Reina Valera Contemporánea (RVRC)
25

Parábola de las diez vírgenes

251»En aquel tiempo, el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas,

25.1:
Lc 12.35
y salieron a recibir al novio.

2Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas.3Las insensatas, tomaron sus lámparas, pero no llevaron aceite;4en cambio, las prudentes llevaron sus lámparas y también vasijas con aceite.5Como el esposo se demoró, todas cabecearon y se durmieron.6A la medianoche se oyó gritar: “¡Aquí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!”7Todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.8Entonces las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.”9Pero las prudentes les respondieron: “A fin de que no nos falte a nosotras ni a ustedes, vayan a los que venden, y compren para ustedes mismas.”10Pero mientras ellas fueron a comprar, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta.11Después llegaron también las otras vírgenes, y decían: “¡Señor, señor, ábrenos!”12Pero él les respondió: “De cierto les digo, que no las conozco.”
25.11-12:
Lc 13.25
13Estén atentos, porque ustedes no saben el día ni la hora en que el Hijo del Hombre vendrá.

Parábola del siervo negligente

14»Porque el reino de los cielos es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.

15A uno le dio cinco mil monedas de plata; a otro, dos mil; y a otro, mil, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se marchó.16El que había recibido cinco mil monedas negoció con ellas, y ganó otras cinco mil.17Asimismo, el que había recibido dos mil, ganó también otras dos mil.18Pero el que había recibido mil hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.19Mucho tiempo después, el señor de aquellos siervos volvió y arregló cuentas con ellos.20El que había recibido las cinco mil monedas se presentó, le entregó otras cinco mil, y dijo: “Señor, tú me entregaste cinco mil monedas, y con ellas he ganado otras cinco mil; aquí las tienes.”21Y su señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor.”22El que había recibido las dos mil monedas dijo: “Señor, tú me entregaste dos mil monedas, y con ellas he ganado otras dos mil; aquí las tienes.”23Su señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor.”24Pero el que había recibido mil monedas llegó y dijo: “Señor, yo sabía que tú eres un hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges lo que no esparciste.25Así que tuve miedo y escondí tu dinero en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo.”26Su señor le respondió: “Siervo malo y negligente, si sabías que yo siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí,27debías haber dado mi dinero a los banqueros y, al venir yo, hubiera recibido lo que es mío más los intereses.28Así que, ¡quítenle esas mil monedas y dénselas al que tiene diez mil!”29Porque al que tiene se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo poco que tiene se le quitará.
25.29:
Mt 13.12
Mc 4.25
Lc 8.18
30En cuanto al siervo inútil, ¡échenlo en las tinieblas de afuera! Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
25.14-30:
Lc 19.11-27
25.30:
Mt 8.12
22.13
Lc 13.28

El juicio de las naciones

31»Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él,

25.31:
Mt 16.27
se sentará en su trono de gloria,
25.31:
Mt 19.28

32y todas las naciones serán reunidas ante él. Entonces él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos.33Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda,34y entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo.35Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron;36estuve desnudo, y me cubrieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a visitarme.”37Entonces los justos le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer; o con sed, y te dimos de beber?38¿Y cuándo te vimos forastero, y te recibimos; o desnudo, y te cubrimos?39¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y te visitamos?”40Y el Rey les responderá: “De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron.”41Entonces dirá también a los de la izquierda: “¡Apártense de mí, malditos! ¡Vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles!42Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;43fui forastero, y no me recibieron; estuve desnudo, y no me cubrieron; estuve enfermo, y en la cárcel, y no me visitaron.”44Ellos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, o con sed, o forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?”45Y él les responderá: “De cierto les digo que todo lo que no hicieron por uno de estos más pequeños, tampoco por mí lo hicieron.”46Entonces estos irán al castigo eterno, y los justos irán a la vida eterna.»
25.46:
Dn 12.2
26

El complot para prender a Jesús

(Mc 14.1-2; Lc 22.1-2; Jn 11.45-53)

261Cuando Jesús terminó de decir todo esto, dijo a sus discípulos:

2«Como ustedes saben, dentro de dos días se celebra la pascua,
26.2:
Ex 12.1-27
y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.»

3Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio de Caifás, el sumo sacerdote,

4y se confabularon para aprehender con engaños a Jesús, y matarlo.5Pero decían: «Que no sea durante la fiesta, para que no se alborote el pueblo.»

Jesús es ungido en Betania

(Mc 14.3-9; Jn 12.1-8)

6Mientras Jesús estaba en Betania, en casa de Simón el leproso,

7se le acercó una mujer. Llevaba un vaso de alabastro con un perfume muy caro, que derramó sobre la cabeza de Jesús mientras él estaba sentado a la mesa.
26.7:
Lc 7.37-38
8Al ver esto, los discípulos se enojaron y dijeron: «¿Pero qué desperdicio es este?9¡Pudo haberse vendido esto por mucho dinero, y ser dado a los pobres!»10Jesús se dio cuenta de esto, y les dijo: «¿Por qué molestan a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es una buena obra.11Porque ustedes siempre tendrán a los pobres,
26.11:
Dt 15.11
pero a mí no siempre me tendrán.
12Lo que ha hecho ella al derramar sobre mí este perfume, es prepararme para la sepultura.13De cierto les digo que en cualquier parte del mundo donde este evangelio sea proclamado, también se contará lo que esta mujer ha hecho, y así será recordada.»

Judas ofrece entregar a Jesús

(Mc 14.10-11; Lc 22.3-6)

14Entonces Judas Iscariote, que era uno de los doce, fue a ver a los principales sacerdotes,

15y les dijo: «¿Cuánto me darían, si yo les entrego a Jesús?» Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.16Desde entonces Judas buscaba el mejor momento de entregar a Jesús.

Institución de la Cena del Señor

(Mc 14.12-25; Lc 22.7-23; Jn 13.21-30; 1 Co 11.23-26)

17El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida de la pascua?»

18Él les indicó ir a la ciudad, a la casa de cierto hombre, y decirle: «El Maestro dice: “Mi tiempo está cerca. Celebraré la pascua con mis discípulos en tu casa.”»19Los discípulos hicieron lo que Jesús les mandó, y prepararon la pascua.

20Cuando llegó la noche, Jesús se sentó a la mesa con los doce,

21y mientras comían dijo: «De cierto les digo, que uno de ustedes me va a traicionar.»22Ellos se pusieron muy tristes, y cada uno comenzó a preguntarle: «¿Soy yo, Señor?»23Él les respondió: «El que mete la mano conmigo en el plato, es el que me va a entregar.24A decir verdad, el Hijo del Hombre sigue su camino, como está escrito acerca de él,
26.24:
Sal 41.9
¡pero ay de aquel que lo traiciona! ¡Más le valdría no haber nacido!»
25Entonces Judas, el que lo iba a traicionar, le preguntó: «¿Soy yo, Maestro?» Y Jesús le respondió: «Tú lo has dicho.»

26Mientras comían, Jesús tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, y les dijo: «Tomen, coman; esto es mi cuerpo.»

27Después tomó la copa, y luego de dar gracias, la entregó a sus discípulos y les dijo: «Beban de ella todos,28porque esto es mi sangre
26.28:
Ex 24.6-8
del nuevo pacto,
26.28:
Jer 31.31-34
que es derramada por muchos, para perdón de los pecados.
29Yo les digo que, desde ahora, no volveré a beber de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.»

Jesús anuncia la negación de Pedro

(Mc 14.26-31; Lc 22.31-34; Jn 13.36-38)

30Luego de cantar el himno, fueron al monte de los Olivos.

31Allí Jesús les dijo: «Todos ustedes se escandalizarán de mí esta noche, porque está escrito: “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.”
26.31:
Zac 13.7
32Pero después de que yo haya resucitado, iré delante de ustedes a Galilea.»
26.32:
Mt 28.16
33Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.»34Jesús le dijo: «De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.»35Pedro le dijo: «Aun cuando tenga yo que morir contigo, jamás te negaré.» Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

Jesús ora en Getsemaní

(Mc 14.32-42; Lc 22.39-46)

36Entonces Jesús fue con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy a orar en aquel lugar.»

37Jesús llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a ponerse triste y muy angustiado.38Entonces les dijo: «Quédense aquí, y velen conmigo, porque siento en el alma una tristeza de muerte.»39Unos pasos más adelante, se inclinó sobre su rostro y comenzó a orar. Y decía: «Padre mío, si es posible, haz que pase de mí esta copa. Pero que no sea como yo lo quiero, sino como lo quieres tú.»40Luego volvió con sus discípulos, y como los encontró durmiendo, le dijo a Pedro: «¿Así que no han podido mantenerse despiertos conmigo ni una hora?41Manténganse despiertos, y oren, para que no caigan en tentación. A decir verdad, el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.»42Otra vez fue y oró por segunda vez, y dijo: «Padre mío, si esta copa no puede pasar de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.»43Una vez más fue y los halló durmiendo, porque los ojos se les caían de sueño.44Entonces los dejó y volvió a irse, y por tercera vez oró con las mismas palabras.45Luego volvió con sus discípulos y les dijo: «Sigan durmiendo y descansando. Miren que ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.46¡Vamos, levántense, que ya se acerca el que me traiciona!»

Arresto de Jesús

(Mc 14.43-50; Lc 22.47-53; Jn 18.2-11)

47Todavía estaba hablando Jesús cuando llegó Judas, que era uno de los doce. Con él venía mucha gente armada con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.

48El que lo estaba traicionando les había dado esta contraseña: «Al que yo le dé un beso, ese es; arréstenlo.»49Enseguida se acercó a Jesús, y le dijo: «¡Hola, Maestro!» Y le dio un beso.50Jesús le dijo: «Amigo, ¿a qué vienes?» Entonces aquellos hombres se acercaron, le echaron mano y lo arrestaron.51Pero uno de los que estaban con Jesús extendió su mano, sacó su espada, e hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó una oreja.52Entonces Jesús le dijo: «Vuelve tu espada a su lugar. Quien esgrime la espada, muere por la espada.53¿No te parece que yo puedo orar a mi Padre, y que él puede mandarme ahora mismo más de doce legiones de ángeles?54Pero entonces ¿cómo se cumplirían las Escrituras? Porque es necesario que así suceda.»55En ese momento, Jesús dijo a la gente: «¿Han venido a arrestarme con espadas y palos, como si fuera yo un ladrón? ¡Todos los días me sentaba a enseñarles en el templo,
26.55:
Lc 19.47
21.37
y ustedes no me aprehendieron!
56Pero todo esto sucede, para que se cumpla lo escrito por los profetas.» Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Jesús ante el concilio

(Mc 14.53-65; Lc 22.54,63-71; Jn 18.12-14,19-24)

57Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron ante el sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos.

58Pero Pedro lo siguió de lejos hasta el patio del sumo sacerdote, y entró y se sentó con los alguaciles, para ver cómo terminaba aquello.59Los principales sacerdotes, y los ancianos y todo el concilio, buscaban algún falso testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte;60pero no lo hallaron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Finalmente, llegaron dos testigos falsos61y dijeron: «Este dijo: “Puedo derribar el templo de Dios, y reedificarlo en tres días.”»
26.61:
Jn 2.19
62El sumo sacerdote se levantó y le preguntó: «¿No vas a responder? ¡Mira lo que estos dicen contra ti!»63Pero Jesús guardó silencio. Entonces el sumo sacerdote le dijo: «Te ordeno en el nombre del Dios viviente, que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»64Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Y además les digo que, desde ahora, verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poderoso, y venir en las nubes del cielo.»
26.64:
Dn 7.13
65El sumo sacerdote se rasgó entonces las vestiduras y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? ¡Ustedes acaban de oír su blasfemia!66¿Qué les parece?» Y ellos respondieron: «¡Que merece la muerte!»
26.65-66:
Lv 24.16
67Entonces unos lo escupieron en el rostro, y le dieron puñetazos; y otros lo abofeteaban
26.67:
Is 50.6
68y decían: «¡Profetízanos, Cristo; dinos quién te golpeó!»

Pedro niega a Jesús

(Mc 14.66-72; Lc 22.55-62; Jn 18.15-18,25-27)

69Mientras Pedro estaba sentado afuera, en el patio, se le acercó una criada y le dijo: «También tú estabas con Jesús el galileo.»

70Pero él lo negó delante de todos, y dijo: «No sé de qué hablas.»71Y se fue a la puerta. Pero otra criada lo vio, y dijo a los que estaban allí: «También este estaba con Jesús el nazareno.»72Pero él lo negó otra vez, y hasta juró: «No conozco a ese hombre.»73Un poco después, los que estaban por allí se acercaron a Pedro y le dijeron: «Sin lugar a dudas, tú también eres uno de ellos, porque hasta tu manera de hablar te delata.»74Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: «No conozco a ese hombre.» Y enseguida cantó el gallo.75Entonces Pedro se acordó de que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y saliendo de allí, lloró amargamente.
27

Jesús ante Pilato

(Mc 15.1; Lc 23.1-2; Jn 18.28-32)

271Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se confabularon contra Jesús, para condenarlo a muerte.

2Lo ataron y se lo llevaron para entregárselo a Poncio Pilato, el gobernador.

Muerte de Judas

3Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que Jesús había sido condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos.

4Les dijo: «He pecado al entregar sangre inocente.» Pero ellos le dijeron: «¿A nosotros qué nos importa? ¡Allá tú!»5Entonces Judas arrojó en el templo las monedas de plata, y después de eso salió y se ahorcó.6Los principales sacerdotes tomaron las monedas y dijeron: «No está bien echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es el precio de sangre derramada.»7Y después de ponerse de acuerdo, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultar allí a los extranjeros.8Por eso hasta el día de hoy aquel campo se llama «Campo de sangre».
27.3-8:
Hch 1.18-19
9Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas de plata, que es el precio estimado por los hijos de Israel,10y las usaron para comprar el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.»
27.9-10:
Zac 11.12-13

Pilato interroga a Jesús

(Mc 15.2-5; Lc 23.3-5; Jn 18.33-38)

11Jesús estaba en pie ante el gobernador, y este le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Jesús le respondió: «Tú lo dices.»

12Pero ante las acusaciones de los principales sacerdotes y de los ancianos no respondió nada.13Entonces Pilato le preguntó: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?»14Pero Jesús no le respondió ni una palabra, de tal manera que el gobernador se quedó muy asombrado.

Jesús es sentenciado a muerte

(Mc 15.6-20; Lc 23.13-25; Jn 18.38—19.16)

15Ahora bien, en el día de la fiesta el gobernador acostumbraba poner en libertad a un preso, el que el pueblo quisiera.

16En aquel momento tenían un preso muy famoso, llamado Barrabás.17Pilato se reunió con ellos y les preguntó: «¿A quién quieren que les suelte: a Barrabás, o a Jesús, al que llaman el Cristo?»18Y es que Pilato sabía que ellos lo habían entregado por envidia.19Mientras él estaba sentado en el tribunal, su mujer mandó a decirle: «No tengas nada que ver con ese justo, pues por causa de él hoy he tenido un sueño terrible.»20Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud de que pidieran a Barrabás, y que mataran a Jesús.21El gobernador les preguntó: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?» Y ellos dijeron: «¡A Barrabás!»22Pilato les preguntó: «¿Qué debo hacer entonces con Jesús, al que llaman el Cristo?» Y todos le dijeron: «¡Que lo crucifiquen!»23Y el gobernador les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban aún más, y decían: «¡Que lo crucifiquen!»

24Al ver Pilato que no conseguía nada, sino que se armaba más alboroto, tomó agua, se lavó las manos

27.24:
Dt 21.6-9
en presencia del pueblo, y dijo: «Allá ustedes. Yo me declaro inocente de la muerte de este justo.»

25Y todo el pueblo respondió: «¡Que recaiga su muerte sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»26Entonces les soltó a Barrabás, y luego de azotar a Jesús lo entregó para que lo crucificaran.

27Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y alrededor de él reunieron a toda la compañía;

28luego lo desnudaron, le echaron encima un manto escarlata;29sobre la cabeza le pusieron una corona tejida de espinas, y en la mano derecha le pusieron una caña; entonces se arrodillaron delante de él, y burlonamente le decían: «¡Salve, Rey de los judíos!»30Además, le escupían y con una caña le golpeaban la cabeza.31Después de burlarse de él, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y lo llevaron para crucificarlo.

Crucifixión y muerte de Jesús

(Mc 15.21-41; Lc 23.26-49; Jn 19.17-30)

32Al salir de allí, se encontraron con un hombre de Cirene que se llamaba Simón, y lo obligaron a llevar la cruz.

33Llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa «Lugar de la Calavera»,34y allí le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero Jesús, después de haberlo probado, no quiso beberlo.35Después de que lo crucificaron, echaron suertes para repartirse sus vestidos,
27.35:
Sal 22.18
con lo que se cumplió lo dicho por el profeta: «Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.»
36Luego se sentaron a custodiarlo.37Sobre su cabeza pusieron su causa escrita: «ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.»38Junto a él crucificaron también a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda.39Los que pasaban lo insultaban, y mientras meneaban la cabeza
27.39:
Sal 22.7
109.25
40decían: «Tú, que derribas el templo y en tres días lo reedificas,
27.40:
Mt 26.61
Jn 2.19
sálvate a ti mismo. Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.»
41Del mismo modo, también se burlaban de él los principales sacerdotes, los escribas, los fariseos y los ancianos. Decían:42«Salvó a otros, pero a sí mismo no puede salvarse. Si es el Rey de Israel, que baje ahora de la cruz, y creeremos en él.43Ya que él confió en Dios, pues que Dios lo libre ahora, si lo quiere.
27.43:
Sal 22.8
Porque él ha dicho: “Soy Hijo de Dios.”»
44Y también lo insultaban los ladrones que estaban crucificados con él.

45Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde hubo tinieblas sobre toda la tierra.

46Cerca de las tres de la tarde, Jesús clamó a gran voz. Decía: «Elí, Elí, ¿lema sabactani?», es decir, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»
27.46:
Sal 22.1
47Algunos de los que estaban allí, decían al oírlo: «Está llamando a Elías.»48Al instante, uno de ellos corrió y tomó una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en una caña, le dio a beber.
27.48:
Sal 69.21
49Los otros decían: «Deja, veamos si Elías viene a librarlo.»50Pero Jesús, después de clamar nuevamente a gran voz, entregó el espíritu.

51En ese momento el velo

27.51:
Ex 26.31-33
del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se partieron,

52los sepulcros se abrieron, y muchos cuerpos de santos, que ya habían muerto, volvieron a vivir.53Después de la resurrección de Jesús, estos salieron de sus sepulcros y fueron a la santa ciudad, donde se aparecieron a muchos.54Al ver el terremoto y las cosas que habían sucedido, el centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús se llenaron de miedo, y dijeron: «¡En verdad, este era Hijo de Dios!»

55Muchas mujeres, que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo, estaban allí mirando de lejos.

56Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
27.55-56:
Lc 8.2-3

Jesús es sepultado

(Mc 15.42-47; Lc 23.50-56; Jn 19.38-42)

57Cuando llegó la noche, un hombre rico de Arimatea que se llamaba José, y que también había sido discípulo de Jesús,

58fue a hablar con Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato ordenó que se lo entregaran.59José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,60y lo puso en su sepulcro nuevo, que había sido cavado en una peña. Después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.61María Magdalena y la otra María se quedaron sentadas delante del sepulcro.

La guardia ante la tumba

62Al día siguiente, que es el día después de la preparación, los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato

63y le dijeron: «Señor, nos acordamos que, cuando aún vivía, aquel engañador dijo: “Después de tres días resucitaré.”
27.63:
Mt 16.21
17.23
20.19
Mc 8.31
9.31
10.33-34
Lc 9.22
18.31-33
64Por lo tanto, manda asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que sus discípulos vayan de noche y se lleven el cuerpo, y luego digan al pueblo: “¡Resucitó de entre los muertos!” Porque entonces el último engaño sería peor que el primero.»65Y Pilato les dijo: «Ahí tienen una guardia. Vayan y aseguren el sepulcro como sepan hacerlo.»66Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.