Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
1

El ataque de los saltamontes

11Dios le dio un mensaje a Joel hijo de Petuel, y Joel se lo comunicó al pueblo de Israel:

2-4«¡Pongan mucha atención

ustedes, jefes del pueblo,

y todos los que viven en este país!

¡Cuatro plagas de saltamontes

han venido sobre nuestra tierra

y han acabado con nuestras siembras!

¿Cuándo han visto ustedes algo así?

¡Ni siquiera los antepasados de ustedes

vieron en su vida algo parecido!

»¡Cuéntenselo a sus hijos,

para que ellos, a su vez,

se lo cuenten a sus nietos,

bisnietos y tataranietos!

5»¡Vamos, borrachos, levántense!

¡Despierten y pónganse a llorar,

pues ya no van a tener vino!

6Una plaga de saltamontes

ha invadido nuestro país,

como si fuera un gran ejército.

Sus dientes tienen tanto filo

que hasta parecen leones furiosos.

7Destruyeron nuestras viñas

y despedazaron nuestras higueras;

¡pelaron las ramas por completo!

8»La gente llora desconsolada,

como la novia que llora de tristeza

porque se ha muerto su novio.

9También lloran los sacerdotes

que están al servicio de Dios,

pues ya nadie lleva al templo

ofrendas de vino y de cereales.

10»Ya no hay trigo,

ya no hay vino ni aceite,

pues los campos se secaron

y quedaron hechos un desierto.

11»Ustedes, los campesinos,

y ustedes, los agricultores:

¡lloren de tristeza!

Ya se han perdido las cosechas

de trigo y de cebada;

12ya se han secado los viñedos,

las higueras, los granados,

las palmeras, los manzanos

y todos los árboles del campo;

¡la gente misma ha perdido la alegría!

13»Ustedes, los sacerdotes,

que sirven a Dios en el altar,

pónganse ropa de luto

y pasen la noche llorando,

pues ya nadie trae al templo

ofrendas de vino y de cereales.

14Reúnan en el templo

a los israelitas y a sus jefes,

para que ayunen y oren a Dios.

15¡Nuestro Dios viene!

¡Ya está cerca el día!

¡Será un día de destrucción

por parte del Todopoderoso!

16»En nuestra propia cara

nos quitaron la comida;

nos quitaron la alegría de estar

en el templo de nuestro Dios.

17La siembra de trigo se secó,

por eso están vacíos

todos nuestros graneros.

18¡Mugen nuestras vacas

y balan nuestras ovejas!

¡Los ganados se mueren de hambre

porque ya no encuentran pastos!

19»Dios nuestro,

¡en ti buscamos ayuda

porque el fuego ha quemado

nuestros campos y nuestros bosques!

20¡También te piden ayuda

los animales del campo,

pues los arroyos están secos

y el fuego ha acabado con los pastos!

2

La invasión de un ejército enemigo

21»¡Que toquen la trompeta en Jerusalén!

¡Que suene la alarma en el templo!

¡Que comiencen a temblar

todos los habitantes de este país!

¡Nuestro Dios viene!

¡Ya está cerca el día!

2Será un día de gran oscuridad,

un día de nubes y de sombras.

»Un ejército grande y poderoso

se extenderá sobre los montes,

y caerá sobre toda la tierra

como las sombras al anochecer.

No hubo antes, ni habrá después,

otro ejército que se le parezca.

3Ese ejército es como el fuego,

que quema todo lo que encuentra:

antes de su llegada,

la tierra es un paraíso;

después de su llegada,

la tierra queda hecha un desierto.

¡No hay nada que se le escape!

4»Ese ejército de saltamontes

ataca como la caballería;

5cuando saltan sobre los montes,

el ruido que hacen se parece

al que hacen los carros de guerra;

son como el crujido de hojas secas

que se queman en el fuego;

son como un ejército poderoso

que está listo para el ataque.

6-9»Estos saltamontes

parecen una banda de ladrones,

son como un ejército

que ataca por sorpresa la ciudad,

y siempre ataca de frente.

Escalan las murallas,

se trepan a las casas,

se meten por las ventanas,

sin chocar unos con otros.

Todos mantienen el paso,

jamás rompen la formación,

¡jamás dan un paso atrás!

¡Ni una lluvia de flechas

puede hacer que se detengan!

Al ver estos saltamontes

la gente tiembla

y se pone pálida de miedo.

10Tiemblan el cielo y la tierra,

se oscurecen el sol y la luna,

y pierden su brillo las estrellas.

11»Al frente de este ejército,

que es muy grande y poderoso,

Dios deja oír su voz de mando

y este ejército lo obedece.

Nuestro Dios viene.

¡El día de su llegada

será impresionante y terrible!

¡Nadie podrá mantenerse firme!

El pueblo de Dios debe arrepentirse

12»Nuestro Dios nos dice:

“¡Arrepiéntanse ahora mismo

y cambien su manera de vivir!

¡Lloren, ayunen y vístanse de luto!

13¡Arrepiéntanse y vuelvan a mí,

pero háganlo de todo corazón,

y no solo de palabra!

Yo soy tierno y bondadoso,

y no me enojo fácilmente;

yo los amo mucho

y estoy dispuesto a perdonarlos”.

14»¡Tal vez Dios decida perdonarnos!

¡Tal vez nos dé en abundancia

vino y cereal para las ofrendas!

15-16»¡Toquen la trompeta en Jerusalén!

¡Que se reúna todo el pueblo!

¡Que vengan los ancianos y los niños,

y hasta los recién casados!

¡Que ayunen y se preparen para adorar a Dios!

17¡Que vengan los sacerdotes,

los servidores de Dios!

Que se paren ante el altar,

y con lágrimas en los ojos

oren de esta manera:

“¡Dios nuestro,

perdona a tu pueblo!

¡No permitas que las naciones

nos desprecien y nos humillen!

No permitas que con tono burlón

nos pregunten:

‘¿Dónde está su Dios?’”

Dios ama a los que se arrepienten

18-19»Dios ama mucho a esta tierra,

por eso nos tendrá compasión

y nos responderá:

“Pongan mucha atención:

Voy a llenar sus graneros de trigo,

y sus bodegas de vino y de aceite.

No volveré a permitir

que las naciones los humillen.

20-21A ese enemigo del norte,

que se atrevió a atacarlos,

lo arrojaré al desierto;

a los que venían al frente

los ahogaré en el Mar Muerto,

y a los que venían atrás

los ahogaré en el Mediterráneo.

¡Sus cadáveres despedirán mal olor!”

»Patria mía, ¡no tengas miedo!

Al contrario, llénate de gozo,

pues Dios hace grandes maravillas;

¡sí, Dios hace grandes maravillas!

22»Bestias salvajes, ¡no tengan miedo!

Los campos se cubrirán de pasto,

los árboles se llenarán de frutos,

y habrá higos y uvas en abundancia.

23»Ustedes, habitantes de Jerusalén,

¡hagan fiesta en honor de nuestro Dios!

En el momento justo

Dios nos enviará la lluvia,

como lo hacía en tiempos pasados.

Como prueba de su perdón,

hará que llueva en primavera,

así como llueve en invierno.

24Así habrá una buena cosecha,

y tendremos gran abundancia

de trigo, vino y aceite.

25»Dios habrá de devolvernos

todo lo que perdimos estos años

por culpa de los saltamontes

que él mandó contra nosotros.

26-27Tendremos mucha comida,

y alabaremos a nuestro Dios

por todas las grandes maravillas

que ha hecho en favor nuestro».

Dios promete enviar su espíritu

Dios le dijo al profeta:

«Yo soy el Dios de los israelitas.

Yo vivo en medio de mi pueblo.

Ellos me reconocerán como su único Dios,

pues no hay otro como yo.

¡Y no volverán a ser humillados!

28 28 (3.1) »Cuando esto haya pasado,

les daré a todos mi espíritu:

hombres y mujeres hablarán de parte mía;

a los ancianos les hablaré en sueños

y a los jóvenes, en visiones.

29 29 (3.2) »También en esos tiempos

daré mi espíritu

a los esclavos y a las esclavas.

30 30 (3.3) »Daré muestras de mi poder

en el cielo y en la tierra:

habrá sangre y fuego,

y grandes columnas de humo.

31 31 (3.4) El sol dejará de alumbrar,

y la luna se pondrá roja,

como si estuviera bañada en sangre.

»Esto pasará antes de que llegue

el maravilloso día

en que juzgaré a este mundo.

32 32 (3.5) Pero yo salvaré

a los que me reconozcan como su Dios.

Mi templo está en Jerusalén,

y en esta ciudad vivirán

los que hayan escapado,

junto con mis elegidos.

3

Dios juzgará a las naciones

31 1 (4.1) »Cuando llegue ese día,

haré que los de Judá y de Jerusalén

vuelvan de las naciones

a donde los llevaron prisioneros.

2-3 2-3 (4.2-3) Reuniré a todas las naciones

en el valle de Josafat,

y las declararé culpables

por todo lo que le hicieron

a mi querido pueblo Israel:

lo dispersaron por todas partes,

y echando suertes entre ellos

se repartieron su territorio;

vendieron como esclavos

a los niños y a las niñas,

¡y con ese dinero compraron

vino para emborracharse,

y les pagaron a las prostitutas!

4 4 (4.4) »Ciudades de Tiro y de Sidón,

no les conviene ponerse en mi contra.

Y a ustedes, provincias de Filistea,

no les conviene desquitarse conmigo,

porque yo les daré su merecido

más pronto de lo que piensan.

5 5 (4.5) Ustedes se han robado

todo mi oro y toda mi plata;

¡mis más ricos tesoros

se los llevaron a sus templos!

6-7 6-7 (4.6-7) »Ustedes, gente de Tiro y de Sidón,

se llevaron muy lejos a la gente de Judá;

a los habitantes de Jerusalén

los vendieron como esclavos.

Pero yo los rescataré;

los haré volver de Grecia,

donde ustedes los vendieron.

»Ahora yo haré con ustedes

lo mismo que hicieron con mi pueblo:

8 8 (4.8) venderé a sus hijos y a sus hijas

al pueblo de Judá,

para que ellos los revendan

a las tribus del desierto.

Les juro que así lo haré».

El profeta anuncia el juicio

9 9 (4.9) El profeta Joel les dijo a las naciones vecinas:

«¡Preparen sus ejércitos!

¡Prepárenlos para la batalla!

¡Dios les declara la guerra!

10 10 (4.10) ¡Conviertan sus herramientas

en armas de guerra!

¡Conviertan a los más cobardes

en hombres de valor!

11-12 11-12 (4.11-12) »¡Vengan, naciones vecinas!

Reúnanse pronto en el valle de Josafat.

¡Allí Dios las juzgará

y las declarará culpables!

13 13 (4.13) Dios las cortará como al trigo

cuando está listo para la cosecha;

las aplastará como a las uvas

cuando están listas para hacer vino.

¡Ya es demasiada su maldad!

14 14 (4.14) »Mucha gente se ha reunido

en el Valle de la Decisión,

porque allí llegará nuestro Dios.

¡Cercano está el día de su llegada!

15 15 (4.15) Cuando Dios llegue,

se oscurecerán el sol y la luna,

y perderán su brillo las estrellas;

16 16 (4.16) temblarán el cielo y la tierra,

y nuestro Dios se enojará

y hablará desde Jerusalén.

Pero protegerá a los israelitas

y será un refugio para ellos».

Habla Dios

17 17 (4.17) Dios le dijo a su pueblo:

«Cuando llegue ese día,

ustedes reconocerán que yo soy su Dios.

Me quedaré a vivir en mi templo,

y Jerusalén será mi ciudad preferida.

¡Nunca más un ejército extranjero

volverá a poner un pie en ella!

18 18 (4.18) »Cuando llegue ese día,

en los cerros y en las colinas

habrá vino y leche en abundancia;

y nunca faltará el agua

en los arroyos de Judá,

pues del templo saldrá un manantial

que regará el valle de Sitim.

19 19 (4.19) »A Egipto y a Edom

los convertiré en un desierto,

porque atacaron sin motivo

a los habitantes de Judá,

y en su propio país

mataron a gente inocente.

20-21 20-21 (4.20-21) Pero yo vengaré su muerte;

el culpable no quedará sin castigo.

Las ciudades de Judá y de Jerusalén

serán habitadas todo el tiempo,

y yo viviré en mi templo

para castigar al culpable

y defender al inocente».