Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
4

Primera respuesta de Elifaz

41Elifaz le dijo a Job:

2«Puede ser que no te guste

lo que tengo que decirte,

pero no puedo quedarme callado.

3Si bien recuerdo,

tú fuiste maestro de muchos

y animabas a los desanimados;

4palabras no te faltaban

para alentar a los tristes

y apoyar a los débiles.

5Pero ahora que sufres,

no lo soportas

y te das por vencido.

6Según tú, no haces nada malo,

¿por qué entonces desconfías de Dios?

7»¡No me vayas a decir

que quien hace lo bueno

sufre y acaba mal!

8He podido comprobar

que quien mal anda mal acaba.

9»Cuando Dios se enoja,

con un soplo destruye al malvado,

10-11y aunque ruja o gruña como león,

Dios le romperá los dientes.

Como no podrá comer,

se morirá de hambre,

y sus hijos tendrán que huir.

12»Alguien me confió un secreto,

que apenas pude escuchar.

13Mientras todo el mundo dormía,

tuve un sueño, y perdí la calma.

14¡Fue tanto el miedo que sentí,

que todo el cuerpo me temblaba!

15Sentí en la cara un viento helado,

y se me erizaron los pelos.

16¡Sabía que alguien estaba allí,

pero no podía verlo!

Todo alrededor era silencio.

De pronto oí que alguien decía:

17“Nadie es mejor que su creador.

¡Ante él, no hay inocentes!

18Dios ni en sus ángeles confía,

pues hasta ellos le fallan;

19¡mucho menos va a confiar

en nosotros los humanos!

Estamos hechos de barro,

y somos frágiles como polillas.

20-21”En esta vida estamos de paso;

un día nacemos

y otro día morimos.

¡Desaparecemos para siempre,

sin que a nadie le importe!

¡Morimos sin llegar a ser sabios!”

5

51»¡Grita, Job!

¡Grita todo lo que quieras,

a ver si algún ángel te responde!

2Solo los tontos y necios

se mueren de celos y envidia.

3Algunos llegan a prosperar,

pero su casa está maldita.

4A sus hijos,

nadie los ayuda ni los defiende;

¡en los tribunales del pueblo

nadie les hace justicia!

5Sus riquezas y sus cosechas

terminan en la mesa de los hambrientos.

6»¡Siempre hay una razón

para el mal y la desgracia!

7Así como el fuego es la causa

de que salten chispas,

nosotros somos responsables

de nuestra propia desgracia.

8»Si yo estuviera en tu lugar,

pondría mi caso en manos de Dios.

9Sus milagros y maravillas

no los podemos entender.

10Dios hace que la lluvia

caiga sobre los campos;

11Dios da poder a los humildes

y ayuda a los afligidos;

12-13Dios hace que los astutos

caigan en sus propias trampas;

les desbarata sus planes malvados

y les arruina sus malas acciones.

14Dios hace que se tropiecen de día

como si anduvieran de noche,

15pero salva a la gente pobre

del poder de sus enemigos;

16a los pobres les devuelve la esperanza,

pero a los malvados los deja callados.

17»Cuando el Dios todopoderoso te corrija,

puedes considerarte bendecido;

no desprecies su corrección.

18Dios hiere, pero cura la herida;

Dios golpea, pero alivia el dolor.

19Una y otra vez vendrá a ayudarte,

y aunque estés en graves peligros

no dejará que nada te dañe.

20En tiempos de hambre,

no dejará que te mueras;

en tiempos de guerra,

no dejará que te maten.

21Cuando alguien te maldiga,

no tendrás por qué tener miedo;

esa maldición no se cumplirá.

22Te reirás del hambre

y de las calamidades,

y no tendrás por qué temer

a los animales salvajes:

23¡las piedras del campo

y las bestias salvajes

serán tus mejores amigas!

24En tu casa vivirás tranquilo,

y cuando cuentes tu ganado

no te faltará un solo animal.

25Tendrás muchos hijos y muchos nietos;

¡nacerán como la hierba del campo!

26Serás como el trigo

que madura en la espiga:

no morirás antes de tiempo,

sino cuando llegue el momento.

27Esto es un hecho comprobado.

Si nos prestas atención,

tú mismo podrás comprobarlo».

6

Primera respuesta de Job

61Job le respondió a Elifaz de la siguiente manera:

2«¡Me gustaría que todas mis desgracias

pudieran pesarse en una balanza!

3¡Son tantas, que pesarían

más que toda la arena del mar!

¡No debiera sorprenderles

oírme hablar así!

4El Dios todopoderoso me ha herido,

y eso me llena de miedo;

¡ya siento correr por mi cuerpo

el veneno de sus flechas!

5»Con pasto en el pesebre,

no hay burro que rebuzne

ni buey que brame.

6Con sal, toda comida es buena;

¡hasta la clara de huevo es sabrosa!

7Pero lo que estoy sufriendo,

¡sabe peor que comida sin sal!

8»¡Cómo quisiera que Dios

me diera lo que le pido:

9que de una vez me aplaste,

y me deje hecho polvo!

10»¡Jamás he desobedecido a Dios!

Este es el consuelo que me queda

en medio de mi dolor.

11-12»Yo no estoy hecho de piedra,

ni estoy hecho de bronce.

Ya no me quedan fuerzas

para seguir viviendo,

ni espero nada de esta vida.

13No tengo a nadie que me ayude,

ni puedo valerme por mí mismo.

14Si en verdad fueran mis amigos,

no me abandonarían,

aunque yo no obedeciera a Dios.

15-16Pero ustedes, mis amigos,

cambian tanto como los ríos:

unas veces están secos,

y otras veces se desbordan.

Cuando la nieve se derrite,

corren turbios y revueltos,

17pero en tiempos de calor y sequías

se quedan secos y dejan de correr.

18-21»Ustedes se han portado conmigo

como lo hacen los comerciantes

de las ciudades de Temá y Sabá.

Salen con sus caravanas,

y al cruzar el desierto,

se apartan del camino

esperando encontrar los ríos.

Al no hallarlos,

se quedan confundidos y frustrados;

pierden entonces la confianza y mueren.

Lo mismo hicieron ustedes:

vieron algo espantoso y se asustaron.

22»Yo no les pedí que vinieran,

ni tampoco les pedí dinero

23para que me salvaran

de mis malvados enemigos.

24Demuéstrenme en qué he fallado,

y me callaré la boca.

25Si tuvieran razón, no me ofendería;

¡pero ustedes me acusan

y no tienen pruebas!

26No me juzguen por mis palabras,

hablo así pues estoy desesperado,

y las palabras se las lleva el viento.

27¡Ustedes son capaces de todo,

hasta de vender a un huérfano

y abandonar a un amigo!

28»Mírenme a los ojos,

y díganme si soy un mentiroso.

29No sean injustos conmigo

y dejen de juzgarme;

reconozcan que soy inocente.

30No les he mentido.

¿Acaso creen que no sé distinguir

entre la verdad y la mentira?