Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
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Otros dichos sabios

101La mejor sopa se echa a perder si le cae una mosca. La menor tontería echa a perder tu fama de sabio.

2El sabio siempre piensa en hacer lo bueno; el tonto solo piensa en hacer lo malo. 3Tiene el tonto tan poco cerebro que sin abrir la boca anuncia su tontería.

4Si el gobernante se enoja contigo, no renuncies a tu cargo. Para los grandes errores, un gran remedio: la paciencia.

5En esta vida he visto algo muy grave, parecido al error que cometen los gobernantes: 6que a la gente incapaz se le dan puestos de gran responsabilidad, mientras que a la gente capaz se le dan los puestos más bajos. 7¡Y resulta que los esclavos andan a caballo, mientras que la gente que vale anda a pie!

8Si haces hoyos,

puedes caerte en ellos.

Si partes en dos un muro,

puede morderte una serpiente.

9Si partes piedras,

puedes salir herido.

Si partes leña,

puedes salir lastimado.

10El hacha sin filo no corta.

Si no se le saca filo,

hay que golpear con más fuerza.

Si quieres prosperar,

tienes que saber qué hacer

y hacerlo bien.

11¿De qué te sirve tener

un encantador de serpientes,

si la serpiente te muerde

antes de ser encantada?

12Cuando el sabio habla,

a todos les cae bien;

cuando el tonto abre la boca,

provoca su propia ruina.

13Comienza diciendo tonterías,

y acaba diciendo estupideces,

14¡pero palabras no le faltan!

¿Qué va a pasar mañana?

¿Qué va a pasar después?

¡Nadie puede saberlo!

15No tiene ningún sentido

que tanto trabaje el tonto,

si no sabe ni en dónde está.

16¡Qué lástima da el país

que tiene un rey incapaz

y malos gobernantes

que siempre están de fiesta!

17¡Pero qué dichoso es el país

que tiene un rey bien preparado,

con gobernantes que comen para vivir

y no viven para comer!

18En la casa del perezoso

pasan muchas desgracias:

primero se cae el techo,

y después toda la casa.

19Para estar feliz

hace falta pan,

para estar contento

hace falta vino,

y para gozar de todo

hace falta dinero.

20Nunca hables mal del rey

ni de la gente poderosa,

aunque creas que nadie te oye.

Las palabras vuelan;

son como los pájaros,

y todo llega a saberse.

11

111Dale de comer al hambriento,

y un día serás recompensado.

2Comparte lo que tienes

con siete y hasta ocho amigos,

pues no sabes si mañana

el país estará en problemas.

3Cuando las nubes se ponen negras,

de seguro va a llover.

4Cuando el árbol cae,

no importa de qué lado caiga;

donde cae, allí se queda.

Si quieres sembrar,

no te quedes mirando al viento;

si quieres cosechar,

no te quedes mirando al cielo.

5Nadie sabe qué rumbo toma el viento, ni cómo se forma el niño en el vientre de la madre, ni cómo hizo Dios todas las cosas.

6Hay que sembrar en la mañana, y volver a sembrar en la tarde. Nunca se sabe cuál de las dos siembras será mejor, o si las dos serán abundantes.

7¡Qué bueno es disfrutar de la luz del sol! 8Pero aunque vivamos muchos años, y todo ese tiempo lo vivamos felices, no debemos olvidar que nos esperan muchos días de oscuridad, y que del mañana no esperamos nada.

Acuérdate de tu creador

9Alégrate ahora que eres joven. Déjate llevar por lo que tus ojos ven y por lo que tu corazón desea, pero no olvides que un día Dios te llamará a cuentas por todo lo que hagas. 10Deja de preocuparte, pero apártate de la maldad. Ten presente que ni los mejores días de tu juventud tienen sentido alguno.

12

121Acuérdate de tu creador

ahora que eres joven.

Acuérdate de tu creador

antes que vengan los días malos.

Llegará el día en que digas:

«No da gusto vivir tantos años».

2Acuérdate de tu creador

antes que dejen de brillar

el sol, la luna y las estrellas.

Acuérdate de tu creador

ahora que después de la lluvia

las nubes siguen cargadas.

3Llegará el día en que tiemblen

los guardianes del palacio;

llegará el día en que se doblen

los héroes de mil batallas.

Cuando llegue ese día,

habrá tan pocas molineras

que dejarán de moler;

las que espían por las ventanas

dejarán de asomarse a la calle;

4las puertas de la casa

se cerrarán por completo;

el ruido del molino

parecerá perder fuerza,

y el canto de los pájaros

dejará de escucharse.

5Cuando llegue ese día,

te darán miedo las alturas

y los peligros del camino.

Tu almendro echará flores blancas,

el saltamontes y la alcaparra

te resultarán una carga,

y no te servirán de nada.

Cuando llegue ese día,

irás camino al lugar

de donde ya no volverás,

y en la calle te rodearán

los que lamenten tu muerte.

6Acuérdate de tu creador

antes que se hagan pedazos

el cordón de plata

y la vasija de oro;

antes que el cántaro

se estrelle contra la fuente

y la polea del pozo

se parta en mil pedazos.

7Cuando llegue ese día,

volverás a ser polvo,

porque polvo fuiste,

y el espíritu volverá a Dios,

pues él fue quien lo dio.

8Yo, el Predicador, declaro:

¡En esta vida nada tiene sentido!

¡Todo es una ilusión!

Palabras finales

9Entre otras cosas, el Predicador se dedicó a enseñar a otros todo lo que sabía. Todo lo estudiaba con cuidado y lo investigaba a fondo. Además, hizo una gran colección de proverbios. 10Siempre procuró expresar sus ideas de la mejor manera posible, y escribirlas con palabras claras y verdaderas.

11Cuando los sabios hablan, sus palabras son como la vara que guía al buey. Sus colecciones de proverbios vienen de Dios, y son como las estacas que sostienen la tienda de campaña. 12Pero yo les recomiendo a los jóvenes tener presente esto: ponerse a escribir muchos libros es cuento de nunca acabar, y ponerse a leerlos es un trabajo muy agotador.

13Puedo terminar este libro diciendo que ya todo está dicho. Todo lo que debemos hacer es alabar a Dios y obedecerlo. 14Un día Dios nos llamará a cuentas por todo lo que hayamos hecho, tanto lo bueno como lo malo, aunque creamos que nadie nos vio hacerlo.