Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
2

Israel se rebela contra su Dios

21Dios me dijo:

2-3«Jeremías, ve y diles de mi parte a todos los habitantes de Jerusalén:

“Yo recuerdo, pueblo de Israel,

que en tus primeros años

me amabas solo a mí.

Parecías una novia enamorada

y me seguiste por el desierto,

por tierras donde nada crece.

Tú eras solo mía;

¡fuiste mi primer amor!

Si alguien te hacía algún daño,

sufría las consecuencias.

Te juro que así fue”.

4-5»Escúchenme, israelitas:

“Yo no traté mal a sus antepasados,

sin embargo, ellos se alejaron de mí.

Adoraron a ídolos inútiles,

y ellos mismos se volvieron inútiles.

6Jamás preguntaron por mí,

a pesar de que fui yo

quien los liberó de Egipto,

quien los llevó por el desierto,

por un terreno seco y peligroso,

donde nadie pasa y donde nadie vive.

7Fui yo quien los trajo a esta buena tierra,

donde hay comida en abundancia.

Pero llegaron ustedes y todo lo ensuciaron;

¡convirtieron mi tierra en un lugar asqueroso!

8”Los sacerdotes nunca preguntaron por mí,

los maestros de Biblia jamás me conocieron,

los dirigentes pecaron contra mí,

y los profetas no hablaron en mi nombre.

Todos ellos siguieron a otros dioses

que no sirven para nada,

y en nombre de ellos hablaron.

9”Por eso, a ustedes,

a sus hijos y a sus nietos,

los voy a llevar ante los jueces.

Les juro que así lo haré.

10”Envíen mensajeros

al desierto de Arabia,

o a las islas del Mediterráneo,

para que se fijen y averigüen

si alguna vez pasó algo parecido.

11Jamás he conocido a una nación

que haya abandonado a sus dioses,

aun cuando sus dioses sean falsos.

Pero ustedes me cambiaron a mí,

que soy el Dios verdadero y glorioso,

por dioses que no sirven para nada.

12El universo entero se sorprende

y tiembla de espanto.

Les juro que esto es así.

13-18”Ustedes, pueblo mío,

cometieron dos pecados:

me abandonaron a mí,

que soy para ustedes una fuente

de agua que les da vida,

y se hicieron sus propios estanques,

que no retienen el agua.

Yo era su guía,

pero ustedes me rechazaron.

”Israelitas,

¿qué ganan ahora con confiar

en el poder de Egipto

y en el poder de Asiria?

Ustedes son libres;

¡no nacieron siendo esclavos!

¿Por qué ahora los tratan así?

”¡Los soldados de Menfis y Tafnes

han acabado con sus gobernantes!

¡Lanzan rugidos, como leones,

y destruyen el país!

¡Han quemado las ciudades,

y ya nadie vive en ellas!

19”Sus propias rebeliones y maldades

demuestran que ustedes son culpables.

Pónganse a pensar, y reconozcan

lo malo y triste que es abandonarme

y no obedecerme.

Les juro que esto es así.

20”Hace ya mucho tiempo

que ustedes me abandonaron;

rompieron los lazos que nos unían,

y se negaron a adorarme.

Me traicionaron,

pues en lo alto de las colinas

y bajo todo árbol frondoso,

se entregaron a otros dioses.

21-22Tan grande es la mancha de su pecado

que ni el mejor jabón del mundo

podrá quitarles esa mancha.

”Yo los he cuidado

como se cuida al mejor viñedo.

Sus antepasados me obedecieron,

pero ustedes son tan rebeldes,

que son como un viñedo

que solo produce uvas podridas.

Les aseguro que esto es así.

23-24”¿Cómo se atreven a decir

que no han pecado

ni han adorado a dioses falsos?

¡Miren cómo se portaron

en el valle de Ben-hinom!

¡Admitan todo lo que han hecho!

Son como una burra en celo

cuando anda en busca del macho:

se pone a olfatear el viento,

y en cuanto corre al monte

nadie la puede frenar.

Si el macho la busca,

fácilmente la encuentra.

25-26”Ustedes están empeñados

en seguir adorando a dioses extraños,

pero su terquedad los hará sufrir.

Por eso andan descalzos

y muriéndose de sed.

Ustedes y sus autoridades

quedarán avergonzados,

como el ladrón cuando es sorprendido.

27”Ustedes, israelitas,

llaman ‘padre’ a un pedazo de madera;

¡llaman ‘madre’ a una piedra!

Me dan la espalda

y no me miran a la cara,

pero en cuanto están en peligro

gritan pidiéndome ayuda.

28”¿Y dónde están esos dioses

que ustedes mismos se fabricaron?

¡Que vengan ellos a salvarlos

cuando se encuentren en peligro!

¡Al fin y al cabo,

ustedes tienen más dioses que ciudades!

29¡Por qué me acusan,

si todos ustedes me rechazan!

Les juro que es así.

30”No tiene caso castigar a sus hijos,

pues no aceptan mis correcciones.

¡Todos ustedes, como leones feroces,

mataron a mis profetas!

31Pero escúchenme bien

todos los que están presentes:

¡yo no he sido cruel con ustedes

como el ardiente desierto,

ni como la terrible oscuridad de una cueva!

¿Entonces, por qué me dicen

que van a hacer lo que quieran,

y que no volverán a adorarme?

32No hay novia que se olvide

de su vestido ni de sus joyas,

¡pero ustedes, que son mi pueblo,

hace mucho que se olvidaron de mí!

33”Y tú, Judá, eres muy hábil

para conseguirte amantes.

¡De ti aprenden hasta las prostitutas!

34Tus vestidos están manchados

con la sangre de pobres e inocentes.

Y a pesar de que nunca los viste

cometer ningún delito,

35todavía te atreves a decir

que no has pecado,

y que yo no estoy enojado contigo.

¡Pues voy a llevarte ante los jueces

por insistir en que eres inocente!

36Tú cambias de opinión

con mucha facilidad;

pero Egipto te abandonará

como antes te abandonó Asiria.

37Yo mismo he rechazado

a esos que llamas tus amigos.

Así que volverás de Egipto

derrotada y llena de vergüenza,

¡y de nada te servirá su ayuda!”»

3

31Dios le dijo al pueblo de Judá:

«Supongamos que un hombre se divorcia, y que luego la que era su esposa se casa con otro hombre; ¿tú crees que el primer esposo volvería a casarse con esa mujer? ¡Claro que no! ¡Eso sería una vergüenza para el país! Entonces, ¿cómo es que tú pretendes volver conmigo? ¡Si tienes más dioses que los amantes que tiene una prostituta! Y esta es la pura verdad.

2»Mira hacia las colinas desiertas,

y dime dónde no has adorado dioses extraños.

Te sientas junto a los caminos,

y te ofreces como prostituta

a todos los que pasan.

Con tu infidelidad

has llenado de maldad el país.

3Por eso no llegan las lluvias,

ni caen aguaceros en la primavera.

No tienes vergüenza;

eres peor que una prostituta.

4Hasta hace poco me decías

que me querías como a un esposo,

que yo era el novio de tu juventud.

5También me pediste calmar mi enojo,

pero no hablabas en serio,

pues seguiste haciendo lo malo».

Israel es como una esposa infiel

6Cuando Josías era rey, Dios me dijo:

«Jeremías, ¿te has fijado en lo que ha hecho mi pueblo Israel? Se ha comportado como una esposa infiel. En los cerros altos y bajo la sombra de cualquier árbol adora a dioses extraños. 7Después de todo lo malo que había hecho, pensé que se arrepentiría y volvería conmigo; pero no lo hizo. Y el pueblo de Judá se ha comportado igual. 8Aunque supo que yo rechacé a Israel, me fue infiel y me puso en vergüenza al adorar a otros dioses.

9»A Israel no le importó traicionarme; al contrario, contaminó el país y me ofendió al adorar ídolos hechos de piedra y de madera. 10Para colmo de males, Judá quiso engañarme diciendo que se había arrepentido. Pero no era verdad. Yo les juro que así fue».

11Dios también me dijo:

«Jeremías, aunque Israel me fue infiel, al fin de cuentas resultó ser mejor que Judá. 12-13Así que dirígete al norte y anuncia este mensaje:

“Israel, pueblo infiel, ¡vuélvete a mí!

Me olvidaré por completo de mi enojo,

y te recibiré con los brazos abiertos,

porque soy un Dios bondadoso.

Tan solo te pido que reconozcas tu culpa,

que admitas que te rebelaste contra mí,

que no has querido obedecerme,

y que bajo la sombra de cualquier árbol

has adorado a otros dioses.

Te juro que así es”.

Israel es como un hijo rebelde

14»¡Vuelvan a mí, israelitas rebeldes! ¡Ustedes son mis hijos! De cada ciudad tomaré a uno de ustedes, y de cada familia tomaré a dos, y los traeré a Jerusalén. 15Yo les daré gobernantes que actúen como a mí me gusta, para que los guíen con sabiduría y con inteligencia.

16»En el futuro, cuando ustedes hayan poblado el país, no se hablará más del cofre del pacto, ni nadie volverá a acordarse de él. Tampoco volverá a fabricarse uno nuevo, porque ya no será necesario. Les juro que así será.

17»Cuando llegue ese día, la ciudad de Jerusalén será conocida como “el trono de Dios”. Todas las naciones vendrán a Jerusalén para adorarme, y ya no se dejarán llevar por los malos deseos de su necio corazón. 18Entonces los reinos de Israel y de Judá volverán a unirse, y desde el norte volverán a la tierra que les di como herencia a los antepasados de ustedes.

19»Pueblo de Israel,

yo quise tratarte como a un hijo.

Pensé en regalarte la mejor tierra,

¡el país más hermoso del mundo!

Creí que me llamarías “Padre”,

y que siempre estarías a mi lado.

20Pero me fuiste infiel,

pues adoraste a otros dioses.

Te juro que así fue.

21»Puede oírse por las montañas desiertas,

el llanto angustiado de los israelitas.

Eligieron el camino equivocado,

y a mí, que soy su Dios, me abandonaron.

22»¡Vuelvan conmigo, hijos rebeldes!

¡Yo los convertiré en hijos obedientes!»

Los israelitas respondieron:

«Dios nuestro, aquí nos tienes.

A ti volvemos, porque eres nuestro Dios.

23De nada nos sirve ir a las colinas,

ni lanzar nuestros gritos en las montañas.

Solamente en ti, Dios nuestro,

hallaremos nuestra salvación.

24Desde que éramos jóvenes,

nuestra vergonzosa idolatría

echó a perder a nuestros hijos e hijas,

y perdimos nuestras ovejas y ganados,

y todo lo que consiguieron

nuestros antepasados.

25Nosotros y nuestros antepasados

hemos pecado contra ti.

Desde que éramos jóvenes,

y hasta el día de hoy,

jamás te hemos obedecido.

Por eso, debemos avergonzarnos

y humillarnos por completo».

4

41Entonces Dios les contestó:

«Israelitas, si piensan volver,

dejen de pecar.

Desháganse de esos ídolos asquerosos,

y no se aparten de mí.

2Cuando juren en mi nombre,

sean sinceros y justos

conmigo y con los demás.

Así, por amor a ustedes

bendeciré a todas las naciones,

y ellas me cantarán alabanzas».

Peligro en el norte

3-4Dios les dijo a los habitantes de Judá y de Jerusalén:

«Preparen su corazón

para recibir mi mensaje.

Cumplan el pacto que hice con ustedes,

pero cúmplanlo en verdad.

Mi mensaje es como una semilla;

¡no la siembren entre espinos!

Si siguen haciendo lo malo,

mi enojo se encenderá como un fuego

y nadie podrá apagarlo.

5»¡Anuncien esto a gritos

en Judá y en todo Jerusalén!

¡Hagan sonar la trompeta por todo el país!

¡Avisen a la gente

que corra a protegerse

dentro de las ciudades amuralladas!

6¡Vamos, no pierdan tiempo!

¡Corran y pónganse a salvo!

¡Agiten la bandera

en dirección a Jerusalén!

»Yo estoy por mandar desde el norte

la más terrible destrucción.

7Ya está en marcha un ejército.

Ha salido para destruir naciones,

y también destruirá su país.

Los atacará como si fuera un león

que sale de su cueva.

Las ciudades quedarán en ruinas,

y nadie podrá vivir en ellas.

8Vístanse con ropa vieja y áspera,

y lloren y griten de dolor,

porque yo sigo enojado con ustedes.

9»Cuando llegue ese día,

el rey y los gobernantes

se asustarán y temblarán de miedo

y también los sacerdotes y los profetas.

Les juro que así será».

10Yo, Jeremías, dije:

«Poderoso Dios de Israel,

¿por qué has engañado

a los que viven en Jerusalén?

¿Por qué les prometiste

que vivirían en paz,

cuando en realidad viven

en constante peligro de muerte?»

11Y Dios contestó:

«Cuando llegue el día del castigo,

se le dirá a este pueblo de Jerusalén:

“Desde los áridos cerros del desierto

sopla un viento muy caluroso,

y se dirige a Jerusalén,

la capital de nuestro pueblo”.

No se tratará de la suave brisa

que limpia de paja el trigo;

12el viento que yo haré soplar

será mucho más fuerte.

Ahora mismo dictaré

sentencia contra ellos.

13»Entonces dirán los israelitas:

“¡Miren cómo avanza el enemigo!

¡Parece el nubarrón de una tormenta!

Sus carros y sus caballos de guerra

son más veloces que las águilas;

¡hasta parecen un huracán!

¿Qué será de nosotros?

¡No tenemos escapatoria!”

14»Pero yo responderé:

“Jerusalén, todavía puedes salvarte.

Solo tienes que quitarte de la mente

todos esos malos pensamientos.

¿Hasta cuándo vas a dejar

que esos pensamientos te dominen?”

15»Ya se anuncia la desgracia

desde la ciudad de Dan

y desde los montes de Efraín.

16Avisen a las naciones,

y adviértanle también a Jerusalén,

que de una tierra lejana

vienen los invasores.

Lanzan gritos de guerra

contra las ciudades de Judá,

17y las rodearán por completo,

porque ellas se rebelaron contra mí.

Les juro que así será.

18»Jerusalén, todo esto te pasa

por tu mal comportamiento.

Tu desgracia es tan amarga,

que te hiere el corazón».

Queja de Jeremías

19«¡No aguanto más este dolor!

¡Mi corazón está por estallar!

¡Estoy tan agitado

que no puedo quedarme callado!

Ya escucho el sonido de la trompeta;

ya oigo los gritos de batalla.

20Tras un desastre viene otro,

y el país va quedando en ruinas.

De repente me he quedado sin casa,

pues mis campamentos fueron destruidos.

21Solo veo banderas enemigas

y escucho sus trompetas victoriosas.

¿Hasta cuándo tendré que soportarlo?

22»Dios dice que no lo conocemos;

que somos hijos necios

que no entendemos nada;

que somos hábiles para hacer lo malo,

pero incapaces de hacer lo bueno.

23»Veo la tierra:

no tiene forma ni vida;

miro el cielo, y todo es oscuridad.

24Las montañas tiemblan,

las colinas se estremecen.

25Me fijo, y no veo a nadie;

todas las aves del cielo se han ido.

26La tierra que antes era fértil

ahora parece un desierto.

¡Todas las ciudades están en ruinas!

Dios, en su terrible enojo,

hizo que todo esto sucediera».

Destrucción de Jerusalén

27Dios dice:

«Toda la nación será destruida,

pero no la destruiré por completo.

28Todo el país se pondrá muy triste,

y el cielo se cubrirá de tinieblas.

Ya he tomado una decisión,

y no voy a cambiarla;

ya lo he resuelto,

y no pienso dar marcha atrás.

29»Cuando escuchen el ruido

de los soldados y sus caballos,

toda la gente saldrá corriendo;

algunos se meterán en el monte,

otros treparán por las rocas,

y todas las ciudades quedarán abandonadas.

¡No quedará en ellas un solo habitante!

30»¿En qué piensan ustedes,

habitantes de Jerusalén?

Su ciudad está en ruinas,

y ustedes la visten con ropa fina.

¿Para qué le ponen joyas de oro?

¿Para qué la maquillan,

si Egipto y Asiria la han traicionado

y lo único que buscan es su muerte?»

Habla el profeta

31«Escucho gritos de dolor.

¿Será acaso una mujer

dando a luz por primera vez?

No, no es eso;

son los gritos de Jerusalén

que ya no puede respirar,

y a gritos pide ayuda.

Con los brazos extendidos, dice:

“¡Me estoy muriendo!

¡He caído en manos de asesinos!”»