Reina Valera Contemporánea (RVRC)
90

LIBRO IV

Eternidad de Dios y transitoriedad del hombre

Oración de Moisés, varón de Dios.

901Señor, tú has sido nuestro refugio

de una generación a otra generación.

2Antes de que nacieran los montes

y de que formaras la tierra y el mundo;

desde los tiempos primeros

y hasta los tiempos postreros,

¡tú eres Dios!

3Nos devuelves al polvo cuando dices:

«¡De vuelta al polvo, seres mortales!»

4Para ti, mil años son, en realidad,

como el día de ayer, que ya pasó;

90.4:
2 P 3.8

¡son como una de las vigilias de la noche!

5¡Nos arrebatas como una violenta corriente!

¡Somos etéreos como un sueño!

¡Somos como la hierba que crece en la mañana!

6Por la mañana crecemos y florecemos,

y por la tarde se nos corta, y nos secamos.

7Con tu furor somos consumidos;

con tu ira quedamos desconcertados.

8Tienes ante ti nuestras maldades;

¡pones al descubierto nuestros pecados!

9Nuestra vida declina por causa de tu ira;

nuestros años se esfuman como un suspiro.

10Setenta años son los días de nuestra vida;

ochenta años llegan a vivir los más robustos.

Pero esa fuerza no es más que trabajos y molestias,

pues los años pronto pasan, lo mismo que nosotros.

11¿Quién conoce la fuerza de tu ira,

y hasta qué punto tu enojo debe ser temido?

12¡Enséñanos a contar bien nuestros días,

para que en el corazón acumulemos sabiduría!

13Señor, ¿hasta cuándo te volverás a nosotros?

¡Calma ya tu enojo con tus siervos!

14¡Sácianos de tu misericordia al empezar el día,

y todos nuestros días cantaremos y estaremos felices!

15¡Danos la alegría que no tuvimos

todo el tiempo que nos afligiste,

todos los años en que experimentamos el mal!

16¡Haz que tus obras se manifiesten en tus siervos,

y que tu gloria repose sobre sus hijos!

17Señor y Dios nuestro, ¡muéstranos tu bondad

y confirma la obra de nuestras manos!

¡Sí, confirma la obra de nuestras manos!

91

A la sombra del Omnipotente

911El que habita al abrigo del Altísimo

y se acoge a la sombra del Omnipotente,

2dice al Señor: «Tú eres mi esperanza, mi Dios,

¡el castillo en el que pongo mi confianza!»

3El Señor te librará de las trampas del cazador;

te librará de la peste destructora.

4El Señor te cubrirá con sus plumas,

y vivirás seguro debajo de sus alas.

¡Su verdad es un escudo protector!

5No tendrás temor de los terrores nocturnos,

ni de las flechas lanzadas de día;

6no temerás a la peste que ronda en la oscuridad,

ni a la mortandad que destruye a pleno sol.

7A tu izquierda caerán mil,

y a tu derecha caerán diez mil,

pero a ti no te alcanzará la mortandad.

8¡Tú lo verás con tus propios ojos!

¡Tú verás a los impíos recibir su merecido!

9Por haber puesto al Señor por tu esperanza,

por poner al Altísimo como tu protector,

10no te sobrevendrá ningún mal,

ni plaga alguna tocará tu casa.

11El Señor mandará sus ángeles a ti,

91.11:
Mt 4.6
Lc 4.10

para que te cuiden en todos tus caminos.

12Ellos te llevarán en sus brazos,

y no tropezarán tus pies con ninguna piedra.

91.12:
Mt 4.6
Lc 4.11

13Aplastarás leones y víboras;

¡pondrás tu pie sobre leones y serpientes!

91.13:
Lc 10.19

14«Yo lo pondré a salvo, porque él me ama.

Lo enalteceré, porque él conoce mi nombre.

15Él me invocará, y yo le responderé;

estaré con él en medio de la angustia.

Yo lo pondré a salvo y lo glorificaré.

16Le concederé muchos años de vida,

y le daré a conocer mi salvación.»

92

Alabanza a la bondad de Dios

Salmo. Cántico para el día de reposo.

921¡Cuán bueno es alabarte, Señor!

Bueno es, Altísimo, cantar salmos a tu nombre,

2anunciar tu misericordia por la mañana,

y tu fidelidad todas las noches,

3en el decacordio y en el salterio,

y con tono suave en el arpa.

4Tú, Señor, me has alegrado con tus obras;

yo me regocijo por las obras de tus manos.

5Muy grandes son tus obras, Señor,

y muy profundos tus pensamientos.

6La gente necia no lo sabe;

la gente insensata no lo entiende:

7si los impíos brotan como la hierba,

y todos los inicuos prosperan,

es para ser destruidos para siempre.

8¡Pero tú, Señor, por siempre estás en las alturas!

9Bien puedo ver, Señor, a tus enemigos;

bien puedo ver que tus enemigos perecerán,

¡que todos los malvados serán esparcidos!

10Pero tú me darás las fuerzas del búfalo,

y me ungirás con aceite fresco.

11Mis ojos verán la derrota de mis enemigos;

¡mis oídos oirán los gritos de angustia de mis adversarios!

12Los justos florecerán como las palmeras;

crecerán como los cedros del Líbano.

13Serán plantados en la casa del Señor,

y florecerán en los atrios de nuestro Dios.

14Aun en su vejez darán frutos

y se mantendrán sanos y vigorosos

15para anunciar que el Señor es mi fortaleza,

y que él es recto y en él no hay injusticia.