Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
4

La samaritana y Jesús

41-3Los fariseos se enteraron de que el número de seguidores de Jesús aumentaba cada día más, y de que Jesús bautizaba más que Juan el Bautista. Cuando Jesús se dio cuenta de que los fariseos se habían enterado de eso, salió de la región de Judea y regresó a Galilea. 4En el viaje, tenía que pasar por Samaria. 5En esa región llegó a un pueblo llamado Sicar. Cerca de allí había un pozo de agua que hacía mucho tiempo había pertenecido a Jacob.4.5 Jacob: también se llamó Israel. Sus hijos dieron origen a las doce tribus de la nación de Israel. Cuando Jacob murió, el nuevo dueño del terreno donde estaba ese pozo fue su hijo José.

6Eran como las doce del día, y Jesús estaba cansado del viaje. Por eso se sentó a la orilla del pozo, 7-8mientras los discípulos iban al pueblo a comprar comida.

En eso, una mujer de Samaria llegó a sacar agua del pozo. Jesús le dijo a la mujer:

—Dame un poco de agua.

9Como los judíos no se llevaban bien con los de Samaria,4.9 Los de Samaria: Los samaritanos adoraban a Dios de forma diferente de como lo hacían los judíos, y no se llevaban bien con ellos. la mujer le preguntó:

—¡Pero si usted es judío! ¿Cómo es que me pide agua a mí, que soy samaritana?

10Jesús le respondió:

—Tú no sabes lo que Dios quiere darte, y tampoco sabes quién soy yo. Si lo supieras, tú me pedirías agua, y yo te daría el agua que da vida.

11La mujer le dijo:

—Señor, ni siquiera tiene usted con qué sacar agua de este pozo profundo. ¿Cómo va a darme esa agua? 12Hace mucho tiempo nuestro antepasado Jacob nos dejó este pozo. Él, sus hijos y sus rebaños bebían agua de aquí. ¿Acaso es usted más importante que Jacob?

13Jesús le contestó:

—Cualquiera que bebe del agua de este pozo vuelve a tener sed, 14pero el que beba del agua que yo doy nunca más tendrá sed. Porque esa agua es como un manantial del que brota vida eterna.

15Entonces la mujer le dijo:

—Señor, deme usted de esa agua, para que yo no vuelva a tener sed, ni tenga que venir aquí a sacarla.

16Jesús le dijo:

—Ve a llamar a tu esposo y regresa aquí con él.

17—No tengo esposo —respondió la mujer.

Jesús le dijo:

—Es cierto, 18porque has tenido cinco, y el hombre con el que ahora vives no es tu esposo.

19Al oír esto, la mujer le dijo:

—Señor, me parece que usted es un profeta. 20Desde hace mucho tiempo mis antepasados han adorado a Dios en este cerro,4.20 Este cerro: Se trata del monte Guerizim, que está cerca de la ciudad de Siquem. pero ustedes los judíos dicen que se debe adorar a Dios en Jerusalén.

21Jesús le contestó:

—Créeme, mujer, pronto llegará el tiempo cuando, para adorar a Dios, nadie tendrá que venir a este cerro ni ir a Jerusalén. 22Ustedes los samaritanos no saben a quién adoran. Pero nosotros los judíos sí sabemos a quién adoramos. Porque el salvador saldrá de los judíos. 23-24Dios es espíritu, y los que lo adoran, para que lo adoren como se debe, tienen que ser guiados por el Espíritu. Se acerca el tiempo en que los que adoran a Dios el Padre lo harán como se debe, guiados por el Espíritu, porque así es como el Padre quiere ser adorado. ¡Y ese tiempo ya ha llegado!

25La mujer le dijo:

—Yo sé que va a venir el Mesías, a quien también llamamos el Cristo. Cuando él venga, nos explicará todas las cosas.

26Jesús le dijo:

—Yo soy el Mesías. Yo soy, el que habla contigo.

27En ese momento llegaron los discípulos de Jesús, y se extrañaron de ver que hablaba con una mujer. Pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería, o de qué conversaba con ella.

28La mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y le dijo a la gente: 29«Vengan a ver a un hombre que sabe todo lo que he hecho en la vida. ¡Podría ser el Mesías!»

30Entonces la gente salió del pueblo y fue a buscar a Jesús.

31Mientras esto sucedía, los discípulos le rogaban a Jesús:

—Maestro, por favor, come algo.

32Pero él les dijo:

—Yo tengo una comida que ustedes no conocen.

33Los discípulos se preguntaban: «¿Será que alguien le trajo comida?» 34Pero Jesús les dijo:

«Mi comida es obedecer a Dios, y completar el trabajo que él me envió a hacer.

35»Después de sembrar el trigo, ustedes dicen: “Dentro de cuatro meses recogeremos la cosecha.” Fíjense bien: toda esa gente que viene es como un campo de trigo que ya está listo para la cosecha. 36Dios premiará a los que trabajan recogiendo toda esta cosecha de gente, pues todos tendrán vida eterna. Así, el que sembró el campo y los que recojan la cosecha se alegrarán juntos. 37Es cierto lo que dice el refrán: “Uno es el que siembra, y otro el que cosecha.” 38Yo los envío a cosechar lo que a ustedes no les costó ningún trabajo sembrar. Otros invitaron a toda esta gente a venir, y ustedes se han beneficiado del trabajo de ellos.»

39Mucha gente que vivía en ese pueblo de Samaria creyó en Jesús, porque la mujer les había dicho: «Él sabe todo lo que he hecho en la vida.» 40Por eso, cuando la gente del pueblo llegó a donde estaba Jesús, le rogó que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, 41y muchas otras personas creyeron al oír lo que él decía. 42La gente le dijo a la mujer: «Ahora creemos, no por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído; y sabemos que en verdad él es el Salvador del mundo.»

Jesús sana al hijo de un oficial

(Mt 8.5-13; Lc 7.1-10)

43-44Algunos no trataban bien a Jesús cuando él les hablaba. Por eso Jesús dijo una vez: «A ningún profeta lo reciben bien en su propio pueblo.»

Después de estar dos días en aquel pueblo de Samaria, Jesús y sus discípulos salieron 45hacia la región de Galilea. La gente de Galilea lo recibió muy bien, porque habían estado en la ciudad de Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y habían visto todo lo que Jesús hizo en aquella ocasión.

46Más tarde, Jesús regresó al pueblo de Caná, en Galilea, donde había convertido el agua en vino. En ese pueblo había un oficial importante del rey Herodes Antipas. Ese oficial tenía un hijo enfermo en el pueblo de Cafarnaúm. 47Cuando el oficial supo que Jesús había viajado desde la región de Judea a Galilea, fue y le pidió que lo acompañara a su casa y sanara a su hijo, pues el muchacho estaba a punto de morir.

48Jesús le contestó:

—Ustedes solo creen en Dios si ven señales y milagros.

49Pero el oficial insistió:

—Señor, venga usted pronto a mi casa, antes de que muera mi hijo.

50Jesús le dijo:

—Regresa a tu casa. Tu hijo vive.

El hombre creyó lo que Jesús dijo, y se fue. 51Mientras regresaba a su casa, sus criados salieron a su encuentro y le dijeron: «¡Su hijo vive!»

52El oficial les preguntó a qué hora el muchacho había empezado a sentirse mejor, y ellos respondieron: «La fiebre se le quitó ayer a la una de la tarde.»

53El padre del muchacho recordó que, a esa misma hora, Jesús le había dicho: «Regresa a tu casa. Tu hijo vive.» Por eso, el oficial del rey y toda su familia creyeron en Jesús.

54Esta fue la segunda señal que Jesús hizo en Galilea al volver de Judea.

5

Jesús sana a un paralítico

51Tiempo después, Jesús regresó a la ciudad de Jerusalén para asistir a una fiesta de los judíos. 2En Jerusalén, cerca de la entrada llamada «Portón de las Ovejas», había una piscina con cinco entradas, que en hebreo se llamaba Betzatá.5.2 Betzatá: Algunos mss. griegos dicen: Betesda o Betsaida. 3-4Allí, acostados en el suelo, había muchos enfermos: ciegos, cojos y paralíticos.5.3-4 Algunos mss. griegos agregan: Porque esperaban que el agua se moviera, pues de vez en cuando un ángel bajaba a la piscina y movía el agua. Si algún enfermo se metía en ese momento al agua, quedaba sanado de cualquier enfermedad. 5Entre ellos había un hombre que desde hacía treinta y ocho años estaba enfermo. 6Cuando Jesús lo vio allí acostado, y se enteró de cuánto tiempo había estado enfermo, le preguntó:

—¿Quieres que Dios te sane?

7El enfermo contestó:

—Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se mueve. Cada vez que trato de meterme, alguien lo hace primero.

8Jesús le dijo:

—Levántate, alza tu camilla y camina.

9En ese momento el hombre quedó sano, alzó su camilla y comenzó a caminar.

Esto sucedió un sábado, que es el día de descanso obligatorio para los judíos. 10Por eso, unos jefes de los judíos le dijeron al hombre que había sido sanado:

—Hoy es sábado, y está prohibido que andes cargando tu camilla.

11Pero él les contestó:

—El que me sanó me dijo: “Levántate, alza tu camilla y camina.”

12Ellos preguntaron:

—¿Y quién te dijo que te levantaras y caminaras?

13Pero el hombre no sabía quién lo había sanado, porque Jesús había desaparecido entre toda la gente que estaba allí.

14Más tarde, Jesús encontró a ese hombre en el templo, y le dijo: «Ahora que estás sano, no vuelvas a pecar, porque te puede pasar algo peor.»

15El hombre fue a ver a los jefes judíos, y les dijo que Jesús lo había sanado. 16Entonces ellos empezaron a perseguir a Jesús por hacer milagros los sábados.

17Pero Jesús les dijo: «Mi Padre nunca deja de trabajar, ni yo tampoco.»

18Los jefes judíos se molestaron tanto que tuvieron aun más ganas de matar a Jesús. No lo querían porque, además de sanar a los enfermos en día sábado, decía que Dios era su Padre, y que por eso era igual a Dios.

La autoridad del Hijo de Dios

19Jesús les dijo:

«Les aseguro que yo, el Hijo de Dios, no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Solo hago lo que veo que hace Dios, mi Padre. 20Él me ama y me muestra todo lo que hace. Y me mostrará cosas aun más grandes, que a ustedes los dejarán asombrados. 21Porque así como mi Padre hace que los muertos vuelvan a vivir, así también yo le doy vida a quien quiero. 22Y mi Padre no juzga a nadie. Es a mí, que soy su Hijo, a quien le ha dado ese poder, 23para que todos me honren como lo honran a él. Cuando alguien no me honra, tampoco honra a mi Padre, que me envió.

24»Les aseguro que todo el que preste atención a lo que digo, y crea en Dios, que fue quien me envió, tendrá vida eterna. Aunque antes haya vivido alejado de Dios, ya no será condenado, pues habrá recibido la vida eterna. 25Una cosa es cierta: ahora es cuando los que viven alejados de Dios me oirán a mí, que soy su Hijo. Si me obedecen, tendrán la vida eterna. 26Porque Dios, mi Padre, tiene el poder para dar la vida, y a mí me ha dado ese poder. 27También me ha dado autoridad para juzgar, pues yo soy el Hijo del hombre.

28»No se sorprendan de lo que les digo, porque va a llegar el momento en que los muertos oirán mi voz 29y saldrán de sus tumbas. Entonces, los que hicieron lo bueno volverán a vivir, y estarán con Dios para siempre; pero los que hicieron lo malo volverán a vivir para ser castigados.

Pruebas de la autoridad de Jesús

30»Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Mi Padre me envió, y él me dice cómo debo juzgar a las personas. Por eso yo juzgo correctamente, porque no hago lo que yo quiero, sino lo que mi Padre me ordena hacer.

31»Si yo hablara bien de mí mismo, ustedes dirían que miento. 32Pero conozco a alguien que dirá quién soy yo, y que confirmará que yo digo la verdad. 33Cuando ustedes enviaron mensajeros a Juan, él les dijo la verdad. 34-35Las enseñanzas de Juan fueron como una lámpara encendida en la oscuridad, y por un tiempo ustedes se alegraron de escucharlas.

»Pero yo no necesito que nadie hable bien de mí. Si he mencionado a Juan, ha sido solo para que ustedes crean y Dios los salve. 36Yo puedo probarles que de verdad mi Padre me ha enviado. Así lo prueba todo lo que hago, y ni siquiera Juan puede ser mejor testigo. Porque yo hago las cosas que mi Padre me envió a hacer.

37»Mi Padre me ha enviado, y él también habla bien de mí. Lo que pasa es que ustedes nunca lo han oído hablar, ni lo han visto cara a cara. 38Ustedes no aceptan su mensaje, pues no han creído en mí, que he sido enviado por él.

39»Ustedes estudian la Biblia con mucho cuidado porque creen que así alcanzarán la vida eterna. Sin embargo, a pesar de que la Biblia habla bien de mí, 40ustedes no quieren creer en mí para alcanzar la vida eterna.

41»A mí no me interesa que la gente hable bien de mí. 42Además, a ustedes los conozco muy bien, y sé que no aman a Dios. 43Él es mi Padre, y me ha enviado, pero ustedes no me han aceptado. Sin embargo, a quien viene por su propia cuenta, ustedes sí lo reciben. 44¡Cómo van a creerme, si les gusta que sea la gente la que hable bien de ustedes, y no el Dios único!

45»No crean que yo voy a acusarlos con mi Padre. Ustedes han confiado en lo que Moisés escribió, y será Moisés quien los acuse. 46Si le creyeran a Moisés, también creerían en mí, pues él escribió acerca de mí. 47Pero si no creen en lo que él escribió, ¿cómo van a creer en lo que yo les digo?»

6

Jesús alimenta a más de cinco mil

(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Lc 9.10-17)

61Después de esto, Jesús fue al otro lado del Lago de Galilea, también conocido como lago de Tiberias. 2Mucha gente lo seguía, pues había visto los milagros que él hacía al sanar a los enfermos.

3-4Se acercaba la fiesta de los judíos llamada Pascua, y Jesús fue a un cerro con sus discípulos, y allí se sentó.6.3-4 Se sentó: Probablemente para enseñar. En la época de Jesús, los maestros enseñaban sentados, y no de pie. 5Cuando Jesús vio que mucha gente venía hacia él, le preguntó a Felipe:

—¿Dónde podemos comprar comida para tanta gente?

6Jesús ya sabía lo que iba a hacer, pero preguntó esto para ver qué decía su discípulo. 7Y Felipe respondió:

—Ni trabajando doscientos días ganaría uno suficiente dinero para dar un poco de pan a tanta gente.

8Andrés, que era hermano de Simón Pedro, y que también era discípulo, le dijo a Jesús:

9—Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada6.9 El pan de cebada era la comida de los pobres, pues era mucho más barato que el pan de trigo. y dos pescados. Pero eso no alcanzará para repartirlo entre todos.

10Jesús les dijo a sus discípulos que sentaran a la gente. Había allí unos cinco mil hombres, y todos se sentaron sobre la hierba. 11Jesús, entonces, tomó los panes en sus manos y oró para dar gracias a Dios. Después, los repartió entre toda la gente, e hizo lo mismo con los pescados. Todos comieron cuanto quisieron.

12Una vez que todos comieron y quedaron satisfechos, Jesús les dijo a sus discípulos: «Recojan lo que sobró, para que no se desperdicie nada.»

13Ellos obedecieron, y con lo que sobró llenaron doce canastos. 14Cuando todos vieron este milagro, dijeron: «De veras este es el profeta que tenía que venir al mundo.»

15Jesús se dio cuenta de que la gente quería llevárselo a la fuerza para hacerlo su rey. Por eso se fue a lo alto del cerro, para estar solo.

Jesús camina sobre el agua

(Mt 14.22-27; Mc 6.45-52)

16-17Al anochecer los discípulos de Jesús subieron a una barca, y comenzaron a cruzar el lago para ir al pueblo de Cafarnaúm. Ya había oscurecido totalmente, y Jesús todavía no había regresado. 18De pronto empezó a soplar un fuerte viento, y las olas se hicieron cada vez más grandes. 19Los discípulos ya habían navegado cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús caminar sobre el agua. Como Jesús se acercaba cada vez más a la barca, tuvieron miedo. 20Pero él les dijo: «¡Soy yo! ¡No tengan miedo!»

21Los discípulos querían que Jesús subiera a la barca, pero muy pronto la barca llegó al lugar adonde iban.

El pan que da vida

22Al día siguiente, la gente que estaba al otro lado del lago se enteró de que los discípulos se habían ido en la única barca que había, y de que Jesús no se había ido con ellos. 23Otras barcas llegaron de la ciudad de Tiberias, y se detuvieron cerca del lugar donde el Señor Jesús había dado gracias por el pan con que alimentó a la gente. 24Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos venían en esas barcas, decidió ir a buscarlo. Entonces subió a las barcas y cruzó el lago en dirección a Cafarnaúm.

25La gente encontró a Jesús al otro lado del lago, y le preguntó:

—Maestro, ¿cuándo llegaste?

26Jesús respondió:

—Francamente, ustedes me buscan porque comieron hasta quedar satisfechos, y no por haber entendido los milagros que hice. 27No se preocupen tanto por la comida que se acaba, sino por la comida que dura y que da vida eterna. Esa es la comida que yo, el Hijo del hombre, les daré, y ya Dios mi Padre les ha mostrado que yo tengo autoridad.

28La gente le preguntó:

—¿Qué es lo que Dios quiere que hagamos?

29Jesús respondió:

—Lo único que Dios quiere es que crean en mí, que soy a quien él envió.

30Entonces le preguntaron:

—¿Qué milagro harás para que te creamos? ¡Danos una prueba! 31Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto. Según la Biblia, el maná es el pan del cielo.

32Jesús les contestó:

—Les aseguro que no fue Moisés quien les dio el verdadero pan del cielo, sino Dios mi Padre. 33El pan que da vida es el que Dios ha enviado desde el cielo.

34Entonces la gente le dijo:

—Señor, danos siempre de ese pan.

35Jesús les dijo:

—Yo soy el pan que da vida. El que confía en mí nunca más volverá a tener hambre; el que cree en mí, nunca más volverá a tener sed. 36Como les dije, ustedes todavía no creen en mí, a pesar de que han podido verme. 37Todos los que mi Padre ha elegido para que sean mis seguidores vendrán a buscarme; y cuando vengan, yo no los rechazaré.

38»No bajé del cielo para hacer lo que yo quiera, sino para obedecer a Dios mi Padre, pues él fue quien me envió. 39-40Y mi Padre quiere estar seguro de que no se perderá ninguno de los que él eligió para ser mis seguidores. Cuando llegue el fin del mundo, haré que mis seguidores que hayan muerto vuelvan a vivir. Porque mi Padre quiere que todos los que me ven y creen en mí, que soy su Hijo, tengan vida eterna.

41Algunos judíos empezaron a hablar mal de Jesús, porque había dicho que él era el pan que bajó del cielo. 42Decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José? ¡Nosotros conocemos a sus padres! ¿Cómo se atreve a decir que bajó del cielo?»

43Jesús les respondió:

«Dejen ya de murmurar. 44Dios mi Padre me envió. Y si mi Padre no lo quiere, nadie puede ser mi seguidor. Y cuando llegue el fin, yo haré que mis seguidores vuelvan a vivir, para que estén con Dios para siempre. 45En uno de los libros de los profetas se dice: “Dios enseñará a todos.” Por eso, todos los que escuchan a mi Padre, y aprenden de él, se convierten en mis seguidores.

46»Como les he dicho, Dios mi Padre me envió, y yo y nadie más ha visto al Padre. 47Les aseguro que el que cree en mí tendrá vida eterna.

48»Yo puedo dar vida, pues soy el pan que da vida. 49Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, pero todos murieron. 50-51El que cree en mí es como si comiera pan del cielo, y nunca estará separado de Dios. Yo he bajado del cielo, y puedo hacer que todos tengan vida eterna. Yo moriré para dar esa vida a los que creen en mí. Por eso les digo que mi cuerpo es ese pan que da vida; el que lo coma tendrá vida eterna.»

52Los judíos empezaron a discutir entre ellos, y se preguntaban: «¿Cómo puede este darnos a comer su propio cuerpo?»

53Jesús les dijo:

«Yo soy el Hijo del hombre, y les aseguro que, si ustedes no comen mi cuerpo ni beben mi sangre, no tendrán vida eterna. 54El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, tendrá vida eterna. Cuando llegue el fin del mundo, yo lo resucitaré. 55Mi cuerpo es la comida verdadera, y mi sangre es la bebida verdadera. 56El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, vive unido a mí y yo vivo unido a él.

57»Mi Padre, el Dios de la vida, fue el que me envió y me dio vida, pues tiene poder para darla. Por eso, todo el que coma mi cuerpo tendrá vida eterna. 58Yo soy el pan que bajó del cielo, y el que cree en mí tendrá vida eterna. Yo no soy como el pan que comieron sus antepasados, que murieron a pesar de haberlo comido.»

59Jesús dijo todas estas cosas en la sinagoga de Cafarnaúm.

Palabras que dan vida eterna

60Cuando muchos de los seguidores de Jesús le oyeron enseñar esto, dijeron:

—Esto que dices es muy difícil de aceptar. ¿Quién puede estar de acuerdo contigo?

61Pero Jesús les respondió:

—¿Esto los ofende? 62Entonces, ¿qué sucedería si me vieran a mí, el Hijo del hombre, subir al cielo, donde antes estaba? 63El que da vida eterna es el Espíritu de Dios; ninguna persona puede dar esa vida. Las palabras que les he dicho vienen del Espíritu que da esa vida. 64Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen.

Jesús dijo esto porque, desde el principio, sabía quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar. 65También les dijo que nadie podía ser su seguidor si Dios su Padre no se lo permitía.

66Desde ese momento, muchos de los que seguían a Jesús lo abandonaron. 67Entonces Jesús les preguntó a sus doce apóstoles:

—¿También ustedes quieren irse?

68Simón Pedro le contestó:

—¿Y a quién seguiríamos, Señor? Solo tus palabras dan vida eterna. 69Nosotros hemos creído en ti, y sabemos que tú eres el Hijo de Dios.6.69 Hijo de Dios: lit. Santo de Dios.

70Jesús les dijo:

—A ustedes doce yo los elegí; sin embargo, uno de ustedes es un demonio.

71Jesús se refería a Judas hijo de Simón, el Iscariote. Porque Judas, que era uno de los doce, lo iba a traicionar.