Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
5

Grandeza de la pequeña Belén

51 1 (4.14) Yo, Miqueas, anuncio:

«Jerusalén, Jerusalén,

prepárate para la guerra.

Por medio de tus enemigos

Dios castigará duramente

al rey de Israel.

2 2 (5.1) »Pero tú, Belén Efrata,

entre los pueblos de Judá

eres un pueblo pequeño,

pero llegarás a ser muy importante.

En ti nacerá un rey

de familia muy antigua,

que gobernará sobre Judá.

3 3 (5.2) »Dios nos va a abandonar

hasta que nazca ese rey.

Luego de su nacimiento

los que hayan quedado con vida

se reunirán con los demás israelitas.

4 4 (5.3) Entonces Dios le dará a ese rey

toda su fuerza y poder

para dirigir a su pueblo

y hacerlo vivir en paz.

Ese rey extenderá su dominio

hasta el último rincón de la tierra.

5-6 5-6 (5.4-5) »Cuando vengan los asirios

para invadir nuestro país

y quieran ocupar nuestros palacios,

ese rey nos librará de ellos

y nos hará vivir en paz.

Ordenará que los ataquen

siete jefes y ocho capitanes.

¡Así conquistaremos por la fuerza

el país de Asiria, territorio de Nimrod!

Judá entre las naciones

7-8 7-8 (5.6-7) »Los que quedemos con vida

seremos entre las naciones,

como la lluvia que Dios envía:

cae del cielo y riega la hierba

sin la intervención humana.

Seremos también como los leones:

cuando están entre un rebaño,

atrapan a las ovejas y las destrozan,

y no las dejan escapar.

9 9 (5.8) ¡Tú, mi Dios, atacarás a tus enemigos

y los destruirás por completo!»

Destrucción total

10 10 (5.9) Dios dijo a su pueblo:

«Cuando llegue ese día,

mataré a todos tus caballos

y destruiré tus carros de guerra.

11 11 (5.10) Destruiré también tus ciudades

y derribaré todas tus torres.

12 12 (5.11) Pondré fin a tus hechicerías

y acabaré con todos tus adivinos.

13 13 (5.12) Destruiré tus ídolos y tus imágenes,

y no volverás a adorar

a dioses que tú mismo hiciste.

14 14 (5.13) ¡Yo destruiré tus ciudades

y las imágenes de tu diosa Astarté!

15 15 (5.14) ¡Yo me vengaré con gran furia

de las naciones que no me obedecieron!»

6

Pleito de Dios contra Israel

61-3Israelitas, prestemos atención. Nuestro Dios tiene un pleito contra nosotros, y ahora mismo está presentando su acusación. Esto es lo que Dios nos dice:

«Pueblo mío,

tengo una queja contra ti,

y espero que te defiendas.

Llama como testigos a tu favor

a las montañas y a las colinas,

y pídeles que escuchen tu defensa.

»Pero antes quiero que me digas:

¿en qué te he perjudicado?,

¿en qué te he ofendido?

4Recuerda que yo te di libertad;

yo fui quien te sacó de Egipto,

país donde eras esclavo;

yo envié a Moisés, a Aarón y a María

para que te sacaran de allí.

5»Recuerda también, pueblo mío,

que Balac, rey de Moab,

tenía pensado hacerte daño,

pero que Balaam hijo de Beor

te bendijo en mi nombre.

»No olvides tampoco lo que ocurrió

cuando pasaste de Sitim a Guilgal;

reconoce que yo fui quien te salvó».

Lo que Dios espera de su pueblo

Ustedes, israelitas, se defienden diciendo:

6«Altísimo Dios y rey nuestro,

¿cómo podemos presentarnos ante ti?

Podemos ofrecerte terneros de un año,

pero no es eso lo que quieres;

7podemos ofrecerte mil carneros,

o diez mil litros de aceite,

pero tampoco eso te agrada;

¡ni siquiera esperas como ofrenda

al mayor de nuestros hijos

en pago por nuestros pecados

8Pero ya Dios les ha dicho qué es lo mejor que pueden hacer y lo que espera de ustedes. Es muy sencillo: Dios quiere que ustedes sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios.

El castigo de Jerusalén

9Habitantes de Jerusalén, escuchen las palabras de nuestro Dios:

10-11«Israelitas,

ya no voy a soportar

que sigan siendo tan malvados.

Todo lo que hacen me disgusta.

Se hacen ricos mediante el engaño;

usan pesas y medidas falsas,

y luego amontonan en sus casas

todo lo que se han robado.

12Los ricos se aprovechan de los pobres,

y todos en esta ciudad son unos mentirosos.

13»Por eso voy a castigarlos;

¡voy a destruirlos por sus pecados!

14Aunque coman, no quedarán satisfechos,

sino que se quedarán con hambre;

lo que cosechen, lo perderán;

y aun si logran rescatar algo,

yo haré que lo pierdan en la guerra.

15»Sembrarán trigo,

pero no llegarán a cosecharlo;

exprimirán aceitunas para sacar aceite,

pero no llegarán a usarlo;

exprimirán uvas para hacer vino,

pero no llegarán a beberlo.

16Ustedes se han portado

tan mal como Omrí, rey de Israel;

¡han seguido el mal ejemplo

de la familia del rey Ahab!

Por eso voy a destruirlos;

¡voy a hacer que la gente

los humille y se burle de ustedes!»

7

Lamento del profeta

71Yo, Miqueas, soy un miserable,

y quisiera calmar mi apetito.

Ando en busca de uvas o higos,

pero no encuentro nada que comer;

ya todo lo han cosechado.

2Ya no hay en este mundo

gente buena y que ame a Dios;

unos a otros se hacen daño.

Solo esperan el momento

de matarse unos a otros.

3Los gobernantes y los jueces

exigen dinero para favorecer a los ricos.

Los poderosos dicen lo que quieren

y siempre actúan con falsedad.

¡Son unos maestros para hacer lo malo!

4¡El más bueno y honrado de ellos

es peor que una mata de espinos!

Pero ya está cerca el día

en que Dios los castigará,

tal como lo anunciaron los profetas.

¡Ese día no sabrán qué hacer!

5-6Por eso, no confíen en nadie

ni crean en lo que otros les digan.

Tengan cuidado de lo que hablan,

porque los hijos y las hijas

no respetan a sus padres,

las nueras desprecian a sus suegras,

y nuestros peores enemigos

los tenemos en la familia.

¡Por eso no confíen en nadie,

ni en su propia esposa!

7Yo, por mi parte,

pondré mi confianza en Dios.

Él es mi salvador,

y sé que habrá de escucharme.

Dios salvará a su pueblo

8Los israelitas dijeron:

«Babilonia, nación enemiga,

no te alegres de vernos en desgracia.

Fuimos derrotados,

pero volveremos a levantarnos;

ahora estamos en graves problemas,

pero el Dios de Israel nos salvará.

9»Es verdad que pecamos contra Dios;

por eso soportamos su castigo.

Pero un día habrá de juzgarnos,

y entonces nos hará justicia

y nos hará gozar de su salvación.

10»Babilonia, enemiga nuestra,

tú preguntabas por nuestro Dios;

¡pues vas a quedar en vergüenza

cuando veas lo que hará por nosotros!

¡Ya nos alegraremos al verte

pisoteada como el barro de las calles!

11»Jerusalén,

ya está cerca el día

en que tus muros serán reconstruidos

y tu territorio será extendido.

12Ya está cerca el día

en que vendrán a visitarte

pueblos de todas partes:

vendrán de Asiria y de Egipto,

del río Nilo y del río Éufrates,

de un mar a otro mar,

de una montaña a otra montaña;

13porque el territorio de esos países

quedará hecho un desierto

por los pecados de sus habitantes.

Oración a favor del pueblo

14»Dios nuestro,

cuida de tu pueblo;

cuida de este rebaño tuyo.

Aunque vivimos en tierras fértiles

parecemos ovejas perdidas en el bosque.

Tú eres nuestro pastor,

ven y ayúdanos

como lo hiciste en otros tiempos.

Aliméntanos con lo mejor

que nos ofrecen las regiones

de Basán y de Galaad.

15»Muéstranos tus grandes acciones,

como cuando nos sacaste de Egipto.

16¡Haz que las naciones poderosas

las vean y se queden asombradas!

¡Haz que de la sorpresa

no sepan qué hacer ni qué decir!

17»Dios nuestro,

¡obliga a esas naciones

a arrastrarse por el suelo,

como lo hacen las serpientes!

¡Obliga a esos pueblos

a salir de sus refugios,

para que llenos de miedo

se humillen ante ti!

18»No hay otro Dios como tú.

Somos pocos los que quedamos con vida.

Tú perdonas nuestra maldad

y olvidas nuestro pecado.

Tan grande es tu amor por nosotros

que tu enojo no dura para siempre.

19»¡Vuelve a compadecerte de nosotros,

y arroja todos nuestros pecados

a lo más profundo del mar!

20Déjanos disfrutar de tu amor y fidelidad,

porque así lo prometiste

a Abraham, a Jacob,

y a todos nuestros antepasados».