Reina Valera Contemporánea (RVRC)
6

Advertencias contra la pereza y la mentira

61Hijo mío, si sales fiador por tu amigo,

y empeñas tu palabra en favor de un extraño,

2te has enredado con tus propias palabras;

¡eres cautivo de tus propias promesas!

3Hijo mío, has caído en manos de tu prójimo.

Para librarte, tienes que hacer lo siguiente:

Ve a hablar con tu prójimo, y humíllate ante él.

4No te des un momento de reposo;

no cierres los ojos ni te duermas.

5Sé como gacela, y escápate del cazador;

sé como un ave, y líbrate del que pone trampas.

6Perezoso, mira a las hormigas;

fíjate en sus caminos, y ponte a pensar.

7Ellas no tienen quien las mande,

ni quien les dé órdenes ni las gobierne.

8Preparan su comida en el verano,

y en el tiempo de la siega recogen su comida.

9Perezoso, ¿cuánto más seguirás durmiendo?

¿Cuándo vas a despertar de tu sueño?

10Un poco de dormir, un poco de soñar,

un poco de cruzarse de brazos para descansar,

11y así vendrán tu necesidad y tu pobreza:

como un vago, como un mercenario.

6.10-11:
Pr 24.33-34

12El que es malvado y canalla

siempre anda diciendo cosas perversas;

13guiña los ojos, mueve los pies,

hace señas con los dedos;

14en su corazón solo hay perversidad,

y todo el tiempo anda pensando en el mal.

¡Siempre anda sembrando discordias!

15Por eso, cuando menos lo espere,

le sobrevendrá la ruina sin que pueda evitarlo.

16Hay seis, y hasta siete cosas

que el Señor detesta con toda el alma:

17Los ojos altivos, la lengua mentirosa,

las manos que derraman sangre inocente,

18la mente que maquina planes inicuos,

los pies que se apresuran a hacer el mal,

19el testigo falso que propaga mentiras,

y el que siembra discordia entre hermanos.

Advertencia contra el adulterio

20Hijo mío, cumple el mandamiento de tu padre,

y no te apartes de la enseñanza de tu madre.

21Llévalos siempre dentro de tu corazón;

pórtalos alrededor de tu cuello.

22Serán tu guía cuando camines,

te protegerán cuando duermas,

y te hablarán cuando despiertes.

23El mandamiento es lámpara,

la enseñanza es luz,

y las reprensiones son el camino de la vida.

24Te librarán de la mujer malvada,

de la lengua sutil de la mujer ajena.

25No codicies en tu corazón su hermosura,

ni dejes que ella te atrape con sus miradas.

26Una ramera te cuesta un bocado de pan,

pero la mujer ajena te puede costar la vida.

27¿Quién se echa fuego en el pecho

sin que se queme su ropa?

28¿Quién puede andar sobre brasas

sin que se quemen sus pies?

29¡Pues tampoco puede clamar inocencia

el que se acuesta con la mujer de su prójimo!

30Nadie desprecia al que roba,

si lo hace para calmar su apetito;

31si lo sorprenden, debe pagar siete veces

y entregar todo el patrimonio de su casa,

32pero cometer adulterio es no tener cabeza;

quien adultera, se corrompe a sí mismo,

33lo que obtiene son golpes y vergüenza,

y nunca logra borrar esa mancha.

34Los celos despiertan la ira del hombre,

y en el día de la venganza este no perdona;

35no perdona ni se da por satisfecho,

aunque se le ofrezcan muchos obsequios.

7

Artimañas de la mujer ajena

71Hijo mío, obedece mis palabras,

y guarda como un tesoro mis mandamientos.

2Obedece mis mandamientos y enseñanzas;

cuídalos como las niñas de tus ojos, y vivirás.

3Átalos alrededor de tus dedos;

anótalos en la pizarra de tu corazón.

4Dile a la sabiduría: «¡Hermana mía!»

Declárate pariente de la inteligencia.

5Ellas te protegerán de la mujer ajena,

de esa extraña de melosas palabras.

6Un día estaba yo en la ventana de mi casa,

y miraba a través de la celosía.

7Observaba yo a los jóvenes incautos,

y me llamó la atención uno de ellos,

claramente falto de entendimiento,

8que cruzó la calle, dobló la esquina,

y se dirigió a la casa de esa mujer.

9Era tarde, y comenzaba a oscurecer;

las sombras de la noche comenzaban a caer.

10De pronto, esa mujer salió a su encuentro,

vestida como ramera y con claras intenciones:

11Era provocativa y desafiante,

de esas que no pueden poner un pie en su casa.

12Unas veces en la calle, otras veces en las plazas,

y en constante acecho en las esquinas.

13Se prendió de él, le dio un beso,

y descaradamente le propuso:

14«Yo había prometido sacrificios de paz,

y hoy he cumplido con mis votos.

15¡Por eso he salido a tu encuentro!

¡Ansiaba verte, y he dado contigo!

16Mi lecho lo he cubierto con finas colchas,

colchas recamadas con hilo egipcio.

17Mi alcoba la he perfumado

con mirra, áloes y canela.

18¡Ven, embriaguémonos de amores!

¡Gocemos del amor hasta el amanecer!

19Mi marido no está en casa,

pues salió para hacer un largo viaje.

20Se llevó la bolsa de dinero,

y no volverá hasta el día señalado.»

21La mujer lo venció con sus muchas lisonjas;

lo persuadió con sus labios zalameros,

22y el joven se fue enseguida tras ella,

como el buey que va al degolladero;

como el necio que preso avanza al castigo,

23hasta que una flecha le parte el corazón;

como el ave que vuela presurosa hacia la red,

sin saber que eso le costará la vida.

24Hijos, por favor, ¡escúchenme!

¡Presten atención a mis declaraciones!

25No inclines tu corazón hacia sus caminos;

no pierdas el rumbo por sus atajos.

26Por su culpa, muchos han caído heridos;

aun los más fuertes han muerto por causa de ella.

27Su casa va camino al sepulcro,

y desciende a las mansiones de la muerte.

8

Elogio a la Sabiduría

81¿Acaso no está llamando la sabiduría?

¿Qué, no deja oír su voz la inteligencia?

2Se para en las colinas, junto al camino;

se queda esperando en las encrucijadas.

3Deja oír su voz a un lado de las puertas;

a la entrada misma de la ciudad exclama:

8.1-3:
Pr 1.20-21

4«A ustedes, los hombres, los llamo;

a ustedes, los hombres, dirijo mi voz.

5Muchachos ingenuos, ¡entiendan!

Jóvenes necios, ¡recapaciten!

6¡Óiganme, que lo que voy a decirles

son cosas muy justas e importantes!

7De mi boca solo sale la verdad;

mis labios aborrecen la mentira.

8Todas mis palabras son precisas;

no hay en ellas dolo ni perversidad.

9Para los sabios y entendidos,

todas ellas son contundentes y razonables.

10Den cabida a mis correcciones, no a la plata;

acepten mis conocimientos, no el oro escogido.

11Yo, la sabiduría, valgo más que las piedras preciosas.

¡Ni lo más deseable puede compararse conmigo!

12»Yo, la sabiduría, convivo con la cordura;

en mí se hallan el conocimiento y el consejo.

13El temor del Señor es aborrecer el mal;

yo aborrezco la soberbia y la arrogancia,

el mal camino y la boca perversa.

14En mí se hallan el consejo y el buen juicio;

yo soy la inteligencia; mío es el poder.

15Por mí llegan los reyes al trono

y los príncipes imparten justicia.

16Por mí gobiernan los jefes y príncipes,

y todos los que rigen con justicia.

17Yo amo a los que me aman,

y dejo que me hallen los que en verdad me buscan.

18Las riquezas y la honra me acompañan,

las verdaderas riquezas y la justicia.

19Mis frutos son mejores que el oro más refinado;

mis ganancias sobrepasan a la plata escogida.

20Yo voy por el camino recto;

camino por las sendas de la justicia,

21para dar su herencia a los que me aman,

para saturarlos de tesoros.

22»Desde el principio, el Señor me poseía;

desde antes de que empezara sus obras.

8.22:
Ap 3.14

23Desde el principio mismo fui establecida,

desde antes de que la tierra existiera.

24Fui engendrada antes de los abismos,

antes de que existieran los grandes manantiales.

25Fui engendrada antes de que se formaran

los montes y las colinas.

26Aún no había creado él la tierra ni los campos,

ni los primeros granos de arena del mundo,

27¡y ya estaba yo ahí!

Mientras él formaba los cielos

y trazaba el arco sobre la faz del abismo,

28mientras afirmaba las nubes en las alturas,

mientras reforzaba las fuentes del abismo,

29mientras establecía los límites del mar

para que las aguas no traspasaran su cauce,

¡mientras afirmaba los fundamentos de la tierra!

30Yo estaba a su lado, ordenándolo todo,

danzando alegremente todos los días,

disfrutando siempre de su presencia,

31regocijándome en la tierra, su creación;

¡deleitándome con el género humano!»

32Hijos, por favor, ¡escúchenme!

¡Dichosos los que siguen mis caminos!

33Sean sabios y préstenme atención;

no dejen de lado la disciplina.

34Dichoso el hombre que me escucha

y todo el tiempo se mantiene vigilante

a las puertas de mi casa.

35El que me halla, ha encontrado la vida

y alcanzado el favor del Señor.

36El que peca contra mí, se daña a sí mismo;

el que me aborrece, ama a la muerte.