Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
7

71-3»He pasado noches miserables,

he pasado meses enteros

esperando en vano

que terminen mis sufrimientos.

Mi vida ha sido como la de un soldado

que ansioso espera el fin de la guerra;

como la de un peón,

que ansioso espera su paga;

como un esclavo fatigado,

que ansioso espera que caiga la noche.

4Cuando me acuesto,

la noche me parece interminable;

doy vueltas en la cama

sin poder pegar los ojos,

y me pregunto cuándo amanecerá.

5Tengo todo el cuerpo

lleno de gusanos y de costras;

¡por todos lados me sale pus!

6»La vida se me escapa

con la velocidad del rayo.

¡Ya he perdido toda esperanza!

7Acuérdate, Dios mío,

que mi vida es como un suspiro

y que no volveré a saber

lo que es la felicidad.

8Hoy me ves, pero mañana ya no;

me buscarás, pero ya no estaré aquí.

9-10Los que bajan a la tumba

ya no vuelven a subir;

nunca más regresan a su casa.

Son como las nubes:

¡desaparecen y se pierden para siempre!

11»En cuanto a mí,

estoy tan angustiado

y tan lleno de amargura

que no puedo quedarme callado.

12¿Por qué me vigilas tanto,

si no soy el monstruo del mar?

13A veces pienso que durmiendo

hallaré consuelo y alivio a mi queja,

14pero aun estando acostado

me haces tener pesadillas

y me llenas de terror.

15-16Ya no quiero seguir viviendo.

¡Preferiría morir ahorcado

que seguir viviendo en este mundo!

Mi vida ha perdido valor;

¡ya déjame en paz!

17-18»Tú nos das mucha importancia;

todos los días nos examinas.

Yo me pregunto por qué

a todas horas nos pones a prueba.

19-20Tú, que a todos nos vigilas,

¿por qué solo a mí me castigas?

¡Ya no me vigiles tanto!

¡Déjame al menos tragar saliva!

¿En qué te afecta que yo peque?

¿Acaso te soy una molestia?

21¿Por qué no me perdonas

y te olvidas de mi maldad?

Me queda muy poco de vida;

cuando me busques,

ya estaré muerto».

8

Primera participación de Bildad

81Entonces Bildad le dijo a Job:

2«¡Hablas con la violencia

de un fuerte huracán!

¿Cuándo te vas a callar?

3El Dios todopoderoso

nunca hace nada injusto.

4Si tus hijos pecaron contra Dios,

él les ha dado su merecido.

5-6Pero si tú eres inocente,

habla con él y pídele perdón;

él te protegerá y te recompensará

devolviéndote todo lo que tenías.

7Tus primeras riquezas no serán nada,

comparadas con las que tendrás después.

8-10»Pregúntales a nuestros abuelos,

y verás cuántas cosas descubrieron.

Ellos te lo harán saber todo

y compartirán contigo su experiencia.

Nosotros hemos vivido muy poco,

y poco o nada sabemos;

nuestra vida pasa como una sombra.

11»Los juncos crecen en el agua,

pero si el agua les llega a faltar

12se secan más pronto

que cualquier otra planta.

13Lo mismo les pasa a los malvados,

a los que se olvidan de Dios:

al morir nada bueno les espera.

14Su confianza es tan frágil

como una telaraña:

15no les brinda ningún apoyo.

16Los malvados son como esas hierbas

que cuando les pega el sol

se extienden por todo el jardín,

17y hunden sus raíces en las piedras.

18Pero si alguien las arranca,

nadie podrá saber dónde estaban.

19¡Así termina su alegría de vivir,

y en su lugar nacen otras hierbas!

20»Dios acepta al honrado,

y rechaza al malvado.

21Dios hará que vuelvas a reír

y a lanzar gritos de alegría.

22Tus enemigos quedarán avergonzados,

y sus casas serán destruidas».

9

Segunda respuesta de Job

91Al oír esto, Job respondió:

2«¡Ese cuento ya lo conozco!

Yo sé bien que ante Dios

nadie puede alegar inocencia,

3ni puede tampoco discutir con él.

Dios puede hacer mil preguntas,

y nadie puede responderle.

4¿Quién puede desafiar a Dios

y esperar salir victorioso?

Su sabiduría es muy profunda,

y su poder es muy grande.

5Cuando Dios se enoja,

cambia de lugar las montañas

sin que nadie se dé cuenta;

6también cambia de lugar a la tierra,

y la hace temblar hasta sus bases.

7Reprende al sol, y el sol no sale;

también apaga la luz de las estrellas.

8Con su poder extiende el cielo

y calma las olas del mar.

9Dios creó todas las estrellas,

y las agrupó en constelaciones:

la Osa Mayor, la Cruz del Sur,

Orión y las Siete Cabritas.

10»Dios hace cosas tan maravillosas

que es muy difícil comprenderlas,

y más aún, hablar de ellas.

11Si Dios pasara junto a mí,

me sería imposible verlo;

si se alejara de mí,

no me daría cuenta.

12Si quisiera tomar algo,

¿quién podría ordenarle no hacerlo?

13Cuando Dios se enoja,

hasta el mar y sus olas

se rinden ante él.

14»Si esto es así,

¿cómo voy a poder responderle?

15A pesar de que soy inocente,

ante Dios no me puedo defender;

solo puedo suplicarle

que me tenga compasión.

16Si lo llamara, y él me respondiera,

no creo que me prestaría atención.

17-18¡Al contrario!

¡Por la cosa más simple

aumentaría mis heridas

y no me dejaría ni respirar!

¡Me llenaría de amargura

y con una tormenta me despedazaría!

19Si de comparar fuerzas se trata,

¡Dios es más poderoso!

Y si le abriera un juicio,

¿quién podría obligarlo a presentarse?

20¡Aunque no he hecho nada malo,

mi boca me condena y resulto culpable!

21»No tengo nada de qué arrepentirme,

pero eso ya no importa;

¡estoy cansado de esta vida!

22En todo caso, da lo mismo.

Por eso puedo afirmar

que Dios destruye por igual

a los buenos y a los malos.

23Y si alguna enfermedad provoca

que la gente muera de pronto,

Dios se burla de la angustia

de los que nada malo hicieron.

24Cuando algún malvado

se apodera de un terreno,

es Dios mismo quien les tapa

los ojos a los jueces.

25-26»La vida se me escapa

con la rapidez del rayo.

Mis días pasan como el águila

cuando se lanza sobre su presa.

El tiempo es como un barco

que se pierde en la distancia,

y yo aquí estoy,

sin saber lo que es la felicidad.

27A veces pienso en olvidarlo todo,

en cambiar de actitud y sonreír;

28pero me asusto de tanto sufrimiento,

pues sé bien que ante Dios,

no resulto inocente.

29Y si él me considera culpable,

¿qué caso tiene seguir luchando?

30Aunque me lave con jabón

las manos y todo el cuerpo,

31Dios me arrojará al basurero,

¡y no habrá ropa que me cubra!

32»¿Cómo puedo atreverme

a citar a Dios ante un tribunal,

si soy un simple mortal?

33¿Qué juez en este mundo

podría dictar sentencia entre nosotros?

34Si alguien pudiera quitarme el miedo

de sufrir el castigo divino,

35podría hablar sin temor;

pero en verdad, tengo miedo.