Traducción en Lenguaje Actual (TLA)
6

Dios castigará a Israel

61Amós continuó diciendo:

¡Qué mal les va a ir a ustedes,

los que viven cómodos en Jerusalén!

¡Qué mal les va a ir a ustedes,

los poderosos de este gran país!

Si creen que Jerusalén y Samaria

son ciudades seguras y confiables,

2vayan a la ciudad de Calné,

a la gran ciudad de Hamat

y a Gat, ciudad filistea,

¡y vean lo que pasó con ellas!

¿Se creen ustedes mejores que ellos,

o creen que su país es más grande?

3¡Aunque pongan un rey muy violento

no podrán alejar la desgracia!

4Ustedes se pasan el día

recostados en lujosas camas de marfil

y comiéndose lo mejor del ganado.

5Ustedes se la pasan tocando el arpa,

se ponen a componer canciones,

y hasta inventan nuevos instrumentos.

¡Así también hacía el rey David!

6Beben vino hasta emborracharse,

y usan los más finos perfumes,

¡pero nada les importa

que el país esté en la ruina!

7Por eso voy a poner fin

a sus falsas fiestas religiosas,

y cuando el pueblo

sea llevado a otro país,

a ustedes se los llevarán primero.

8Nuestro Dios, el todopoderoso, claramente ha dicho:

«¡Ya no quiero a los israelitas!

¡Se sienten muy orgullosos

de sus hermosos palacios!

Por eso voy a entregarlos,

a ellos y a su ciudad,

en manos de sus enemigos.

9»Cuando eso pase, no importa si solo diez hombres quedan con vida en una casa, todos ellos morirán. 10Tal vez llegue algún pariente para recoger y quemar los cadáveres; si algún otro pariente le pregunta si todavía queda alguien, el primero le responderá que no, y le advertirá que se calle, porque podrían pronunciar mi santo nombre, y entonces les iría peor.

11»Tomen esto en cuenta:

Yo, el Dios de Israel,

voy a destruir por completo

todas las casas, ¡grandes y pequeñas!

12»Hay dos cosas imposibles de hacer:

correr a caballo entre las piedras

y arar en el mar.

Pero ustedes hicieron

lo que parecía imposible:

convirtieron la justicia en muerte

y en tristeza la alegría de un pueblo.

13Ustedes se sienten muy felices

de haber conquistado

una ciudad insignificante

y creen que pueden vencer

a pueblos más poderosos.

14»Pues oigan esto, israelitas:

Voy a mandar contra ustedes

una nación que los conquiste,

y los vencerá por completo;

desde Hamat, en el norte,

hasta el desierto, en el sur.

Yo, el Dios todopoderoso,

les juro que así será».

7

Los saltamontes

71Nuestro Dios me permitió ver los saltamontes que estaba por lanzar sobre los campos de Israel. Ya se había levantado la primera cosecha, la que pertenece al rey. Pero faltaba levantar la segunda cosecha, la que es para el pueblo. 2Cuando vi que los saltamontes se estaban comiendo hasta la hierba, le rogué a Dios:

—¡Perdona a tu pueblo, Dios mío! ¿Cómo vamos a sobrevivir, si somos un pueblo tan pequeño?

3Entonces Dios sintió compasión de nosotros, y dijo:

—Está bien. No voy a mandar estos saltamontes contra ustedes.

El fuego

4Nuestro Dios me permitió ver el fuego con que pensaba castigarnos. Ese fuego quemaría toda la tierra, y también lo más profundo del mar. 5Pero yo le rogué a Dios:

—¡No lo hagas, Dios mío! ¿Cómo vamos a sobrevivir, si somos un pueblo tan pequeño?

6Entonces Dios sintió compasión de nosotros, y dijo:

—Está bien. Tampoco voy a mandar este fuego contra ustedes.

La plomada

7Nuestro Dios también me permitió verlo cuando estaba junto a un muro, con una plomada de albañil en la mano. 8Me preguntó:

—¿Qué es lo que ves, Amós?

Yo le respondí:

—Veo una plomada de albañil.

Entonces Dios me dijo:

—Con esta plomada voy a ver si mi pueblo se comporta rectamente. Ya no voy a perdonarle un solo pecado más. 9Destruiré los pequeños templos donde los israelitas adoran a sus ídolos, y le declararé la guerra a la familia del rey Jeroboam.

Amós y Amasías

10Un sacerdote de Betel, llamado Amasías, mandó a decirle a Jeroboam, rey de Israel:

«Amós anda haciendo planes en contra de Su Majestad. Como israelitas, no podemos dejar que siga haciéndolo. 11Según él, Su Majestad morirá en el campo de batalla, y los israelitas serán llevados presos a otro país».

12Amasías habló también conmigo, y me dijo:

—Óyeme tú, que dices que has visto lo que va a suceder: ¡largo de aquí! Mejor vete a Judá. Allá podrás ganarte la vida como profeta. 13Deja ya de profetizar aquí en Betel, porque en esta ciudad está el templo más importante del reino, y aquí es donde el rey viene a adorar.

14Yo le respondí:

—Pues fíjate que no soy ningún profeta, ni tampoco mi padre lo fue. Me gano la vida cuidando ganado y cosechando higos silvestres. 15Si ahora profetizo, es porque Dios mismo me pidió que dejara de cuidar el ganado, y me mandó a anunciarle este mensaje a su pueblo Israel.

16-17»Tú dices que yo no debo profetizar contra los israelitas, porque son descendientes de Isaac. Ahora escúchame tú lo que Dios me manda a decirte:

“En esta misma ciudad,

tu mujer se volverá prostituta,

y tus hijos y tus hijas

morirán atravesados por la espada.

Otros se quedarán con tus tierras,

tú morirás lejos de tu patria,

y los israelitas serán llevados

a un país muy lejano”.

8

La canasta con fruta

81Nuestro Dios también me permitió ver una canasta, en la que había fruta madura. 2Entonces me preguntó:

—¿Qué es lo que ves, Amós?

Yo le respondí:

—Veo una canasta llena de fruta madura.

Entonces Dios me dijo:

—Israel está lleno de maldad. Ya no volveré a perdonar sus pecados. 3Está cerca el día en que convertiré los himnos del templo en tristes lamentos por los muertos. Ese día habrá tantos cadáveres que los arrojarán en cualquier parte. ¡Será mejor que se callen! Yo, el Dios de Israel, les juro que así es.

4»Escúchenme bien:

Ustedes humillan a los pobres

y están acabando con ellos.

5Para vender más caro el trigo

ustedes se la pasan deseando

que pronto termine el día sábado

y que pase la fiesta de fin de mes.

Solo piensan en engañar a sus clientes,

usando pesas y medidas falsas.

6Quieren venderlo todo,

¡hasta la cáscara del trigo!

Quieren hacer esclavos a los pobres

a cambio de unas monedas

o por el precio de unas sandalias.

7»Pero yo soy el Dios de Israel,

y les juro que nunca olvidaré

sus malas acciones.

8Por causa de todo esto,

la tierra misma temblará;

subirá como el agua del río Nilo,

y luego se hundirá por completo,

haciendo llorar a sus habitantes.

9»Yo soy el Dios de Israel,

y les aseguro que ese día

el sol dejará de brillar;

el mediodía se convertirá en noche,

y toda la tierra quedará a oscuras.

10Convertiré sus fiestas en velorios,

y sus canciones en tristes lamentos;

todos ustedes andarán de luto

y se raparán la cabeza;

andarán tristes y llenos de amargura,

como si hubiera muerto su único hijo.

11»Yo soy el Dios de Israel,

y les aseguro que vienen días

en que haré que sientan hambre;

tendrán hambre, pero no de pan,

tendrán sed, pero no de agua;

¡tendrán hambre de oír mi palabra!

12Andarán de este a oeste,

y de norte a sur,

con deseos de oír mi palabra,

pero yo no les hablaré.

13»Cuando llegue ese día,

aun las muchachas más sanas

y los jóvenes más fuertes

se desmayarán de sed.

14Además, caerán sin vida

los que adoraban a los ídolos

de Samaria, de Dan y de Beerseba.

Juraban en nombre de esos dioses,

creyendo que eran dioses vivos,

por eso no volverán a levantarse.»