Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
12

Jeremías se queja

121Jeremías le dijo a Dios:

«Dios mío,

en todos mis pleitos contigo,

tú siempre sales ganando;

pero de todas maneras,

insisto en mis demandas.

¿Por qué prosperan los malvados?

¿Por qué viven tranquilos los traidores?

2Tú los plantas como a los árboles,

y ellos echan raíces,

crecen y dan fruto.

Te alaban con los labios,

pero te niegan con sus hechos.

3-4Llévalos al matadero, como a las ovejas;

márcalos para el día de la matanza.

»La tierra y el pasto están secos;

¿cuándo vas a hacer que llueva?

Los animales y las aves se mueren

por culpa de los que habitan el país.

¡Son tan atrevidos que hasta dicen

que tú no puedes verlos!

»Tú me conoces, Dios mío;

tú sabes lo que siento por ti».

Dios le responde a Jeremías

5Dios le respondió a Jeremías:

«Tú no estás preparado

para discutir conmigo;

¡ni siquiera puedes ganarle

un pleito a tus semejantes!

Si tienes problemas

para ganar un caso fácil,

¿qué te hace pensar

que puedes enfrentarte a mí?

6»Todos te han traicionado,

hasta tu propia familia te maldice.

Tal vez te hablen con dulzura,

pero no debes confiar en ellos.

7»He abandonado a mi pueblo;

lo he dejado en manos del enemigo,

8porque se rebeló contra mí.

Se portó conmigo como león salvaje.

9-13¡Y yo que lo consideraba

un ave de muchos colores

amenazada por los buitres!

»Son muchos los reyes enemigos

que vendrán a atacarlo;

¡vendrán como animales salvajes,

y devorarán a mi pueblo!

Alguna vez fue un hermoso viñedo,

pero yo mismo lo destruiré,

y todo quedará hecho un desierto.

»Mi pueblo trabajará en vano;

sembrará trigo, pero cosechará espinos.

¡Por causa de mi intenso enojo

se dañarán todas sus cosechas!

Los enemigos se reunirán

en las lomas del desierto.

Todo el país quedará arruinado,

pero eso a nadie le importará.

¡No habrá paz para nadie!

Restauración futura de Judá

14-15»Todas las naciones vecinas han atacado y arruinado esta tierra, la cual yo le di a mi pueblo. Pero les advierto que voy a arrancarlas de sus tierras, y lo mismo haré con mi pueblo Judá. Sin embargo, volveré a tener compasión de mi pueblo, y lo sacaré de en medio de las naciones. Una vez que lo haya sacado de allí, haré que vuelva a su tierra. 16Y si estas naciones enemigas dejan de enseñarle a mi pueblo a jurar por Baal, llegarán a formar parte de mi pueblo. Pero deben aceptar mis enseñanzas y aprender a jurar por mi nombre, y decir: “Que viva el Dios de Israel”. 17A la nación que no obedezca, la expulsaré de su país y la destruiré por completo. Les juro que así será».

13

El calzoncillo de lino

131En Anatot, Dios me dijo:

—Jeremías, cómprate un calzoncillo de tela de lino, y póntelo; pero no lo laves.

2Yo fui y compré el calzoncillo, y me lo puse, tal como Dios me lo había ordenado. 3Entonces Dios volvió a decirme:

4—Ahora, toma ese mismo calzoncillo y vete al río Éufrates para esconderlo allí, en la grieta de una roca.

5Yo fui al río Éufrates y lo escondí, tal como Dios me lo había ordenado. 6Pero tiempo después Dios volvió a decirme:

—Jeremías, ve al río Éufrates y busca el calzoncillo que te mandé esconder.

7Yo fui al río Éufrates, y saqué el calzoncillo del hoyo donde lo había escondido, pero el calzoncillo ya estaba podrido y no servía para nada. 8Entonces Dios me dijo:

9-10—Así como se ha podrido el calzoncillo, así también haré que se pudran el reino de Judá y su capital Jerusalén. Son gente muy terca, orgullosa y malvada; no quieren obedecerme, y para colmo adoran a otros dioses. ¡Pero quedarán como este calzoncillo, que no sirve para nada! 11Yo quise que toda la gente de Israel y de Judá se ajustara a mi ley, así como el calzoncillo se ajusta a la cintura de quien lo lleva puesto. Solo así serían mi pueblo, y gozarían de fama y respeto, y la gente los alabaría. ¡Pero no quisieron obedecerme! Te aseguro que así será.

Vasijas rotas

12»Ahora, Jeremías, dile a mi pueblo: “Todas las vasijas deben llenarse de vino”. Si ellos te dicen que eso ya lo saben, 13tú les responderás: “Dios me mandó a decirles que él va a emborrachar con vino a todos los que viven en este país. Emborrachará a los reyes que descienden del rey David, a los sacerdotes, a los profetas, y a todos los habitantes de Jerusalén. 14Dios hará que se destrocen entre ustedes mismos, padres e hijos por igual. No va a tenerles lástima; ¡los destruirá sin compasión!” Te juro que así será».

Tengan cuidado

15Jeremías le dijo al pueblo:

«¡Escúchenme, no sean tan orgullosos!

¡Préstenme atención, que Dios ha hablado!

16Den honra a nuestro Dios,

antes de que él mande las tinieblas

y ustedes tropiecen en la oscuridad.

La salvación que ustedes esperan,

Dios la cambiará en profunda oscuridad.

17Si por causa de su orgullo

ustedes no obedecen,

lloraré amargamente y en secreto,

hasta que ya no pueda más,

porque ustedes, pueblo de Dios,

serán llevados presos a una nación lejana.

18»Díganle al rey,

y también a su madre,

que bajen de su trono

y se sienten en el suelo,

pues ya no tienen derecho a lucir

sus hermosas coronas.

19El ejército enemigo ha rodeado

las ciudades del desierto del sur,

y nadie puede entrar ni salir.

Todos los habitantes de Judá

serán llevados prisioneros.

20»Ustedes, los que viven en Jerusalén,

salgan a ver a sus enemigos:

¡ya vienen del norte!

Ustedes estaban muy orgullosos

del pueblo que Dios les dio a cuidar;

pero ese pueblo se ha perdido.

21Cuando Dios les ponga por jefes

a sus amigos preferidos,

en quienes ustedes confiaban,

lo van a lamentar.

Van a sentir los mismos dolores

que una mujer cuando tiene un hijo.

22Cuando esto les pase, no se sorprendan,

pues si los desnudan y los violan,

será por sus muchos pecados.

23»Nadie puede cambiar el color de su piel,

ni puede el leopardo quitarse sus manchas;

¡tampoco ustedes pueden hacer lo bueno,

pues solo saben hacer lo malo!

24»Dios los dispersará

por todas las naciones.

Serán como la paja

que se lleva el viento.

25¡Eso es lo que se merecen,

ya que ustedes se olvidaron de mí,

y decidieron confiar en dioses falsos!

26¡También los dejaré desnudos

para que pasen vergüenza!

27Ustedes, habitantes de Jerusalén,

son igual que una prostituta.

Han adorado a dioses falsos

en los campos y en las colinas.

Han sido un pueblo infiel.

Yo lo he visto, y digo:

“Este pueblo nunca cambiará”.»

14

Sequía, hambre y guerra

141Hubo una época en que durante mucho tiempo no llovió. Por eso Dios le dijo a Jeremías:

2«Todas las ciudades de Judá

están tristes y desanimadas;

la gente se sienta en el suelo,

y en Jerusalén todos lloran.

3Los gobernantes piden agua,

y sus sirvientes van a buscarla,

pero los pozos están secos.

Confundidos y llenos de vergüenza

se agarran la cabeza,

pues regresan con sus baldes vacíos.

4Los campesinos se preocupan

y se agarran la cabeza,

porque el suelo está reseco

y no ha llovido en el país.

5Tan escasos están los pastos

que los venados, en el campo,

dejan abandonadas a sus crías.

6Los burros salvajes parecen chacales:

se paran en las lomas desiertas

y desde allí olfatean el aire;

pero se desmayan de hambre

porque no tienen pastos».

Súplica de Jeremías

7-8Jeremías dijo:

«Dios mío,

¿Por qué actúas en nuestro país

como si estuvieras de paso?

Te portas como un viajero

que solo se queda a pasar la noche.

Admitimos que somos muy infieles

y que son muchos nuestros pecados;

¡demuestra que tú sí eres fiel

y ven pronto a ayudarnos!

Tú eres nuestra única esperanza;

¡eres la salvación de Israel

en momentos de angustia!

9»Dios de Israel,

todos saben que somos tuyos,

y que vives con nosotros.

¡No nos abandones!

Nos parece que estás confundido,

que eres un guerrero sin fuerzas,

incapaz de salvar a nadie».

10Dios le dijo a su pueblo:

«A ustedes les gusta

adorar a muchos dioses,

y andan de altar en altar.

Eso yo no lo acepto,

y por este terrible pecado,

los voy a castigar».

11Y a mí me dijo:

«Jeremías, no me pidas que ayude a este pueblo. 12Por más que ayunen, no escucharé sus ruegos; por más que me presenten ofrendas de animales y de cereal, no los aceptaré. Ya he decidido destruirlos, y voy a enviarles guerra, hambre y enfermedades».

13Yo le respondí:

«¡Poderoso Dios de Israel! Hay profetas que le aseguran a tu pueblo que no habrá guerra ni van a pasar hambre; dicen que tú los dejarás aquí para siempre, y que vivirán en paz».

14-16Dios me contestó:

«Esos profetas que dicen hablar de mi parte, son unos mentirosos. Yo no los he enviado, ni les he dado ninguna orden. Es más, ni siquiera he hablado con ellos. Sus mensajes son una mentira, ¡un invento de su propia imaginación! Dicen también que no habrá guerra ni hambre en este país; pero yo les digo que morirán de hambre o los matarán en la guerra. No solo ellos morirán, sino también sus esposas, sus hijos y sus hijas. Sus cadáveres serán arrojados a las calles de Jerusalén, y no habrá nadie que los entierre. ¡Así les haré pagar su maldad!

17»Tú, Jeremías, diles de mi parte:

“Día y noche lloraré sin cesar

porque mi pueblo preferido

ha sufrido una terrible desgracia;

¡ha recibido una herida muy grave!

18Salgo al campo, y veo los cuerpos

de los que murieron en la guerra;

entro en la ciudad, y veo el desastre

que ha causado el hambre.

¡Pero ni profetas ni sacerdotes

parecen entender lo que pasa!”»

Respuesta de Jeremías

19-20Jeremías respondió:

«Dios de Israel,

nos has herido tanto

que ya no podremos recuperarnos.

Has rechazado por completo a Judá,

y ya no quieres a Jerusalén.

Esperábamos pasarla bien,

y la estamos pasando mal.

Esperábamos vivir en paz,

pero vivimos llenos de miedo.

Reconocemos nuestra maldad,

y los pecados de nuestros padres;

¡hemos pecado contra ti!

21Demuestra que eres fiel,

y no nos rechaces.

¡Cumple el trato

que hiciste con nosotros,

y no destruyas la bella ciudad

donde has puesto tu trono!

22Dios nuestro,

sabemos que ningún ídolo

puede hacer que llueva;

eres tú quien manda los aguaceros.

Tú has creado todo lo que existe;

¡por eso confiamos en ti!»