Reina Valera Contemporánea (RVRC)
6

Jesús y la limosna

61»Cuidado con hacer sus obras de justicia solo para que la gente los vea.

6.1:
Mt 23.5
Si lo hacen así, su Padre que está en los cielos no les dará ninguna recompensa.

2»Cuando tú des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que la gente los alabe. De cierto les digo que con eso ya se han ganado su recompensa.

3Pero cuando tú des limosna, asegúrate de que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha;4así tu limosna será en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Jesús y la oración

(Lc 11.2-4)

5»Cuando ores, no seas como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para que la gente los vea;

6.5:
Lc 18.10-14
de cierto les digo que con eso ya se han ganado su recompensa.

6Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y con la puerta cerrada
6.6:
Is 26.20
ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

7»Cuando ustedes oren, no sean repetitivos, como los paganos, que piensan que por hablar mucho serán escuchados.

8No sean como ellos, porque su Padre ya sabe de lo que ustedes tienen necesidad, antes de que ustedes le pidan.9Por eso, ustedes deben orar así:

»“Padre nuestro, que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre.

10Venga tu reino.

Hágase tu voluntad,

en la tierra como en el cielo.

11El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

12Perdónanos nuestras deudas,

como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

13No nos metas en tentación,

sino líbranos del mal.”

[Porque tuyo es el reino,

el poder, y la gloria,

6.13:
1 Cr 29.11

por todos los siglos. Amén.]6.13 La frase Porque tuyo… siglos. Amén. se halla solo en mss. tardíos.

14»Si ustedes perdonan a los otros sus ofensas, también su Padre celestial los perdonará a ustedes.

15Pero si ustedes no perdonan a los otros sus ofensas, tampoco el Padre de ustedes les perdonará sus ofensas.
6.14-15:
Mc 11.25-26

Jesús y el ayuno

16»Cuando ustedes ayunen, no se muestren afligidos, como los hipócritas, porque ellos demudan su rostro para mostrar a la gente que están ayunando; de cierto les digo que ya se han ganado su recompensa.

17Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara,18para no mostrar a los demás que estás ayunando, sino a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Tesoros en el cielo

(Lc 12.32-34)

19»No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corroen,

6.19:
Stg 5.2-3
y donde los ladrones minan y hurtan.

20Por el contrario, acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corroen, y donde los ladrones no minan ni hurtan.21Pues donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

La lámpara del cuerpo

(Lc 11.33-36)

22»La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz;

23pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán oscura no será la misma oscuridad!

Dios y las riquezas

(Lc 16.13)

24»Nadie puede servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o estimará a uno y menospreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas.6.24 Gr. Mamón.

El afán y la ansiedad

(Lc 12.22-31)

25»Por lo tanto les digo: No se preocupen por su vida, ni por qué comerán o qué beberán; ni con qué cubrirán su cuerpo. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

26Miren las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, y el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes mucho más que ellas?27¿Y quién de ustedes, por mucho que lo intente, puede añadir medio metro a su estatura?28¿Y por qué se preocupan por el vestido? Observen cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan,29y aun así ni el mismo Salomón, con toda su gloria,
6.29:
1 R 10.4-7
2 Cr 9.3-6
se vistió como uno de ellos.
30Pues si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se echa en el horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?31Por lo tanto, no se preocupen ni se pregunten: “¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?”32Porque la gente anda tras todo esto, pero su Padre celestial sabe que ustedes tienen necesidad de todas estas cosas.33Por lo tanto, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.

34»Así que, no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante tiene cada día con su propio mal!

7

El juzgar a los demás

(Lc 6.37-38,41-42)

71»No juzguen, para que no sean juzgados.

2Porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, serán medidos.
7.2:
Mc 4.24
3¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo?4¿Cómo dirás a tu hermano: “Déjame sacar la paja de tu ojo”, cuando tienes una viga en el tuyo?5¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

6»No den ustedes lo santo a los perros, ni echen sus perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan contra ustedes y los despedacen.

La oración, y la regla de oro

(Lc 11.9-13; 6.31)

7»Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá.

8Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca, encuentra, y al que llama, se le abre.9¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra?10¿O si le pide un pescado, le da una serpiente?11Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan!12Así que, todo lo que quieran que la gente haga con ustedes, eso mismo hagan ustedes con ellos, porque en esto se resumen la ley y los profetas.

La puerta estrecha

(Lc 13.24)

13»Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

14Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la encuentran.

Según el árbol es el fruto

(Lc 6.43-44)

15»Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

16Ustedes los conocerán por sus frutos, pues no se recogen uvas de los espinos, ni higos de los abrojos.17Del mismo modo, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.18El buen árbol no puede dar frutos malos, ni el árbol malo dar frutos buenos.19Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
7.19:
Mt 3.10
Lc 3.9
20Así que ustedes los conocerán por sus frutos.
7.20:
Mt 12.33

Jesús conoce a los suyos

(Lc 13.25-27)

21»No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22En aquel día, muchos me dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”23Pero yo les diré claramente: “Nunca los conocí. ¡Apártense de mí, obreros de la maldad!”
7.23:
Sal 6.8

Los dos cimientos

(Lc 6.46-49)

24»A cualquiera que me oye estas palabras, y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

25Cayó la lluvia, vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y azotaron aquella casa, pero esta no se vino abajo, porque estaba fundada sobre la roca.26Por otro lado, a cualquiera que me oye estas palabras y no las pone en práctica, lo compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena.27Cayó la lluvia, vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y azotaron aquella casa, y esta se vino abajo, y su ruina fue estrepitosa.»

28Cuando Jesús terminó de hablar, la gente se admiraba de su enseñanza,

29porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.
7.28-29:
Mc 1.22
Lc 4.32
8

Jesús sana a un leproso

(Mc 1.40-45; Lc 5.12-16)

81Al descender Jesús del monte, lo seguía mucha gente.

2Un leproso se le acercó, se arrodilló ante él y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»3Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero. Ya has quedado limpio.» Y al instante su lepra desapareció.4Entonces Jesús le dijo: «Ten cuidado de no decirle nada a nadie. Más bien, ve y preséntate ante el sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó,
8.4:
Lv 14.1-32
para que les sirva de testimonio.»

Jesús sana al siervo de un centurión

(Lc 7.1-10)

5Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un centurión, y le rogó:

6«Señor, mi criado yace en casa, paralítico y con muchos sufrimientos.»7Jesús le dijo: «Iré a sanarlo.»8El centurión le respondió: «Señor, yo no soy digno de que entres a mi casa. Pero una sola palabra tuya bastará para que mi criado sane.9Porque yo también estoy bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes. Si a uno le digo que vaya, va; y si a otro le digo que venga, viene; y si le digo a mi siervo: “Haz esto”, lo hace.»10Al oír esto Jesús, se quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «De cierto les digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.11Yo les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
8.11:
Lc 13.29
12pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.»
8.12:
Mt 22.13
25.30
Lc 13.28
13Luego dijo Jesús al centurión: «Ve, y que se haga contigo tal y como has creído.» Y en ese mismo momento el criado del centurión quedó sano.

Jesús sana a la suegra de Pedro

(Mc 1.29-34; Lc 4.38-41)

14Jesús fue a la casa de Pedro, y encontró a la suegra de este postrada en cama y con fiebre.

15Cuando Jesús le tocó la mano, la fiebre se le quitó. Entonces ella se levantó y los atendió.16Al caer la noche, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su sola palabra, expulsó a los demonios y sanó a todos los enfermos.17Esto, para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: «Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.»
8.17:
Is 53.4

Los que querían seguir a Jesús

(Lc 9.57-62)

18Al verse Jesús rodeado de tanta gente, dio órdenes de cruzar el lago.

19Entonces se le acercó un escriba, y le dijo: «Maestro, yo te seguiré adondequiera que vayas.»20Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.»21Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre.»22Jesús le dijo: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»

Jesús calma la tempestad

(Mc 4.35-41; Lc 8.22-25)

23Luego subió a la barca, y sus discípulos lo siguieron.

24En esto se levantó en el lago una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca, pero él dormía.25Sus discípulos lo despertaron y le dijeron: «¡Señor, sálvanos, que estamos por naufragar!»26Él les dijo: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, reprendió al viento y a las aguas, y sobrevino una calma impresionante.27Y esos hombres se quedaron asombrados, y decían: «¿Qué clase de hombre es este, que hasta el viento y las aguas lo obedecen?»

Los endemoniados gadarenos

(Mc 5.1-20; Lc 8.26-39)

28Cuando llegó a la otra orilla, que era la tierra de los gadarenos, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y se le acercaron. Eran tan feroces que nadie se atrevía a pasar por aquel camino.

29Y entre gritos le dijeron: «Hijo de Dios, ¿qué tienes que ver con nosotros? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?»30Lejos de ellos había un hato de muchos cerdos, que pacían.31Y los demonios le rogaron: «Si nos expulsas, permítenos ir a aquel hato de cerdos.»32Él les dijo: «Vayan.» Ellos salieron, y se fueron a los cerdos, y todo el hato se lanzó al lago por un despeñadero, y perecieron ahogados.33Los que cuidaban de los cerdos huyeron y fueron corriendo a la ciudad, y allí contaron todas estas cosas, incluso lo que había pasado con los endemoniados.34Y todos en la ciudad fueron a ver a Jesús y, cuando lo encontraron, le rogaron que se fuera de sus contornos.