Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
60

La nueva Jerusalén

601-3Isaías dijo:

«Habitantes de Jerusalén,

ustedes están llenos de esplendor

porque la gloria de Dios

brilla sobre ustedes.

Una noche oscura

envuelve a las naciones,

pero Dios hará brillar su luz,

y así los reyes del mundo

verán la gloria futura de Israel».

4Dios dijo:

«Habitantes de Jerusalén,

levanten los ojos y miren a su alrededor:

todo el mundo se reúne en Jerusalén.

De muy lejos vienen familias enteras,

con sus niños en brazos.

5Al verlos llegar,

con los tesoros del mar

y las riquezas de las naciones,

se llenarán de gozo y alegría.

6»A Jerusalén vendrá mucha gente

de las regiones del desierto.

Vendrán montados

sobre muchos camellos.

También vendrá gente

del reino de Sabá.

Vendrá con incienso y oro,

y alabará mis grandes hechos.

7Las ovejas del país de Quedar

serán para ustedes;

sobre mi altar me podrán presentar

los carneros de Nebaiot

como ofrendas agradables,

y yo haré que mi templo

se vea aun más hermoso.

8-9»Llegan barcos de alta mar

trayendo a los habitantes de Jerusalén

con su oro y su plata.

Vienen para adorarme,

pues soy el Dios santo de Israel

que los llena de poder.

10»Habitantes de Jerusalén,

yo estuve muy enojado con ustedes

y por eso los castigué;

pero ahora les mostraré

lo mucho que los amo.

Gente extranjera reconstruirá

las murallas de la ciudad,

y los reyes de otras naciones

se pondrán a su servicio.

11»Los portones de Jerusalén

no se cerrarán ni de día ni de noche;

así las naciones,

bajo la guía de sus reyes,

podrán traerles sus riquezas.

12Todas las naciones

que no estén al servicio de ustedes

serán destruidas por completo».

13Dios continuó diciendo a los habitantes de Jerusalén:

«Todas las riquezas del Líbano

y todas sus finas maderas

vendrán a dar hermosura a mi templo,

donde he puesto mi trono.

14»Los descendientes

de sus antiguos enemigos

vendrán y se humillarán ante ustedes;

quienes antes los despreciaban,

se arrodillarán ante ustedes

y llamarán a Jerusalén:

“Ciudad del Dios santo de Israel”.

15»Jerusalén se ha quedado

abandonada, odiada y muy sola,

pero yo haré que llegue a ser

motivo de orgullo y alegría.

16Las naciones traerán

sus mejores alimentos

y los reyes le entregarán sus regalos.

Así los habitantes de Jerusalén

reconocerán que yo soy

el poderoso Salvador de Israel.

17»Yo, el Dios de Israel,

haré que gobierne la paz

y que haya justicia.

Les daré oro en vez de bronce,

plata en vez de hierro,

bronce en vez de madera,

y hierro en vez de piedras.

18»Nunca más se oirá en Israel

el ruido de la violencia,

ni habrá destrucción ni ruina:

a las murallas de Jerusalén

las llamarán “Salvación”,

y a sus portones “Alabanza”.

19Ya no será necesario

que el sol alumbre de día

y que la luna brille de noche,

porque para siempre

yo seré su luz y resplandor.

20»El sol jamás se ocultará

y la luna nunca perderá su luz,

porque yo soy el Dios de Israel,

y seré para ustedes

una luz que brillará para siempre.

Así pondré fin a su tristeza.

21»En Jerusalén solo vivirá gente honrada

que será la dueña del país.

Será como los brotes de una planta

que yo mismo plantaré;

será la obra de mis manos

que manifestará mi poder.

22Hasta la familia más pequeña

se convertirá en una gran nación.

Yo soy el único Dios,

y cuando llegue el momento,

haré que todo esto suceda pronto».

61

Anuncio de la salvación a Israel

611El fiel servidor de Dios dijo:

«El espíritu de Dios está sobre mí,

porque Dios me eligió y me envió

para dar buenas noticias a los pobres,

para consolar a los afligidos,

y para anunciarles a los prisioneros

que pronto van a quedar en libertad.

2»Dios también me envió para anunciar:

“Este es el tiempo que Dios eligió

para darnos salvación,

y para vengarse de nuestros enemigos”.

»Dios también me envió

para consolar a los tristes,

3para cambiar su derrota en victoria,

y su tristeza en un canto de alabanza.

»Entonces los llamarán:

“Robles victoriosos,

plantados por Dios

para manifestar su poder”.

4»Ustedes, habitantes de Jerusalén,

reconstruirán las ciudades antiguas

que quedaron en ruinas.

5Gente de otras naciones

vendrá a cuidar los rebaños,

los campos y las viñas de ustedes.

6»Ustedes serán llamados

Sacerdotes de Dios”,

“Fieles servidores de Dios”.

Disfrutarán de las riquezas de las naciones

y se adornarán con sus magníficas joyas.

7Porque ustedes han tenido que sufrir

el doble de lo que se merecían,

y los han llenado de vergüenza y de insultos.

Por eso recibirán doble porción de riquezas

y para siempre vivirán felices».

8Dios dijo:

«Yo, el único Dios, amo la justicia,

pero odio el robo y el crimen.

Por eso les daré una gran recompensa

y haré con ustedes un pacto

que nunca tendrá fin.

9Sus descendientes serán famosos

entre todas las naciones;

cuando la gente los vea, dirá:

“Son un pueblo bendecido por Dios”».

La alegría de los que habitan en Jerusalén

10Isaías dijo:

«¡Mi Dios me llena de alegría;

su presencia me llena de gozo!

Él me dio salvación

y me trató con justicia.

11»Así como de la tierra

brotan las semillas,

y en el jardín nacen las plantas,

así Dios hará brotar

la justicia y la alabanza

entre todas las naciones».

62

La nueva Jerusalén

621Isaías dijo:

«Por amor a ustedes,

habitantes de Jerusalén,

no me callaré.

Por amor a ustedes,

no descansaré

hasta que Dios les dé la victoria.

Cuando Dios los salve,

ustedes brillarán

como el sol al amanecer.

2»Israelitas, las naciones verán

cuando Dios los salve,

y todos los reyes de la tierra

reconocerán su grandeza.

Entonces Dios les dará

un nombre nuevo,

3y serán en la mano de Dios

como la hermosa corona de un rey.

4»Ya no le dirán a Jerusalén:

“Ciudad abandonada”,

sino: “La favorita de Dios”,

ni a la tierra de Israel:

“País en ruinas”,

sino: “La esposa de Dios”.

5Porque Dios se casará con ella,

como se casa un joven con su novia;

Dios la reconstruirá y vivirá feliz con ella,

como vive feliz el marido con su esposa.

6»Jerusalén, en tus murallas

yo he puesto guardias

que día y noche dirán:

“Ustedes, los que adoran a Dios,

no se queden callados.

7No le den a Dios

ni un minuto de descanso,

hasta que reconstruya Jerusalén

y la haga una ciudad famosa”.

8»Dios ha jurado por sí mismo:

“Nunca más permitiré

que los enemigos de Israel

se coman su trigo,

o que los extranjeros les quiten el vino

que con tanto trabajo hicieron.

9Israel comerá lo que coseche,

recogerá las uvas y beberá el vino nuevo,

cantando alabanzas a mi nombre

en los patios de mi santo templo”».

10Isaías continuó diciendo:

«¡Habitantes de Jerusalén,

salgan por los portones de la ciudad,

preparen un camino para el pueblo!

Háganlo con cuidado,

quítenle las piedras

y pongan señales

que sirvan de guía a las naciones.

11»Dios ha dado este mensaje

a todos los habitantes de la tierra:

“Digan a la ciudad de Jerusalén

que ha llegado su salvador;

díganle que Dios ha liberado a su pueblo.

12Los israelitas serán llamados:

‘Pueblo santo, salvado por su Dios’,

y a Jerusalén la llamarán:

‘Ciudad deseada’,

‘Ciudad llena de vida’.”»