Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
46

La derrota de los dioses de Babilonia

461Isaías dijo:

«Las estatuas de Bel y Nebo,

dioses de Babilonia,

se tambalean y caen al suelo.

Los babilonios las ponen

sobre animales de carga

que no soportan tanto peso.

2Estas estatuas se caen al suelo

y son llevadas a otros países,

porque son incapaces de salvarse».

3Dios dijo:

«Óiganme ustedes,

israelitas que aún quedan con vida:

Yo los he cuidado

desde antes que nacieran,

los he llevado en brazos

4y seguiré haciendo lo mismo

hasta que lleguen a viejos

y peinen canas;

los sostendré y los salvaré

porque yo soy su creador.

5»¿Con quién pueden compararme?

Yo no me parezco a nadie.

6Hay gente que gasta mucho oro y plata

para contratar un artesano

que le fabrique un dios.

Luego se arrodilla ante él para adorarlo.

7Cargan la estatua del dios

sobre sus hombros,

lo ponen en su sitio,

y de allí no se mueve.

Por más que griten

pidiéndole agua,

ese dios no les responde

ni puede librarlos de sus males.

8»Recuerden esto, pecadores,

y piénsenlo bien:

9recuerden todo lo que ha pasado

desde tiempos antiguos.

Yo soy Dios, y no hay otro;

soy Dios, y no hay nadie igual a mí.

10Yo anuncio desde el principio

lo que va a pasar al final,

y doy a conocer el futuro

desde mucho tiempo antes.

Les aseguro que todos mis planes

se cumplirán tal como yo quiero.

11»Yo he llamado de Persia

a un rey llamado Ciro;

él vendrá desde lejos,

como un ave de rapiña,

y hará lo que yo diga.

Tengo un plan, y haré que se cumpla.

Juro que así será.

12»Escúchenme, gente terca:

ustedes no están a salvo.

13Pero pronto vendré a salvarlos;

ya no demoraré más.

Yo le daré a Jerusalén la salvación,

y mi honor al pueblo de Israel».

47

La caída de Babilonia

471Dios dijo:

«Ciudad de Babilonia,

baja ya de tu trono

y siéntate en el suelo.

Eres como una viuda joven,

y no volverán a llamarte

“hermosa” y “delicada”.

2»Ya no podrás disfrutar

de lujos y privilegios;

ahora tendrás que trabajar.

Toma una piedra y muele el grano

para hacer la harina,

pues has quedado destruida

y tendrás que valerte por ti misma.

3-4»Yo, el Dios santo de Israel,

el Dios todopoderoso,

voy a vengarme de ti.

¡Ya te ven los pueblos

como si estuvieras desnuda!

5»¡Siéntate en silencio,

ciudad de Babilonia!

Siéntate en un rincón oscuro,

porque no volverán a llamarte

“Reina de las naciones”.

6»Yo me enojé con mi pueblo;

me enojé con los israelitas

y los dejé caer en tu poder.

Pero tú, Babilonia,

no te compadeciste de ellos,

y maltrataste a los ancianos

con una carga muy pesada.

7»Creíste que nunca dejarías de ser reina

y no te pusiste a pensar

cómo terminaría todo esto.

8»Por eso, ciudad de Babilonia,

escucha bien:

tú eres como una mujer

que ama el lujo

y se sienta tranquila en su trono;

piensas que nadie es mejor que tú,

y crees que nunca serás viuda

ni te quedarás sin hijos.

9»Pero de repente,

en un majestuoso día,

te sucederán dos desgracias,

y de nada te servirán

tus brujerías y tu magia:

te quedarás viuda

y perderás todos tus hijos.

10»A pesar de tu maldad,

te sentías segura,

porque nadie te llamaba la atención.

Tu sabiduría y tus conocimientos

te hicieron perder la cabeza,

mientras te decías a ti misma:

“Yo, y nadie más que yo”.

11Pero cuando menos lo esperes

te caerá una desgracia,

que ni con tu magia podrás evitar.

12»Babilonia,

sigue con las brujerías y la magia

que has practicado toda tu vida,

a ver si te sirven de algo,

a ver si consigues asustar a alguien.

13»¡Que se presenten ahora

los sabios que te han dado consejos!

¡Que traten de salvarte

los que miran a los astros

para anunciarte el futuro!

14Pero esos adivinos son como paja:

el fuego los devorará

y no podrán salvarse de las llamas.

Ese fuego no será

como el fuego de una chimenea

que da calor al hogar.

15Esos adivinos,

que has consultado toda tu vida,

andan perdidos, cada uno por su lado.

¡Así que nadie podrá salvarte!»

48

Dios cumple su palabra

481Isaías dijo:

«Escuchen esto, israelitas,

descendientes de Jacob;

escuchen esto, ustedes,

los que pertenecen a la tribu de Judá:

Ustedes juran y oran

en el nombre del Dios de Israel,

pero no lo hacen como es debido.

2Ustedes están muy orgullosos

de vivir en la santa ciudad de Jerusalén,

y de ser protegidos por el Dios de Israel,

cuyo nombre es Dios todopoderoso».

3Sin embargo, Dios declara:

«Yo di a conocer los hechos del pasado

antes de que sucedieran;

y tal como lo había anunciado

estos hechos se cumplieron.

4Como yo sabía que ustedes

tienen la cabeza más dura

que el hierro y el bronce,

5les anuncié todo esto

desde mucho antes;

así no podrían decir

que eso lo hizo un falso dios.

6Si ustedes se fijan bien,

reconocerán que todo esto es cierto.

Dios anuncia cosas nuevas

»Ahora les voy a anunciar

cosas nuevas y ocultas,

que ustedes no conocían.

7Hoy voy a crear algo nuevo,

algo que antes no existía.

Ustedes, hasta hoy,

no habían oído hablar de ellas:

así que no podrán decir

que ya las sabían.

8Ustedes no habían oído

ni conocido nada de esto,

porque yo bien sabía

que ustedes son infieles

y que siempre han sido rebeldes.

9»Yo he tenido paciencia con ustedes.

Por respeto a mí mismo,

controlé mis deseos de destruirlos.

10Yo los limpié de su maldad

por medio del sufrimiento,

y no lo hice por dinero.

11Lo hice por respeto a mí mismo

y para salvar mi honor.

Porque mi nombre

debe ser siempre respetado.

Yo nunca permitiré

que adoren a otros dioses,

porque solo a mí deben adorar».

Dios salvará a su pueblo

12Dios dijo:

«Pueblo de Israel, yo te he llamado.

Yo soy el único Dios,

el primero y el último.

13Con mi poder hice el cielo y la tierra:

con solo pronunciar sus nombres,

comenzaron a existir.

14Por lo tanto, israelitas,

reúnanse ahora todos ustedes,

y escúchenme:

»Yo elegí a Ciro, el rey de Persia,

y él hará con Babilonia

todo lo que he decidido.

Nadie antes anunció

todo esto de antemano.

15Fui yo quien lo dijo;

fui yo quien hizo venir a Ciro,

y quien siempre le dará la victoria.

16»Acérquense a mí y escuchen:

todo esto lo pensé de antemano

y nunca lo guardé en secreto.

Ahora yo, el único Dios,

he enviado a Ciro

y le he dado mi poder».

Dios guía a su pueblo

17Dios, el Salvador y santo de Israel, continuó diciendo:

«Israel, yo soy tu Dios,

que te enseña lo bueno

y te dice lo que debes hacer.

18¡Ojalá me hubieras hecho caso!

Entonces habrías sido muy feliz

19y ahora tus descendientes

serían tan numerosos

como las arenas del mar.

Yo nunca los habría destruido

ni los habría apartado de mi vista».

Dios da la libertad a su pueblo

20Isaías les dijo a los israelitas:

«¡Salgan ya de Babilonia,

huyan de ese país!

¡Anuncien su liberación

con gritos de alegría!

Griten por todas partes:

“¡Dios ha puesto en libertad

a Israel, su fiel servidor!”

21»Dios hizo que ustedes pasaran

por lugares desiertos,

pero no sufrieron de sed,

porque él partió la roca

y brotó agua en abundancia.

22En cambio, a los malvados

nunca les va bien».