Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
22

Mensaje contra Jerusalén

221Dios le mostró a Isaías lo que iba a hacer en el Valle de la Visión:

«¿Qué pasa en Jerusalén?

¿Por qué todos suben a las azoteas

y gritan de alegría?

»Es verdad que los enemigos se han retirado,

2pero esta ciudad, que antes vivía alegre,

ahora está llena de muertos;

ninguno presentó pelea,

ninguno murió en batalla.

3Nuestros jefes y soldados huyeron;

salieron corriendo,

pero fueron atrapados.

4»¡Déjenme solo!,

no traten de consolarme.

Mi pueblo está en ruinas,

y quiero llorar y apagar mi tristeza.

5»El Dios todopoderoso

nos ha enviado este terrible castigo.

En el Valle de la Visión

solo veo destrucción y terror.

¡El enemigo derribó nuestras murallas,

y se oyen gritos de dolor en las montañas!

6»Los soldados de Elam y de Quir

llegaron en sus carros de guerra,

armados con escudos y flechas.

7Sus carros de guerra llenaron

los hermosos valles de Jerusalén.

Los soldados y sus caballos

rodearon la ciudad.

8¡Judá quedó indefensa!»

Ese día nuestra gente se dio cuenta de que había armas en el Palacio del Bosque. 9-10También se dieron cuenta de que los muros de Jerusalén estaban dañados; entonces revisaron las casas de la ciudad y derribaron algunas de ellas. Así tuvieron suficientes piedras para reparar los muros. Luego tomaron el agua del tanque viejo, 11y llenaron un tanque que construyeron entre las dos murallas. Pero no se dieron cuenta de que fue Dios quien había planeado ese ataque desde hacía mucho tiempo.

No hay perdón para Jerusalén

12Isaías dijo:

«El Dios todopoderoso les aconsejó

que debían ponerse a llorar

y vestirse de luto en señal de dolor.

13Pero ustedes hicieron fiesta

y se llenaron de alegría;

comieron carne y tomaron vino,

y dijeron:

“Comamos y bebamos

que mañana moriremos”.

14»Por eso Dios me dijo al oído:

“Yo soy el Dios todopoderoso,

y nunca les perdonaré este pecado”».

Cambio de funcionarios

15El Dios todopoderoso le dijo a Isaías:

«Busca a Sená, el mayordomo del palacio, y dile:

16“Y tú, ¿quién te crees?

¿Quién te dio permiso

para construirte una tumba

en el cementerio de los reyes?

17-19”Dios te quitará de tu puesto,

y serás la vergüenza de tu jefe.

Dios hará que te lleven como esclavo

a un país muy lejano.

Él te pateará con fuerza

y te arrojará a campo abierto,

como si fueras una pelota.

Allí morirás,

y de nada te servirán

tus famosos carros de guerra.

20”Escucha bien, Sená:

Dios llamará a Eliaquim, su leal servidor,

21le dará tu puesto y tu misma autoridad.

Eliaquim será como un padre

para los habitantes de Jerusalén

y para la familia del rey de Judá.

22Dios le entregará

el poder que tuvo el rey David.

Lo que Eliaquim ordene se cumplirá,

y nadie podrá contradecirlo.

23Él será un orgullo para su familia,

y Dios lo protegerá de todo enemigo.

24Toda su familia se sentirá orgullosa

y contará con su apoyo.

25”Pero llegará un día

en el que también Eliaquim pecará

junto con toda su familia

y todos los que en él confiaron.

El Dios todopoderoso

jura que así será”».

23

Mensaje contra Tiro y Sidón

231Dios le mostró a Isaías lo que haría contra la ciudad de Tiro:

«Los marineros de Tarsis están tristes:

desde la isla de Chipre

les ha llegado una terrible noticia;

la ciudad de Tiro ha sido destruida

y el puerto ha quedado en ruinas.

2»Los habitantes de Tiro

y los comerciantes de Sidón

se han quedado en silencio.

Sus barcos iban y venían

con ricas mercancías.

3Comerciaban con muchas naciones,

y con el trigo de Egipto

ganaban mucho dinero.

4»Pero ahora los de Sidón

se llenarán de vergüenza;

han sido los amos y señores del mar,

pero el mar ya no les dará riquezas,

y sus hijos no prosperarán.

5»Cuando la noticia llegue a Egipto,

todos llorarán de tristeza por Tiro,

6y dirán a los habitantes de la costa:

“Vayan al lugar más lejano del mundo,

y al llegar pónganse a llorar”.

7»Tiro era la ciudad más antigua

y la más alegre que conocíamos.

Su gente podía viajar a lugares lejanos,

y allí se quedaba a vivir.

8Sus comerciantes eran gente importante;

todo el mundo los recibía con honores.

»¿Quién decidió destruir tan importante ciudad?

9¡Lo decidió el Dios todopoderoso,

para humillar a todos los orgullosos

y derribar a los poderosos de la tierra!

10»¡Habitantes de Tiro,

mejor dedíquense a la agricultura,

porque el puerto está destruido

y los barcos de Tarsis ya no vendrán!

11»Dios mostró su poder en el mar

y atacó a las naciones.

Dios mandó destruir

las fuertes ciudades de Canaán,

12y le dijo a Sidón:

“Tu fiesta se acabó;

tu ciudad capital ha sido destruida.

Aunque huyas a la isla de Chipre,

no encontrarás paz allí”.

13»Gente de Tiro y de Sidón,

miren lo que pasó con Babilonia.

Ese pueblo ya no existe,

porque el ejército de Asiria lo destruyó.

Los soldados levantaron torres de asalto,

y destruyeron los palacios.

Ahora los animales del desierto

viven entre sus ruinas.

14»¡Los marineros de Tarsis están tristes,

porque su puerto ha sido destruido!»

15Todos se olvidarán de la ciudad de Tiro por unos setenta años, que es lo que llega a vivir un rey. Al cabo de ese tiempo, a Tiro le pasará lo que dice la canción de la prostituta:

16«Prostituta olvidada,

toma tu arpa y recorre la ciudad;

toca buena música,

entona muchos cantos,

a ver si se acuerdan de ti».

17Cuando esos setenta años terminen, Dios dejará que Tiro vuelva a tener su actividad comercial, y volverá a tener relaciones comerciales con todos los países de la tierra. 18Pero Tiro no disfrutará de sus ganancias, sino que se las dará a Dios, y con ellas se comprarán abundantes alimentos y ropas finas para los que adoran a Dios.

24

Dios castiga la tierra

241Isaías dijo:

«¡Dios va a convertir la tierra en un desierto!

¡Todos sus habitantes se dispersarán!

2A todos les pasará lo mismo:

al sacerdote y al pueblo,

a los amos y a los esclavos,

al que compra y al que vende,

al que presta y al que pide prestado,

al rico y al pobre.

3¡La tierra quedará totalmente arruinada!

El Dios de Israel ha jurado que así lo hará.

4»La tierra se ha secado y marchitado;

la gente más poderosa

se ha quedado sin fuerzas.

5La tierra se ha llenado de maldad,

porque sus habitantes

no han cumplido las leyes de Dios.

Se habían comprometido

a obedecerlo por siempre,

pero ninguno cumplió con ese pacto.

6Todos han pecado;

por eso la tierra está bajo maldición

y muy pocos han quedado con vida.

La ciudad está desierta.

7»Los viñedos se han secado;

ya casi no hay vino.

Los que antes cantaban de alegría

ahora mueren de tristeza.

8Ya no suenan los alegres tambores

y el arpa ha quedado en silencio;

¡se acabó la fiesta!

9»El vino se ha vuelto vinagre

y nadie entona una canción.

10La ciudad está en ruinas,

todo es un desorden,

y las casas se han cerrado.

11Por las calles la gente

pide a gritos un poco de vino.

»¡La alegría abandonó la tierra!

12La ciudad quedó destruida,

y sus portones, hechos pedazos.

13Las naciones quedaron vacías,

como un árbol de olivo

después de la cosecha.

Algunos se salvarán

14-16»Los pocos que se salven

gritarán y saltarán de alegría.

¡Por todos los rincones del mundo

se oirán cantos de alabanza

para el Dios que ama la justicia!»

El triunfo de Dios

Isaías continuó diciendo:

«Mi ánimo está por los suelos;

¡siento que me muero de tristeza!

»No se puede confiar en los traidores,

porque engañan y no tienen compasión.

17Y a ti, habitante de la tierra,

te esperan el terror y las trampas:

18si te libras del terror,

te hundirás en una trampa,

y si sales de ella con vida,

caerás en otra trampa.

»Lloverá muy fuerte;

un diluvio hará temblar

los cimientos de la tierra.

19Un gran terremoto sacudirá la tierra

hasta dejarla hecha pedazos.

20La tierra temblará como un borracho,

y se vendrá abajo como frágil choza.

¡Pesa tanto el pecado de la gente

que la tierra caerá

y no volverá a levantarse!

21»Ese día, Dios castigará

a los que gobiernan con maldad

en el cielo y en la tierra.

22Los meterá en un calabozo,

los tendrá encarcelados,

y al final los castigará.

23El sol y la luna se oscurecerán,

porque el Dios todopoderoso

reinará desde Jerusalén,

y los jefes de su pueblo

serán testigos del poder de Dios».