Reina Valera Contemporánea (RVRC)
30

Las palabras de Agur

301Palabras proféticas de Agur, hijo de Jaqué, dirigidas a Itiel, a Itiel y a Ucal.

2¡No hay nadie más ignorante que yo!

¡No hay en mí raciocinio humano!

3No tengo estudios ni sabiduría;

¡no tengo conocimiento alguno del Dios santo!

4¿Quién puede subir al cielo, y bajar de allí?

¿Quién puede retener el viento entre sus puños?

¿Quién puede retener el mar en un paño?

¿Quién estableció los límites de la tierra?

¿Sabes su nombre, y el nombre de su hijo?

5Las palabras de Dios son todas puras;

Dios es el escudo de quienes en él confían.

6No añadas a sus palabras, y él no te reprenderá,

y tampoco resultarás un mentiroso.

7Solamente dos cosas te he pedido;

¡concédemelas antes de que muera!

8Aparta de mí la vanidad y la mentira,

y no me des pobreza ni riquezas.

Dame solo el pan necesario,

9no sea que, una vez satisfecho,

te niegue y diga: «¿Y quién es el Señor?»

O que, por ser pobre, llegue yo a robar

y ofenda el nombre de mi Dios.

10No acuses al siervo ante su amo,

no sea que te maldiga y sufras el castigo.

11Hay algunos que maldicen a su padre

y no bendicen a su madre.

12Hay algunos que se creen muy puros,

aunque no se han purificado de su inmundicia.

13Hay algunos que miran con altanería

y mantienen en alto la mirada.

14Hay algunos cuyos dientes parecen espadas

y cuyas muelas parecen cuchillos,

¡dispuestos a devorar a los pobres de la tierra,

a la gente menesterosa de este mundo!

15La sanguijuela tiene dos hijas

que no saben más que pedir.

Tres cosas hay que nunca se sacian,

y aun la cuarta nunca está satisfecha:

16El sepulcro, la matriz estéril,

la tierra seca, que demanda más agua,

y el fuego, que jamás deja de arder.

17A quien mira con desprecio a su padre

y tiene en poco la enseñanza de la madre,

¡que los cuervos del valle le saquen los ojos!,

¡que los aguiluchos se lo coman vivo!

18Hay tres cosas que me son incomprensibles,

y aun la cuarta no la alcanzo a comprender:

19el rastro del águila en el aire,

el rastro de la serpiente sobre las rocas,

el rastro del barco al surcar el mar,

y el rastro del hombre en la doncella.

20La mujer adúltera se porta así:

Come, se limpia la boca,

y afirma: «No he hecho nada malo.»

21Hay tres cosas que sacuden a la tierra,

y una cuarta que no puede tolerar:

22el siervo que llega a ser rey,

el necio que se harta de pan,

23la solterona que llega a casarse,

y la criada que suplanta a su ama.

24Hay cuatro cosas muy pequeñas en la tierra,

pero que son más sabias que los sabios:

25las hormigas, ejército nada fuerte,

pero que en el verano almacena su comida;

26los damanes, ejército sin recursos,

pero que ponen su casa en la roca;

27las langostas, que no tienen rey,

pero que avanzan en perfecta formación;

28y la araña, que se puede atrapar con la mano,

pero que se halla en el palacio del rey.

29Tres animales caminan con paso airoso,

y el cuarto se pavonea al andar:

30el león, el más fuerte de los animales,

al que nada lo hace retroceder;

31el pavo real, el macho cabrío,

y el rey, a quien nadie resiste.

32Si en tu necedad has querido enaltecerte,

o has hecho planes malvados, reflexiona:

33Si bates la leche, obtienes mantequilla;

si te suenas fuerte la nariz, esta te sangra;

y si provocas la ira de alguien, provocas un pleito.

31

Exhortación a un rey

311Palabras proféticas del rey Lemuel, que su madre le enseñó.

2¿Qué puedo decirte, hijo mío?

¿Qué puedo decirte, hijo de mis entrañas?

¿Qué puedo decirte, respuesta a mis oraciones?

3Que no entregues tu vigor a las mujeres,

ni vayas por caminos que destruyen a los reyes.

4Lemuel, hijo mío,

no está bien que los reyes beban vino,

ni que los príncipes beban sidra;

5no sea que por beber se olviden de la ley,

y tuerzan el derecho de todos los afligidos.

6Sea la sidra para el que desfallece,

y el vino para los de ánimo amargado.

7¡Que beban y se olviden de sus carencias!

¡Que no se acuerden más de su miseria!

8Habla en lugar de los que no pueden hablar;

¡defiende a todos los desvalidos!

9Habla en su lugar, y hazles justicia;

¡defiende a los pobres y menesterosos!

Elogio a la esposa ejemplar

10Mujer ejemplar, ¿quién dará con ella?

Su valor excede al de las piedras preciosas.

11Su esposo confía en ella de todo corazón,

y por ella no carece de ganancias.

12Siempre lo trata bien, nunca mal,

todos los días de su vida.

13Sale en busca de lana y de lino,

y afanosa los trabaja con sus manos.

14Se asemeja a una nave de mercaderes,

que de muy lejos trae sus provisiones.

15Aun durante la noche se levanta

para dar de comer a su familia

y asignar a las criadas sus deberes.

16Pondera el valor de un terreno, y lo compra,

y con lo que gana planta un viñedo.

17Saca fuerzas de flaqueza,

y con ahínco se dispone a trabajar.

18Está atenta a la buena marcha de su negocio,

y por la noche mantiene su lámpara encendida.

19Sabe cómo manejar el huso,

y no le es ajeno manejar la rueca.

20Sabe ayudar a los pobres,

y tender la mano a los menesterosos.

21Cuando nieva, no teme por su familia,

pues todos ellos visten ropas dobles.

22Ella misma se hace tapices,

y se viste de lino fino y de púrpura.

23Su esposo es bien conocido en la ciudad,

y es parte del consejo local de ancianos.

24Las telas que hace, las vende,

y provee a los comerciantes con cinturones.

25Se reviste de fuerza y de honra,

y no le preocupa lo que pueda venir.

26Habla siempre con sabiduría,

y su lengua se rige por la ley del amor.

27Siempre atenta a la marcha de su hogar,

nunca come un pan que no se haya ganado.

28Sus hijos se levantan y la llaman dichosa;

también su esposo la congratula:

29«Muchas mujeres han hecho el bien,

pero tú las sobrepasas a todas.»

30La belleza es engañosa, y hueca la hermosura,

pero la mujer que teme al Señor será alabada.

31¡Reconózcase lo que ha hecho con sus manos!

¡Sea alabada ante todos por sus logros!