Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
34

Dios juzgará a las naciones

341Isaías advirtió:

«Pueblos y naciones,

habitantes de toda la tierra:

¡Acérquense y escuchen!

¡Presten atención!

2Dios está enojado con ustedes

y con todos sus ejércitos.

Dios los ha condenado

a una total destrucción.

3»Por las montañas correrán

verdaderos ríos de sangre.

Los muertos quedarán abandonados,

y despedirán mal olor.

4Los planetas dejarán de verse,

el cielo se cerrará,

y las estrellas caerán

como hojas secas en otoño».

Dios castigará al reino de Edom

5Isaías continuó diciendo:

«Ya se ve en el cielo

la espada de nuestro Dios;

está a punto de castigar

a todo el pueblo de Edom.

¡Dios lo ha condenado a muerte!

6Habrá una matanza en Bosrá,

la ciudad capital de Edom,

y correrá mucha sangre.

La espada de Dios se empapará

de sangre y de grasa,

como cuando en el altar

se ofrecen corderos y cabras.

7La gente caerá muerta

como los toros en el matadero.

Su país se empapará de sangre;

¡la tierra se llenará de grasa!

8Ese día Dios se vengará;

será el año de su venganza

en favor de Jerusalén.

9»Por los arroyos de Edom

correrá brea34.9 Brea. Sustancia parecida al betún, que se encontraba en Mesopotamia y en el valle del Jordán. Se untaba en las rendijas de los barcos o de los canastos para que el agua no penetrara. en vez de agua;

la tierra se volverá azufre

y arderá como resina caliente,

10que arde todo el tiempo

y siempre levanta mucho humo.

El país quedará abandonado para siempre,

y nadie volverá a pasar por allí.

11Dios convertirá ese país

en el más árido desierto.

Allí se refugiarán los búhos;

allí pondrán sus nidos

los cuervos y las lechuzas.

12»No volverán a tener reyes,

y se quedarán sin jefes.

13En sus palacios y fortalezas

crecerán cardos y espinos,

y allí buscarán refugio

los chacales y los avestruces.

14Allí las cabras

se llamarán unas a otras;

se juntarán los chacales

y los gatos monteses.

»Allí encontrará su lugar

el fantasma que espanta de noche;

15allí anidará la serpiente,

que pondrá sus huevos

y tendrá sus crías;

¡allí se reunirán los buitres,

cada uno con su pareja!

16»Estudien el libro de Dios;

lean lo que allí dice:

De todos estos animales

no faltará uno solo;

todos tendrán su pareja

porque así Dios lo decidió;

Dios los ha reunido

con un soplo de su aliento.

17A cada uno de estos animales

le dio su propio territorio,

y allí vivirán para siempre».

35

Los israelitas volverán a Jerusalén

351Isaías anunció:

«¡El desierto florecerá

y la tierra seca dará fruto!

2Todo el mundo se alegrará

porque Dios le dará al desierto

la belleza del monte del Líbano,

la fertilidad del monte Carmelo

y la hermosura del valle de Sarón.

3»Fortalezcan a los débiles,

den fuerza a los cansados,

4y digan a los tímidos:

“¡Anímense, no tengan miedo!

Dios vendrá a salvarlos,

y a castigar a sus enemigos”.

5»Entonces se abrirán

los ojos de los ciegos

y se destaparán

los oídos de los sordos;

6-7los que no pueden andar

saltarán como venados,

y los que no pueden hablar

gritarán de alegría.

»En medio del árido desierto

brotará agua en abundancia;

en medio de la tierra seca

habrá muchos lagos y manantiales;

crecerán cañas y juncos

donde ahora habitan los chacales,

8en pleno desierto habrá un sendero

al que llamarán “Camino Sagrado”.

»No pasarán por ese camino

ni los impuros ni los necios;

9no se acercarán a él

ni los leones ni otras fieras.

Ese camino es para los israelitas,

que han estado prisioneros,

10pero que Dios va a liberar.

Y ellos entrarán en Jerusalén

cantando con mucha alegría,

y para siempre vivirán felices.

Se acabarán el llanto y el dolor,

y solo habrá alegría y felicidad».

36

El rey de Asiria invade Judá

(2 R 18.13-37; 2 Cr 32.1-19)

361Ezequías tenía ya catorce años gobernando, cuando el nuevo rey de Asiria, llamado Senaquerib, atacó todas las ciudades fortificadas de Judá y las conquistó. 2Senaquerib envió desde Laquis a uno de sus oficiales de confianza al frente de un poderoso ejército para que hablara con Ezequías en Jerusalén. Cuando llegaron, acamparon junto al canal del estanque de Siloé, por el camino que va a los talleres de los teñidores de telas. 3Eliaquim, encargado del palacio del rey Ezequías, y Sebná y Joah, sus dos secretarios, salieron a recibirlo. 4Entonces el oficial asirio les dio este mensaje para Ezequías:

«El gran rey de Asiria quiere saber por qué te sientes tan seguro de ganarle. 5Para triunfar en la guerra no bastan las palabras; hace falta un buen ejército y un buen plan de ataque. ¿En quién confías, que te atreves a luchar contra el rey de Asiria? 6¿Acaso confías en Egipto? Ese país y su rey son como una caña astillada que se romperá si te apoyas en ella, y te herirá. 7Y si me dices que confías en tu Dios, entonces por qué has quitado todos los altares y ordenaste que tu pueblo lo adore solamente en Jerusalén.

8»Tú no tienes con qué atacarme. Es más, si ahora mismo me muestras a dos jinetes yo te doy los caballos. 9Y si estás esperando a los egipcios, déjame decirte que los caballos y carros de combate de Egipto no harán temblar ni al más insignificante de mis soldados. 10Además, hemos venido a destruir este país, porque Dios nos ordenó hacerlo».

11Eliaquim, Sebná y Joah le dijeron al oficial asirio:

—Por favor, no nos hable usted en hebreo. Háblenos en arameo, porque todos los que están en la muralla de la ciudad nos están escuchando.

12El oficial asirio les respondió:

—El rey de Asiria me envió a hablarles a ellos y no a ustedes ni a Ezequías, porque ellos, lo mismo que ustedes, se van a quedar sin comida y sin agua. Será tanta el hambre y la sed que tendrán, que hasta se comerán su propio excremento y beberán sus propios orines.

13Después el oficial asirio se puso de pie y gritó muy fuerte en hebreo:

«Escuchen lo que dice el gran rey de Asiria: 14“No se dejen engañar por Ezequías, porque él no puede salvarlos de mi poder. 15Si les dice que confíen en Dios porque él los va a salvar, 16no le crean. Hagan las paces conmigo y ríndanse. Entonces podrán comer las uvas de su propio viñedo, los higos de sus árboles y beber su propia agua. 17Después los llevaré a un país parecido al de ustedes, donde hay trigo, viñedos, olivos y miel. 18-20No escuchen a Ezequías, pues él los engaña al decirles que Dios los va a salvar. A otras naciones, sus dioses no pudieron salvarlas de mi poder. Ni los dioses de Hamat, Arpad y Sefarvaim, pudieron salvar a Samaria de mi poder; ¿cómo esperan que el Dios de ustedes pueda salvar a Jerusalén?”»

21La gente se quedó callada, porque el rey les había ordenado no contestar. 22Después Eliaquim, Sebná y Joah rompieron su ropa en señal de angustia, y fueron a contarle al rey Ezequías lo que había dicho el oficial asirio.