Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
49

Jacob bendice a sus hijos

491Jacob ordenó a sus hijos que se reunieran, pues quería decirles lo que les pasaría en el futuro. Les dijo:

2«Hijos míos, vengan conmigo;

escuchen lo que voy a decirles.

3»Rubén, tú eres mi hijo mayor;

eres mi primer hijo,

la primera prueba de mi fuerza;

tienes el primer lugar de honor

y el primer lugar en poder.

4Pero me ofendiste gravemente,

pues te acostaste

con una de mis mujeres.

Por eso ya no serás el primero,

pues eres como el mar,

que no se puede controlar.

5»Simeón y Leví son como fieras

que atacan siempre con violencia.

6No quiero estar con ellos,

ni andar en su compañía,

porque en un arranque de enojo

mataron gente y despedazaron toros.

7¡Maldita sea su furia!

¡Maldita sea su crueldad!

Yo haré que se dispersen

por todo el territorio de Israel.

8»Tú, Judá, dominarás a tus enemigos;

tus hermanos te alabarán

y se inclinarán en tu presencia.

9Eres como un león feroz

que al regresar con su presa

se agacha y se echa en el suelo,

¿y quién se atreve a molestarlo?

10Siempre tendrás en tus manos

el cetro que te hace gobernante,

hasta que venga el verdadero rey

que gobernará a todo el mundo.

11-12Sus ojos

son más oscuros que el vino;

sus dientes

son más blancos que la leche.

Atará su burro,

a la mejor rama del viñedo,

y sin quitarse la ropa

se empapará en ríos de vino.

13»Tú, Zabulón,

vivirás a la orilla del mar;

tus costas servirán de puertos

y tus fronteras llegarán hasta Sidón.

14»Tú, Isacar,

eres fuerte como un burro

acostado entre dos corrales.

15Cuando veas que tu tierra

es buena y agradable para descansar,

con mucho gusto aceptarás

hacer trabajo de esclavos.

16»Y tú, Dan,

le harás justicia a tu pueblo,

pues eres de las tribus de Israel.

17Eres como una serpiente

que espera junto al camino:

cuando muerde las pezuñas del caballo,

el jinete se cae de espaldas.

18»¡Dios mío, sigo esperando tu ayuda!

19»A ti, Gad, te atacará

una banda de ladrones,

pero tú los atacarás

por donde menos lo esperen.

20»Y tú, Aser,

tendrás la mejor comida

y cocinarás los mejores platillos,

dignos de la mesa de un rey.

21»Tú, Neftalí, amas la libertad.

Eres como una venada suelta,

madre de hermosos venaditos.

22»Tú, José, pareces un caballo

criado junto a un manantial.

¡Saltas y trepas por el muro!

23Gente malvada y cruel

te ataca y te lanza flechas,

24pero tú mantienes firme tu arco

y no doblas tus fuertes brazos.

¡Gracias al Dios poderoso

que guía y protege a Israel!

25¡Gracias al Dios de tu padre,

que te brinda su ayuda!

¡Gracias al Dios que todo lo puede

y que siempre te bendice!

¡Con bendiciones del alto cielo!

¡Con bendiciones del mar profundo!

¡Con bendiciones a las madres

que tienen hijos y los alimentan!

26Son más grandes las bendiciones

que vienen de tu padre,

que las abundantes bendiciones

de los cerros y montañas eternas.

Todas estas bendiciones

te pertenecen a ti, José,

pues entre tus hermanos

tú eres el más importante.

27»Tú, Benjamín, eres un lobo feroz;

por la mañana devoras tu presa

y por la tarde repartes los restos.»

28Así bendijo Jacob a sus doce hijos. A cada una de las doce tribus de Israel le dio la bendición más apropiada.

Muerte de Jacob

29-31Después de bendecirlos, Jacob les dio las siguientes instrucciones:

«Ya me falta poco para morir. Por favor, entiérrenme en la tumba de mis antepasados. Me refiero a la cueva y al campo que Abraham le compró a Efrón el hitita para enterrar a su esposa Sara. Allí están enterrados Abraham e Isaac, y su esposa Rebeca, y allí también enterré a Lía. Esa cueva está en Canaán, en el campo de Macpelá, cerca del bosque Mamré. 32Tanto la cueva como el campo se los compramos a los hititas».

33Luego de darles estas instrucciones, Jacob se encogió en la cama y murió.

50

501José se echó a llorar, y abrazó y besó a su padre. 2Más tarde, les encargó a sus médicos particulares que prepararan el cuerpo de su padre para embalsamarlo. Así lo hicieron los médicos, 3y en los preparativos tardaron cuarenta días, pues eso es lo que se lleva embalsamar un cuerpo. Los egipcios, por su parte, lloraron la muerte de Jacob durante setenta días.

4Pasados los días de duelo, José les dijo a los miembros de la corte del rey de Egipto:

—Si puedo pedirles un favor, yo les agradecería que le hablaran al rey por mí. Díganle 5que cuando mi padre estaba a punto de morir, me hizo jurarle que yo lo enterraría en su propia tumba, la cual está en Canaán. Pídanle que me deje ir a enterrar a mi padre, y que luego volveré.

6El rey le respondió:

—Ve a enterrarlo, tal como te pidió que lo hicieras.

7-9José fue a enterrar a su padre. Lo acompañaron todos sus hermanos y familiares, y todos los asistentes del rey, es decir, toda la gente importante del reino y del país. También lo acompañaron muchos carros y gente de a caballo. En Gosen solo se quedaron los niños, las ovejas y las vacas.

10Al llegar al campo de Atad, que está cerca del río Jordán, José guardó siete días de luto por su padre, y todo el grupo lamentó amargamente su muerte. 11Cuando los cananeos que vivían allí vieron llorar a los egipcios, dijeron: «Parece que a los egipcios se les murió alguien muy importante». Por eso al campo de Atad le pusieron el nombre de «Campo de las lágrimas egipcias».

12-13Los hijos de Jacob llevaron el cuerpo de su padre a la tierra de Canaán y lo enterraron en la cueva de Macpelá, que Abraham le había comprado a Efrón el hitita para usarla como tumba. La cueva y el campo están cerca del bosque de Mamré. Así cumplieron con los últimos deseos de su padre.

14Después del entierro, José y sus hermanos regresaron a Egipto, junto con toda la gente que los había acompañado.

José tranquiliza a sus hermanos

15Al ver que su padre estaba muerto, los hermanos de José pensaron: «¿Qué vamos a hacer si José todavía está enojado con nosotros, y quiere vengarse por lo que le hicimos?»

16-17Entonces mandaron a decirle: «José, antes de que nuestro padre muriera, dejó dicho que debías perdonarnos todo el mal que te hemos causado. Es verdad que te hemos hecho mucho daño, pero te rogamos que nos perdones».

Cuando José recibió este mensaje, se puso a llorar. 18Sus hermanos fueron entonces a verlo, y se arrodillaron delante de él. Le dijeron:

—Somos tus esclavos.

19-21Sin embargo, José los tranquilizó, y con mucho cariño les dijo:

—No tengan miedo, que yo no soy Dios. Ustedes quisieron hacerme daño, pero Dios cambió todo para bien. Ustedes han visto ya lo que ha sucedido: Dios ha dejado con vida a mucha gente. Así que no tengan miedo. Yo voy a cuidar de ustedes y de sus hijos.

Muerte de José

22José se quedó a vivir en Egipto, junto con toda la familia de su padre. Alcanzó la edad de ciento diez años 23y llegó a ver a los bisnietos de Efraín. También meció en sus rodillas a los hijos de Maquir, que eran sus nietos por parte de Manasés.

24-25Algún tiempo después, José les dijo a sus hermanos:

«Ya me falta poco para morir. Pero pueden estar seguros de que Dios vendrá a ayudarlos y los hará volver a la tierra que, bajo juramento, prometió darles a Abraham, a Isaac y a Jacob. Ustedes, por su parte, tienen que jurarme que se llevarán de aquí mis restos cuando yo muera».

26José murió en Egipto a la edad de ciento diez años. Su cuerpo fue embalsamado y puesto en un ataúd.