Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
61

Anuncio de la salvación a Israel

611El fiel servidor de Dios dijo:

«El espíritu de Dios está sobre mí,

porque Dios me eligió y me envió

para dar buenas noticias a los pobres,

para consolar a los afligidos,

y para anunciarles a los prisioneros

que pronto van a quedar en libertad.

2»Dios también me envió para anunciar:

“Este es el tiempo que Dios eligió

para darnos salvación,

y para vengarse de nuestros enemigos”.

»Dios también me envió

para consolar a los tristes,

3para cambiar su derrota en victoria,

y su tristeza en un canto de alabanza.

»Entonces los llamarán:

“Robles victoriosos,

plantados por Dios

para manifestar su poder”.

4»Ustedes, habitantes de Jerusalén,

reconstruirán las ciudades antiguas

que quedaron en ruinas.

5Gente de otras naciones

vendrá a cuidar los rebaños,

los campos y las viñas de ustedes.

6»Ustedes serán llamados

Sacerdotes de Dios”,

“Fieles servidores de Dios”.

Disfrutarán de las riquezas de las naciones

y se adornarán con sus magníficas joyas.

7Porque ustedes han tenido que sufrir

el doble de lo que se merecían,

y los han llenado de vergüenza y de insultos.

Por eso recibirán doble porción de riquezas

y para siempre vivirán felices».

8Dios dijo:

«Yo, el único Dios, amo la justicia,

pero odio el robo y el crimen.

Por eso les daré una gran recompensa

y haré con ustedes un pacto

que nunca tendrá fin.

9Sus descendientes serán famosos

entre todas las naciones;

cuando la gente los vea, dirá:

“Son un pueblo bendecido por Dios”».

La alegría de los que habitan en Jerusalén

10Isaías dijo:

«¡Mi Dios me llena de alegría;

su presencia me llena de gozo!

Él me dio salvación

y me trató con justicia.

11»Así como de la tierra

brotan las semillas,

y en el jardín nacen las plantas,

así Dios hará brotar

la justicia y la alabanza

entre todas las naciones».

62

La nueva Jerusalén

621Isaías dijo:

«Por amor a ustedes,

habitantes de Jerusalén,

no me callaré.

Por amor a ustedes,

no descansaré

hasta que Dios les dé la victoria.

Cuando Dios los salve,

ustedes brillarán

como el sol al amanecer.

2»Israelitas, las naciones verán

cuando Dios los salve,

y todos los reyes de la tierra

reconocerán su grandeza.

Entonces Dios les dará

un nombre nuevo,

3y serán en la mano de Dios

como la hermosa corona de un rey.

4»Ya no le dirán a Jerusalén:

“Ciudad abandonada”,

sino: “La favorita de Dios”,

ni a la tierra de Israel:

“País en ruinas”,

sino: “La esposa de Dios”.

5Porque Dios se casará con ella,

como se casa un joven con su novia;

Dios la reconstruirá y vivirá feliz con ella,

como vive feliz el marido con su esposa.

6»Jerusalén, en tus murallas

yo he puesto guardias

que día y noche dirán:

“Ustedes, los que adoran a Dios,

no se queden callados.

7No le den a Dios

ni un minuto de descanso,

hasta que reconstruya Jerusalén

y la haga una ciudad famosa”.

8»Dios ha jurado por sí mismo:

“Nunca más permitiré

que los enemigos de Israel

se coman su trigo,

o que los extranjeros les quiten el vino

que con tanto trabajo hicieron.

9Israel comerá lo que coseche,

recogerá las uvas y beberá el vino nuevo,

cantando alabanzas a mi nombre

en los patios de mi santo templo”».

10Isaías continuó diciendo:

«¡Habitantes de Jerusalén,

salgan por los portones de la ciudad,

preparen un camino para el pueblo!

Háganlo con cuidado,

quítenle las piedras

y pongan señales

que sirvan de guía a las naciones.

11»Dios ha dado este mensaje

a todos los habitantes de la tierra:

“Digan a la ciudad de Jerusalén

que ha llegado su salvador;

díganle que Dios ha liberado a su pueblo.

12Los israelitas serán llamados:

‘Pueblo santo, salvado por su Dios’,

y a Jerusalén la llamarán:

‘Ciudad deseada’,

‘Ciudad llena de vida’.”»

63

La victoria de Dios sobre Edom

Isaías

631¿Quién es ese

que llega desde Bosrá,

la capital del reino de Edom,

con las ropas teñidas de rojo?

¿Quién es ese

que está tan bien vestido

y avanza con una fuerza terrible?

Dios

Soy yo, el Dios de Israel,

el que anuncia la victoria

y tiene poder para salvar.

Isaías

2¿Y por qué están rojas tus ropas,

como si hubieras pisado uvas?

Dios

3Yo he destruido a mis enemigos;

los he aplastado como a la uvas

cuando se hace el vino;

con furia los he pisoteado,

y su sangre me manchó la ropa.

4Consideré que ya era tiempo

de hacer justicia

y de salvar a mi pueblo.

5Miré, y vi con sorpresa

que nadie estaba dispuesto a ayudarme.

Fue mi poder el que me dio la victoria;

6lleno de furia aplasté a las naciones,

y su sangre corrió por el suelo.

Dios es bondadoso con su pueblo

7Isaías dijo:

«Quiero hablar del amor de Dios,

y cantar sus alabanzas

por todos sus favores.

»Dios ha sido muy bondadoso

con el pueblo de Israel,

le ha mostrado su bondad

y su gran amor.

8»Dios había dicho:

“Ellos son mi pueblo,

son mis hijos fieles”.

»Por eso Dios los salvó

de todos sus males.

9No fue un enviado suyo

el que los salvó,

sino Dios en persona.

Él los libró por su amor

y su misericordia;

los levantó en sus brazos,

como siempre lo había hecho.

10»Pero los israelitas desobedecieron

y ofendieron al Dios santo;

por eso, él los trató

como si fueran enemigos

y les declaró la guerra.

11»Entonces ellos se acordaron

de lo que Dios había hecho

en los tiempos pasados;

se acordaron de cómo Moisés

había liberado a su pueblo,

y por eso se preguntaban:

“¿Dónde está ahora

el Dios que sacó del río Nilo a Moisés,

el líder de los israelitas?”

»También se preguntaban:

“¿Dónde está ahora

el Dios que puso en Moisés

su santo espíritu?

12-13¿Dónde está ahora

el Dios que con su gran poder

acompañó a Moisés;

el Dios que se hizo famoso

cuando dividió el mar

para que su pueblo cruzara

librándolo de todo peligro?

14¿Dónde está el Dios

que le dio descanso a su pueblo,

como cuando el ganado

baja a pastar a la llanura?”»

Isaías terminó diciendo:

«¡Dios nuestro,

así guiaste a tu pueblo,

y te cubriste de gloria

Israel pide ayuda a Dios

15Israel oró a Dios y le dijo:

«Dios nuestro,

tú tienes en el cielo

tu santo y grandioso trono.

Muéstranos tu amor y tu poder;

déjanos ver tu ternura y compasión.

No seas indiferente a nuestro dolor.

16»¡Tú eres nuestro padre!

Aunque Abraham no nos reconozca,

ni Jacob se acuerde de nosotros,

tú eres nuestro Dios y nuestro padre;

¡siempre has sido nuestro salvador!

17»No permitas que nos alejemos de ti

ni que seamos desobedientes.

¡Por amor a nosotros,

tus fieles servidores,

y a las tribus que te pertenecen,

vuelve a mostrarnos tu bondad!

18No permitas que los malvados

sigan pisoteando tu santo templo.

19Desde hace mucho tiempo

nos hemos alejado de tus mandamientos;

¡vuelve a mostrarnos tu bondad!»