Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
8

81-2»Cuando llegue ese día, sacarán de las tumbas los huesos de todas las autoridades y de todos los habitantes de Judá. Los tenderán en el suelo, a la luz del sol, la luna y las estrellas, pues ellos no solamente adoraron a estos astros del cielo, sino que los amaron y los consultaron. Esos huesos no volverán a ser enterrados, sino que se quedarán sobre la tierra, tirados como basura. Les juro que así será. 3Dispersaré por todo el mundo a esta gente tan malvada, y los que queden con vida preferirán morir antes que seguir viviendo. Les juro que así será.

Pecado y castigo

4»Cuando alguien se equivoca, se corrige;

cuando pierde el camino, vuelve a buscarlo.

5Pero este pueblo me abandonó

y no quiere volver a mí.

La gente de Jerusalén insiste en rechazarme;

prefiere a los dioses falsos,

y no quiere volver a mí,

que soy el Dios verdadero.

6Los he escuchado con mucha atención,

pero no hay quien diga la verdad,

ni quien se arrepienta de su maldad.

¡Nadie admite que ha hecho mal!

Todos hacen lo que les da la gana,

¡parecen caballos fuera de control!

7Hasta la cigüeña y la grulla

conocen las estaciones del año;

también la tórtola y la golondrina

saben cuándo ir a un lugar más cálido.

En cambio, este pueblo no me conoce

ni quiere obedecer mis leyes.

8»¿Cómo se atreven ustedes a decir

que son un pueblo inteligente

y que me obedecen?

¡Hasta los maestros enseñan mentiras,

y luego andan diciendo

que así dice la Biblia!

9Esos sabios quedarán avergonzados,

pues su derrota será completa.

De sabios no tienen nada,

pues han rechazado mis enseñanzas.

10Castigaré a todos los de Judá;

sus casas, campos y mujeres

pasarán a manos de otros.

Les juro que así será.

»Todos desean lo que no es suyo,

desde el más chico hasta el más grande.

Ya no se puede confiar

ni en el profeta ni en el sacerdote.

11Con pañitos de agua tibia

pretenden curar las heridas del pueblo.

Insisten en que todo está bien,

cuando en realidad todo está mal.

12Han cometido los pecados más asquerosos,

pero ni vergüenza les da,

pues ya ni saben lo que es tener vergüenza.

Por eso, voy a castigarlos,

y todos serán destruidos.

Les juro que así será.

13»Una viña me daría uvas,

una higuera me daría higos,

pero ustedes no me dan nada.

¡Por eso voy a quitarles

todo lo que les había dado!»

14El pueblo respondió:

«¿Qué hacemos aquí sentados?

¡Vayamos a las ciudades fortificadas,

y murámonos de una vez!

Nuestro Dios nos está matando;

nos ha dado agua envenenada

porque hemos pecado contra él.

15Esperábamos que nos fuera bien,

pero nada bueno hemos recibido;

esperábamos ser sanados,

pero estamos llenos de miedo.

16»Desde la ciudad de Dan se escucha

cómo relinchan y resoplan los caballos,

y cómo hacen temblar toda la tierra.

¡Viene el ejército enemigo

a destruir a Jerusalén

y a todos sus habitantes!

¡Se acerca el enemigo,

para destruir el país

y todo lo que hay en él!»

17Dios volvió a decirles a los israelitas:

«¡Voy a enviarles serpientes venenosas!

Cuando los muerdan,

ni la magia podrá salvarlos».

Jeremías sufre por su pueblo

Entonces yo, Jeremías, dije:

18«Estoy tan triste

que no me quedan ganas de vivir.

19Por todos los rincones del país

mi pueblo llora y exclama:

“Nuestro Dios nos ha abandonado;

ya no está en Jerusalén”».

Dios respondió:

«¿Por qué me hacen enojar los israelitas

con sus dioses inútiles y extraños?»

20El pueblo dijo:

«Ya el verano terminó,

y la cosecha llegó a su fin,

pero nosotros seguimos sufriendo».

Y yo respondí:

21«Veo sufrir a mi pueblo,

y eso me duele,

me entristece y me asusta.

22¿Cómo es posible que no hallemos

consuelo para nuestro sufrimiento?

¿Cómo es posible

que nadie pueda ayudarnos?

¿Cómo es posible que mi pueblo

siga estando enfermo?

9

91 1 (8.23) »¡Quisiera tener lágrimas suficientes,

para llorar día y noche

por los muertos de mi pueblo!

2 2 (1) ¡Quisiera huir al desierto,

para alejarme de los que aún viven!

Todos ellos son unos infieles;

¡son una banda de traidores!»

3 3 (2) Dios dijo:

«Esta gente dice que me ama,

pero en este país todos mienten

y todo va de mal en peor.

¡Este pueblo dice más mentiras

que las flechas que un guerrero

dispara en la batalla!

4-6 4-6 (3-5) »Nadie confía en nadie,

ni siquiera en su propio hermano,

porque nadie dice la verdad.

Todos se cuidan de todos,

porque entre hermanos se engañan

y hasta entre amigos se mienten.

¡Están acostumbrados a mentir,

y no se cansan de pecar!

Esta gente no quiere confiar en mí.

Les juro que así es».

7 7 (6) Por eso yo, el todopoderoso Dios de Israel, digo:

«Voy a hacer sufrir a mi pueblo,

a ver si así cambia;

¿qué más puedo hacer con ellos?

8 8 (7) Solo saben decir mentiras;

¡su lengua hiere más que una flecha!

Les desean lo mejor a sus amigos,

pero eso son solo palabras,

pues lo que en verdad quieren

es tenderles una trampa.

9 9 (8) ¡Por eso voy a castigarlos

y a darles su merecido!

Les juro que así será.

10 10 (9) »Por montañas y desiertos

los haré llorar y se oirán sus lamentos.

Las praderas quedarán desiertas,

pues ya nadie pasará por ellas.

Ya no se oirán los mugidos del ganado,

y desaparecerán por completo

las aves del cielo

y los animales del campo.

11 11 (10) Destruiré las ciudades de Judá,

y las dejaré sin gente.

Dejaré a la ciudad de Jerusalén

hecha un montón de ruinas.

¡En ese lugar vivirán

solo los perros salvajes!»

Dios castigará a Judá y a las naciones

12 12 (11) Jeremías dijo:

«¿Por qué está tan arruinado el país? Ya nadie pasa por aquí. ¡Hasta parece un desierto! ¿Quién puede entender esto? ¿Hay algún profeta que nos hable de parte de Dios, y nos lo pueda explicar? 13 13 (12) Dios dice que esto le pasó a su pueblo porque no le obedecieron ni vivieron de acuerdo con sus enseñanzas. 14 14 (13) Más bien, siguieron el ejemplo de sus antepasados, fueron necios y adoraron a los dioses falsos. 15 15 (14) También dice el todopoderoso Dios de Israel que le dará a este pueblo comida podrida y agua envenenada, 16 16 (15) y que los dispersará por naciones que ni ellos ni sus antepasados conocieron. ¡Los perseguirá espada en mano, hasta que ninguno de ellos quede con vida!»

17-18 17-18 (16-17) Así dice el Dios todopoderoso:

«¡Préstenme atención!

¡Llamen a las mujeres que se contratan

para llorar por los muertos!

¡Traigan a las más expertas

y que empiecen a llorar por ustedes!

Sus ojos se llenarán de lágrimas;

el llanto correrá por sus mejillas.

19 19 (18) »Por todo el país

se escuchan gritos y lamentos:

“Estamos destruidos y llenos de vergüenza.

Nuestras casas han sido derribadas;

tenemos que abandonar nuestro país”.

20 20 (19) »¡Escúchenme bien,

lloronas profesionales!

¡Presten atención a mis palabras!

Enséñenles a sus hijas y amigas

a entonar canciones fúnebres;

enséñenles a cantar este lamento:

21 21 (20) “La muerte entró a nuestros palacios;

se metió por nuestras ventanas,

y mató a los niños que jugaban en la calle

y a los jóvenes que se reunían en las plazas.

22 22 (21) Sus cadáveres quedaron en el suelo

como el grano que se cae al cosecharlo;

¡quedaron desparramados como basura,

sin que nadie los levantara!”

»Les juro que así será.

23 23 (22) »Que nadie se sienta orgulloso:

ni el sabio de su sabiduría,

ni el poderoso de su poder,

ni el rico de su riqueza.

24 24 (23) Si alguien quiere sentirse orgulloso,

que se sienta orgulloso de mí

y de que me obedece.

¡Eso es conocerme!

Pues yo actúo en la tierra con amor,

y amo la justicia y la rectitud.

25-26 25-26 (24-25) »Vienen días en que yo castigaré a los habitantes de Egipto, Edom, Amón y Moab. Y también castigaré a los que viven en el desierto, porque ellos se afeitan las patillas para adorar a los muertos, y además se circuncidan. Pero eso no significa que todas estas naciones pertenezcan a mi pueblo. A los habitantes de Judá también los castigaré, pues aunque también se circuncidan, en realidad no me obedecen».

10

Dios rechaza los ídolos

101-2Israelitas, escuchen la palabra de nuestro Dios:

«No tiemblen de miedo

cuando vean señales en el cielo,

como hacen las otras naciones.

3Las costumbres religiosas de esa gente

no tienen ningún valor.

Van al bosque, cortan un tronco,

y un artesano le va dando forma.

4Otros lo adornan con oro y plata,

y lo aseguran con clavos y martillo

para que no se caiga.

5»Esos ídolos no pueden hablar;

¡parecen espantapájaros

en un campo sembrado de melones!

Tienen que llevarlos

porque no pueden caminar,

así que no los adoren;

ellos no los pueden ayudar

ni les pueden hacer daño».

El Dios verdadero

6Jeremías dijo:

«Dios mío, tú eres muy poderoso,

¡no hay nadie como tú!

7Eres el rey de las naciones

y todos tiemblan ante ti.

Entre los sabios de las naciones,

y entre todos los reinos,

no hay nadie como tú.

¡Tú mereces que todos te adoren!

8»Los habitantes de esas naciones

son gente tonta y bruta,

pues tienen por maestros

a ídolos de palo que no sirven para nada.

9Los artesanos hacen esos ídolos

con el oro y la plata

que traen desde España,

y más tarde los visten

con lujosas telas rojas;

¡pero todos esos ídolos

están hechos por hombres!

10Pero tú, nuestro Dios,

eres el Dios verdadero;

¡Tú nos das vida

y reinas por siempre!

Cuando te enojas, tiembla la tierra;

¡no hay nación que resista tu furia!»

Los ídolos no sirven para nada

11Dios le pidió a Jeremías que les diera a los israelitas el siguiente mensaje:

«Como los ídolos no hicieron

ni el cielo ni la tierra,

están condenados a desaparecer.

12»Con su poder y sabiduría,

y con mucha inteligencia,

Dios hizo la tierra, afirmó el mundo

y extendió los cielos.

13»Basta una palabra de Dios

para que rujan los cielos

y aparezcan las nubes en el horizonte.

En medio de fuertes relámpagos,

y de vientos huracanados,

Dios hace que llueva.

14»La gente es necia, no sabe nada;

los ídolos son una vergüenza

para quienes los fabrican.

Esos ídolos son un engaño;

por supuesto, no tienen vida.

15No valen nada, son pura fantasía;

cuando Dios los juzgue, serán destruidos.

16Pero nuestro Dios no es así;

¡él hizo todo lo que existe!

Nuestro Dios nos eligió

y nos hizo su pueblo.

¡Su nombre es el Dios todopoderoso!»

La destrucción no tarda en llegar

17-18El Dios de Israel ha dicho:

«Habitantes de Jerusalén,

esta vez voy a enviarlos muy lejos,

como si lanzara una piedra con la honda.

Voy a ponerlos en aprietos,

y dejaré que los capturen.

Agarren todo lo que puedan

y salgan corriendo,

pues ya se acerca el enemigo».

19Jeremías dijo:

«¡Qué terrible es mi dolor!

¡Mi sufrimiento no se acaba!

Estoy sufriendo en carne propia

los males de mi pueblo.

20Toda mi patria está destruida

y no puedo reconstruirla.

Ya no hay nadie que pueda ayudarme;

toda mi gente está muerta.

¡He quedado abandonado!

21Los gobernantes de este pueblo

resultaron ser unos tontos

que no buscaron a Dios.

Por eso no tuvieron éxito,

y ahora nosotros parecemos

un rebaño de ovejas perdidas.

22»¡Escuchen! ¡Llega una mala noticia!

Un gran ejército viene del norte,

y convertirá las ciudades de Judá

en un montón de ruinas;

¡allí harán su casa los perros salvajes!»

23Jeremías oró así:

«Dios mío,

yo sé que nadie es dueño

de su vida y su futuro.

24Te pido que nos corrijas,

pero hazlo con justicia.

No nos corrijas mientras estés enojado,

pues nos destrozarías por completo.

25Mejor castiga con furia

a los habitantes de las otras naciones.

Ellos no te reconocen como su Dios,

pues nos han destruido por completo

y han arruinado nuestro país».