Reina Valera Contemporánea (RVRC)
48

La gloriosa hermosura de Sión

Cántico. Salmo de los hijos de Coré.

481¡Grande es el Señor, nuestro Dios!

¡Digno es de grandes alabanzas

en su ciudad, en su santo monte!

2Hermosa colina es el monte Sión,

situada al norte de la ciudad del gran Rey;

48.2:
Mt 5.35

¡es motivo de gozo en toda la tierra!

3Dentro de sus fortificaciones

Dios es reconocido como un refugio seguro.

4Los reyes de la tierra se reunieron

y juntos avanzaron contra la ciudad,

5pero al verla quedaron perplejos,

y desconcertados, huyeron presurosos.

6Allí mismo les sobrevino gran temblor;

¡se retorcían de dolor, como parturientas!

7¡Y es que tú, con el viento solano,

destrozaste las naves de Tarsis!

8Lo que antes oímos, ahora lo hemos visto

en la ciudad de nuestro Dios,

en la ciudad del Señor de los ejércitos:

¡Dios afirmará su ciudad para siempre!

9Dios nuestro, dentro de tu templo

nos acordamos de tu misericordia.

10Dios nuestro, tu nombre es digno de loor

hasta los confines de la tierra;

con tu diestra prodigas justicia;

11por tus juicios se alegra el monte Sión

y se regocijan las ciudades de Judá.

12Recorran los alrededores de Sión;

paseen por ella y cuenten sus torres.

13Observen con atención sus murallas;

fíjense en sus fortificaciones,

para que puedan decir a los que están por nacer:

14«¡Este es nuestro Dios, ahora y para siempre!

¡El Dios nuestro nos guiará más allá de la muerte!»

49

Es inútil confiar en las riquezas

Al músico principal. Salmo de los hijos de Coré.

491Escuchen esto, pueblos todos;

escuchen esto, habitantes del mundo entero;

2lo mismo los nobles que los plebeyos,

lo mismo los pobres que los ricos.

3De mis labios brotará sabiduría;

de mi corazón, sagaces reflexiones.

4Inclinaré mi oído a los proverbios

y al son del arpa explicaré su sentido.

5¿Por qué habré de temer en los días aciagos,

cuando la maldad de mis opresores me rodea,

6cuando los que confían en sus riquezas

se jactan de sus muchas posesiones?

7¡Ninguno de ellos puede salvar a su hermano,

ni dar nada a Dios a cambio de su vida!

8El rescate de una vida tiene un alto precio,

y ningún dinero será jamás suficiente

9para que siga con vida para siempre

y nunca llegue a experimentar la muerte.

10Es evidente que hasta los sabios mueren;

que los necios e insensatos perecen por igual,

y que a otros les dejan sus riquezas.

11Algunos piensan que sus casas serán eternas,

y que las habitarán por todas las generaciones,

y hasta dan su nombre a las tierras que poseen.

12Aunque ricos, los mortales no permanecen;

lo mismo que las bestias, un día perecen.

13Este camino suyo es una locura,

pero sus hijos se complacen en sus dichos,

14mientras la muerte los lleva al sepulcro

como un pastor que guía a sus rebaños;

será el sepulcro su última morada.

Allí desaparecerá su buen semblante,

y un día los hombres justos serán sus amos.

15Pero a mí, Dios me rescatará;

¡Dios me librará del poder del sepulcro!

16Tú, no te preocupes cuando veas

que otros se hacen ricos y agrandan sus casas,

17pues nada se llevarán cuando mueran;

sus riquezas no se las llevarán al sepulcro.

18Aunque se sientan felices mientras vivan,

y la gente los alabe cuando prosperen,

19un día irán a reunirse con sus antepasados

y nunca más volverán a ver la luz.

20Aunque ricos, los mortales no entienden;

lo mismo que las bestias, un día perecen.

50

Dios, el Juez supremo

Salmo de Asaf.

501El Señor, el Dios de dioses, ha hablado;

de este a oeste ha convocado a la tierra.

2Desde Sión, la ciudad bella y perfecta,

Dios deja ver su esplendor.

3Nuestro Dios viene, pero no en silencio.

Un fuego consumidor lo precede;

una poderosa tempestad lo rodea.

4Convoca a los cielos y a la tierra,

pues viene a juzgar a su pueblo.

5«Reúnan a mi pueblo santo,

a los que han hecho un pacto conmigo

y me han ofrecido un sacrificio.»

6Y los cielos declaran su justicia;

declaran que Dios mismo es el juez.

7«Escucha, Israel, pueblo mío;

voy a hablar y a testificar contra ti.

Yo soy Dios. Yo soy tu Dios.

8No voy a reprenderte por tus sacrificios,

ni por los holocaustos que siempre me ofreces;

9no voy a tomar ningún becerro de tu casa,

ni ningún macho cabrío de tus apriscos,

10pues míos son todos los animales del bosque,

¡los miles de animales que hay en las colinas!

11Mías son todas las aves de los montes;

mío es todo lo que se mueve en los campos.

12»Si yo tuviera hambre, no te lo diría,

pues el mundo y su plenitud me pertenecen.

13¿Acaso me alimento con carne de toros,

o bebo sangre de machos cabríos?

14Yo soy el Dios altísimo;

en vez de sacrificios, ofréceme alabanzas

y cúmpleme todos los votos que me hagas.

15Invócame en el día de la angustia;

yo te libraré, y tú me honrarás.»

16Pero al malvado Dios le dice:

«¿Qué tienes tú que ver con mis leyes?

¿Por qué te atreves a hablar de mi pacto?

17¡Si tú aborreces la corrección,

y echas en saco roto mis palabras!

18Si ves un ladrón, corres a su encuentro;

¡eres gran amigo de los adúlteros!

19Para el mal, no mides tus palabras;

con tu lengua urdes toda clase de engaños.

20En los tribunales, hablas contra tu hermano;

contra tu propio hermano profieres infamias.

21Todo esto has hecho, y yo me he callado;

habrás pensado que yo soy como tú.

Pero ahora voy a reprenderte;

voy a exhibir todas tus maldades.

22»Ustedes, los que se olvidan de mí,

entiendan bien esto;

no vaya a ser que los despedace

y no haya quien los libre de mí.

23El que me ofrece alabanzas, me honra;

al que enmiende su camino, yo lo salvaré.»