Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
17

Dios castigará a Judá por su pecado

171Dios le dijo a su pueblo:

«Gente de Judá,

ustedes llevan el pecado

grabado en el corazón.

Sus altares están marcados

con su rebelión.

2-3»Los altares y las imágenes de Astarté

que ustedes levantaron

bajo los grandes árboles

y en las altas colinas

son un peligro para sus hijos.

»Yo entregaré a sus enemigos

todo lo que ustedes tienen,

hasta sus altares y tesoros.

Esto lo haré por los pecados

que cometieron en su territorio.

4Por su propia culpa perderán

el país que yo les había dado.

Serán esclavos en una tierra

que ustedes no conocen.

»¡Es tan grande mi enojo

que parece un fuego

que nunca se apaga!

5»Yo, el Dios de Israel, declaro:

“¡Maldito quien confía en los demás!

¡Maldito quien confía en sí mismo!

¡Maldito quien se aleja de mí!

6Son como las espinas del desierto,

que nunca disfrutarán del agua,

pues viven en tierras áridas,

donde nada crece.

7”¡Pero benditos sean aquellos

que solo confían en mí!

8Son como árboles plantados

a la orilla de un río:

extienden sus raíces hacia la corriente,

el calor no les causa ningún daño,

sus hojas siempre están verdes

y todo el año dan fruto.

9”Ustedes se creen buenos,

pero son malos y mentirosos;

¡no tienen remedio!

10Solo yo, el Dios de Israel,

sé muy bien lo que piensan,

y los castigaré por su mala conducta.

11”Los que se vuelven ricos

haciendo trampa,

perderán sus riquezas

y, cuando menos lo esperen,

acabarán en la miseria”».

Jeremías pide protección

12Yo, Jeremías, dije:

«El templo donde tienes tu trono

desde un principio está en lo alto;

¡es un lugar muy hermoso!

13»Los que te abandonan

quedarán avergonzados.

¡Desaparecerán como el polvo

que se lleva el viento!

»Solo tú, Dios de Israel,

eres la fuente de vida.

¡Tú eres nuestra única esperanza!

14»Dios mío,

solo tú mereces mis alabanzas.

¡Devuélveme la salud,

dame salvación!

Así viviré feliz y en paz.

15»La gente de Judá me dice:

“Dios no ha cumplido sus promesas.

¡Queremos que se cumplan ya!”

16»Dios mío, yo no te pedí

que castigues a tu pueblo;

al contrario, lo cuidé

como un pastor a sus ovejas.

17Cuando estoy en peligro,

tú me proteges.

¡No dejes que el miedo

se apodere de mí!

18¡Avergüenza a mis enemigos,

pero no me avergüences a mí!

¡Haz que tiemblen de miedo,

pero a mí no me asustes!

¡Mándales tiempos difíciles,

y destrúyelos de una vez!»

El día de descanso

19Dios me dijo:

«Jeremías, ve a todos los portones de Jerusalén, y repite allí el mensaje que te voy a dar. Comienza por el portón principal, que es por donde entran y salen los reyes de Judá. 20Esto es lo que tienes que decir:

“Reyes de Judá y habitantes del país, y todos los que pasan por estos portones, ¡escuchen la palabra de nuestro Dios! 21Él me manda a recordarles que el sábado es día de descanso. Por lo tanto, ese día no lleven ninguna carga, ni la introduzcan por los portones de Jerusalén. 22Ese día no saquen de sus casas ninguna carga ni hagan ningún tipo de trabajo. El sábado es un día que deben dedicar a Dios; así se lo ordenó a nuestros antepasados.

23”Ustedes, los que viven en Judá, no han querido obedecer a Dios; al contrario, se empeñan en desobedecerlo y no quieren ser disciplinados. 24Pero si siguen fielmente las instrucciones acerca del sábado, y se lo dedican a Dios tal como ya les dije, Dios les asegura 25que por estas puertas entrarán reyes y príncipes, y se sentarán en el trono de David para reinar sobre esta ciudad. Entrarán montados en carros y en caballos, seguidos por la gente de Jerusalén y de las otras ciudades de Judá. Además, la ciudad de Jerusalén siempre será habitada. 26Vendrán al templo todos los habitantes del país, y darán gracias a Dios con ofrendas de cereal y de incienso, que son las que le agradan.

27”Pero si ustedes no siguen las instrucciones de Dios acerca del sábado, sino que en ese día introducen cargas por los portones de Jerusalén, entonces les prenderé fuego a esos portones. Ese fuego no podrá ser apagado, sino que quemará toda la ciudad, junto con los palacios de Jerusalén”».

18

Parábola del alfarero

181Dios me dijo: 2«Jeremías, ve al taller del alfarero. Allí voy a darte un mensaje».

3Yo fui y me encontré al alfarero haciendo en el torno vasijas de barro. 4Cada vez que una vasija se le dañaba, volvía a hacer otra, hasta que la nueva vasija quedaba como él quería. 5Allí Dios me dio este mensaje 6para los israelitas:

«Ustedes están en mis manos. Yo puedo hacer con ustedes lo mismo que este alfarero hace con el barro. 7En el momento que yo quiera, puedo amenazar a una nación o a un reino, y anunciarle su completa destrucción. 8Pero si esa nación deja de hacer lo malo, entonces yo decidiré no castigarlos como pensaba hacerlo. 9En algún otro momento, puedo decidir que alguna nación o reino prospere y llegue a tener mucho poder. 10Pero si esa nación hace lo malo y no me obedece, entonces decidiré no darle todo lo bueno que había pensado darle».

Dios abandonará a su pueblo

11Luego Dios me dijo:

«Jeremías, adviérteles a la gente de Judá, y a los que viven en Jerusalén, que yo, el Dios de Israel, estoy por enviarles un desastre. Diles que dejen ya de hacer lo malo, y que mejoren por completo su manera de vivir. 12Ellos te dirán que no insistas, que van a seguir viviendo como les dé la gana, y que cada uno seguirá haciendo todo lo malo que les dicte su malvado corazón.

13»Por lo tanto, yo les digo:

“Este pueblo dice ser mío,

pero pregunten entre las naciones

y verán que ningún otro pueblo

ha hecho cosas tan terribles.

14Las altas montañas del Líbano

nunca se han quedado sin nieve;

ni tampoco han dejado de correr

las frías aguas de las montañas.

15Pero este pueblo cambia a cada rato,

pues se olvida de mí

y adora ídolos inútiles.

No sigue las enseñanzas

que desde un principio le di,

ni se da cuenta del peligro

de seguir las malas costumbres

de las otras naciones.

16-17Por eso enviaré un ejército poderoso

y los haré huir ante sus enemigos.

¡Su país será destruido;

será la burla de todas las naciones!

Los que pasen y lo vean,

no podrán disimular su asombro.

¡Ese día sabrán que los he abandonado!”»

Planes contra Jeremías

18La gente comenzó a hacer planes en contra de Jeremías. Decían:

«Acusémoslo de algún crimen, y así lo callaremos para siempre. De todos modos, nunca nos faltará un sacerdote que nos enseñe la ley, ni un sabio que nos dé consejos, ni un profeta que nos hable de parte de Dios».

Oración de Jeremías

19Jeremías oró así:

«Dios mío,

escucha los gritos de mis enemigos.

20-22¡Han cavado un pozo

para hacerme caer en él!

¡No es justo que así me paguen

todo el bien que les he hecho!

¡Recuerda que vine a pedirte

que no los castigues!

¡Quítales la vida a sus hijos!

¡Haz que se mueran de hambre,

o que los maten en la guerra!

¡Que los hombres mueran asesinados!

¡Que las mujeres se queden viudas

y sin hijos que las ayuden!

¡Que los jóvenes mueran en la guerra!

¡Que se oigan sus gritos de angustia

cuando envíes contra ellos

un ejército poderoso!

23»Dios mío,

tú sabes que ellos piensan matarme.

¡No olvides sus pecados,

ni les perdones ningún crimen!

¡Desata tu furia contra ellos!

¡Hazlos caer derrotados!»

19

La vasija rota

191-4Dios me dijo:

«Jeremías, compra en el taller del alfarero una vasija de barro, y ve al valle de Ben-hinom, que está a la entrada del portón oriental. Haz que te acompañen algunos jefes del pueblo y los sacerdotes más importantes. Cuando llegues allá, diles a los reyes de Judá y a los habitantes de Jerusalén que presten atención a mis palabras. Este es el mensaje que les darás de mi parte:

“Ustedes son mi pueblo, pero me abandonaron. Para colmo, me ofendieron al adorar en este valle a otros dioses. Esos dioses nunca se preocuparon por ustedes, ni por sus padres, ni por los reyes de Judá. Por eso yo, el todopoderoso Dios de Israel, voy a mandarles un desastre tan terrible, que quienes lo sepan temblarán de miedo.

”En este mismo valle ustedes han matado a mucha gente inocente. 5Han construido altares a Baal, y en ellos han presentado a sus hijos como ofrenda a ese dios. ¡Pero eso es algo que yo nunca les ordené! ¡Jamás lo mencioné, y ni siquiera me pasó por la mente! 6Llegará el momento en que este lugar no se llamará santuario de Tófet ni valle de Ben-hinom; más bien, se le conocerá como Valle de la Matanza. 7Yo desbarataré aquí los planes de la gente de Judá y de Jerusalén; los entregaré a sus enemigos, para que los maten en el campo de batalla. Allí quedarán tendidos los cadáveres, y haré que se los coman las aves del cielo y las fieras salvajes.

8”A Jerusalén la convertiré en un lugar horrible. Los que pasen por aquí verán con asombro cómo quedó la ciudad, y se burlarán de ella. 9Sus enemigos rodearán la ciudad para destruir a sus habitantes. Habrá tanta falta de comida que la gente se comerá a sus propios hijos, y hasta se comerán los unos a los otros”.

10»Tan pronto anuncies este mensaje, dirígete a los jefes y a los sacerdotes, y rompe en mil pedazos la vasija de barro. 11Entonces les dirás de mi parte:

“Yo, el Dios todopoderoso, romperé en mil pedazos esta nación y esta ciudad, y ya no podrán volver a levantarse. Tendrán que enterrar a sus muertos en el santuario de Tófet, porque no habrá otro lugar donde enterrarlos. 12La ciudad quedará arruinada, lo mismo que el santuario de Tófet. Les juro que así será. 13No permitiré que se me adore en las casas de Jerusalén ni en los palacios de los reyes de Judá, pues en sus azoteas se quemó incienso para adorar a las estrellas de los cielos, y también ofrendaron bebidas a otros dioses. Ni en el santuario de Tófet ni en esos lugares permitiré que me adoren”».

14Cuando Jeremías volvió de profetizar en el santuario de Tófet, se detuvo a la entrada del templo de Dios. Desde allí dijo a todo el pueblo:

15«Así dice el todopoderoso Dios de Israel: “Esta ciudad y sus pueblos vecinos se han empeñado en desobedecerme. Por eso les voy a mandar todas las desgracias que les he anunciado”».