Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
22

Dios castigará a los jefes de Judá

221Dios me dijo:

«Jeremías, ve al palacio del rey de Judá, y anuncia allí este mensaje:

2“Rey de Judá, oficiales del palacio y habitantes de Jerusalén, les pido que presten mucha atención a lo que Dios dice. 3Él les ordena hacer el bien: proteger a los que son maltratados, cuidar al extranjero, al huérfano y a la viuda, y no matar al inocente. 4Si de veras me obedecen, siempre habrá en Judá un rey de la familia de David. Sus ejércitos entrarán y saldrán por los portones de la ciudad, acompañados por el pueblo y sus gobernantes. 5De lo contrario, les aseguro que este palacio será totalmente destruido”.

6»Yo, el Dios de Israel, les digo a los que están en el palacio de Judá:

“Ustedes son para mí

tan especiales como el monte Galaad

y como las altas montañas del Líbano.

Pero voy a convertirlos en un desierto,

en una ciudad deshabitada.

7Yo enviaré contra ustedes

un ejército para que los destruya,

y para que les prenda fuego

a sus bosques más hermosos.

8”Mucha gente de otras naciones pasará por aquí, y se preguntará por qué hice esto con esta gran ciudad. 9Y la respuesta será que ustedes adoraron a otros dioses y no cumplieron con mi pacto.

10-12”No lloren ni se pongan tristes

por la muerte del rey Josías.

Lloren más bien por su hijo Salum

que será llevado a otro país.

Allí lo tratarán como esclavo,

y nunca más volverá a ver

la tierra donde nació”.

»Y yo declaro que Salum nunca más volverá a ver este país, pues morirá en el lugar al que será llevado».

Y así sucedió. Tiempo después, tras la muerte de su padre Josías, Salum llegó a ser rey de Judá, pero se lo llevaron a Babilonia.

Advertencia contra el rey Joacín

13-14Dios continuó diciendo:

«En cuanto al rey Joacín, tengo algo que decirle:

“¡Qué mal te irá, Joacín!

Edificas tu casa con mucho lujo;

piensas ponerle grandes ventanas,

y recubrirlas con finas maderas.

Pero maltratas a los trabajadores,

y para colmo no les pagas.

15Te crees un gran rey

porque vives en lujosos palacios.

”Tu padre Josías disfrutó de la vida

y celebró grandes fiestas,

pero siempre actuó con justicia.

16Protegió al pobre y al necesitado,

y por eso le fue bien en todo.

¡A eso le llamo conocerme!

17”A ti solo te interesa el dinero

y no te importa cómo lo ganes.

Con gran violencia robas

y matas a gente inocente.

18”Por eso estoy enojado contigo.

Cuando te mueras,

nadie llorará por ti;

ningún israelita se pondrá triste

de que ya no seas su rey.

19Morirás como los animales:

te arrastrarán por todo Jerusalén

y te arrojarán fuera de la ciudad”».

Advertencia contra Jerusalén

20Dios también les dijo a los habitantes de Jerusalén:

«¡Vayan por todo el país;

suban a las montañas más altas,

y lloren desconsolados!

Los países que iban a ayudarlos

ya han sido destruidos.

21»Cuando les iba bien,

les advertí del peligro,

pero no me hicieron caso.

¡Siempre han sido rebeldes!

22-23»Los que ahora viven en el palacio,

rodeados de finas maderas,

¡pronto sabrán lo que es sufrir!

Cuando les llegue la desgracia,

sabrán lo que es el dolor.

Serán llevados a otro país,

y allí serán tratados como esclavos.

Las naciones en las que ellos confiaron

sufrirán el mismo castigo».

Advertencia contra Joaquín

24Dios le dio este mensaje a Joaquín:

«Tú eres hijo de Joacín,

y ahora reinas en Judá.

Aunque te quiero mucho,

juro que te expulsaré de aquí.

25Te entregaré en manos

del rey de Babilonia y de su ejército,

y temblarás de miedo.

26-27A ti y a tu madre los enviaré

a un país extranjero.

Aunque quieran volver a Israel,

nunca más volverán,

porque morirán en ese país».

28-29Dios continuó diciendo:

«¡Israelitas,

escuchen mis palabras!

Joaquín no sirve para nada;

es como una vasija rota.

¿Para qué lo quieren expulsar del país,

junto con todos sus familiares?

Por gente como esa

no vale la pena preocuparse.

30Yo, el Dios de Israel, les digo:

“Bórrenlo de su memoria,

es un hombre fracasado.

¡Ninguno de sus hijos

llegará a ser rey de Judá!”»

23

El rey justo y sabio

231-2El Dios de Israel dijo:

«¡Qué mal les va a ir a esos gobernantes que descuidan a mi pueblo y lo destruyen! Jamás se preocupan por él. Al contrario, se comportan como esos pastores que abandonan a sus ovejas. Les advierto que voy a castigarlos, porque abandonaron a mi pueblo en manos de otras naciones. 3Sin embargo, aunque permití que así fuera, yo mismo haré que mi pueblo vuelva a su país, y que se convierta en una gran nación. 4Le daré otros gobernantes que lo protejan, y así no volverá a tener miedo. Juro que así lo haré.

5»En el futuro

haré que un rey justo y sabio

gobierne a mi pueblo.

Será de la familia de David,

gobernará con verdadera justicia,

6y le pondrán por nombre

“Dios es nuestro salvador”.

Durante su reinado

mi pueblo vivirá en paz y libertad.

7»Yo les aseguro que viene el día en que ya no se dirá: “¡Lo juro por Dios, que sacó a Israel de Egipto!” 8Más bien, se dirá: “¡Lo juro por Dios, que sacó a nuestro pueblo de Babilonia! ¡Lo sacó de todos los países adonde lo había expulsado!” Entonces los israelitas habitarán en su propio país».

Los profetas mentirosos

9Yo, Jeremías, les advierto a los profetas:

«Dios me dio un mensaje especial.

Por eso siento un dolor profundo

y me tiembla todo el cuerpo;

¡hasta parezco un borracho

a punto de caerse!

10»Los habitantes de este país

son gente malvada;

no saben lo que es ser fieles,

¡no saben hacer lo bueno,

solo cometen injusticias!

Por eso la tierra está bajo maldición:

los pastos se han secado,

y la tierra es un desierto.

11»Dios mismo lo afirma:

“Los profetas y los sacerdotes

son los primeros en hacer el mal;

¡hasta en el templo

cometen terribles maldades!

12Por eso los voy a castigar

y caerá sobre ellos la desgracia.

¡Nada ni nadie podrá salvarlos!

13”¡En Samaria he visto

las cosas más repugnantes!

Los profetas predican

en nombre del dios Baal

y hacen que mi pueblo me abandone.

14Pero los profetas de Jerusalén

son peores que ellos;

no solo me abandonan,

sino que dicen mentiras

y ayudan a los malvados.

No hay uno solo de ellos

que quiera cambiar su conducta.

¡Son peores que la gente

de Sodoma y de Gomorra!”

15»Por tanto, el Dios todopoderoso declara en contra de los profetas de Jerusalén:

“Ustedes son los responsables

de tanta maldad en este país.

Su sufrimiento será terrible

y su dolor no tendrá fin”.

16»Y a ustedes, los israelitas, Dios les advierte:

“Esos profetas son unos mentirosos,

¡no les hagan caso!

Yo no les di ningún mensaje,

y los sueños que dicen haber tenido

son puro invento de ellos.

17Aseguran que yo dije

que a los malvados

siempre les irá bien;

que a los que me desprecian

nada malo les pasará.

18¡Pero ninguno de esos profetas

ha estado en mi presencia!

¡Ninguno de ellos ha querido

oír mi voz y obedecerme!

19-20”Yo estoy muy enojado con ellos

y no voy a quedarme tranquilo

hasta que los haya castigado.

Mi enojo será como un huracán,

que azotará a esos malvados.

”¡Un día de estos entenderán

por qué hago todo esto!

21”Esos profetas salen a predicar,

aunque yo no los he enviado

ni les he dado ningún mensaje.

22Si hubieran estado en mi presencia,

habrían anunciado mi mensaje;

habrían invitado a mi pueblo

a dejar su mala conducta.

23-24”Yo soy el Dios de Israel.

Nadie puede esconderse de mí,

pues yo estoy en todas partes,

lo mismo lejos que cerca.

25”Ya he escuchado las mentiras de esos profetas. Según ellos, han soñado que les he dado un mensaje. 26¡Eso lo inventaron ellos! ¿Cuándo dejarán de mentir? 27Lo que quieren es que mi pueblo me olvide, como me olvidaron sus antepasados por adorar al dios Baal.

28”Yo, el Dios de Israel, les digo: si un profeta tiene un sueño, que lo cuente; si recibe un mensaje de mi parte, que lo comunique al pie de la letra. ¡Pero que se dejen de cuentos! 29-32Estoy cansado de sus mentiras. ¡Y todavía se atreven a decir que hablan de mi parte! Estoy en contra de esos profetas que dicen haber recibido mensajes de mi parte, pero yo no les he comunicado nada. Esa clase de mentiras no le hace ningún bien a mi pueblo; al contrario, lo conducen al error.

”Mi palabra es tan poderosa como el fuego, y tan dura como un martillo; ¡hasta puede hacer pedazos una roca! Les aseguro que así es.

Profetas falsos

33”Escucha bien, Jeremías: Cuando un profeta o sacerdote, o alguien del pueblo, te pregunte si tienes algún mensaje de mi parte, respóndeles que sí lo tienes. Diles que voy a abandonarlos. 34Pero si otro profeta o sacerdote, o cualquier otra persona asegura tener un mensaje de mi parte, yo los castigaré, a ellos y a sus familias”».

35-37Dios les dijo a los falsos profetas:

«Yo soy el Dios de la vida, el Dios todopoderoso. Si alguno de ustedes cambia mi mensaje por una mentira, se burla de mí. Más vale que nadie diga: “Tengo un mensaje de parte de Dios”. Al que se atreva a decirlo, le haré tragar sus propias palabras. Si preguntan entre ustedes, se darán cuenta que yo no le he hablado a nadie. 38Por eso les prohíbo decir: “Tengo un mensaje de parte de Dios”.

39-40»Si me desobedecen, abandonaré a Jerusalén, la ciudad que les di a ustedes y a sus antepasados. De tal manera los humillaré y los avergonzaré, que nunca podrán olvidarlo. ¡Los lanzaré lejos de aquí!»

24

Las dos canastas de higos

241Tiempo después, el rey Nabucodonosor tomó preso a Joaquín hijo de Joacín, que había sido rey de Judá, y se lo llevó a Babilonia. Con él se llevó a los jefes de Judá, y también a los artesanos y herreros.

Poco después de eso, Dios me llevó a su templo, y allí me mostró dos canastas de higos. 2En una de las canastas había higos muy buenos, de los que maduran primero, pero en la otra canasta solo había higos podridos. Esos higos estaban tan malos que no se podían comer. 3Dios me preguntó: «Jeremías, ¿qué es lo que ves?» Yo le contesté: «Veo dos clases de higos. Unos están muy buenos, pero los otros están tan malos que no se pueden comer».

4-6Entonces el Dios de Israel me dijo:

«Los higos buenos representan al pueblo de Judá que fue llevado como esclavo a Babilonia. Aunque yo permití que se lo llevaran, ahora lo cuidaré y lo haré volver a su tierra. Dejaré que se establezca allí y que vuelva a edificar sus casas, y nunca más volveré a destruirlo ni a enviarlo a otro país. 7Cambiaré su manera de ser y de pensar, para que me reconozca como su Dios y me obedezca en todo. Judá será mi pueblo, y yo seré su Dios.

8»Los higos malos representan al rey y a los gobernantes de Judá, y a todos los ricos de Jerusalén, la capital de Judá, que no fueron llevados a Babilonia. También representan a los que buscaron protección en Egipto. A todos ellos los castigaré. 9Tan grande será mi castigo que, al verlo, todos los reinos de la tierra temblarán de miedo. La gente de los países por donde yo los disperse se burlará de ellos, los insultará y los tratará con desprecio. 10Yo les mandaré guerras, hambre y enfermedades, y así los eliminaré del país que les di a ellos y a sus antepasados».