Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
2

La maldad de los poderosos

21Dios continuó diciendo:

«¡Gente malvada,

qué mal les va a ir a ustedes!

Al acostarse hacen planes malvados;

al levantarse los llevan a cabo,

porque tienen el poder de hacerlo.

2Si quieren terrenos, los invaden;

si quieren casas, se adueñan de ellas;

maltratan al dueño y a su familia,

y con engaños los echan fuera.

3»Por eso yo, el Dios de Israel,

también tengo planes contra ustedes:

voy a enviarles una desgracia

de la que no podrán librarse.

Les vienen tiempos tan difíciles

que se les acabará el orgullo.

4Cuando llegue ese día,

la gente se burlará de ustedes

y les cantará esta canción:

“¡Se han quedado en la ruina!

¡Antes eran el pueblo de Dios,

pero han cambiado de dueño!

¡Nuestros ejércitos los conquistaron

y nos repartimos sus campos!”

5»¡Escúchenme, israelitas!

Ustedes fueron mi pueblo,

pero no volveré a darles terrenos.

6-7»Ustedes los israelitas

no quieren que los profetas

les den malas noticias.

Ustedes no quieren creer

que algo malo puede sucederles;

por eso no quieren escucharlos.

Les dicen que yo no estoy enojado,

y que ese no es mi modo de actuar.

Dicen que yo siempre trato bien

a todos los que hacen lo bueno.

8»Si ustedes fueron mi pueblo,

¿por qué ahora son mis enemigos?

A los que vuelven de la guerra

y van tranquilos por el camino,

les arrebatan la ropa;

9a las mujeres de mi pueblo

les quitan las casas,

donde antes vivían felices,

y a sus hijos les arrebatan

las riquezas que yo mismo les di.

10»¡Vamos, largo de aquí!

¡Ustedes han hecho de mi templo

una sala de diversiones!

¡Por eso voy a destruirlo!

11Ustedes serían felices

con profetas mentirosos

que solo hablaran de vino y de licor.

Dios da esperanza a su pueblo

12»Pero a los descendientes de Jacob

que hayan quedado con vida,

los reuniré como a un rebaño.

Tal vez no sean muchos,

pero harán mucho alboroto.

13Yo mismo iré delante de ellos

para abrirles paso y darles libertad.

¡Yo soy su Dios y su rey!

3

Los malos gobernantes

31-3»¡Escúchenme ustedes,

jefes y gobernantes de Israel!

¡Ustedes debieran hacer justicia,

pero hacen todo lo contrario!

Prefieren hacer lo malo,

en lugar de hacer lo bueno.

Maltratan mucho a mi pueblo;

se lo están comiendo vivo.

4»Por eso, cuando me llamen,

yo no les responderé.

Es tan grande su maldad

que los abandonaré».

Los profetas mentirosos

5A los profetas que engañan a mi pueblo, Dios les ha dicho:

«Ustedes solo hablan de paz

a quienes les dan de comer,

pero a quienes no los alimentan

les declaran la guerra.

6Por eso no les voy a informar

lo que pienso hacer.

Nunca más les comunicaré mensajes

y ya no podrán anunciar el futuro.

7Esos profetas y adivinos

quedarán en completo ridículo.

No tendrán nada que decir,

porque yo no les responderé».

8Pero yo, Miqueas, estoy lleno del poder de Dios. Por eso puedo afirmar que nuestro Dios es un Dios justo. También puedo acusar a los israelitas de ser un pueblo pecador y desobediente.

La derrota de Jerusalén

9Dios dijo:

«¡Escúchenme ustedes,

jefes y gobernantes de Israel!

Ustedes rechazan la justicia,

y no respetan ninguna ley.

10En Jerusalén y en mi templo

los crímenes y la violencia

son cosa de todos los días.

11Los sacerdotes, profetas y jueces

enseñan, predican o dictan sentencia

solo a cambio de dinero.

»Y para colmo se atreven a decir:

“No tenemos nada que temer.

¡Dios está con nosotros!”

12»¡Por culpa de ustedes

mi templo será derribado!

¡Por culpa de ustedes

Jerusalén quedará en ruinas,

y el monte de Sión

se cubrirá de maleza!»

4

Paz a las naciones

41En el futuro,

el monte donde se encuentra

el templo de nuestro Dios

será el monte más importante.

Allí vendrán muchos pueblos

2y gente de muchas naciones,

y unos a otros se dirán:

«Subamos al monte de Sión,

al templo del Dios de Israel,

para que él mismo nos enseñe

y obedezcamos sus mandamientos.

»Dios mismo será nuestro maestro

desde el monte de Sión,

¡desde la ciudad de Jerusalén!

3Dios mismo dictará sentencia

contra naciones y pueblos lejanos,

y ellos convertirán sus espadas

en herramientas de trabajo.

Nunca más nación alguna

volverá a pelear contra otra,

ni se entrenará para la guerra.

4»Todo el mundo vivirá tranquilo

bajo la sombra de su viña,

o a la sombra de su higuera,

porque así Dios lo ha prometido.

5¡Qué importa que otras naciones

adoren a sus propios dioses!

¡Nosotros siempre obedeceremos

a nuestro poderoso Dios!»

Dios salvará a Israel

6-7Así ha dicho nuestro Dios:

«Mi pueblo parece un rebaño

de ovejas cojas y perdidas,

porque está sufriendo mi castigo.

Pero ya está cerca el día

en que volveré a reunirlo.

Cuando llegue ese día,

con los pocos que hayan quedado

volveré a hacer una gran nación,

y desde mi templo en Jerusalén

reinaré sobre ella para siempre.

8»Hermoso monte de Sión,

tú has sido una torre protectora

para mi amada Jerusalén;

así que volverás a ser como antes,

¡serás la gran capital de mi pueblo!

9-10»Tú, Jerusalén,

lloras y te retuerces de dolor,

como si fueras una mujer

a punto de tener un hijo.

Pero no hay razón para que llores;

¡tienes rey y no te faltan consejeros!

Más bien, llora

porque tus habitantes te abandonarán

y vivirán en el campo,

y después serán llevados a Babilonia.

Sin embargo, yo los pondré en libertad;

¡yo mismo los libraré

del poder de sus enemigos!

11»Muchas naciones se han reunido,

y dicen en contra tuya:

“¡Ojalá podamos ver

la derrota de Jerusalén!”

12»Pero esas naciones no saben

lo que tengo pensado hacer;

es algo que no pueden entender:

¡voy a juntarlas para hacerlas polvo!

13»¡Vamos, Jerusalén!

¡Levántate y hazlos pedazos!

Yo te daré la fuerza de un toro,

para que destruyas a muchos pueblos;

¡tus cuernos parecerán de hierro!,

¡tus cascos parecerán de bronce!

Les quitarás todas sus riquezas

y me las entregarás,

pues toda la tierra me pertenece.»