Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
12

Tercera respuesta de Job

121Job le respondió a Zofar:

2«¡Ustedes se creen los maestros del pueblo!

¡Y piensan que al morir,

se acabarán los sabios!

3Pero no creo que ustedes

sean más inteligentes que yo.

¡Ustedes no han dicho nada nuevo!

4»Antes, cuando yo llamaba a Dios,

él siempre me respondía;

en cambio, ahora,

hasta mis amigos se burlan de mí;

no soy culpable de nada,

pero todos se burlan de mí.

5¡Qué fácil es criticar al que sufre,

cuando no se tienen problemas!

6Los ladrones creen

que ya dominaron a Dios,

y por eso viven tranquilos.

7»Pero pregúntales a las aves,

y también a los animales,

y ellos te lo contarán todo;

¡te darán una gran lección!

8Habla con la tierra,

y con los peces del mar,

y hasta ellos te lo dirán.

9Ellos saben muy bien

que Dios lo ha creado todo.

10¡Dios tiene en sus manos

la vida de todos los seres vivos!

11Así como el oído capta los sonidos

y la lengua capta los sabores,

12los que han vivido muchos años

captan la sabiduría y el entendimiento.

13»Dios tiene sabiduría y poder;

hace planes y estos se cumplen.

14Si Dios derriba algo,

nadie puede volver a levantarlo.

Si Dios apresa a alguien,

nadie puede ponerlo en libertad.

15Si él quiere que no llueva,

todo en el campo se seca;

pero si quiere que llueva,

la tierra entera se inunda.

16En sus manos están

el poder y la sabiduría,

el engañador y el engañado.

17-19Dios hace que pierdan su puesto

los jueces y los consejeros,

los sacerdotes y los poderosos;

a los reyes los quita del trono

y los hace trabajar como esclavos;

20a los consejeros les calla la boca,

y hace que los ancianos

pierdan su sabiduría.

21»Dios pone en vergüenza

a los fuertes y poderosos;

22Dios pone al descubierto

las profundidades del sepulcro;

23a las naciones

las hace prosperar o fracasar,

las engrandece o las destruye.

24»A los gobernantes

les hace olvidar su sabiduría

para que no sepan qué hacer.

25Así andarán a tientas en la oscuridad,

tropezando como ciegos y borrachos.

13

131»Todo lo que han dicho,

yo mismo lo he visto y oído.

2Creo saber tanto como ustedes;

no creo que sean mejores que yo.

3Pero yo preferiría discutir mi caso

con el Dios todopoderoso,

4porque ustedes son unos mentirosos;

¡sus consejos no ayudan en nada!

5¡Si se callaran la boca,

mostrarían algo de sabiduría!

6»Por favor, escúchenme;

pongan atención a mis palabras:

7¿Van a mentir en nombre de Dios,

y a tratar de defenderlo con engaños?

8¿Acaso creen que le hacen un favor

actuando como sus abogados defensores?

9Si Dios los examinara a ustedes,

no podrían engañarlo

como engañan a la gente.

10Más bien, Dios los reprendería

si quisieran defenderlo con mentiras;

11¡es tan grande su poder

que los haría temblar de miedo!

12»Las explicaciones de ustedes

han perdido su sentido,

y no sirven para nada.

13»Mejor cállense, y déjenme hablar,

no importa lo que me pase.

14-15Voy a defenderme ante Dios,

aunque él quiera matarme;

voy a jugarme la vida,

pues no tengo nada que perder.

16Ningún malvado se atrevería

a presentarse ante él,

así que él mismo me salvará.

17»¡Préstenme atención!

18Ya he preparado mi defensa,

y sé que Dios reconocerá mi inocencia.

19Si alguien puede acusarme de algo,

yo callaré y jamás volveré a hablar.

20»Dios mío,

solo te pido dos cosas;

si me las concedes,

no tendré que esconderme de ti.

21¡Ya no me castigues,

ni me hagas sentir tanto miedo!

22Pídeme que presente mi defensa,

y yo te responderé;

si lo prefieres, yo hablaré primero,

y tú me responderás.

23¡Dime en qué te he faltado!

¡Muéstrame en qué te he ofendido!

24¿Por qué te escondes?

¿Por qué me tienes por enemigo?

25¿Por qué me persigues tanto,

si soy como una hoja

que se lleva el viento?

26Me estás condenando

a un amargo sufrimiento;

¡me estás castigando

por los pecados de mi juventud!

27A toda hora me vigilas;

me tienes encadenado.

¡Doy un paso y sigues mis huellas!

28»Todos nosotros,

nos gastamos como zapatos,

como vestidos que se come la polilla.

14

141»Es muy corta nuestra vida,

y muy grande nuestro sufrimiento.

2Somos como las flores:

nacemos, y pronto nos marchitamos;

somos como una sombra

que pronto desaparece.

3-4Lo impuro no puede volverse puro;

no hay nadie que pueda hacerlo.

Y aun así te fijas en nosotros,

y discutes con alguien como yo.

5Nuestra vida tiene un límite;

has decidido cuánto tiempo viviremos.

6¡Deja ya de vigilarnos!

¡Déjanos vivir tranquilos,

y disfrutar de nuestro salario!

7»Al árbol caído le queda la esperanza

de volver a retoñar.

8Tal vez el tronco y las raíces

se pudran en la tierra,

9pero en cuanto sientan el agua

volverán a florecer, y echarán ramas,

como un árbol recién plantado.

10En cambio, nosotros,

con el último suspiro

perdemos la fuerza

y dejamos de existir.

11Somos como los lagos y los ríos:

sin agua, se agotan y se secan.

12Mientras el cielo exista,

no habrá uno solo de nosotros

que se levante de la tumba;

una vez que caiga muerto,

no volverá a levantarse.

13-15»Si fuera posible volver a la vida

después de la muerte,

preferiría estar muerto.

Tú me esconderías en la tumba,

hasta que se calmara tu enojo.

Luego te acordarías de mí

y volverías a despertarme.

Como eres mi creador,

cuando al fin quisieras verme,

yo respondería a tu llamado.

16Seguirías viendo todo lo que hago,

sin tomar en cuenta mi pecado.

17Tú me perdonarías;

echarías mi pecado en una bolsa

y lo arrojarías lejos, muy lejos.

18»Sin embargo,

nos derrumbamos como los montes,

rodamos como las piedras,

19¡nos desgastamos como las rocas

ante el constante paso del agua!

Tú acabas con nuestras esperanzas;

nos destrozas por completo,

20nos haces desaparecer,

nos quitas la vida

y luego nos mandas a la tumba.

21Si más tarde a nuestros hijos

se les honra o se les humilla,

nosotros ya no lo sabremos.

22Solo sentiremos en carne propia

nuestro dolor y sufrimiento».