Reina Valera Contemporánea (RVRC)
3

Exhortación a la obediencia

31Hijo mío, no te olvides de mi ley;

guarda en tu corazón mis mandamientos.

2Ellos prolongarán los años de tu vida

y te traerán abundante paz.

3No te apartes de la misericordia y la verdad;

átalas alrededor de tu cuello,

escríbelas en la tabla de tu corazón.

4Así contarás con el favor de Dios,

y con una buena opinión ante los hombres.

3.4:
Lc 2.52
Ro 12.17
2 Co 8.21

5Confía en el Señor de todo corazón,

y no te apoyes en tu propia prudencia.

6Reconócelo en todos tus caminos,

y él enderezará tus sendas.

7No seas sabio en tu propia opinión;

3.7:
Ro 12.16

teme al Señor y apártate del mal.

8Él será la medicina de tu cuerpo;

¡infundirá alivio a tus huesos!

9Honra al Señor con tus bienes

y con las primicias de tus cosechas.

10Tus graneros se saturarán de trigo,

y tus lagares rebosarán de vino.

11Hijo mío, no desdeñes la corrección del Señor;

no te sientas mal cuando te reprenda.

3.11:
Job 5.17

12El Señor corrige

3.12:
Ap 3.19
al que ama

como lo hace el padre con su hijo amado.

3.11-12:
Heb 12.5-6

13¡Dichoso el que halla la sabiduría

y se encuentra con la inteligencia!

14¡Son más provechosas que la plata!

¡Sus frutos son más valiosos que el oro refinado!

15Son de más valor que las piedras preciosas;

lo más deseable no es comparable a ellas.

16Con la mano derecha ofrece una larga vida,

y con la izquierda ofrece riquezas y honra.

17Sus caminos son un deleite,

y en todas sus veredas hay paz.

18La sabiduría es un árbol de vida

para los que echan mano de ella;

¡dichosos los que no la sueltan!

19Con sabiduría, el Señor fundó la tierra;

con inteligencia, el Señor afirmó los cielos.

20Con su sapiencia se abrieron los abismos,

y destilaron las nubes su rocío.

21Hijo mío, preserva la ley y el consejo;

nunca pierdas esto de vista.

22Estos infundirán vida a tu alma

y adornarán tu cuello.

23Así podrás andar confiado en tu camino,

y nunca tus pies tropezarán.

24No tendrás temor cuando te acuestes;

te acostarás y tendrás gratos sueños.

25No temerás que de repente te asalten

las calamidades que merecen los impíos.

26El Señor te infundirá confianza,

y evitará que tus pies queden atrapados.

27No te niegues a hacer los favores debidos,

cuando en tu mano esté el hacerlos.

28Si hoy puedes ayudar a tu prójimo,

no pospongas la ayuda para mañana.

29No hagas planes malvados contra tu prójimo;

es tu prójimo y vive confiando en ti.

30No entables sin motivo pleitos contra nadie,

mucho menos si no te han agraviado.

31No envidies a la gente violenta,

ni escojas ninguno de sus caminos,

32porque al Señor le repugnan los perversos,

pero es amigo de los hombres honrados.

33Sobre la casa de los malvados

recae la maldición del Señor;

sobre la habitación de los justos

permanece su bendición.

34El Señor se burla de los burlones,

pero brinda su favor

3.34:
Stg 4.6
1 P 5.5
a los humildes.

35La herencia de los sabios es la honra;

la de los necios, la deshonra.

4

Ventajas de la sabiduría

41Hijos, escuchen las enseñanzas de su padre;

presten atención, y adquirirán entendimiento.

2Yo les doy buenas enseñanzas;

no rechacen mis instrucciones.

3También yo fui hijo, y tuve un padre;

era el hijo predilecto de mi madre.

4Mi padre me enseñaba, y me decía:

«Guarda mis razones en tu corazón.

Cumple mis mandamientos, y vivirás.

5Adquiere sabiduría e inteligencia,

y nunca te olvides ni te apartes

de las palabras de mi boca.

6Ama a la sabiduría. Nunca la dejes,

y ella te cuidará y te protegerá.

7En primer lugar, adquiere sabiduría;

sobre todas las cosas, adquiere inteligencia.

8Hónrala, y ella te enaltecerá;

abrázala, y ella te honrará.

9Adorno de gracia pondrá sobre tu cabeza;

te coronará con una bella diadema.»

10Hijo mío, óyeme y acepta mis razones,

y los años de tu vida se alargarán.

11Yo te muestro el camino de la sabiduría,

y te llevo por senderos de rectitud.

12Tus pasos no encontrarán obstáculos,

y cuando corras no tropezarás.

13Retén mis consejos; no los abandones.

Resguárdalos, porque te darán vida.

14No vayas por la senda de los impíos,

ni sigas el camino de los malvados.

15Deja esa senda, no vayas por ella;

apártate de ella y sigue adelante.

16Ellos no duermen si no han hecho mal;

pierden el sueño si no hacen caer a alguno.

17Se alimentan con la maldad;

apagan su sed cometiendo robos.

18Pero la senda de los justos es como la aurora:

¡su luz va en aumento, hasta la plenitud del día!

19El camino de los impíos es como la oscuridad;

¡ni siquiera saben contra qué tropiezan!

20Hijo mío, presta atención a mis palabras;

inclina tu oído para escuchar mis razones.

21No las pierdas de vista;

guárdalas en lo más profundo de tu corazón.

22Ellas son vida para quienes las hallan;

son la medicina para todo su cuerpo.

23Cuida tu corazón más que otra cosa,

porque él es la fuente de la vida.

24Aparta de tu boca las palabras perversas;

aleja de tus labios las palabras inicuas.

25Dirige la mirada hacia adelante;

fíjate en lo que tienes delante de tus ojos.

26Piensa qué camino vas a seguir,

4.26:
Heb 12.13

y plántate firme en todos tus caminos.

27Apártate del mal. No te desvíes

ni a la derecha ni a la izquierda.

5

Advertencia contra la impureza

51Hijo mío, atiende a mi sabiduría;

inclina tu oído a mi inteligencia.

2Así pondrás en práctica mis consejos

y tus labios resguardarán el conocimiento.

3Los labios de la mujer ajena destilan miel;

su paladar es más suave que el aceite,

4pero termina siendo amargo como el ajenjo,

y tajante como una espada de dos filos.

5Sus pies descienden a la muerte;

sus pasos se dirigen al sepulcro.

6No tomes en cuenta sus caminos inestables,

porque no conocerás el camino de la vida.

7Hijos, escúchenme bien ahora:

No se aparten de las razones de mi boca.

8Aleja a esa mujer de tu camino.

No te acerques a la puerta de su casa.

9Así no entregarás tu vida y tu honor

a gente extraña y cruel.

10Así gente extraña no se saciará con tu fuerza,

ni se quedarán tus trabajos en casa ajena.

11Así no tendrás que llorar al final,

cuando tu carne y tu cuerpo se consuman,

12ni dirás: «¡Cómo pude rechazar los consejos!

¡Cómo pudo mi corazón despreciar la reprensión!

13¡No oí la voz de los que me instruían,

ni presté oído a los que me enseñaban!

14¡Poco me faltó para estar del todo mal

entre la comunidad y la congregación!»

15Bebe el agua de tu propio pozo,

el raudal que mana de tu propia cisterna.

16¿Por qué derramar tus fuentes por las calles,

y tus corrientes de aguas por las plazas?

17Esas aguas son para ti solo,

no para compartirlas con gente extraña.

18¡Bendito sea tu manantial!

¡Alégrate con la mujer de tu juventud,

19con esa cervatilla amada y graciosa!

¡Sáciate de sus caricias en todo tiempo!

¡Recréate siempre con su amor!

20Hijo mío,

¿por qué perder la cabeza por la mujer ajena?

¿Por qué arrojarte a los brazos de una extraña?

21Los caminos del hombre están ante el Señor,

y él pone a consideración todas sus veredas.

22Al impío lo atrapa su propia maldad,

lo atan las cuerdas de su pecado.

23El malvado muere por falta de corrección,

y pierde el rumbo por su inmensa locura.