Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
28

Anuncio de la destrucción de Samaria

281-3Isaías anunció:

«¡Qué mal le va a ir a Samaria,

capital del reino del norte!

Para sus habitantes

esa ciudad es como una corona

que los llena de orgullo.

Pero es una ciudad de borrachos

y sus jefes son como flores

que se secan y se marchitan.

»Asiria es un pueblo poderoso;

Dios lo tiene preparado

como una tormenta de granizo,

como lluvia torrencial y destructora,

como una terrible inundación.

Con su poder y su fuerza,

Asiria echará por tierra

a la ciudad de Samaria,

4ese adorno de flores marchitas.

¡La arrancará como a fruta madura!

5»Ese día, el Dios todopoderoso

será una corona maravillosa

para la gente de su pueblo

que aún quede con vida.

6Dios hará que sus jueces sean justos

y dará valor a los soldados

que defiendan la ciudad».

Amenaza y promesas a Jerusalén

7Isaías también dijo:

«Los profetas y los sacerdotes

se tambalean y tropiezan

por tanto licor que beben.

Están demasiado borrachos

para recibir palabra de Dios.

8¡Todas sus mesas

están llenas de vómitos!

¡No hay un solo lugar limpio!

9Además, se burlan de mí y dicen:

“¡Cómo se atreve a darnos lecciones

y a enseñarnos lo que dice Dios!

¡Ni que fuéramos niños chiquitos

10que estuviéramos aprendiendo a leer!”

11»Pues bien, si ustedes no hacen caso,

Dios les hablará,

pero lo hará en un lenguaje extraño,

en un idioma que no podrán entender.

12Ya Dios les había dicho:

“Aquí hay tranquilidad;

¡aquí pueden descansar!”

Pero ustedes no quisieron obedecerlo.

13Por eso Dios les hablará

como si fueran unos niños chiquitos

que apenas saben leer.

Serán como niños que empiezan a caminar:

se caerán de espaldas, se lastimarán

y no podrán levantarse.

Amenazas a los gobernantes

14»Hombres sinvergüenzas,

que gobiernan en Jerusalén:

¡escuchen bien a Dios!

15»Ustedes se sienten muy seguros

por haber hecho un trato con Egipto;

pero es un trato de muerte,

es un trato engañoso.

16»Por eso Dios dice:

“Yo seré para Jerusalén

una piedra valiosa y escogida.

Seré la piedra principal

y serviré de base al edificio.

El que se apoye en mí

podrá vivir tranquilo,

17porque usaré como guías

la justicia y la rectitud”.

»Ustedes confían

en que Egipto los protegerá,

pero el poderoso ejército de Asiria

destruirá esa falsa protección.

18Quedará anulado ese trato de muerte

que hicieron con Egipto;

cuando llegue el momento terrible,

una gran desgracia los aplastará.

19El enemigo los arrastrará

cada vez que los ataque.

Vendrá día tras día;

vendrá de día y de noche.

Cuando oigan que viene el enemigo,

se pondrán a temblar de miedo.

20Será como si se acostaran

en una cama demasiado chica;

será como si se abrigaran

con una manta demasiado corta.

21»Dios está decidido a actuar

como actuó en el monte Perasim;

Dios va a manifestar su enojo

como en el valle de Gabaón.

Dios está a punto de actuar,

y lo hará de manera misteriosa.

22Por eso, ¡dejen ya de burlarse,

no sea que les vaya peor!

He sabido que el Dios todopoderoso

ha resuelto destruir todo el país.

La parábola del agricultor

23»¡Presten atención,

oigan mis palabras,

escúchenlas con cuidado!

24Cuando el campesino va a sembrar,

no se pasa todo el tiempo

arando, abriendo surcos

y rastrillando el terreno.

25Primero empareja la tierra,

luego arroja las semillas

de eneldo o de comino,

siembra el trigo en hileras,

y planta cebada y centeno

en los bordes de su campo.

26-28Porque el eneldo no se trilla

ni se pasa sobre el comino

la rueda de una carreta;

el eneldo se sacude con un palo,

y el comino, con una vara.

El trigo no se trilla sin parar;

más bien, se le pasa una carreta

y el grano se separa,

pero sin molerlo.

»Todo esto se aprende de Dios.

29Todo este conocimiento

proviene del Dios todopoderoso.

Dios hace planes admirables

y los realiza con sabiduría».

29

Ataque contra Jerusalén

291Dios anunció:

«Jerusalén, ciudad de David,

¡qué mal te va a ir!

Sigue con tus celebraciones

y haz fiesta año tras año,

2pero yo te pondré en problemas.

»Entonces gritarás y llorarás,

y la ciudad arderá en llamas,

como se queman los animales

que se ofrecen en el altar.

3Yo te rodearé con mi ejército;

pondré alrededor de ti

fortalezas y torres de asalto.

4Tú serás humillada,

quedarás tirada en el suelo;

apenas se oirán tus palabras,

tu voz parecerá la de un fantasma.

5-6»Yo, el Dios todopoderoso,

castigaré de repente a tus enemigos.

Los castigaré con truenos,

con el estruendo de un terremoto,

con incendios, tormentas y tempestades.

Los muchos enemigos que te persiguen

quedarán hechos polvo;

¡serán arrastrados como paja!

7»Los ejércitos que atacan a Jerusalén

y quieren derribar sus fortalezas

desaparecerán por completo,

como la niebla al salir el sol.

8Los grandes ejércitos

que atacan a Jerusalén,

morirán de hambre y de sed.

Soñarán que comen y beben,

pero cuando se despierten

tendrán el estómago vacío

y la garganta reseca».

Israel parece estar ciego

9Isaías dijo:

«¡Ustedes los profetas,

sigan actuando como unos tontos!

¡Sigan como ciegos, sin ver nada!

¡Sigan tambaleándose como borrachos,

aun sin haber tomado vino!

10Dios ha hecho caer sobre ustedes

un sueño muy profundo.

Ustedes los profetas

deberían ser los ojos del pueblo,

pero son incapaces de ver nada.

11Las visiones que reciben de Dios

no pueden entenderlas;

es como si quisieran leer

el texto de un libro cerrado.

Si se les diera ese libro

para que lo leyeran,

dirían: “No podemos leerlo,

porque el libro está cerrado”.

12Mientras tanto, otros dicen:

“No podemos leerlo

porque no sabemos leer”».

13Dios le dijo a Isaías:

«Este pueblo dice que me ama,

pero no me obedece;

me rinde culto,

pero no es sincero

ni lo hace de corazón.

14Por eso, voy a hacer

cosas tan maravillosas

que este pueblo quedará asombrado.

Entonces destruiré

la sabiduría de sus hombres sabios

y la inteligencia

de sus personas inteligentes».

Advertencia de Isaías

15Isaías dijo:

«¡Qué mal les va a ir

a los que tratan de esconderse

para que Dios no los vea

cuando hacen sus planes malvados!

¡Qué mal les va a ir

a los que andan diciendo:

“Nadie nos ve, nadie se da cuenta”!

16¡Pero eso es un disparate!

Es como si el plato de barro

quisiera ser igual a quien lo hizo.

Pero no hay un solo objeto

que pueda decir a quien lo hizo:

“¡Tú no me hiciste!”

Tampoco puede decirle:

“¡No sabes lo que estás haciendo!”

Promesa de salvación a Israel

17»Dentro de muy poco tiempo,

el bosque se convertirá

en un campo de cultivo,

y el campo de cultivo

se parecerá a un bosque.

18En ese día los sordos podrán oír

cuando alguien les lea en voz alta,

y los ciegos podrán ver,

porque para ellos

no habrá más oscuridad.

19Los más pobres y necesitados

se alegrarán en nuestro santo Dios.

20Ese día desaparecerán

los insolentes, los orgullosos,

y los que solo piensan

en hacer el mal.

21»Se acabarán los mentirosos

que acusan a otros falsamente.

Se acabarán también

los que ponen trampas a los jueces

y los que con engaños

niegan justicia al inocente».

22Por eso dice el Dios de Israel, el que rescató a Abraham:

«De ahora en adelante,

los israelitas no sentirán más vergüenza.

23Cuando sus descendientes vean

todo lo que hice entre ellos,

reconocerán que soy un Dios santo

y me mostrarán su respeto.

24Los que estaban confundidos

aprenderán a ser sabios;

¡hasta los más testarudos

aceptarán mis enseñanzas!»

30

Contra los que confían en Egipto

301Dios dijo:

«¡Qué mal les va a ir a ustedes,

israelitas rebeldes!

Hacen planes sin tomarme en cuenta,

y pecan una y otra vez.

2Piden ayuda al rey de Egipto,

pero sin consultarme;

buscan refugio bajo su poder,

3pero ese rey no podrá protegerlos;

Egipto no les dará refugio.

4»Ustedes, los israelitas,

han mandado embajadores

hasta las ciudades egipcias

de Soan y de Hanés;

5pero van a quedar avergonzados,

porque esa gente inútil,

en vez de ayudarlos,

les causará muchas desgracias».

La ayuda de Egipto no servirá de nada

6Isaías dijo:

«Esto dice nuestro Dios acerca de Egipto,

ese animal feroz del desierto del sur:

“Los israelitas llevan a Egipto

todos sus tesoros y riquezas.

Todo eso lo llevan

a lomo de burro y de camello.

Cruzan el desierto,

que está lleno de peligros.

Allí hay leones feroces,

víboras y dragones voladores.

7Pero Egipto no podrá ayudarlos.

Por eso he dicho acerca de él:

‘Perro que ladra, no muerde’.”»

8Entonces Dios le dijo a Isaías:

«Ven ahora y escribe este refrán;

ponlo sobre una tablilla

para que sirva de testimonio

y siempre se recuerde».

El castigo de la rebeldía

9Isaías dijo:

«Los israelitas son un pueblo

que no quiere obedecer

las enseñanzas de Dios.

Son infieles y rebeldes.

10No quieren que los videntes

cuenten sus visiones;

tampoco quieren que los profetas

les digan la verdad.

Prefieren que les hablen

de cosas agradables;

prefieren seguir creyendo

que todo les saldrá bien.

11A unos y a otros les piden

que dejen de obedecer a Dios;

no quieren que sigan hablando

del Dios santo de Israel.

12»Por eso, Dios les dijo:

“Ustedes rechazan mis advertencias,

y prefieren confiar en la violencia

y en palabras mentirosas.

13Por lo tanto,

su pecado caerá sobre ustedes

como un muro alto y agrietado,

que se viene abajo

cuando uno menos lo espera.

14Será como un jarro

que se rompe por completo.

Tan pequeños son los pedazos

que no sirven para nada;

¡ni para remover el fuego

ni para sacar agua de un pozo!”

15»Por lo tanto,

así dice el Dios santo de Israel:

“Vuelvan a obedecerme,

y yo les daré poder.

Si en verdad confían en mí,

manténganse en calma

y quedarán a salvo.

Pero ustedes me rechazan;

16prefieren escapar a caballo

o en carros muy veloces.

”Pues bien, si así lo prefieren,

tendrán que huir a caballo;

¡pero sus perseguidores

serán más veloces que ustedes!

17Bastará un solo enemigo

para llenar de miedo a mil;

¡serán suficientes cinco de ellos

para amenazar a todos ustedes!

Y cuando todo haya terminado,

de ustedes quedarán tan pocos

que parecerán un poste solitario

en la parte alta de un monte”».

Promesas de salvación

18Isaías continuó diciendo:

«Nuestro Dios ama la justicia y quiere demostrarles cuánto los ama. En verdad, Dios ama a los que confían en él, y desea mostrarles compasión.

19»Y ustedes, israelitas que viven en la ciudad de Jerusalén, ya no tienen por qué llorar. Dios les tendrá compasión tan pronto como le pidan ayuda. En cuanto oiga sus gritos, les responderá. 20Y si acaso les envía algún sufrimiento, ya no se quedará escondido. Dios es su maestro, y ustedes lo verán con sus propios ojos.

21»Si acaso dejan de adorarlo, oirán una voz que les dirá: “No hagan eso, porque eso no me agrada. Adórenme solo a mí”. 22Ustedes llegarán a ver como basura sus ídolos de oro y plata. 23Entonces, cuando siembren sus campos, Dios les enviará lluvia. Así la tierra producirá trigo en abundancia.

»Ese día, su ganado tendrá mucho lugar donde pastar. 24También los bueyes y los burros que trabajan en sus campos podrán alimentarse de ricos pastos.

25»Cuando Dios castigue a sus enemigos y destruya sus fortalezas, bajarán de las colinas y de las altas montañas grandes corrientes de agua. 26Ese día Dios les sanará las heridas, porque ustedes son su pueblo. La luz de la luna será tan brillante como la del sol, y el sol brillará siete veces más. ¡Será como si brillaran siete soles juntos!»

El castigo de Asiria

27Isaías continuó diciendo:

«¡Miren a lo lejos!

¡Dios mismo se acerca!

Su furia es como fuego ardiente;

sus labios y su lengua

son un fuego destructor.

28El aliento de Dios

parece un río desbordado

que todo lo inunda.

Dios viene contra las naciones,

para derrotarlas por completo

y hacerlas perder el rumbo.

29»Ustedes, en cambio,

escucharán canciones

como en una noche de fiesta;

irán con el corazón alegre,

como los que caminan

al ritmo de las flautas.

Irán al monte de Dios,

pues él es nuestro refugio.

30»Dios dejará oír su voz majestuosa

y nos demostrará su poder.

Sus rayos, aguaceros y granizos

son destructores como el fuego.

31»Cuando Asiria oiga la voz de Dios,

sabrá el castigo que le espera

y se llenará de miedo.

32Dios la atacará en la guerra,

y cuando la destruya,

sonarán arpas y tambores.

33Desde hace mucho tiempo

Dios tiene preparado

un lugar de castigo

para Asiria y para su rey.

Es un lugar ancho y profundo,

y tiene mucha leña.

Cuando Dios sople sobre ella,

la leña se encenderá

como una lluvia de azufre».