Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
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Nehemías organiza la defensa de la ciudad

71Cuando se terminó de reparar el muro, se colocaron los portones en su lugar y se eligieron los guardias de las entradas, los cantores y los ayudantes de los sacerdotes. 2A mi hermano Hananí lo nombré gobernador de Jerusalén; a Hananías lo nombré jefe del palacio del rey, porque podía confiar en él, y además respetaba a Dios más que otras personas. 3Les dije que no debían abrirse los portones de la ciudad antes de la salida del sol, y que debían cerrarse al atardecer, antes de que los guardias se retiraran. Además, les ordené que nombraran guardias de entre los que vivían en Jerusalén, algunos para los puestos de vigilancia y otros para vigilar sus casas.

Los que volvieron de Babilonia

4La ciudad de Jerusalén era grande y extensa, pero había poca gente en ella porque no se habían reconstruido las casas. 5Entonces Dios me dio la idea de reunir a todos, incluyendo los jefes y asistentes, para hacer una lista de las familias. Yo encontré el libro donde estaban anotados los que habían llegado antes, y en ese libro estaba escrito lo siguiente:

6«Esta es la lista de las personas de la provincia de Judá que volvieron de Babilonia. Fueron llevados prisioneros por el rey Nabucodonosor de Babilonia, pero volvieron a Jerusalén y a otros lugares de Judá. Cada uno volvió a su pueblo o ciudad. 7Los líderes que los ayudaron fueron:

Zorobabel,

Josué,

Nehemías,

Azarías,

Raamías,

Nahamaní,

Mardoqueo,

Bilsán,

Mispéret,

Bigvai,

Nehúm,

Baaná.

8»De los descendientes de Parós regresaron dos mil ciento setenta y dos personas;

9de los descendientes de Sefatías, trescientas setenta y dos;

10de los de Árah, seiscientos cincuenta y dos;

11de los de Pahat-moab, dos mil ochocientos dieciocho. Todos estos eran descendientes de Josué.

12»De los descendientes de Elam regresaron mil doscientos cincuenta y cuatro personas;

13de los descendientes de Zatú, ochocientos cuarenta y cinco;

14de los de Zacai, setecientos sesenta;

15de los de Binuy, seiscientos cuarenta y ocho;

16de los de Bebai, seiscientos veintiocho;

17de los descendientes de Azgad, dos mil trescientos veintidós;

18de los de Adonicam, seiscientos sesenta y siete;

19de los de Bigvai, dos mil sesenta y siete;

20de los de Adín, seiscientos cincuenta y cinco;

21y de los de Ater, noventa y ocho. Todos estos eran descendientes de Ezequías.

22»De los descendientes de Hasum regresaron trescientas veintiocho personas;

23de los descendientes de Besai, trescientos veinticuatro;

24de los de Harif, ciento doce;

25de los de Gabaón, noventa y cinco.

26»También volvieron los que vivían en las siguientes ciudades y pueblos:

De Belén y Netofá regresaron ciento dieciocho personas;

27de Anatot, ciento veintiocho;

28de Bet-azmávet, cuarenta y dos;

29de Quiriat-jearim, Quefirá y Beerot, setecientos cuarenta y tres;

30de Ramá y de Gueba, seiscientos veintiuno;

31de Micmás, ciento veintidós;

32de Betel y de Ai, ciento veintitrés;

33de Nebo, cincuenta y dos personas;

34de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro;

35de Harim, trescientos veinte;

36de Jericó, trescientos cuarenta y cinco;

37de Lod, Hadid y Onó, setecientos veintiuno;

38de Senaá, tres mil novecientos treinta.

39»De los sacerdotes regresaron los siguientes:

De los descendientes de Jedaías, que eran familia de Josué, regresaron novecientos setenta y tres sacerdotes;

40de los descendientes de Imer, mil cincuenta y dos;

41de los de Pashur, mil doscientos cuarenta y siete;

42de los de Harim, mil diecisiete.

43»De los ayudantes de los sacerdotes regresaron setenta y cuatro de los descendientes de Josué y de Cadmiel, que eran de la familia de Hodavías.

44»De los cantores regresaron ciento cuarenta y ocho, que eran descendientes de Asaf.

45»De los vigilantes de las entradas, que eran descendientes de Salum, de Ater, de Talmón, de Acub, de Hatitá y de Sobai, regresaron ciento treinta y ocho.

46-56»De los que trabajaban en el templo regresaron todos aquellos que eran descendientes de:

Sihá,

Hasufá,

Tabaot,

Queros,

Siahá,

Padón,

Lebaná,

Hagabá,

Salmai,

Hanán,

Guidel,

Gáhar,

Reaías,

Resín,

Necodá,

Gazam,

Uzá,

Paséah,

Besai,

Meunim,

Nefusim,

Bacbuc,

Hacufá,

Harhur,

Baslut,

Mehidá,

Harsá,

Barcós,

Sísara,

Temá,

Nesíah,

Hatifá.

57-59»De los parientes de los ayudantes de Salomón regresaron todos aquellos que eran descendientes de Sotai, Soféret, Perudá, Jaalá, Darcón, Guidel, Sefatías, Hatil, Poquéret-hasebaím y Amón.

60»Los que trabajaban en el templo y los descendientes de los ayudantes de Salomón eran en total trescientos noventa y dos.

61»Algunos que llegaron de Tel-mélah, Tel-harsá, Querub, Imer y Adón no pudieron comprobar que eran israelitas; tampoco pudieron demostrar que sus padres fueran israelitas ni que estuvieran casados con alguna israelita. 62Esta gente era descendiente de Delaías, de Tobías y de Necodá, y en total eran seiscientos cuarenta y dos.

63»De los parientes de los sacerdotes que no pudieron demostrar que en verdad eran sacerdotes, estaban los descendientes de Hobaías, Cos y Barzilai. Este Barzilai había tomado el apellido de su suegro. Se había casado con la hija de un hombre llamado también Barzilai y que era de Galaad. 64Todos estos buscaron sus nombres en la lista, pero no los encontraron, así que no se les permitió trabajar como sacerdotes. 65Además, el gobernador les prohibió comer de los alimentos ofrecidos a Dios, hasta que un sacerdote pudiera consultar a Dios por medio del Urim y el Tumim,7.65 Urim y el Tumim: Par de piedras por medio de las cuales Dios daba a conocer su voluntad. En casos en que era difícil llegar a una decisión, se echaban suertes con ellas, y el resultado se tomaba como la voluntad de Dios sobre ese asunto. para saber qué hacer.

66»En total regresaron de Babilonia cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas. 67Con esa gente vinieron siete mil trescientos treinta y siete sirvientes y sirvientas, además de doscientos cuarenta y cinco cantantes. 68Traían setecientos treinta y seis caballos, doscientas cuarenta y cinco mulas, 69 69 (68b) cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte burros.

70 70 (69) »Algunos jefes de familia hicieron donaciones para el trabajo de reconstrucción. El gobernador entregó a la tesorería ocho kilos de oro, cincuenta tazones y quinientas treinta túnicas para los sacerdotes. 71 71 (70) Los jefes de familia entregaron a la tesorería ciento sesenta kilos de oro y mil doscientos diez kilos de plata. 72 72 (71) Todos los demás dieron en total ciento sesenta kilos de oro, mil cien kilos de plata y sesenta y siete túnicas para los sacerdotes.

73 73 (72) »Todos los israelitas, incluidos los sacerdotes, sus ayudantes, los guardias de las entradas, los cantores y los servidores del templo de Dios, se quedaron a vivir en sus pueblos».

Esdras lee el libro de la Ley frente a todo el pueblo

Cuando llegó el mes de Etanim,7.73 Etanim: Séptimo mes del calendario lunar judío. En nuestro calendario solar corresponde al período que va de mediados de septiembre a mediados de octubre. los israelitas ya estaban viviendo en sus pueblos.

8

81-3El primer día del mes de Etanim todo el pueblo se reunió en la plaza, frente a la entrada llamada del Agua. Allí estaban los hombres, las mujeres y todos los niños mayores de doce años. Entonces le pidieron a Esdras, el maestro y sacerdote, que trajera el libro de la Ley, la cual Dios había dado a los israelitas por medio de Moisés. Así que Esdras fue y trajo el libro, y lo leyó desde muy temprano hasta el mediodía. Todos los que estaban allí escucharon con mucha atención.

4-5Esdras estaba de pie sobre una plataforma de madera que se había construido para esa ocasión, de manera que todos podían verlo. A su derecha, también de pie, estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilquías y Maaseías. A su izquierda estaban Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. Cuando abrió el libro, todos se pusieron de pie. 6Entonces Esdras alabó al Dios todopoderoso, y todos, con los brazos en alto, dijeron: «¡Sí, sí, alabado sea Dios!» Luego se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente y adoraron a Dios.

7-8Después de esto, los siguientes ayudantes de los sacerdotes colaboraron en hacer entender la ley de Dios al pueblo:

Josué,

Baní,

Serebías,

Jamín,

Acub,

Sabtai,

Odías,

Maaseías,

Quelitá,

Azarías,

Jozabad,

Hanán,

Pelaías.

Ellos leían y traducían con claridad el libro para que el pueblo pudiera entender. 9Y al oír lo que el libro decía, todos comenzaron a llorar. Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote Esdras y los ayudantes le dijeron a la gente: «¡No se pongan tristes! No lloren, porque este día está dedicado a nuestro Dios». 10Esdras también les dijo: «¡Hagan fiesta! Coman de lo mejor, beban vino dulce; inviten a los que no tengan nada preparado. Hoy es un día dedicado a nuestro Dios, así que no se pongan tristes. ¡Alégrense, que Dios les dará fuerzas!»

11Los ayudantes de los sacerdotes también calmaban al pueblo y le decían: «Cállense. No lloren, porque este es un día dedicado a Dios. No hay motivo para estar tristes».

12Así que todos se fueron y organizaron una gran fiesta para celebrar que habían entendido la lectura del libro de la Ley. Todos fueron invitados a la fiesta, y comieron y bebieron con alegría.

13Al segundo día, los jefes de todos los grupos familiares, los sacerdotes y sus ayudantes se reunieron con Esdras para estudiar el libro de la Ley. 14Se dieron cuenta entonces de que Dios había ordenado por medio de Moisés que todos ellos debían vivir en enramadas8.14 Enramadas: Referencia a la fiesta de las enramadas (véase Fiesta de las enramadas en el Glosario). durante la fiesta religiosa del mes de Etanim.8.14 Etanim. Véase nota en 7.73. 15También se dieron cuenta de que debían dar a conocer en Jerusalén, y en todos los pueblos vecinos, la siguiente orden: «Vayan a los cerros a buscar ramas de olivo, de arrayán, de palmeras o de cualquier otro árbol lleno de hojas, para que hagan las enramadas que ordena la Ley».

16Así que la gente salió a buscar ramas, y cada uno construyó con ellas su propia enramada. Unos la hicieron en el piso alto de la casa, otros la hicieron en el patio, y aun otros la hicieron en la plaza del templo de Dios, frente a la entrada del Agua y frente a la entrada de Efraín. 17Todos los que habían vuelto de Babilonia hicieron enramadas y se colocaron debajo de ellas. Estaban muy alegres, pues desde la época de Josué hijo de Nun hasta aquel día, los israelitas no habían celebrado esta fiesta. 18La fiesta duró siete días, y en cada uno de ellos Esdras leyó el libro de la Ley de Dios. Al octavo día celebraron un culto para adorar a Dios siguiendo las instrucciones del libro de la Ley.

9

Confesión de pecado

91El día veinticuatro del mes de Etanim,9.1 Etanim. Véase nota en 7.73. los israelitas se reunieron para ayunar. Para demostrar que estaban arrepentidos, se pusieron ropas ásperas y se echaron tierra sobre la cabeza. 2Después de apartarse de todos los extranjeros, se pusieron de pie, confesaron sus pecados y reconocieron la maldad de sus antepasados. 3Durante tres horas permanecieron en ese mismo lugar, mientras se les leía el libro de la Ley de Dios. Las tres horas siguientes las dedicaron a confesar sus pecados y a adorar a Dios. 4-5Josué, Binuy, Cadmiel, Sebanías, Binui, Serebías, Baní, Quenaní, Hasabnías, Odías y Petahías, que eran ayudantes de Nehemías y estaban en la plataforma, oraron a Dios en voz alta:

«¡Bendito sea nuestro poderoso Dios!

¡Alabémoslo hoy, mañana y siempre!

¡Dios nuestro,

no son suficientes las palabras

para darte la alabanza que mereces!»

6Luego el pueblo oró así:

«Tú eres el único Dios verdadero.

Tú hiciste el cielo y las estrellas,

y lo que está más allá del cielo.

Hiciste la tierra, los mares

y todo lo que hay en ellos.

Tú das vida a todo lo que existe,

y las estrellas del cielo te adoran.

7»Dios nuestro,

tú elegiste a Abram,

lo sacaste de Ur,

ciudad de los caldeos.

Le cambiaste el nombre

y lo llamaste Abraham.

8Podías confiar en él,

y por eso le prometiste

hacer de sus descendientes

los dueños de un gran territorio.

»Ese territorio lo ocupaban

los cananeos y los hititas,

los amorreos y los ferezeos,

los jebuseos y los gergeseos.

¡Y tú cumpliste la promesa!

¡En ti se puede confiar!

9»Nuestros antepasados

sufrieron mucho en Egipto,

pero tú te fijaste en ellos

y escuchaste sus quejas

a orillas del Mar de los Juncos.

10Enviaste terribles castigos

al rey de Egipto,

a sus ayudantes

y a todo su pueblo,

porque trataron con crueldad

a nuestros antepasados.

Así te ganaste la fama

que hasta ahora tienes.

11»Ante nuestros antepasados

dividiste el mar en dos,

para que cruzaran por tierra seca.

Pero a los egipcios

los hundiste en el agua;

¡los hiciste caer como piedras

hasta el fondo del mar!

12De día guiaste a tu pueblo

con una columna de nube;

de noche lo dirigiste

con una columna de fuego.

Tú les mostraste el camino

que debían seguir.

13-14»Después bajaste

al monte Sinaí,

y hablaste desde el cielo

a nuestros antepasados.

Allí les diste tus mandamientos

por medio de Moisés, tu servidor.

Y les ordenaste descansar

en el día sábado,

para que te adoraran.

15Les enviaste pan del cielo

para calmar su hambre,

y sacaste agua de la roca

para calmar su sed.

También les ordenaste

conquistar la tierra

que les habías prometido.

16»Pero nuestros antepasados

fueron orgullosos y tercos;

no te obedecieron.

17-18Se olvidaron de los milagros

que tú hiciste en su favor.

Fueron desobedientes

y nombraron a un jefe

para que los llevara a Egipto,

de vuelta a la esclavitud.

Luego hicieron un toro de metal

y dijeron que ese era su dios,

el dios que los sacó de Egipto.

Pero tú no los abandonaste,

pues eres tierno y compasivo,

y siempre estás dispuesto a perdonar.

No te enojas con facilidad,

y es tanto tu amor

que en ti se puede confiar.

19»No dejaste de guiarlos

ni de día ni de noche;

no los abandonaste en el desierto,

pues los amabas mucho.

20Fuiste bueno con ellos

y con tu espíritu de bondad

les enseñaste a vivir.

No dejaste de enviarles

el maná para comer

ni el agua para calmar su sed.

21Cuarenta años los alimentaste

y nada les faltó en el desierto.

Tampoco se les gastó la ropa

ni se les hincharon los pies.

22»También les diste

reinos y territorios.

Conquistaron Hesbón y Basán,

que eran gobernados

por los reyes Og y Sihón.

23Les diste tantos hijos

como estrellas hay en el cielo.

Los trajiste a la tierra prometida

para que la conquistaran,

24y ellos entraron y la tomaron.

Tú derrotaste a los pueblos

y a los reyes de Canaán;

los pusiste bajo nuestro poder

para que hiciéramos con ellos

lo que nos pareciera.

25Israel conquistó tierras fértiles

y poderosas ciudades;

tomó casas llenas de riqueza,

pozos de agua y viñedos,

olivares y árboles frutales.

Nuestros antepasados

comieron hasta hartarse,

engordaron y disfrutaron

de tu gran bondad.

26»Pero luego ellos

se pusieron en tu contra.

¡Te insultaron gravemente!

Desobedecieron tu ley,

y mataron a tus profetas.

Y los profetas solo les decían

que debían arrepentirse

y obedecer tu ley.

27Por eso los entregaste

en poder de sus enemigos,

para hacerlos sufrir.

»Nuestros antepasados no aguantaron

que los hicieras sufrir tanto,

y te pidieron ayuda.

Tan grande es tu amor por ellos

que desde el cielo los escuchaste,

y les enviaste libertadores.

28Pero en cuanto tenían paz

volvían a desobedecerte.

Entonces, una vez más,

caían en poder de sus enemigos.

Pero volvían a pedirte ayuda,

y tú desde el cielo los escuchabas.

Tan grande era tu amor por ellos,

que una y otra vez los liberabas.

29Les ordenaste obedecer tu ley,

la cual da vida a los que la obedecen,

pero ellos fueron rebeldes y orgullosos,

y no la obedecieron.

30Durante muchos años

les tuviste paciencia;

tu espíritu y tus profetas

les advirtieron del castigo.

Pero ellos no quisieron escuchar,

así que los dejaste caer en manos

de sus enemigos.

31Sin embargo,

los amabas tanto que no los destruiste

ni los abandonaste.

¡Eres un Dios tierno y compasivo!

32»¡Dios nuestro, qué poderoso eres!

¡Todos tiemblan ante ti!

Eres un Dios fiel

que siempre cumple sus promesas,

y nunca deja de amarnos.

Mira cuánto han sufrido

nuestros reyes y jefes,

nuestros sacerdotes y profetas,

y también nuestros antepasados.

Desde el momento en que caímos

bajo el poder de los reyes de Asiria

hasta el día de hoy,

tu pueblo no ha dejado de sufrir.

33Pero el castigo ha sido justo,

pues tú fuiste fiel

y nosotros pecamos contra ti.

34Nuestros reyes y jefes,

nuestros sacerdotes y antepasados,

no obedecieron tu ley

ni hicieron caso de tus advertencias.

35Tenían un reino y riquezas,

y el territorio fértil que les diste,

pero ni aun así te adoraron

ni dejaron su maldad.

36»Dios mío,

mira cómo estamos.

Ahora somos esclavos

en el país que les diste

a nuestros antepasados

para que lo disfrutaran.

37Los reyes que ahora nos dominan,

son el castigo por nuestros pecados,

y son ellos quienes disfrutan

de lo mejor de nuestra tierra.

Son nuestros dueños,

y hacen lo que quieren

con todo nuestro ganado.

¡Todo esto nos tiene muy tristes!»

Los israelitas se comprometen

38 38 (10.1) Por todo esto que nos ha pasado, nosotros los israelitas nos comprometemos firmemente a obedecer a nuestro Dios. Este compromiso lo ponemos por escrito, sellado y firmado por nuestros jefes, los sacerdotes y sus ayudantes.