Reina Valera Contemporánea (RVRC)
1

Saludo

11Yo, Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol y apartado para el evangelio de Dios,

2que él ya había prometido por medio de sus profetas en las santas Escrituras,3les escribo acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que conforme a los hombres descendía de David,4pero que conforme al Espíritu de santidad fue declarado Hijo de Dios con poder, por su resurrección de entre los muertos.5Por medio de Jesucristo recibimos la gracia del apostolado, para que por su nombre llevemos a todas las naciones a obedecer a la fe.6Entre esas naciones están también ustedes, llamados a ser de Jesucristo.7A todos ustedes que están en Roma, los amados de Dios que fueron llamados a ser santos: Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con ustedes.

Deseo de Pablo de visitar Roma

8En primer lugar, por medio de Jesucristo doy gracias a mi Dios por todos ustedes y porque su fe se difunde por todo el mundo.

9Dios, a quien sirvo con todo mi corazón predicando el evangelio de su Hijo, es testigo de que los recuerdo siempre en mis oraciones,10y de que en ellas le ruego que, si es su voluntad, me conceda que por fin pueda ir a visitarlos.11Porque deseo verlos para impartirles algún don espiritual, a fin de que sean fortalecidos;12es decir, para que nos fortalezcamos unos a otros con esta fe que ustedes y yo compartimos.

13Pero quiero que sepan, hermanos, que muchas veces me propuse ir a visitarlos

1.13:
Hch 19.21
para tener también entre ustedes algún fruto, como entre los otros hermanos no judíos, pero hasta ahora he encontrado obstáculos.

14Estoy en deuda con todos, sean griegos o no griegos, sabios o no sabios.15Así que, por mi parte, estoy dispuesto a anunciarles el evangelio también a ustedes, los que están en Roma.

El poder del evangelio

16No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree: en primer lugar, para los judíos, y también para los que no lo son.

17Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: «El justo por la fe vivirá.»
1.17:
Hab 2.4

La culpabilidad del hombre

18La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad y maldad de quienes injustamente retienen la verdad.

19Para ellos, lo que de Dios se puede conocer es evidente, pues Dios se lo reveló;20porque lo invisible de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, y pueden comprenderse por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.21Pues a pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón se llenó de oscuridad.22Aunque afirmaban que eran sabios, se hicieron necios,23y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes de hombres mortales, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

24Por eso Dios los entregó a los malos deseos de su corazón y a la impureza, de modo que degradaron entre sí sus propios cuerpos.

25Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y honraron y dieron culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

26Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas. Hasta sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van en contra de la naturaleza.

27De la misma manera, los hombres dejaron las relaciones naturales con las mujeres y se encendieron en su lascivia unos con otros. Cometieron hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibieron en sí mismos la retribución que merecía su perversión.

28Y como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer cosas que no convienen.

29Están atiborrados de toda clase de injusticia, inmoralidad sexual, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades.30Son murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,31necios, desleales, insensibles, implacables, inmisericordes.32Y aunque saben bien el juicio de Dios, en cuanto a que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se regodean con los que las practican.
2

El justo juicio de Dios

21Por tanto tú, que juzgas a otros, no tienes excusa, no importa quién seas, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo,

2.1:
Mt 7.1
Lc 6.37
porque haces las mismas cosas que hacen ellos.

2Todos sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas se ciñe a la verdad.3Y tú, que juzgas a los demás pero practicas las mismas cosas que ellos, ¿piensas que escaparás del juicio de Dios?4¿No te das cuenta de que menosprecias la benignidad, la tolerancia y la paciencia de Dios, y que ignoras que su benignidad busca llevarte al arrepentimiento?5Pero por la obstinación y dureza de tu corazón, vas acumulando ira contra ti mismo para el día de la ira, cuando Dios revelará su justo juicio,6en el cual pagará a cada uno conforme a sus obras.
2.6:
Sal 62.12
7Dios dará vida eterna a los que, perseverando en hacer el bien, buscan gloria, honra e inmortalidad;8pero castigará con ira a los que por egoísmo se rebelan y no obedecen a la verdad, sino a la injusticia.9Habrá sufrimiento y angustia para todos los que hacen lo malo, en primer lugar para los judíos, pero también para los que no lo son.10En cambio, habrá gloria, honra y paz para todos los que hacen lo bueno, en primer lugar para los judíos, pero también para los que no lo son;11porque ante Dios todas las personas son iguales.
2.11:
Dt 10.17

12Así que todos los que han pecado sin haber tenido la ley, perecerán sin la ley, y todos los que han pecado bajo la ley, serán juzgados por la ley.

13Porque Dios no considera justos a los que simplemente oyen la ley sino a los que la obedecen.14Porque cuando los paganos, que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que la ley demanda, son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley;15y de esa manera demuestran que llevan la ley escrita en su corazón, pues su propia conciencia da testimonio, y sus propios razonamientos los acusarán o defenderán16en el día en que Dios juzgará por medio de Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.

Los judíos y la ley

17Ahora bien, tú te llamas judío, confías en la ley, y te enorgulleces de tu Dios.

18Conoces la voluntad de Dios y juzgas lo que es mejor porque la ley así te lo ha enseñado.19Estás convencido de que eres guía de los ciegos y luz de los que están en tinieblas,20instructor de los ignorantes y maestro de niños, y que tienes en la ley la clave del conocimiento y de la verdad.21Pues bien, tú que enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se debe robar, ¿robas?22Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que detestas a los ídolos, ¿robas en los templos?23Tú que te sientes orgulloso de la ley, ¿deshonras a Dios quebrantando la ley?24Porque, como está escrito: «Por causa de ustedes el nombre de Dios es blasfemado entre los paganos.»
2.24:
Is 52.5

25Es verdad que, si obedeces a la ley, la circuncisión es provechosa, pero si la desobedeces, será como si no estuvieras circuncidado.

26Por lo tanto, si el que no está circuncidado obedece lo que la ley ordena, ¿no se lo considerará como si estuviera circuncidado?27Y el que no está físicamente circuncidado, pero obedece la ley, te condenará a ti, que desobedeces la ley a pesar de que tienes la ley y estás circuncidado.28Porque lo exterior no hace judío a nadie, y estar circuncidado no es una señal externa solamente.29El verdadero judío lo es en su interior, y la circuncisión no es la literal sino la espiritual, la del corazón. El que es judío de esta manera es aprobado, no por los hombres, sino por Dios.