Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
3

31Dios le dijo al pueblo de Judá:

«Supongamos que un hombre se divorcia, y que luego la que era su esposa se casa con otro hombre; ¿tú crees que el primer esposo volvería a casarse con esa mujer? ¡Claro que no! ¡Eso sería una vergüenza para el país! Entonces, ¿cómo es que tú pretendes volver conmigo? ¡Si tienes más dioses que los amantes que tiene una prostituta! Y esta es la pura verdad.

2»Mira hacia las colinas desiertas,

y dime dónde no has adorado dioses extraños.

Te sientas junto a los caminos,

y te ofreces como prostituta

a todos los que pasan.

Con tu infidelidad

has llenado de maldad el país.

3Por eso no llegan las lluvias,

ni caen aguaceros en la primavera.

No tienes vergüenza;

eres peor que una prostituta.

4Hasta hace poco me decías

que me querías como a un esposo,

que yo era el novio de tu juventud.

5También me pediste calmar mi enojo,

pero no hablabas en serio,

pues seguiste haciendo lo malo».

Israel es como una esposa infiel

6Cuando Josías era rey, Dios me dijo:

«Jeremías, ¿te has fijado en lo que ha hecho mi pueblo Israel? Se ha comportado como una esposa infiel. En los cerros altos y bajo la sombra de cualquier árbol adora a dioses extraños. 7Después de todo lo malo que había hecho, pensé que se arrepentiría y volvería conmigo; pero no lo hizo. Y el pueblo de Judá se ha comportado igual. 8Aunque supo que yo rechacé a Israel, me fue infiel y me puso en vergüenza al adorar a otros dioses.

9»A Israel no le importó traicionarme; al contrario, contaminó el país y me ofendió al adorar ídolos hechos de piedra y de madera. 10Para colmo de males, Judá quiso engañarme diciendo que se había arrepentido. Pero no era verdad. Yo les juro que así fue».

11Dios también me dijo:

«Jeremías, aunque Israel me fue infiel, al fin de cuentas resultó ser mejor que Judá. 12-13Así que dirígete al norte y anuncia este mensaje:

“Israel, pueblo infiel, ¡vuélvete a mí!

Me olvidaré por completo de mi enojo,

y te recibiré con los brazos abiertos,

porque soy un Dios bondadoso.

Tan solo te pido que reconozcas tu culpa,

que admitas que te rebelaste contra mí,

que no has querido obedecerme,

y que bajo la sombra de cualquier árbol

has adorado a otros dioses.

Te juro que así es”.

Israel es como un hijo rebelde

14»¡Vuelvan a mí, israelitas rebeldes! ¡Ustedes son mis hijos! De cada ciudad tomaré a uno de ustedes, y de cada familia tomaré a dos, y los traeré a Jerusalén. 15Yo les daré gobernantes que actúen como a mí me gusta, para que los guíen con sabiduría y con inteligencia.

16»En el futuro, cuando ustedes hayan poblado el país, no se hablará más del cofre del pacto, ni nadie volverá a acordarse de él. Tampoco volverá a fabricarse uno nuevo, porque ya no será necesario. Les juro que así será.

17»Cuando llegue ese día, la ciudad de Jerusalén será conocida como “el trono de Dios”. Todas las naciones vendrán a Jerusalén para adorarme, y ya no se dejarán llevar por los malos deseos de su necio corazón. 18Entonces los reinos de Israel y de Judá volverán a unirse, y desde el norte volverán a la tierra que les di como herencia a los antepasados de ustedes.

19»Pueblo de Israel,

yo quise tratarte como a un hijo.

Pensé en regalarte la mejor tierra,

¡el país más hermoso del mundo!

Creí que me llamarías “Padre”,

y que siempre estarías a mi lado.

20Pero me fuiste infiel,

pues adoraste a otros dioses.

Te juro que así fue.

21»Puede oírse por las montañas desiertas,

el llanto angustiado de los israelitas.

Eligieron el camino equivocado,

y a mí, que soy su Dios, me abandonaron.

22»¡Vuelvan conmigo, hijos rebeldes!

¡Yo los convertiré en hijos obedientes!»

Los israelitas respondieron:

«Dios nuestro, aquí nos tienes.

A ti volvemos, porque eres nuestro Dios.

23De nada nos sirve ir a las colinas,

ni lanzar nuestros gritos en las montañas.

Solamente en ti, Dios nuestro,

hallaremos nuestra salvación.

24Desde que éramos jóvenes,

nuestra vergonzosa idolatría

echó a perder a nuestros hijos e hijas,

y perdimos nuestras ovejas y ganados,

y todo lo que consiguieron

nuestros antepasados.

25Nosotros y nuestros antepasados

hemos pecado contra ti.

Desde que éramos jóvenes,

y hasta el día de hoy,

jamás te hemos obedecido.

Por eso, debemos avergonzarnos

y humillarnos por completo».

4

41Entonces Dios les contestó:

«Israelitas, si piensan volver,

dejen de pecar.

Desháganse de esos ídolos asquerosos,

y no se aparten de mí.

2Cuando juren en mi nombre,

sean sinceros y justos

conmigo y con los demás.

Así, por amor a ustedes

bendeciré a todas las naciones,

y ellas me cantarán alabanzas».

Peligro en el norte

3-4Dios les dijo a los habitantes de Judá y de Jerusalén:

«Preparen su corazón

para recibir mi mensaje.

Cumplan el pacto que hice con ustedes,

pero cúmplanlo en verdad.

Mi mensaje es como una semilla;

¡no la siembren entre espinos!

Si siguen haciendo lo malo,

mi enojo se encenderá como un fuego

y nadie podrá apagarlo.

5»¡Anuncien esto a gritos

en Judá y en todo Jerusalén!

¡Hagan sonar la trompeta por todo el país!

¡Avisen a la gente

que corra a protegerse

dentro de las ciudades amuralladas!

6¡Vamos, no pierdan tiempo!

¡Corran y pónganse a salvo!

¡Agiten la bandera

en dirección a Jerusalén!

»Yo estoy por mandar desde el norte

la más terrible destrucción.

7Ya está en marcha un ejército.

Ha salido para destruir naciones,

y también destruirá su país.

Los atacará como si fuera un león

que sale de su cueva.

Las ciudades quedarán en ruinas,

y nadie podrá vivir en ellas.

8Vístanse con ropa vieja y áspera,

y lloren y griten de dolor,

porque yo sigo enojado con ustedes.

9»Cuando llegue ese día,

el rey y los gobernantes

se asustarán y temblarán de miedo

y también los sacerdotes y los profetas.

Les juro que así será».

10Yo, Jeremías, dije:

«Poderoso Dios de Israel,

¿por qué has engañado

a los que viven en Jerusalén?

¿Por qué les prometiste

que vivirían en paz,

cuando en realidad viven

en constante peligro de muerte?»

11Y Dios contestó:

«Cuando llegue el día del castigo,

se le dirá a este pueblo de Jerusalén:

“Desde los áridos cerros del desierto

sopla un viento muy caluroso,

y se dirige a Jerusalén,

la capital de nuestro pueblo”.

No se tratará de la suave brisa

que limpia de paja el trigo;

12el viento que yo haré soplar

será mucho más fuerte.

Ahora mismo dictaré

sentencia contra ellos.

13»Entonces dirán los israelitas:

“¡Miren cómo avanza el enemigo!

¡Parece el nubarrón de una tormenta!

Sus carros y sus caballos de guerra

son más veloces que las águilas;

¡hasta parecen un huracán!

¿Qué será de nosotros?

¡No tenemos escapatoria!”

14»Pero yo responderé:

“Jerusalén, todavía puedes salvarte.

Solo tienes que quitarte de la mente

todos esos malos pensamientos.

¿Hasta cuándo vas a dejar

que esos pensamientos te dominen?”

15»Ya se anuncia la desgracia

desde la ciudad de Dan

y desde los montes de Efraín.

16Avisen a las naciones,

y adviértanle también a Jerusalén,

que de una tierra lejana

vienen los invasores.

Lanzan gritos de guerra

contra las ciudades de Judá,

17y las rodearán por completo,

porque ellas se rebelaron contra mí.

Les juro que así será.

18»Jerusalén, todo esto te pasa

por tu mal comportamiento.

Tu desgracia es tan amarga,

que te hiere el corazón».

Queja de Jeremías

19«¡No aguanto más este dolor!

¡Mi corazón está por estallar!

¡Estoy tan agitado

que no puedo quedarme callado!

Ya escucho el sonido de la trompeta;

ya oigo los gritos de batalla.

20Tras un desastre viene otro,

y el país va quedando en ruinas.

De repente me he quedado sin casa,

pues mis campamentos fueron destruidos.

21Solo veo banderas enemigas

y escucho sus trompetas victoriosas.

¿Hasta cuándo tendré que soportarlo?

22»Dios dice que no lo conocemos;

que somos hijos necios

que no entendemos nada;

que somos hábiles para hacer lo malo,

pero incapaces de hacer lo bueno.

23»Veo la tierra:

no tiene forma ni vida;

miro el cielo, y todo es oscuridad.

24Las montañas tiemblan,

las colinas se estremecen.

25Me fijo, y no veo a nadie;

todas las aves del cielo se han ido.

26La tierra que antes era fértil

ahora parece un desierto.

¡Todas las ciudades están en ruinas!

Dios, en su terrible enojo,

hizo que todo esto sucediera».

Destrucción de Jerusalén

27Dios dice:

«Toda la nación será destruida,

pero no la destruiré por completo.

28Todo el país se pondrá muy triste,

y el cielo se cubrirá de tinieblas.

Ya he tomado una decisión,

y no voy a cambiarla;

ya lo he resuelto,

y no pienso dar marcha atrás.

29»Cuando escuchen el ruido

de los soldados y sus caballos,

toda la gente saldrá corriendo;

algunos se meterán en el monte,

otros treparán por las rocas,

y todas las ciudades quedarán abandonadas.

¡No quedará en ellas un solo habitante!

30»¿En qué piensan ustedes,

habitantes de Jerusalén?

Su ciudad está en ruinas,

y ustedes la visten con ropa fina.

¿Para qué le ponen joyas de oro?

¿Para qué la maquillan,

si Egipto y Asiria la han traicionado

y lo único que buscan es su muerte?»

Habla el profeta

31«Escucho gritos de dolor.

¿Será acaso una mujer

dando a luz por primera vez?

No, no es eso;

son los gritos de Jerusalén

que ya no puede respirar,

y a gritos pide ayuda.

Con los brazos extendidos, dice:

“¡Me estoy muriendo!

¡He caído en manos de asesinos!”»

5

Pecado de Jerusalén

51Dios dijo:

«Vayan por las calles de Jerusalén;

miren bien por las plazas,

y busquen a una sola persona buena,

que haga justicia y diga la verdad.

Si la encuentran,

entonces yo perdonaré a la ciudad.

2Porque ellos juran en mi nombre,

pero nunca cumplen sus promesas».

3Yo contesté:

«Dios de Israel,

yo sé que tú buscas gente honesta.

Pero este pueblo es muy terco

y más duro que una roca;

no ha querido arrepentirse.

Por eso lo has castigado,

pero parece que no le dolió;

y aunque lo has aplastado,

no ha querido hacerte caso.

4Yo creía que solo la gente común

se comportaba tontamente,

y no entendía tus órdenes

ni lo que tú quieres que hagan.

5Entonces decidí hablar con sus jefes,

pues creí que ellos sí entenderían.

Pero también ellos te desobedecieron

y no quisieron hacerte caso.

6Esta gente ha pecado muchas veces,

y muchas otras te ha traicionado.

Sus enemigos están ahora escondidos

cerca de las ciudades de Judá

y están a punto de atacar.

Vendrán como leones feroces,

como leopardos o lobos del desierto,

¡los atacarán y los harán pedazos!

Todo el que salga de la ciudad

será despedazado».

Respuesta de Dios

7«Israelitas,

¿qué les hace pensar

que los voy a perdonar?

¡Sus hijos me abandonaron,

y han jurado por dioses falsos!

Yo les di todo lo que necesitaban,

pero ellos me fueron infieles;

¡no hubo uno solo de ellos

que no corriera tras dioses falsos!

8Parecen caballos en celo:

¡relinchan de ganas por la mujer ajena!

9Este pueblo merece mi castigo

y debo vengarme de ellos.

Les juro que lo haré.

10-11»La gente de Israel y de Judá

me traicionó, y ya no es mi pueblo.

¡Que los invada el enemigo!

¡Que les cause grandes daños!

Pero no permitiré

que los destruya del todo.

Juro que así será.

12»Se han atrevido a negarme;

¡hasta afirman que yo no existo!

Dicen que nada malo les pasará,

que vivirán en paz

y no pasarán hambre.

13-14Pero yo soy el Dios todopoderoso,

y mis palabras, en tus labios,

serán como un fuego

que los hará arder como leña.

»Tú, Jeremías, les dirás de mi parte:

“Sus profetas no valen nada,

pues no hablan de parte de Dios.

Y ahora, por lo que han dicho,

sufrirán la guerra y el hambre

que jamás pensaron sufrir”.

15»Israelitas,

yo les aseguro

que voy a lanzar contra ustedes

una nación que viene de lejos.

Es una nación muy poderosa y antigua.

Ustedes no hablan su idioma,

así que no entenderán lo que digan.

16Tiene guerreros valientes

y cuando disparan sus flechas,

es seguro que alguien muere.

17Destruirán las ciudades amuralladas,

en las que ustedes se sienten seguros.

Se comerán sus cosechas y su comida,

matarán a sus hijos y a sus hijas,

acabarán con sus ovejas y sus vacas,

y destruirán sus viñas y sus higueras.

18»Sin embargo, no destruiré por completo a Judá. 19Y cuando los que sobrevivan te pregunten: “¿Por qué nos hizo todo esto nuestro Dios?”, tú, Jeremías, les contestarás: “Ustedes abandonaron a nuestro Dios, y en su propia tierra adoraron a dioses extranjeros. Por eso tendrán que servir a gente extraña en un país que no será el de ustedes”.

20»Quiero que esto lo sepan todos

en los reinos de Israel y de Judá:

21Escucha, pueblo tonto y estúpido,

que tiene ojos pero no quiere ver,

que tiene oídos pero no quiere oír.

22»Yo, su Dios, pregunto:

¿Ya no me quieren obedecer?

¿Ya no me tienen respeto?

Fui yo quien le puso límite al mar

y aunque sus olas se pongan bravas

y hagan mucho ruido,

no van más allá de la playa.

23Pero este pueblo es muy rebelde;

me abandonó y se fue por mal camino.

24Jamás se puso a pensar:

“Debemos adorar a nuestro Dios,

pues él es quien nos da la lluvia

cuando más nos hace falta;

nos la manda en otoño y primavera,

y nos deja cosechar a tiempo”.

25Pero todo esto ha cambiado

por causa de sus muchos pecados;

por eso ustedes ya no disfrutan

de todos esos beneficios.

26Hay entre ustedes gente tan mala,

que cuando ponen trampas

no lo hacen para cazar pájaros

sino para atrapar personas.

27Sus casas parecen jaulas;

¡pero no están llenas de pájaros,

sino repletas de cosas robadas!

Así fue como se llenaron de plata

y llegaron a ser poderosos.

28Su maldad no tiene límites.

Están demasiado gordos

y demasiado llenos de orgullo.

No les hacen justicia a los huérfanos,

ni reconocen los derechos de los pobres.

29¿Y acaso piensan ustedes

que no los castigaré por todo esto?

¿Qué les hace pensar

que no me voy a vengar de ustedes?

Les juro que sí lo haré.

30»¡Miren lo que pasa en el país!

¡Esto es algo muy terrible!

31Los profetas solo dicen mentiras,

los sacerdotes enseñan lo que quieren,

y mi pueblo parece estar feliz.

Pero cuando llegue el desastre,

nadie acudirá en su ayuda».