Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
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Tercer lamento acróstico3.1 Acróstico: Véase nota en 1.1.

El profeta

31Yo soy el que ha sufrido

el duro castigo de Dios.

2Él me forzó a caminar

por los caminos más oscuros;

3no hay un solo momento

en que no me castigue.

4-6Oscura tumba es mi vida;

¡es como si ya estuviera muerto!

Dios me rodeó por completo

de la miseria más terrible.

Me dejó sin fuerzas;

¡no tengo un solo hueso sano!

7-9Se niega Dios a escucharme,

aunque siempre le pido ayuda.

A cada paso me pone tropiezos

y me hace perder el camino.

Me tiene preso y encadenado.

¡No puedo escaparme de él!

10-12Objeto soy de sus ataques;

¡soy el blanco de sus flechas!

Como animal feroz me vigila,

esperando el momento de atacarme.

¡Me obliga a apartarme del camino

para que no pueda defenderme!

13-15Ya me partió el corazón

con sus terribles flechas.

Dios ha llenado mi vida

de tristeza y amargura.

Todo el día y a todas horas,

la gente se burla de mí.

16Estoy completamente derrotado,

porque Dios me hizo caer.

17Ya no tengo tranquilidad;

la felicidad es solo un recuerdo.

18Me parece que de Dios

ya no puedo esperar nada.

19Los más tristes recuerdos

me llenan de amargura.

20Siempre los tengo presentes,

y eso me quita el ánimo.

21Pero también me acuerdo

de algo que me da esperanza:

22Sé que no hemos sido destruidos

porque Dios nos tiene compasión.

23Sé que cada mañana se renuevan

su gran amor y su fidelidad.

24Por eso digo que en él confío;

¡Dios es todo para mí!

25Invito a todos a confiar en Dios

porque él es bondadoso.

26Es bueno esperar con paciencia

que Dios venga a salvarnos,

27y aprender desde nuestra juventud

que debemos soportar el sufrimiento.

28Es conveniente callar

cuando Dios así lo ordena.

29-30Y olvidar la venganza

cuando alguien nos golpea.

Debemos esperar con paciencia

que Dios venga a ayudarnos.

31Realmente Dios nos ha rechazado,

pero no lo hará para siempre.

32-33Nos hace sufrir y nos aflige,

pero no porque le guste hacerlo.

Nos hiere, pero nos tiene compasión,

porque su amor es muy grande.

34-36Violar los derechos humanos

es algo que Dios no soporta.

Maltratar a los prisioneros

o no darles un juicio justo,

es algo que Dios no aprueba.

37¡Oye bien esto: Nada puedes hacer

sin que Dios te lo ordene!

38¡Todo lo bueno y lo malo

pasa porque él así lo ordena!

39¡No tenemos razón para quejarnos

si nos castiga por nuestros pecados!

40-42Si pecamos contra Dios,

y él no quiere perdonarnos,

pensemos en qué lo hemos ofendido.

Dirijamos al Dios del cielo

nuestras oraciones más sinceras,

y corrijamos nuestra conducta.

43-44Una nube envuelve a Dios;

no le deja escuchar nuestra oración.

Lleno de enojo, Dios nos persigue;

nos destruye sin ninguna compasión.

45Nos ha expuesto ante las naciones

como si fuéramos lo peor.

46Fuimos la burla del enemigo.

47Sufrimos en carne propia

los horrores de la destrucción.

48Cuando vi destruida mi ciudad

no pude contener las lágrimas.

49-51Realmente me duele ver sufrir

a las mujeres de Jerusalén.

Se me llenan de lágrimas los ojos,

pero no hay quien me consuele.

¡Espero que desde el cielo

Dios nos mire y nos tenga compasión!

52-53¡Intentaron matarme,

y no sé por qué razón!

Mis enemigos me atraparon,

me encerraron en un pozo.

54Estuve a punto de ahogarme;

¡creí que había llegado mi fin!

55En la profundidad de ese pozo

te pedí ayuda, Dios mío,

56y tú atendiste mis ruegos;

¡escuchaste mi oración!

57Te llamé, y viniste a mí;

me dijiste que no tuviera miedo.

58No me negaste tu ayuda,

sino que me salvaste la vida.

59Dios mío, ¡ayúdame!

Mira el mal que me causaron,

60mira el mal que piensan hacerme,

¡quieren vengarse de mí!

61Tú sabes cómo me ofenden;

tú sabes que me hacen daño.

62Tú bien sabes que mis enemigos

siempre hacen planes contra mí.

63¡Míralos! No importa lo que hagan,

siempre están burlándose de mí.

64-66¡Espero que los castigues

con toda tu furia!

¡Bórralos de este mundo!

Mi Dios, ¡dales su merecido

por todo lo que han hecho!

¡Maldícelos y hazlos sufrir!

4

Cuarto lamento acróstico4.1 Acróstico: Véase nota en 1.1.

El profeta

41¡Perdió el oro su brillo!

¡Quedó totalmente empañado!

¡Por las esquinas de las calles

quedaron regadas las joyas del templo!

2¡Oro puro! Así se valoraba

a los habitantes de Jerusalén,

¡pero ahora no valen más

que simples ollas de barro!

3Bondadosas se muestran las lobas

cuando alimentan a sus cachorros,

pero las crueles madres israelitas

abandonan a sus hijos.

4Reclaman pan nuestros niños,

pero nadie les da nada.

La lengua se les pega al paladar,

y casi se mueren de sed.

5En las calles se mueren de hambre

los que antes comían manjares;

entre la basura se revuelcan

los que antes vestían con elegancia.

6Cayó Jerusalén, pues ha pecado

más de lo que pecó Sodoma.

¡De pronto se vino abajo

y nadie pudo ayudarla!

7Increíblemente hermosos

eran los líderes de Jerusalén;

estaban fuertes y sanos,

estaban llenos de vida.

8Tan feos y enfermos se ven ahora

que nadie los reconoce.

Tienen la piel reseca como leña,

¡hasta se les ven los huesos!

9A falta de alimentos,

todos mueren poco a poco.

¡Más vale morir en la guerra

que morirse de hambre!

10¡Destruida ha quedado Jerusalén!

¡Hasta las madres más cariñosas

cocinan a sus propios hijos

para alimentarse con ellos!

11El enojo de Dios fue tan grande

que ya no pudo contenerse;

le prendió fuego a Jerusalén

y la destruyó por completo.

12¡Terminaron entrando a la ciudad

los enemigos de Jerusalén!

¡Nadie en el mundo se imaginaba

que esto pudiera ocurrir!

13Injustamente ha muerto gente

a manos de profetas y sacerdotes.

Dios castigó a Jerusalén

por este grave pecado.

14Juntos andan esos asesinos

como ciegos por las calles.

Tienen las manos llenas de sangre;

¡nadie se atreve a tocarlos!

15En todas partes les gritan:

«¡Fuera de aquí, vagabundos!

¡No se atrevan a tocarnos!

¡No pueden quedarse a vivir aquí!»

16Rechazados por Dios,

los líderes y sacerdotes

vagan por el mundo.

¡Dios se olvidó de ellos!

17Una falsa esperanza tenemos:

que un pueblo venga a salvarnos;

pero nuestros ojos están cansados.

¡Nadie vendrá en nuestra ayuda!

18Se acerca nuestro fin.

No podemos andar libremente,

pues por todas partes nos vigilan;

¡nuestros días están contados!

19Aun más veloces que las águilas

son nuestros enemigos.

Por las montañas y por el desierto

nos persiguen sin descanso.

20La sombra que nos protegía

era nuestro rey;

Dios mismo nos lo había dado.

¡Pero hasta él cayó prisionero!

21Esto mismo lo sufrirás tú,

que te crees la reina del desierto.

Puedes reírte ahora, ciudad de Edom,

¡pero un día te quedarás desnuda!

22No volverá Dios a castigarte,

bella ciudad de Jerusalén,

pues ya se ha cumplido tu castigo.

Pero a ti, ciudad de Edom,

Dios te castigará por tus pecados.

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Quinto lamento

El pueblo de Jerusalén

51Dios mío, fíjate en nuestra desgracia;

date cuenta de que nos ofenden.

2Nuestras tierras y nuestra patria

han caído en manos de extranjeros.

3Nos hemos quedado sin padre;

nuestras madres han quedado viudas.

4¡Hasta el agua y la leña

tenemos que pagarlas!

5El enemigo nos persigue.

Nos tiene acorralados.

6¡A nuestros peores enemigos,

tenemos que pedirles alimento!

7Pecaron nuestros antepasados,

¡y Dios nos castigó a nosotros!

8Los esclavos se creen reyes,

¡y no podemos librarnos de ellos!

9Para conseguir alimentos,

arriesgamos la vida en el desierto.

10Tanta es el hambre que tenemos

que hasta deliramos.

11En todas nuestras ciudades

violaron a nuestras mujeres.

12No respetaron a nuestros jefes;

¡los colgaron de las manos!

13Nuestros jóvenes y niños

cargan leña como esclavos.

14Ya los jóvenes no cantan

ni se reúnen los ancianos.

15No tenemos motivo de alegría;

en vez de danzas, hay tristeza.

16¡Pobres de nosotros!

Por el pecado perdimos el reino.

17Vamos perdiendo las fuerzas;

estamos a punto de morir.

18El monte Sión ha quedado desierto;

solo se ven animales salvajes.

19Pero tú, Dios nuestro,

reinas para siempre.

¡Tú eres nuestro rey!

20¿Por qué te olvidas de nosotros

y nos abandonas tanto tiempo?

21¡Déjanos volver a ti, y volveremos!

¡Devuélvenos el poder que tuvimos!

22En verdad nos diste la espalda;

¡se te fue la mano!