Reina Valera Contemporánea (RVRC)
1

LIBRO I

El justo y los pecadores

11Bienaventurado el hombre

que no anda en compañía de malvados,

ni se detiene a hablar con pecadores,

ni se sienta a conversar con blasfemos.

2Que, por el contrario,

se deleita en la ley del Señor,

y día y noche medita en ella.

3Ese hombre es como un árbol

plantado junto a los arroyos:

1.3:
Jer 17.8

llegado el momento da su fruto,

y sus hojas no se marchitan.

¡En todo lo que hace, prospera!

4Con los malvados no pasa lo mismo;

¡son como el tamo que se lleva el viento!

5Por eso los malvados y pecadores

no tienen arte ni parte en el juicio

ni en las reuniones de los justos.

6El Señor conoce el camino de los justos,

pero la senda de los malos termina mal.

2

El reino del ungido del Señor

21¿Por qué se rebelan los pueblos?

¿Por qué conspiran las naciones?

2Los reyes de la tierra hacen alianzas;

los caudillos se declaran en contra

del Señor y de su Mesías.

2.1-2:
Hch 4.25-26
Y dicen:

3«¡Vamos a quitarnos sus cadenas!

¡Vamos a librarnos de sus ataduras!»

4El que reina en los cielos se ríe;

el Señor se burla de ellos.

5Pero ya enfurecido, les habla,

y con su enojo los deja turbados.

6«Ya he establecido a mi rey

sobre el monte Sión, mi lugar santo.»

7Yo daré a conocer el decreto

que el Señor me ha comunicado:

«Tú eres mi hijo.

En este día te he engendrado.

2.7:
Hch 13.33
Heb 1.5
5.5

8Pídeme que te dé las naciones como herencia,

y tuyos serán los confines de la tierra.

9Someterás a las naciones con cetro de hierro,

2.9:
Ap 2.26-27
12.5
19.15

y las destrozarás como a vasijas de barro.»

10Ustedes, los reyes: ¡sean prudentes!

Y ustedes, los jueces: ¡admitan la corrección!

11Sirvan al Señor con reverencia

y ríndanle culto con temor reverente.

12Ríndanse a los pies de su Hijo,

no sea que él se enoje y ustedes perezcan,

pues su enojo se enciende de repente.

¡Bienaventurados son los que en él confían!

3

Oración matutina de confianza en Dios

Salmo de David, cuando huía de su hijo Absalón.

3
tít.:

31Señor, ¡cómo han aumentado mis enemigos!

Son muchos los que me atacan,

2son muchos los que me dicen

que tú no vendrás en mi ayuda.

3Pero tú, Señor, me rodeas como un escudo;

eres mi orgullo, el que sostiene mi vida.

4Con mi voz clamaré a ti, Señor,

y tú me responderás desde tu lugar santo.

5Yo me acuesto, y duermo y despierto,

porque tú, Señor, me sostienes.

6Aun si me rodean legiones de soldados,

no tengo nada que temer.

7Señor y Dios mío, ¡acude a rescatarme!

¡Hiere a todos mis enemigos en la mejilla!

¡Rómpeles los dientes a esos malvados!

8A ti, Señor, te corresponde salvar;

¡derrama tus bendiciones sobre tu pueblo!