Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
1

11Yo soy el profeta Habacuc. Dios me encargó dar este mensaje a su pueblo.

Habacuc habla con Dios

2Dios mío,

a gritos te pido que me ayudes,

pero tú no me escuchas;

¿cuándo vas a hacerme caso?

Te he rogado que acabes con la violencia,

pero tú no haces nada.

3¿Por qué me obligas a ver

tanta violencia e injusticia?

Por todas partes veo

solo pleitos y peleas;

por todas partes veo

solo violencia y destrucción.

4Nadie obedece tus mandamientos,

nadie es justo con nadie.

Los malvados maltratan a los buenos,

y por todas partes hay injusticia.

5Dios respondió:

«Fíjense en las naciones.

Miren lo que sucede entre ellas.

Lo que pronto van a ver

los dejará con la boca abierta.

Si alguien les contara esto,

ustedes no podrían creerlo.

6»Voy a hacer que los babilonios

se dispongan a atacarlos.

Son un pueblo muy cruel,

y recorren el mundo

para adueñarse de tierras ajenas.

7Para ellos solo vale su ley

y solo importa su honor;

¡son un pueblo terrible!

8»Sus caballos y sus jinetes

vienen galopando desde muy lejos;

son más veloces que los leopardos

y más feroces que los lobos nocturnos;

se lanzan sobre sus enemigos

como el águila sobre su presa.

9A su paso lo destruyen todo;

a su paso siembran el terror,

y los prisioneros que toman

son tantos como la arena del mar.

10»Se ríen de reyes y gobernantes,

se burlan de sus murallas,

y construyen rampas de arena

para conquistar sus ciudades.

11Son como un viento violento

que llega, golpea y se va;

pero son culpables de un gran pecado:

no tienen más dios que su fuerza».

12Yo, Habacuc, digo:

Dios de Israel,

tú eres un Dios santo;

siempre has existido,

y no nos dejarás morir

porque eres nuestro refugio;

sé que usarás a Babilonia

solo para castigar a tu pueblo.

13Tú no soportas la maldad,

ni aceptas el pecado.

No te quedes callado

ni permitas que los malvados

maten a quienes somos buenos.

14Tú nos tratas como si fuéramos

simples peces del mar;

como si fuéramos reptiles,

que no tienen quién los dirija.

15Por eso los babilonios

nos atrapan fácilmente,

como se atrapan los peces

con el anzuelo o con la red.

¡Eso les encanta!

16Por eso los babilonios

han hecho de sus armas un dios

y les rinden culto.

Gracias a ellas

se han hecho muy ricos.

17¡No permitas que los babilonios

nos sigan matando sin compasión!

2

21Ya te he presentado mi queja,

y ahora voy a estar muy atento;

voy a esperar tu respuesta.

2Y Dios me respondió:

«Voy a darte a conocer

lo que está por suceder.

Escríbelo en unas tablas,

para que se lea de corrido.

3Tardará un poco en cumplirse,

pero tú no te desesperes;

aún no ha llegado la hora

de que todo esto se cumpla,

pero puedo asegurarte

que se cumplirá sin falta.

4»Esos babilonios son muy orgullosos,

pero ustedes, que son humildes,

vivirán porque confían en mí.

5Los babilonios son orgullosos,

son traicioneros como el vino;

su hambre de poder los hace

conquistar naciones y pueblos enteros.

Son como la muerte,

que siempre quiere más;

son como la tumba,

que nunca está satisfecha.

6Pero un día serán humillados.

Las naciones se burlarán de ellos

y les cantarán esta canción:

“¡Qué mal te va a ir Babilonia!

¡Te hiciste rica con lo ajeno!

¿Cuándo vas a dejar de robar?”

7»El día que menos lo esperes,

tus víctimas se vengarán de ti;

te harán temblar de miedo

y te quitarán todo lo que tienes.

8Tú les robaste a muchas naciones,

pero otras naciones te robarán a ti.

Así pagarás todos tus crímenes,

tu violencia contra nuestro país,

contra nuestras ciudades y sus habitantes.

9»¡Qué mal te va a ir Babilonia!

Hiciste ricos a los tuyos

mediante el robo y el engaño.

Creíste que así los librarías

de caer en la desgracia,

10pero lo único que hiciste

fue ponerlos en vergüenza.

Quisiste acabar con muchos pueblos,

y tú misma te hiciste el daño.

11¡Las paredes de tus ciudades

son testigos de tu maldad!

12»¡Qué mal te va a ir Babilonia!

¡Has construido tus ciudades

mediante el crimen y la violencia!

13Pero yo soy el Dios de Israel,

y de nada va a servirte

todo lo que has hecho;

yo lo quemaré por completo.

14Y así como el agua llena los mares,

también la tierra se llenará

de gente que reconocerá mi poder.

15»¡Qué mal te va a ir Babilonia!

Humillaste a las naciones vecinas

y las dejaste en vergüenza;

16pero yo te humillaré a ti,

pues no mereces ninguna alabanza;

yo te dejaré en vergüenza;

tu orgullo se volverá humillación.

17»La violencia con que trataste

a los animales del monte Líbano

se volverá en contra tuya;

así pagarás por todos tus crímenes,

por tu violencia contra nuestro país,

contra nuestras ciudades y sus habitantes.

18-19»¡Qué mal te va a ir, Babilonia!

¿Cómo puedes confiar en dioses falsos?

¿Cómo puedes pedirles que te ayuden?

Son ídolos de madera,

son figuras de piedra

que tú misma te has hecho,

pero que no valen nada.

Son simples figuras de metal

recubiertas de oro y plata,

que no son capaces ni de hablar;

¡simplemente, no tienen vida!

20Pero yo estoy en mi santo templo;

¡ante mí debe callar toda la tierra!»

3

Oración final de Habacuc

31Yo, el profeta Habacuc, compuse esta oración para acompañarla con una melodía especial.

2¡Dios mío,

yo sé bien todo lo que has hecho,

y por eso tiemblo en tu presencia!

Déjanos ver en nuestros días

tus grandes hechos de otros tiempos;

si te enojas con nosotros,

no dejes de tenernos compasión.

3Tú eres nuestro santo Dios;

vienes de la región de Temán,

vienes del monte Parán.

Tu grandeza ilumina los cielos;

la tierra entera te alaba.

4Un gran resplandor te rodea;

de tus manos brotan rayos de luz

y dejan ver tu poder escondido.

5Plagas terribles anuncian tu llegada;

vas dejando en el camino

graves enfermedades.

6-7Cuando tú te detienes,

la tierra se pone a temblar;

cuando miras a las naciones,

todas ellas se llenan de miedo;

los cerros se desmoronan,

las antiguas montañas se derrumban;

¡hasta he visto temblar de miedo

a la gente de Cusán y de Madián,

porque tú has vuelto a actuar!

8Dios nuestro,

¿por qué te decidiste a montar

en tu carro de combate?

¿Será porque te enojaste

con los dioses Río y Mar?

9Con tus flechas heriste la tierra,

y esas heridas son los ríos.

10Cuando las montañas te vieron,

temblaron de miedo,

las nubes dejaron caer su lluvia

y el mar rugió con furia;

¡sus grandes olas se elevaron al cielo!

11Cuando lanzaste tus brillantes rayos,

el sol y la luna se detuvieron.

12Pero te enojaste y recorriste la tierra;

en tu enojo aplastaste naciones.

13Saliste a rescatar a tu pueblo,

y al rey que tú elegiste.

Destrozaste al jefe de esos malvados,

y acabaste por completo con su reino.

14Sus orgullosos jinetes nos atacaron

con la furia de una tempestad;

querían dispersarnos y destruirnos,

pues no podíamos defendernos.

¡Pero tú los mataste

con sus propias flechas!

15Montaste en tu caballo

y marchaste sobre el agitado mar.

16Cuando escucho todo esto,

me tiemblan los labios y todo el cuerpo;

siento que mis huesos se desmoronan,

y que el suelo se hunde bajo mis pies.

Pero yo espero con paciencia

el día en que castigarás

a los que ahora nos atacan.

17Aunque no den higos las higueras,

ni den uvas las viñas

ni aceitunas los olivos;

aunque no haya en nuestros campos

nada que cosechar;

aunque no tengamos vacas ni ovejas,

18siempre te alabaré con alegría

porque tú eres mi salvador.

19Dios mío,

tú me das nuevas fuerzas;

me das la rapidez de un venado,

y me pones en lugares altos.