) Los descendientes de tu pueblo

recibirán el país como herencia;

el pueblo que te ama

se quedará a vivir en él.