Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
1

Mensaje contra Nínive, la capital de Asiria

11Yo soy Nahúm de Elcós. En un sueño Dios me habló acerca de Nínive, y este es el mensaje que escribí contra esa ciudad:

2Nuestro Dios exige

que le seamos fieles.

Cuando se enoja, toma venganza

de sus enemigos y de sus contrarios.

3Nuestro Dios es muy poderoso

y siempre castiga a quien lo merece,

pero también es un Dios paciente,

y no se enoja con facilidad.

Nuestro Dios camina entre las tormentas;

las nubes son el polvo que levanta.

4Si reprende al mar y a los ríos,

estos se quedan secos por completo

y se marchitan las flores del Líbano,

los campos de Basán y el monte Carmelo.

5En presencia de nuestro Dios

tiemblan la tierra y sus habitantes,

y los cerros y las montañas se sacuden.

6Cuando nuestro Dios se enoja,

las piedras se hacen polvo,

como si las partiera un rayo;

cuando nuestro Dios se enoja,

nadie puede mantenerse firme.

7Nuestro Dios es bondadoso

y cuida de los que en él confían.

En momentos de angustia,

él nos brinda protección.

8Pero también destruye a sus enemigos;

los arrastra como un río desbordado,

¡los persigue hasta en la oscuridad!

9-11Ustedes, habitantes de Nínive,

¿por qué hacen planes malvados?

Hay entre ustedes un consejero malvado,

que hace planes contra nuestro Dios,

pero Dios acabará con ustedes;

los destruirá por completo,

y no les dará otra oportunidad;

les prenderá fuego, como a la paja,

como si fueran un montón de espinas.

Mensaje al pueblo de Dios

12-14Nuestro Dios ha dicho:

«Asiria es un país poderoso,

pero yo lo voy a destruir.

Destruiré su templo,

sus ídolos y sus imágenes,

y todos se olvidarán de él.

Dejaré ese país en ruinas,

pues solo merece mi desprecio.

»Y aunque a ti, pueblo de Judá,

te hice sufrir al principio,

ya no te haré sufrir más.

Al contrario, te pondré en libertad

y no volverás a ser esclavo.

15 15 (2.1) »Miren, habitantes de Judá:

¡ya vienen sobre los montes

los que traen buenas noticias!

¡Ya es tiempo de que hagan fiesta

y de que me cumplan sus promesas!

Porque yo destruiré a esos malvados,

y nunca más los volverán a atacar».

2

Asiria será destruida

21-2 1-2 (2-3) Habitantes de Asiria,

ustedes atacaron a mi pueblo;

lo dejaron como a un arbusto

con las ramas rotas,

pero Dios le devolverá su grandeza

al reino de Israel.

¡Prepárate, Asiria,

tu destructor ya va en camino!

¡Reúne a tu ejército!

¡Pon guardias en tus murallas!

¡Vigila el camino

y prepara tus armas!

3-4 3-4 (4-5) ¡Ya llega tu enemigo!

Viene agitando sus lanzas;

sus soldados visten de rojo,

y del mismo color son sus escudos;

sus carros son veloces como el rayo

y brillantes como el relámpago;

ya están listos para la batalla,

y recorren calles y plazas.

5 5 (6) Los generales dan órdenes,

y los soldados corren a cumplirlas;

ya colocan las torres para el asalto,

pero caen al trepar por las murallas.

6 6 (7) ¡Asiria,

tus enemigos derriban las puertas

de tu ciudad capital!

Los soldados llenan la ciudad

y en el palacio todos tiemblan de miedo.

7 7 (8) Toman presa a la reina,

y junto con sus sirvientas

se la llevan a otro país.

¡Todas ellas gimen

y lloran de dolor!

8 8 (9) Tus habitantes huyen de la ciudad;

¡son como el agua que se escapa

de un estanque roto!

El enemigo intenta detenerlos,

pero sin éxito alguno.

9 9 (10) Los soldados enemigos gritan:

«Tomemos el oro y la plata;

¡son tantas las riquezas de Asiria

que parecen no tener fin!»

10 10 (11) Asiria,

tu capital ha quedado destruida,

arruinada y con poca gente;

los que quedaron tiemblan de miedo,

las fuerzas los abandonan,

y el terror los deja pálidos.

11-12 11-12 (12-13) Asiria parecía un león feroz:

mataba y despedazaba a sus enemigos,

luego tomaba sus riquezas

y las repartía entre su gente.

Nadie invadía su territorio.

¿Pero dónde está ahora su poder?

¿Dónde están sus feroces soldados?

13 13 (14) Así dice nuestro Dios:

«Asiria, yo estoy contra ti.

Voy a quemar tus carros de guerra;

voy a matar a todos tus habitantes.

Pondré fin a todos tus robos,

y no volverán a escucharse

las amenazas de tus mensajeros.

Yo soy el Dios de Israel,

y te juro que así lo haré».