Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
31

Israel volverá de Babilonia

311El Dios de Israel declara:

«El día que vuelvan de Babilonia, yo seré el Dios de todos los israelitas, y ellos serán mi pueblo.

2»Cuando andaban por el desierto,

yo les demostré mi gran amor.

A los que no murieron en la guerra,

los hice descansar.

3-4Hace mucho, mucho tiempo

me aparecí ante ellos y les dije:

“Pueblo de Israel,

siempre te he amado,

siempre te he sido fiel.

Por eso nunca dejaré

de tratarte con bondad.

Volveré a reconstruirte,

y volverás a danzar alegremente,

a ritmo de panderetas.

5En las colinas de Samaria

volverás a plantar viñedos,

y disfrutarás de las uvas.

6Muy pronto los guardias gritarán

por las colinas de Efraín:

‘¡Vengan, vayamos a Jerusalén,

y adoremos a nuestro Dios!’”»

7El Dios de Israel dice:

«¡Canten alegres, israelitas!

¡Ustedes son los más importantes

entre todas las naciones!

En sus alabanzas canten:

“¡Tú, Dios nuestro, nos salvaste!

¡Salvaste a los pocos israelitas

que aún quedábamos con vida!”

8»Yo los haré volver de Babilonia;

los haré volver

de todos los rincones del mundo,

y los llevaré a su tierra.

Serán muchos los que vuelvan.

Volverán los ciegos y los cojos,

las que estén embarazadas,

y las que llevan bebés en brazos.

9Vendrán arrepentidos,

con lágrimas en los ojos,

y yo los llevaré por un camino seguro.

Israel, yo soy tu padre,

y tú eres mi hijo mayor».

10Dios les dice a las naciones:

«Escuchen mi mensaje.

Digan a las islas lejanas

que yo dispersé a Israel,

pero que volveré a reunirlo.

Ahora voy a cuidarlos,

como cuida el pastor a sus ovejas.

11Rescataré a los israelitas;

los libraré del poder de ustedes,

pues son más fuertes que ellos.

12Cuando ellos lleguen a Jerusalén

disfrutarán de mis bendiciones.

Yo les daré trigo, vino y aceite,

y también vacas y ovejas,

para que hagan fiesta.

Serán como un jardín bien regado,

y nunca más perderán su fuerza.

13Yo les daré consuelo;

cambiaré su dolor en danza

y su tristeza en alegría.

Bailarán alegres jóvenes y viejos.

14Los sacerdotes y mi pueblo

disfrutarán de mis bendiciones,

y tendrán más de lo que necesitan.

Les juro que así lo haré».

15El Dios de Israel dice:

«Grandes llantos y lamentos

oyó la gente de Ramá.

Es Raquel, que llora

por la muerte de sus hijos,

y no quiere ser consolada».

16-17Pero Dios le dice:

«Sécate las lágrimas, Raquel;

ya no sigas llorando

ni pierdas la esperanza.

Tus hijos volverán a su patria;

volverán de ese país enemigo,

y tu sufrimiento se verá recompensado.

Te juro que así será.

18»Ya he escuchado a mi pueblo

llorar amargamente.

Los he oído reclamarme:

“Dios de Israel,

¡tú eres nuestro Dios!

Éramos como un toro salvaje,

pero tú pudiste domarnos

y ahora sabemos obedecer.

¡Acéptanos de nuevo!

19”Cuando jóvenes, te abandonamos;

pero ahora estamos arrepentidos.

¡Estamos tan avergonzados

que nosotros mismos nos herimos!”

20»Pero yo les he dicho:

“Ustedes son mi pueblo preferido;

¡y los quiero más que a nadie!

Es verdad que los reprendo,

pero siempre pienso en ustedes.

¡Los amo de todo corazón!

¡Les tengo un gran cariño!

21”Amado pueblo de Israel,

¡regresa ya a tus ciudades!

¡Pon señales en el camino

para que puedas encontrarlo!

22¡Deja ya de andar perdido!

¡Deja ya de serme infiel!

Yo soy el Dios de Israel,

y he creado algo nuevo y sorprendente,

tanto que nadie podría imaginárselo”».

El sueño de Jeremías

23En un sueño, el Dios todopoderoso me dijo:

«Cuando yo haga volver a los israelitas del país donde ahora son esclavos, los que viven en las ciudades de Judá volverán a decir:

“¡Dios te bendiga, Jerusalén!

¡Ciudad elegida por Dios!

¡Dios te bendiga, templo de Dios,

pues en ti habita la justicia!”

24»Allí vivirán todos los que ahora viven en las ciudades de Judá, junto con los campesinos y los pastores de ovejas. 25A los que tengan hambre les daré de comer, y a los que tengan sed les daré de beber».

26Cuando me desperté y abrí los ojos, me di cuenta de que había tenido un sueño muy hermoso.

Responsabilidad personal

27El Dios de Israel dice:

«Viene el día en que haré que Israel y Judá vuelvan a poblarse de gente y de animales. 28Así como antes me dediqué a derribarlos, arrancarlos y destruirlos, ahora me dedicaré a plantarlos, reconstruirlos y ayudarlos a crecer. 29Cuando llegue ese día, nadie volverá a decir: “Los padres la hacen, y los hijos la pagan”, 30porque cada quien será responsable de sus propios actos. En otras palabras, cada uno de ustedes morirá por su propio pecado».

El nuevo pacto

31El Dios de Israel dice:

«Viene el día en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con el pueblo de Judá. 32-33En el pasado, tomé de la mano a sus antepasados y los saqué de Egipto, y luego hice un pacto con ellos. Pero no lo cumplieron, a pesar de que yo era su Dios. Por eso, mi nuevo pacto con el pueblo de Israel será este:

»Haré que mis enseñanzas

las aprendan de memoria,

y que sean la guía de su vida.

Yo seré su Dios,

y ellos serán mi pueblo.

Les juro que así será.

34»Ya no hará falta que unos sean maestros de otros, y que les enseñen a conocerme, porque todos me conocerán, desde el más joven hasta el más viejo. Yo les perdonaré todas sus maldades, y nunca más me acordaré de sus pecados. Les juro que así será».

El gran poder de Dios

35El Dios todopoderoso dice:

«Yo hago que el sol alumbre de día,

y que la luna y las estrellas

alumbren de noche.

Yo hago que ruja el mar

y que se agiten las olas.

¡Yo soy el Dios de Israel!

36-37»El día que estas leyes naturales

lleguen a faltar,

ese día el pueblo de Israel

dejará de ser mi nación preferida.

El día que alguien pueda

medir la altura del cielo

o explorar lo profundo de la tierra,

ese día yo rechazaré a mi pueblo

por todo el mal que ha hecho.

¡Pero eso nunca sucederá!

¡Les doy mi palabra!»

Jerusalén será reconstruida

38El Dios de Israel dice:

«Viene el día en que Jerusalén, mi ciudad, será reconstruida desde la torre de Hananel hasta el portón de la Esquina, 39y de allí hasta la colina de Gareb y el barrio de Goá. 40Y serán dedicados a mí el valle donde se arrojan los cadáveres y las cenizas, y también los campos que llegan hasta el arroyo de Cedrón y hasta la entrada de los Caballos, en la esquina del este. ¡Nunca más la ciudad de Jerusalén volverá a ser arrancada ni destruida!»

32

Un plan maravilloso

321-2Dios me habló otra vez cuando el rey Sedequías me tenía preso en el patio de la guardia de su palacio. Fue en el tiempo en que el ejército babilonio tenía rodeada a la ciudad de Jerusalén. Para entonces Sedequías llevaba diez años de reinar en Judá, y Nabucodonosor llevaba dieciocho años como rey de Babilonia. 3-5El rey Sedequías ordenó que me encarcelaran porque yo anuncié un mensaje de parte de Dios. Este fue el mensaje:

«Yo, el Dios de Israel, voy a dejar que el rey de Babilonia conquiste la ciudad de Jerusalén. Ni siquiera Sedequías podrá escapar del poder de los babilonios. Ahora es rey, pero será derrotado por el rey de Babilonia. Será llevado preso, y en ese país se quedará hasta que yo decida otra cosa. Si ustedes quieren pelear contra los babilonios, háganlo; pero saldrán derrotados. Juro que así será».

6Yo dejé en claro que Dios habló conmigo, 7-8y que me dijo que mi primo Hanamel vendría a ofrecerme un terreno, para que yo se lo comprara. Hanamel era hijo de mi tío Salum, y su terreno estaba en Anatot, en el territorio de Benjamín. Y así fue. Hanamel vino al patio de la guardia, donde yo estaba preso, y me dijo que yo tenía el derecho y la responsabilidad de comprárselo para que el terreno quedara en familia. Con eso quedaba demostrado que Dios había hablado conmigo. 9Entonces le compré a mi primo el terreno, y le pagué por él diecisiete monedas de plata.

10Llamé a unos testigos, y delante de ellos le pagué y firmé la escritura del terreno.

11Se hicieron dos copias de este documento, y en las dos copias se explicaban las condiciones de compraventa; una de ellas quedó sellada, y la otra quedó abierta. 12Yo le entregué las dos copias a Baruc, que era hijo de Nerías y nieto de Maaseías. Esto lo hice delante de mi primo Hanamel, de los testigos que habían firmado la escritura, y de toda la gente de Judá que estaba sentada en el patio de la guardia. 13También delante de ellos le dije a Baruc:

14«El Dios todopoderoso te ordena recibir esta escritura, tanto la copia sellada como la copia abierta. Guárdalas en una vasija de barro, para que no se echen a perder. 15Dios nos promete que en este país volveremos a comprar casas, terrenos y viñedos».

16Después de entregarle a Baruc la escritura, le pedí a Dios en oración:

17«Dios de Israel, tú, con tu extraordinario poder, has creado el cielo y la tierra. ¡No hay nada que tú no puedas hacer! 18Demuestras tu gran amor a miles de personas, pero también castigas a los hijos por el pecado de sus padres. ¡Tú eres grande y poderoso! ¡Por eso te llaman Dios del universo! 19Tus planes son maravillosos, pero aún más maravilloso es todo lo que haces. Tú estás al tanto de todo lo que hacemos, y a cada uno nos das lo que merecen nuestras acciones.

20»Todos saben de los milagros que hiciste en Egipto, y de los que sigues haciendo en todo el mundo. 21Tú nos sacaste de Egipto con gran poder, por medio de milagros que a todos llenaron de miedo. 22Tú nos diste este país muy fértil, donde siempre hay abundancia de alimentos, tal como se lo habías prometido a nuestros antepasados.

23»Pero cuando nuestros antepasados llegaron para habitar este país, no te obedecieron ni tuvieron en cuenta tus enseñanzas. ¡No cumplieron con lo que tú les mandaste hacer, y por eso los castigaste con esta desgracia! 24Los ejércitos de Babilonia están listos para atacar a Jerusalén, y nuestra ciudad será conquistada por medio de la guerra, el hambre y las enfermedades.

»Dios de Israel, ¡tú mismo puedes ver cómo se cumple ahora todo lo que habías anunciado! 25Si la ciudad está a punto de caer en manos de los babilonios, ¡para qué me ordenaste comprar un terreno delante de testigos!»

26Entonces Dios me explicó:

27«Jeremías, yo soy el Dios de Israel y de todo el mundo. No hay absolutamente nada que yo no pueda hacer. 28Tienes razón, voy a permitir que el rey de Babilonia y sus soldados se apoderen de Jerusalén. 29El ejército babilonio atacará a Jerusalén, y les prenderá fuego a todas esas casas donde se quemaba incienso para adorar al dios Baal, y donde se presentaban ofrendas de vino en honor de los dioses falsos. Todo eso lo hacían para ofenderme. 30Siempre, desde que comenzaron a existir como nación, el pueblo de Israel y el de Judá han hecho lo que les da la gana.

»A mí me molesta mucho que adoren a esos ídolos. ¡Son dioses que ellos mismos han fabricado! 31-32Por eso voy a destruir a Jerusalén, pues desde que la construyeron, los habitantes de Judá y de Jerusalén no han dejado de ofenderme con su conducta. También los pueblos de Israel y de Judá, y sus reyes, jefes, sacerdotes y profetas, no han hecho más que ofenderme y hacerme enojar. 33Por más que yo traté de enseñarles y corregirlos, ellos no me escucharon ni me prestaron atención; en vez de seguirme, se alejaron de mí. 34Para colmo, ¡en mi propio templo colocaron sus asquerosos ídolos! ¡Eso no lo puedo aceptar! 35También construyeron altares en el valle de Ben-hinom, para adorar a Baal. Pero lo que más aborrezco es que en esos altares ofrecieron a sus hijos y a sus hijas en honor del dios Moloc. Yo jamás les ordené que hicieran eso, ¡y ni siquiera me pasó por la mente! Así fue como hicieron pecar a los habitantes de Judá.

36»Por eso yo, el Dios de Israel, te digo que lo que has anunciado es verdad: la ciudad de Jerusalén caerá en manos del rey de Babilonia por causa de la guerra, el hambre y la enfermedad. 37Yo estoy muy enojado con mi pueblo, y por eso lo he dispersado por muchos países. Pero en el futuro volveré a reunirlos, haré que vuelvan a Jerusalén, y entonces vivirán tranquilos y seguros. 38Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios. 39Haré que tengan buenos pensamientos, y que cambien de conducta. Así me respetarán siempre, y eso será provechoso para ellos y para sus hijos. 40Haré con ellos un pacto que durará para siempre. Estaré con mi pueblo en todo momento, y lo ayudaré; haré que me respete, y que no vuelva a alejarse de mí. 41Con todo mi corazón volveré a establecerlo en esta tierra, y mi mayor alegría será que mi pueblo esté bien.

42»Yo, el Dios de Israel, declaro: Así como le di a mi pueblo este castigo, también le daré todo lo bueno que le he prometido. 43Ahora mi pueblo dice que esta tierra es un desierto, y que no tiene gente ni animales porque yo la puse en manos de los babilonios. Pero yo les aseguro a todos que volverán a comprar terrenos en este país. 44Sí, volverán a comprar propiedades y firmarán y sellarán las escrituras delante de testigos. Esas compras las harán en el territorio de Benjamín y en los pueblos cercanos a Jerusalén, en las ciudades de Judá y en las ciudades de la región montañosa, y también en las ciudades de la llanura y en el desierto. Les juro que los haré volver de Babilonia».

33

Promesas de restauración

331Yo, Jeremías, todavía estaba preso en el patio de la guardia cuando Dios me habló una vez más y me dijo:

2«Yo soy el Dios de Israel. Yo fui quien creó la tierra y la puso en su lugar. 3Llámame y te responderé. Te haré conocer cosas maravillosas y misteriosas que nunca has conocido.

4-5»¡Ya vienen los babilonios! ¡Atacarán a Jerusalén! Cuando la ataquen, destruirán todas las casas y llenarán de cadáveres la ciudad. Los israelitas se defenderán y buscarán protección en los palacios de los reyes de Judá; pero como yo estoy muy enojado con la gente de esta ciudad, los abandonaré y los destruiré, pues han cometido pecados terribles.

6»Sin embargo, más adelante les devolveré la paz y la tranquilidad, y los haré disfrutar de una vida segura. 7Haré que vuelvan del país adonde fueron llevados prisioneros, para que reconstruyan su ciudad y vuelvan a ser tan fuertes como antes. 8Los limpiaré de todas las maldades y pecados que cometieron contra mí, y les perdonaré su rebeldía. 9La ciudad de Jerusalén vivirá en paz y bienestar, y recibirá mis bendiciones. Además, me dará fama y alegría. Cuando todas las naciones vean esto, se asombrarán y temblarán de miedo».

10Dios también me dijo:

«Según dicen ustedes, este lugar está destruido y no hay en él gente ni animales. Es verdad. Las ciudades de Judá están en ruinas, y por las calles de Jerusalén no se ve gente ni animales, pero yo les aseguro que de nuevo se poblará la ciudad, 11y volverán a oírse las serenatas de los enamorados, y los gritos de gozo y alegría. También se escucharán las alabanzas de los que van hacia mi templo llevando ofrendas de agradecimiento. Irán cantando:

“¡Alabemos al Dios de Israel!

¡Alabemos al Dios todopoderoso!

¡Nuestro Dios es bueno

y nunca deja de amarnos!”

»¡Yo les juro que los haré volver del país adonde fueron llevados prisioneros, y todo volverá a ser como al principio!»

12-13Además, el Dios todopoderoso me dijo:

«Este lugar está ahora destruido, y no hay en él gente ni animales. Pero yo les aseguro que el pasto volverá a crecer en los pueblos, y abundarán las ovejas. Los pastores las alimentarán en la región montañosa, en todos los pueblos de Judá y de la llanura, en el desierto del sur, en el territorio de Benjamín y en los pueblos cercanos a Jerusalén.

14»Viene el día en que cumpliré la promesa maravillosa que le hice a la gente de Israel y de Judá. 15Cuando llegue ese día, en el momento preciso nombraré a un rey de la familia de David, que reinará con honradez y justicia. 16Entonces el reino de Judá estará a salvo, y en Jerusalén habrá seguridad. Por eso la llamarán “Dios es nuestra justicia”.

17»En Israel siempre habrá un rey de la familia de David. 18De igual manera, siempre tendré a mi servicio sacerdotes que desciendan de Leví. Ellos presentarán en mi altar las ofrendas de cereal que se queman en mi honor, y también las que se me ofrecen todos los días».

Dios es fiel

19Dios volvió a hablarme, y me dijo:

20-26«Jeremías, fíjate en el sol y la luna, que siempre salen a su debido tiempo. Eso no cambia nunca, como tampoco cambiará el pacto que hice con mi servidor David, con los sacerdotes, y con los descendientes de Abraham, de Isaac y de Jacob. Nunca faltará en Israel un rey de la familia de David, ni faltarán sacerdotes de la familia de Leví. Serán tan numerosos como las estrellas del cielo, y como los granos de arena del mar; nadie podrá contarlos.

»Jeremías, hay gente que odia a mi pueblo, y lo desprecia como nación. Dicen que primero elegí a Israel y a Judá, y que hasta hice un pacto con ellos, pero que ahora los he rechazado. Pero yo siempre cumplo mis pactos, así que los haré volver del país adonde fueron llevados prisioneros».