Reina Valera Contemporánea (RVRC)
1

11Profecía acerca de Nínive.

1.1—3.19:
Is 10.5-34
14.24-27
Sof 2.13-15
Libro de la visión de Nahúm de Elcos.

2El Señor es un Dios celoso y vengador;

es el Señor de la venganza y de la ira.

El Señor se venga de sus adversarios

y mantiene su enojo contra sus enemigos.

3El Señor es lento para la ira,

y su poder es impresionante.

El Señor no tiene por inocente al culpable.

El Señor marcha en la tempestad y en el torbellino;

las nubes son el polvo que levantan sus pies.

4El Señor reprende al mar,

y el mar y todos los ríos se secan.

Basán y el Carmelo fueron destruidos,

y destruido también lo mejor del Líbano.

5Ante el Señor tiemblan los montes

y se desmoronan las colinas;

ante su presencia la tierra se estremece,

y tiemblan el mundo y sus habitantes.

6¿Quién puede enfrentarse a su ira?

¿Quién puede resistir el ardor de su enojo?

Su ira se extiende como el fuego,

y hace que las peñas se desgajen.

7El Señor es bueno;

es un refugio en el día de la angustia.

El Señor conoce a los que en él confían,

8pero destruye a sus adversarios

con una impetuosa inundación

y persigue con las tinieblas a sus enemigos.

9¿Hacen ustedes planes contra el Señor?

¡Él los deshará por completo,

y no tendrá que vengarse dos veces!

10Podrán hacer estrechas alianzas,

como entretejidos espinos,

y saturarse de vino para darse valor,

pero serán consumidos como la hojarasca.

11De ti, Nínive, salió el consejero perverso,

¡el que pensó hacerle daño al Señor!

12Pero así ha dicho el Señor:

«Aunque ellos sean muchos y vivan tranquilos,

aun así serán destruidos y dejarán de existir.

Ya te he afligido bastante, Jerusalén,

y no volveré a afligirte.

13Voy a hacer pedazos el yugo y las coyundas

que Nínive te ha impuesto.»

14Acerca de ti, Nínive, el Señor ha ordenado

que no quede ni memoria de tu nombre.

Por causa de tu vileza serán destruidas

todas las esculturas y las estatuas fundidas

que hay en el templo de tu dios,

y allí se pondrá tu sepulcro.

Anuncio de la caída de Nínive

15Ya se oyen sobre los montes

los pies del que trae buenas nuevas,

del que anuncia la paz.

1.15:
Is 52.7

¡Celebra tus fiestas, Judá, y cumple tus votos!

¡Los malvados han perecido por completo,

y nunca más volverán a conquistarte!

2

21Ya avanza contra ti el destructor.

Vigila, pues, tu fortaleza y el camino.

Vístete y refuerza al máximo tu poder.

2Los saqueadores despojaron a Jacob,

¡estropearon las viñas de Israel!

Pero el Señor restaurará su antigua gloria.

3Rojos son los escudos de los guerreros.

Rojos son también sus uniformes.

Sus carros de guerra brillan como antorchas.

Llegó el día del ataque, y ya agitan las lanzas.

4Los carros se precipitan a las plazas

y ruedan con estruendo por las calles.

Su aspecto es el de antorchas encendidas,

que pasan como súbitos relámpagos.

5El rey manda llamar a sus valientes,

y estos en su prisa se atropellan.

Corren a las murallas y preparan la defensa.

6Se abren las compuertas de los ríos,

y las aguas inundan el palacio.

7La reina es apresada y llevada en vilo.

Sus criadas gimen como palomas,

y en su angustia se golpean el pecho.

8La gente en Nínive parece una represa

cuyas aguas se hubieran desbordado.

Algunos gritan: «¡Deténganse, deténganse!»,

pero nadie retrocede.

9Unos se roban la plata, otros se roban el oro,

¡parecieran no tener fin tantas riquezas

y tantos objetos codiciables y valiosos!

10Nínive queda vacía, vencida, despojada.

El corazón le desfallece, le tiemblan las rodillas,

le duelen las entrañas, su rostro palidece.

11¿Qué hay de la guarida de los leones?

¿Qué pasó con la guarida de cachorros,

donde el león y la leona descansaban,

donde nadie osaba espantar a los cachorros?

12El león mataba para alimentar a sus cachorros,

desgarraba su presa y alimentaba a sus leonas;

¡con los despojos de sus víctimas

llenaba sus cuevas y guaridas!

Destrucción total de Nínive

13«Pero yo estoy contra ti.

Voy a quemar tus carros de guerra,

y los reduciré a cenizas.

La espada acabará con tus leoncillos;

pondré fin al pillaje que hay en el país,

y nunca más volverá a escucharse

la voz de tus mensajeros.»

—Palabra del Señor de los ejércitos.