Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
38

Judá y Tamar

381Fue por esos días cuando Judá se apartó de sus hermanos y se fue a Adulam, donde vivió en la casa de un amigo suyo que se llamaba Hirá. 2Allí Judá conoció a la hija de un cananeo llamado Súa, y se casó con ella. Después de un tiempo 3ella quedó embarazada y tuvo un hijo. Judá le puso por nombre Er.

4-5Tiempo después, la esposa de Judá tuvo dos hijos más: a uno de ellos lo llamó Onán, y al otro lo llamó Selá. Este último nació en Quezib.

6Judá le buscó esposa a Er, y lo casó con una mujer llamada Tamar. 7Pero a Dios no le gustaba la mala conducta de Er, así que le quitó la vida.

8Entonces Judá le dijo a Onán: «Cásate con la viuda de tu hermano y cumple con tu deber de cuñado. Así tu difunto hermano tendrá hijos por medio de ti».

9Onán sabía que los hijos que tuviera con su cuñada no serían considerados suyos, sino de su hermano. Por eso, cada vez que tenía relaciones sexuales con ella procuraba no dejarla embarazada. De ese modo evitaba darle hijos a su hermano muerto. 10A Dios tampoco le gustó esta mala conducta de Onán, así que también le quitó la vida.

11Entonces Judá le recomendó a Tamar que se quedara viuda hasta que Selá creciera. Y es que Judá tenía miedo de que también Selá muriera, como sus hermanos. Por eso Tamar se fue a vivir a la casa de su padre.

12Pasó el tiempo, y murió la esposa de Judá. Luego de llorar su muerte, Judá se fue a Timnat, donde sus pastores estaban cortándoles la lana a sus ovejas. Su amigo Hirá lo acompañó.

13Alguien fue a contarle a Tamar que su suegro iba de camino a Timnat, para recoger la lana de sus ovejas. 14Entonces ella se quitó la ropa de luto, se tapó la cara con un velo, y fue a sentarse a la entrada de Enaim, junto al camino que lleva a Timnat. Tamar se había dado cuenta de que Selá ya había crecido y, sin embargo, Judá no lo casaba con ella.

15-16Cuando Judá vio a una mujer con la cara cubierta, no se imaginó que se trataba de su nuera. Más bien, pensando que era una prostituta, se acercó a ella y le propuso:

—Oye, ¿me dejarías acostarme contigo?

Ella contestó:

—Suponiendo que te deje, ¿qué me darás a cambio?

17—Te mandaré uno de mis cabritos —respondió Judá.

—Acepto —dijo ella—, solo si me dejas algo tuyo como garantía de que me pagarás.

18—¿Y qué quieres que te deje? —preguntó Judá.

—Pues déjame tu sello con todo y cordón, y la vara que llevas en la mano —respondió ella.

Judá aceptó sus condiciones, y tuvo relaciones sexuales con ella, y ella quedó embarazada. 19Tan pronto como Judá se marchó, ella se quitó el velo y volvió a ponerse las ropas de luto.

20Más tarde, cuando Judá mandó a su amigo Hirá para entregar el cabrito y recoger lo que le había dejado a Tamar, su amigo ya no la encontró. 21Entonces les preguntó a los que vivían allí:

—¿Dónde está la prostituta que acostumbra sentarse junto al camino de Enaim?

Ellos contestaron:

—Aquí nunca ha habido ninguna prostituta.

22El amigo de Judá regresó y le dijo:

—No encontré a esa mujer. Los de ese lugar me aseguran que allí no ha habido ninguna prostituta.

23Judá respondió:

—¡Pues que se quede con todo! Pero nadie podrá decir que no cumplo mi palabra. Yo te envié con el cabrito, y tú ya no la encontraste.

24Como a los tres meses, alguien fue a decirle a Judá:

—Seguramente tu nuera Tamar ha tenido relaciones con alguien, pues resulta que está embarazada.

Entonces Judá exclamó:

—¡Échenla fuera, y quémenla viva!

25Cuando la estaban sacando, Tamar mandó a decirle a su suegro: «El dueño de todo esto fue quien me dejó embarazada. Fíjate bien, tal vez sepas quién es el dueño».

26En cuanto Judá reconoció su sello y la vara, dijo:

—El culpable soy yo, y no ella, pues no quise darle a mi hijo Selá como esposo.

Y nunca más Judá volvió a tener relaciones sexuales con Tamar.

27Tiempo después, Tamar tuvo mellizos. 28Al momento de nacer, uno de los mellizos sacó la mano; entonces la mujer que ayudaba a Tamar le ató al niño una cinta roja en la muñeca y dijo: «Este nació primero». 29Pero el niño volvió a meter la mano, y el que nació primero fue el otro mellizo. Entonces dijo la mujer: «¡Vaya, te abriste paso!» Por eso le pusieron por nombre Fares. 30Después de él nació su hermano, y como traía la cinta roja atada a la muñeca le pusieron por nombre Zérah.

39

José y la esposa de Potifar

391Cuando los comerciantes llevaron a José a Egipto, lo compró Potifar, que era oficial del rey y capitán de su guardia. 2A José le fue muy bien allí, en la casa de su amo egipcio, pues Dios estaba con él. 3Potifar vio que Dios ayudaba a José y hacía que todo le saliera bien. 4-6Por eso trató amablemente a José, lo puso a cargo de su casa y de todo lo que tenía. A partir de ese momento, y gracias a José, Dios bendijo a Potifar en todo, y él no se preocupaba ya de nada, más que de comer.

Como José era muy guapo y atractivo, 7la mujer de su amo se fijó en él, y le propuso:

—¡Ven, acuéstate conmigo!

8En vez de aceptar, José le contestó:

—Mi amo confía en mí, y por eso ha dejado todo a mi cargo. Estando yo al frente de todas sus riquezas, él no tiene nada de qué preocuparse. 9No me ha prohibido nada, y en esta casa nadie tiene más autoridad que yo. Pero usted es su esposa. Tener relaciones sexuales con usted, sería pecar contra Dios.

10Y aunque todos los días ella le insistía, él la rechazaba. 11Un día, José entró en la casa para hacer su trabajo. Entonces ella, aprovechando que no había nadie en la casa, 12lo agarró de la ropa y le exigió:

—¡Acuéstate conmigo!

Pero José prefirió que le arrebatara la ropa, y salió corriendo de la casa. 13Entonces ella, al verse con la ropa de José en las manos, 14llamó a gritos a los sirvientes y les dijo:

—¡Miren, este hebreo que trajo mi esposo ha venido a burlarse de nosotros! Se metió aquí y quiso violarme, pero yo me puse a gritar con todas mis fuerzas. 15En cuanto me oyó gritar y pedir ayuda, salió corriendo ¡y hasta la ropa dejó!

16Ella guardó la ropa de José hasta que regresara su esposo. 17Cuando Potifar llegó, ella le contó la misma historia: «Ese esclavo hebreo que nos trajiste quiso violarme. 18Pero en cuanto empecé a gritar pidiendo ayuda, dejó su ropa junto a mí y salió corriendo de la casa».

19Al oír Potifar las quejas de su esposa, se enojó mucho. 20Entonces agarró a José y lo metió en la cárcel, donde estaban los presos del rey.

Pero aun en la cárcel 21Dios siguió ayudando a José y dándole muestras de su amor, pues hizo que el carcelero lo tratara bien. 22Y así, el carcelero puso a José a cargo de todos los presos y de todos los trabajos que allí se hacían. 23El carcelero no tenía que vigilarlo, porque Dios ayudaba a José y hacía que todo le saliera bien.

40

Los sueños del copero y del panadero

401-2Algún tiempo después, el jefe de los coperos40.1-2 Jefe de los coperos: Persona encargada de probar la calidad del vino que tomaba el rey, y de comprobar que no tuviera nada que pudiera dañar su salud. y el jefe de los panaderos ofendieron al rey de Egipto, y el rey se enojó mucho con estos dos ayudantes. 3Entonces los puso bajo vigilancia en la cárcel donde José estaba preso. 4El capitán de la guardia los dejó al cuidado de José.

Pasó el tiempo, 5y una noche el copero y el panadero tuvieron cada uno un sueño, y cada sueño tenía su propio significado. 6Al día siguiente, cuando José llegó a verlos, los encontró muy tristes, 7y les preguntó:

—¿Por qué están hoy tan tristes?

8Ellos respondieron:

—Resulta que los dos tuvimos un sueño, pero no hay quien pueda decirnos lo que significan.

José les dijo:

—Vamos a ver, cuéntenme sus sueños, y Dios nos dirá lo que significan.

9El primero en contar su sueño fue el copero. Le dijo:

—En mi sueño yo veía una planta de uvas 10que tenía tres ramas. Tan pronto como las ramas brotaban, también echaban flores, y las uvas maduraban. 11Yo tenía en mi mano la copa del rey, así que tomaba las uvas y las exprimía en la copa, y luego se la daba al rey.

12José le dijo:

—Las tres ramas son tres días. Eso quiere decir 13que dentro de tres días el rey te perdonará y te devolverá tu cargo, para que vuelvas a servirle como su jefe de los coperos. 14Por favor, cuando todo esto suceda, no te olvides de mí. Tan pronto puedas, háblale de mí al rey, y sácame de esta cárcel. 15Yo soy hebreo, y me trajeron aquí a la fuerza, aunque no hice nada para merecerlo.

16Cuando el jefe de los panaderos vio que José le había dado un significado muy bueno al sueño del copero, le dijo:

—También yo tuve un sueño. Sobre mi cabeza había tres canastas de pan. 17La canasta de más arriba tenía los mejores pasteles para el rey; sin embargo, las aves venían a comérselos.

18José le dijo:

—Las tres canastas son tres días. Eso quiere decir 19que dentro de tres días el rey mandará que te cuelguen de un árbol. Allí los buitres se comerán tu cuerpo.

20Tres días después el rey de Egipto celebraba su cumpleaños, así que hizo una gran fiesta e invitó a todos sus ayudantes y consejeros. Allí, delante de sus invitados, el rey mandó a sacar de la cárcel al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos. 21Al jefe de los coperos le devolvió su cargo, 22pero mandó que colgaran de un árbol al jefe de los panaderos. Así se cumplió lo que José les había dicho.

23Sin embargo, el jefe de los coperos se olvidó completamente de José.