Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
4

Paz a las naciones

41En el futuro,

el monte donde se encuentra

el templo de nuestro Dios

será el monte más importante.

Allí vendrán muchos pueblos

2y gente de muchas naciones,

y unos a otros se dirán:

«Subamos al monte de Sión,

al templo del Dios de Israel,

para que él mismo nos enseñe

y obedezcamos sus mandamientos.

»Dios mismo será nuestro maestro

desde el monte de Sión,

¡desde la ciudad de Jerusalén!

3Dios mismo dictará sentencia

contra naciones y pueblos lejanos,

y ellos convertirán sus espadas

en herramientas de trabajo.

Nunca más nación alguna

volverá a pelear contra otra,

ni se entrenará para la guerra.

4»Todo el mundo vivirá tranquilo

bajo la sombra de su viña,

o a la sombra de su higuera,

porque así Dios lo ha prometido.

5¡Qué importa que otras naciones

adoren a sus propios dioses!

¡Nosotros siempre obedeceremos

a nuestro poderoso Dios!»

Dios salvará a Israel

6-7Así ha dicho nuestro Dios:

«Mi pueblo parece un rebaño

de ovejas cojas y perdidas,

porque está sufriendo mi castigo.

Pero ya está cerca el día

en que volveré a reunirlo.

Cuando llegue ese día,

con los pocos que hayan quedado

volveré a hacer una gran nación,

y desde mi templo en Jerusalén

reinaré sobre ella para siempre.

8»Hermoso monte de Sión,

tú has sido una torre protectora

para mi amada Jerusalén;

así que volverás a ser como antes,

¡serás la gran capital de mi pueblo!

9-10»Tú, Jerusalén,

lloras y te retuerces de dolor,

como si fueras una mujer

a punto de tener un hijo.

Pero no hay razón para que llores;

¡tienes rey y no te faltan consejeros!

Más bien, llora

porque tus habitantes te abandonarán

y vivirán en el campo,

y después serán llevados a Babilonia.

Sin embargo, yo los pondré en libertad;

¡yo mismo los libraré

del poder de sus enemigos!

11»Muchas naciones se han reunido,

y dicen en contra tuya:

“¡Ojalá podamos ver

la derrota de Jerusalén!”

12»Pero esas naciones no saben

lo que tengo pensado hacer;

es algo que no pueden entender:

¡voy a juntarlas para hacerlas polvo!

13»¡Vamos, Jerusalén!

¡Levántate y hazlos pedazos!

Yo te daré la fuerza de un toro,

para que destruyas a muchos pueblos;

¡tus cuernos parecerán de hierro!,

¡tus cascos parecerán de bronce!

Les quitarás todas sus riquezas

y me las entregarás,

pues toda la tierra me pertenece.»

5

Grandeza de la pequeña Belén

51 1 (4.14) Yo, Miqueas, anuncio:

«Jerusalén, Jerusalén,

prepárate para la guerra.

Por medio de tus enemigos

Dios castigará duramente

al rey de Israel.

2 2 (5.1) »Pero tú, Belén Efrata,

entre los pueblos de Judá

eres un pueblo pequeño,

pero llegarás a ser muy importante.

En ti nacerá un rey

de familia muy antigua,

que gobernará sobre Judá.

3 3 (5.2) »Dios nos va a abandonar

hasta que nazca ese rey.

Luego de su nacimiento

los que hayan quedado con vida

se reunirán con los demás israelitas.

4 4 (5.3) Entonces Dios le dará a ese rey

toda su fuerza y poder

para dirigir a su pueblo

y hacerlo vivir en paz.

Ese rey extenderá su dominio

hasta el último rincón de la tierra.

5-6 5-6 (5.4-5) »Cuando vengan los asirios

para invadir nuestro país

y quieran ocupar nuestros palacios,

ese rey nos librará de ellos

y nos hará vivir en paz.

Ordenará que los ataquen

siete jefes y ocho capitanes.

¡Así conquistaremos por la fuerza

el país de Asiria, territorio de Nimrod!

Judá entre las naciones

7-8 7-8 (5.6-7) »Los que quedemos con vida

seremos entre las naciones,

como la lluvia que Dios envía:

cae del cielo y riega la hierba

sin la intervención humana.

Seremos también como los leones:

cuando están entre un rebaño,

atrapan a las ovejas y las destrozan,

y no las dejan escapar.

9 9 (5.8) ¡Tú, mi Dios, atacarás a tus enemigos

y los destruirás por completo!»

Destrucción total

10 10 (5.9) Dios dijo a su pueblo:

«Cuando llegue ese día,

mataré a todos tus caballos

y destruiré tus carros de guerra.

11 11 (5.10) Destruiré también tus ciudades

y derribaré todas tus torres.

12 12 (5.11) Pondré fin a tus hechicerías

y acabaré con todos tus adivinos.

13 13 (5.12) Destruiré tus ídolos y tus imágenes,

y no volverás a adorar

a dioses que tú mismo hiciste.

14 14 (5.13) ¡Yo destruiré tus ciudades

y las imágenes de tu diosa Astarté!

15 15 (5.14) ¡Yo me vengaré con gran furia

de las naciones que no me obedecieron!»

6

Pleito de Dios contra Israel

61-3Israelitas, prestemos atención. Nuestro Dios tiene un pleito contra nosotros, y ahora mismo está presentando su acusación. Esto es lo que Dios nos dice:

«Pueblo mío,

tengo una queja contra ti,

y espero que te defiendas.

Llama como testigos a tu favor

a las montañas y a las colinas,

y pídeles que escuchen tu defensa.

»Pero antes quiero que me digas:

¿en qué te he perjudicado?,

¿en qué te he ofendido?

4Recuerda que yo te di libertad;

yo fui quien te sacó de Egipto,

país donde eras esclavo;

yo envié a Moisés, a Aarón y a María

para que te sacaran de allí.

5»Recuerda también, pueblo mío,

que Balac, rey de Moab,

tenía pensado hacerte daño,

pero que Balaam hijo de Beor

te bendijo en mi nombre.

»No olvides tampoco lo que ocurrió

cuando pasaste de Sitim a Guilgal;

reconoce que yo fui quien te salvó».

Lo que Dios espera de su pueblo

Ustedes, israelitas, se defienden diciendo:

6«Altísimo Dios y rey nuestro,

¿cómo podemos presentarnos ante ti?

Podemos ofrecerte terneros de un año,

pero no es eso lo que quieres;

7podemos ofrecerte mil carneros,

o diez mil litros de aceite,

pero tampoco eso te agrada;

¡ni siquiera esperas como ofrenda

al mayor de nuestros hijos

en pago por nuestros pecados

8Pero ya Dios les ha dicho qué es lo mejor que pueden hacer y lo que espera de ustedes. Es muy sencillo: Dios quiere que ustedes sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios.

El castigo de Jerusalén

9Habitantes de Jerusalén, escuchen las palabras de nuestro Dios:

10-11«Israelitas,

ya no voy a soportar

que sigan siendo tan malvados.

Todo lo que hacen me disgusta.

Se hacen ricos mediante el engaño;

usan pesas y medidas falsas,

y luego amontonan en sus casas

todo lo que se han robado.

12Los ricos se aprovechan de los pobres,

y todos en esta ciudad son unos mentirosos.

13»Por eso voy a castigarlos;

¡voy a destruirlos por sus pecados!

14Aunque coman, no quedarán satisfechos,

sino que se quedarán con hambre;

lo que cosechen, lo perderán;

y aun si logran rescatar algo,

yo haré que lo pierdan en la guerra.

15»Sembrarán trigo,

pero no llegarán a cosecharlo;

exprimirán aceitunas para sacar aceite,

pero no llegarán a usarlo;

exprimirán uvas para hacer vino,

pero no llegarán a beberlo.

16Ustedes se han portado

tan mal como Omrí, rey de Israel;

¡han seguido el mal ejemplo

de la familia del rey Ahab!

Por eso voy a destruirlos;

¡voy a hacer que la gente

los humille y se burle de ustedes!»