Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
1

11Yo soy Miqueas de Moréset. Dios me comunicó lo que pensaba hacer contra las ciudades de Samaria y Jerusalén. Esto sucedió cuando Jotán, Ahaz y Ezequías eran reyes de Judá. Esto es lo que Dios me dijo:

Juicio contra Samaria

2«¡Escúchenme bien,

pueblos todos de la tierra!

¡Préstenme atención,

habitantes de este país!

Yo soy el Dios de Israel

y desde mi santo templo

voy a denunciar sus maldades.

3»Ya estoy por salir

y destruiré los pequeños templos

que han construido

en los cerros de este país.

4»Cuando ponga mis pies

sobre las montañas,

ellas se derretirán

como la cera en el fuego,

y los valles se partirán en dos,

como se parten las montañas

cuando los ríos bajan por ellas.

5»Todo esto sucederá

por la rebeldía de los israelitas,

pues ya son muchos sus pecados.

Los de Israel pecaron

en la ciudad de Samaria;

los de Judá adoraron a otros dioses

en la ciudad de Jerusalén.

6Por eso convertiré a Samaria

en un montón de ruinas;

esparciré sus piedras por el valle

y la dejaré al descubierto.

¡Solo servirá para plantar viñedos!

7»Por eso haré pedazos

todos los ídolos de Samaria.

Los hicieron con las monedas

que ganaron las prostitutas;

¡pues yo los fundiré en el fuego

y en monedas los convertiré de nuevo!»

Lamento de Miqueas

8-9Entonces yo dije:

«Samaria y mi pueblo Judá

han sido heridos de muerte.

La muerte también amenaza

a Jerusalén, capital de Judá.

»Por eso lloro y estoy triste;

por eso ando desnudo y descalzo;

por eso chillo como avestruz,

por eso lanzo aullidos como chacal.

10»Pero no se pongan a llorar

ni digan nada a los de Gat.

Más bien retuérzanse de dolor

en ese pueblo polvoriento

que se llama Polvareda.

11»Ustedes, habitantes de Bellavista,

serán llevados como esclavos;

avanzarán desnudos y avergonzados.

Habrá lágrimas en el pueblo vecino,

pero los habitantes de Zaanán

no saldrán en su ayuda.

12Los habitantes del pueblo de Amargura

se quedarán esperando ayuda,

pero Dios enviará la desgracia

hasta la entrada misma de Jerusalén.

13»Ustedes, habitantes de Laquis,

¡enganchen sus caballos a los carros!

Fue en la ciudad de ustedes

donde todos nuestros males comenzaron.

Allí pecaron los israelitas,

y allí pecaron los de Jerusalén.

14Por eso tendrán que despedirse

de su amado pueblo de Moréset-gat.

Los reyes de Israel serán engañados

en el pueblo llamado Trampa».

15Y Dios dijo:

«Contra ustedes,

habitantes del pueblo llamado Conquista,

voy a enviar un conquistador,

y aun los israelitas más valientes

huirán hasta la cueva de Adulam.

16Habitantes de Jerusalén,

¡lloren y aféitense la barba!,

¡lloren y córtense el cabello

hasta quedar calvos como un buitre!

¡Sus hijos queridos serán llevados

a un país lejos de aquí!»

2

La maldad de los poderosos

21Dios continuó diciendo:

«¡Gente malvada,

qué mal les va a ir a ustedes!

Al acostarse hacen planes malvados;

al levantarse los llevan a cabo,

porque tienen el poder de hacerlo.

2Si quieren terrenos, los invaden;

si quieren casas, se adueñan de ellas;

maltratan al dueño y a su familia,

y con engaños los echan fuera.

3»Por eso yo, el Dios de Israel,

también tengo planes contra ustedes:

voy a enviarles una desgracia

de la que no podrán librarse.

Les vienen tiempos tan difíciles

que se les acabará el orgullo.

4Cuando llegue ese día,

la gente se burlará de ustedes

y les cantará esta canción:

“¡Se han quedado en la ruina!

¡Antes eran el pueblo de Dios,

pero han cambiado de dueño!

¡Nuestros ejércitos los conquistaron

y nos repartimos sus campos!”

5»¡Escúchenme, israelitas!

Ustedes fueron mi pueblo,

pero no volveré a darles terrenos.

6-7»Ustedes los israelitas

no quieren que los profetas

les den malas noticias.

Ustedes no quieren creer

que algo malo puede sucederles;

por eso no quieren escucharlos.

Les dicen que yo no estoy enojado,

y que ese no es mi modo de actuar.

Dicen que yo siempre trato bien

a todos los que hacen lo bueno.

8»Si ustedes fueron mi pueblo,

¿por qué ahora son mis enemigos?

A los que vuelven de la guerra

y van tranquilos por el camino,

les arrebatan la ropa;

9a las mujeres de mi pueblo

les quitan las casas,

donde antes vivían felices,

y a sus hijos les arrebatan

las riquezas que yo mismo les di.

10»¡Vamos, largo de aquí!

¡Ustedes han hecho de mi templo

una sala de diversiones!

¡Por eso voy a destruirlo!

11Ustedes serían felices

con profetas mentirosos

que solo hablaran de vino y de licor.

Dios da esperanza a su pueblo

12»Pero a los descendientes de Jacob

que hayan quedado con vida,

los reuniré como a un rebaño.

Tal vez no sean muchos,

pero harán mucho alboroto.

13Yo mismo iré delante de ellos

para abrirles paso y darles libertad.

¡Yo soy su Dios y su rey!

3

Los malos gobernantes

31-3»¡Escúchenme ustedes,

jefes y gobernantes de Israel!

¡Ustedes debieran hacer justicia,

pero hacen todo lo contrario!

Prefieren hacer lo malo,

en lugar de hacer lo bueno.

Maltratan mucho a mi pueblo;

se lo están comiendo vivo.

4»Por eso, cuando me llamen,

yo no les responderé.

Es tan grande su maldad

que los abandonaré».

Los profetas mentirosos

5A los profetas que engañan a mi pueblo, Dios les ha dicho:

«Ustedes solo hablan de paz

a quienes les dan de comer,

pero a quienes no los alimentan

les declaran la guerra.

6Por eso no les voy a informar

lo que pienso hacer.

Nunca más les comunicaré mensajes

y ya no podrán anunciar el futuro.

7Esos profetas y adivinos

quedarán en completo ridículo.

No tendrán nada que decir,

porque yo no les responderé».

8Pero yo, Miqueas, estoy lleno del poder de Dios. Por eso puedo afirmar que nuestro Dios es un Dios justo. También puedo acusar a los israelitas de ser un pueblo pecador y desobediente.

La derrota de Jerusalén

9Dios dijo:

«¡Escúchenme ustedes,

jefes y gobernantes de Israel!

Ustedes rechazan la justicia,

y no respetan ninguna ley.

10En Jerusalén y en mi templo

los crímenes y la violencia

son cosa de todos los días.

11Los sacerdotes, profetas y jueces

enseñan, predican o dictan sentencia

solo a cambio de dinero.

»Y para colmo se atreven a decir:

“No tenemos nada que temer.

¡Dios está con nosotros!”

12»¡Por culpa de ustedes

mi templo será derribado!

¡Por culpa de ustedes

Jerusalén quedará en ruinas,

y el monte de Sión

se cubrirá de maleza!»