Reina Valera Contemporánea (RVRC)
8

Mujeres que servían a Jesús

81Después de esto, Jesús andaba por todas las ciudades y aldeas, y allí proclamaba y anunciaba las buenas noticias del reino de Dios. Lo acompañaban los doce,

2y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María, a la que llamaban Magdalena, y de la que habían sido expulsados siete demonios;3Juana, la mujer de Chuza, el intendente de Herodes; Susana, y muchas otras que los atendían con sus propios recursos.
8.2-3:
Mt 27.55-56
Mc 15.40-41
Lc 23.49

Parábola del sembrador

(Mt 13.1-15,18-23; Mc 4.1-20)

4De cada ciudad acudía gente para ver a Jesús. Al reunirse una gran multitud, Jesús les relató esta parábola:

5«El sembrador salió a sembrar su semilla. Mientras sembraba, parte de ella cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron.6Otra parte cayó sobre las piedras, pero al brotar se secó por falta de humedad.7Otra parte cayó entre los espinos, pero la ahogaron los espinos que brotaron con ella.8Otra parte cayó en buena tierra; y brotó y produjo una cosecha del ciento por uno.»

Y levantando la voz, dijo: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»

9Sus discípulos le preguntaron: «¿Qué significa esta parábola?»

10Y él les respondió: «A ustedes se les concede conocer los misterios del reino de Dios, pero a los otros se les habla en parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
8.10:
Is 6.9-10
11La parábola significa lo siguiente: La semilla es la palabra de Dios.12Las semillas junto al camino son los que oyen, pero que luego viene el diablo y les quita del corazón la palabra, para que no crean y se salven.13Las que cayeron sobre las piedras son los que, al oír la palabra, la reciben con gozo, pero como no tienen raíces, creen por algún tiempo, pero al llegar la prueba se apartan.14Las que cayeron entre los espinos son los que oyen, pero se alejan y son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no dan fruto.15Pero la semilla que cayó en buena tierra representa a los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan una buena cosecha porque permanecen firmes.

Nada hay oculto que no se manifieste

(Mc 4.21-25)

16»Nadie que enciende una luz la cubre con un cajón, ni la coloca debajo de la cama. Más bien, la pone en un candelero

8.16:
Mt 5.15
Lc 11.33
para que los que entren vean la luz.

17Porque no hay nada oculto que no llegue a manifestarse, ni hay nada escondido que no haya de ser conocido y de salir a la luz.
8.17:
Mt 10.26
Lc 12.2
18Escúchenme bien: a todo el que tiene, se le dará; y al que no tiene, hasta lo que cree tener se le quitará.»
8.18:
Mt 25.29
Lc 19.26

La madre y los hermanos de Jesús

(Mt 12.46-50; Mc 3.31-35)

19La madre y los hermanos de Jesús fueron a donde él estaba, pero no podían acercarse a él por causa de la multitud.

20Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están allí afuera, y quieren verte.»21Pero él respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica.»

Jesús calma la tempestad

(Mt 8.23-27; Mc 4.35-41)

22Un día, Jesús abordó una barca con sus discípulos, y les dijo: «Pasemos al otro lado del lago.» Y así lo hicieron.

23Mientras navegaban, Jesús se quedó dormido. Pero se desencadenó en el lago una tempestad con viento, de tal manera que la barca se inundó y corrían el peligro de naufragar.24Los discípulos despertaron a Jesús y le dijeron: «¡Maestro, Maestro, estamos por naufragar!» Entonces Jesús despertó, reprendió al viento y a las olas, y estas se sosegaron, y todo quedó en calma.25Jesús les dijo: «¿Dónde está la fe de ustedes?» Pero ellos, temerosos y asombrados, se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta a los vientos y a las aguas les da órdenes, y lo obedecen?»

El endemoniado geraseno

(Mt 8.28-34; Mc 5.1-20)

26Después arribaron a la tierra de los gerasenos, que está en la ribera opuesta a Galilea.

27Cuando él llegó a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad que estaba endemoniado. Hacía mucho tiempo que no se vestía ni vivía en una casa, sino en los sepulcros.28Cuando el endemoniado vio a Jesús, se arrodilló delante de él, lanzó un fuerte grito, y le dijo: «Jesús, Hijo del Dios altísimo, ¿qué tienes que ver conmigo? ¡Te ruego que no me atormentes!»29(Y es que Jesús le ordenaba al espíritu impuro que saliera del hombre porque hacía mucho tiempo que se había apoderado de él. Aunque lo ataban con cadenas y grilletes, él rompía las cadenas y el demonio lo llevaba a lugares apartados.)30Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Y él respondió: «Legión.» Porque eran muchos los demonios que habían entrado en él,31y le rogaban a Jesús que no los mandara al abismo.32Como allí había un gran hato de cerdos que pacían en el monte, los demonios le rogaron a Jesús que los dejara entrar en ellos; y él les dio permiso.33Una vez fuera del hombre, los demonios entraron en los cerdos, y estos se lanzaron al lago por un despeñadero, y allí se ahogaron.

34Cuando los que apacentaban los cerdos vieron lo sucedido, huyeron y fueron a contar todo esto en la ciudad y por los campos.

35La gente salió a ver lo que había sucedido. Cuando llegaron a donde estaba Jesús, se encontraron con que el hombre, de quien habían salido los demonios, estaba sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio. Y tuvieron miedo.36Los que habían visto todo esto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.37Entonces toda la gente de la región de los gerasenos le rogó a Jesús que se alejara de ellos, pues tenían mucho miedo. Así que Jesús entró en la barca y se fue.38El hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que lo dejara estar con él, pero Jesús lo despidió y le dijo:39«Vuelve a tu casa, y cuenta allí todo lo que Dios ha hecho contigo.» Entonces el hombre se fue y contó por toda la ciudad lo que Jesús había hecho con él.

La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús

(Mt 9.18-26; Mc 5.21-43)

40Cuando Jesús regresó, la multitud lo recibió con alegría, pues todos lo estaban esperando.

41Llegó entonces un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Este hombre se arrojó a los pies de Jesús y le rogó que fuera a su casa,42pues su única hija, que tenía como doce años, se estaba muriendo.

Mientras Jesús se dirigía a la casa de Jairo, la multitud lo apretujaba.

43Una mujer, que hacía doce años padecía de hemorragias y había gastado en médicos todo lo que tenía, sin que ninguno hubiera podido curarla,44se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto. Al instante, su hemorragia se detuvo.45Entonces Jesús dijo: «¿Quién me ha tocado?» Todos negaban haberlo tocado, así que Pedro y los que estaban con él le dijeron: «Maestro, son muchos los que te aprietan y te oprimen.»46Pero Jesús dijo: «Alguien me ha tocado. Yo sé bien que de mí ha salido poder.»47Cuando la mujer se vio descubierta, se acercó temblorosa y se arrojó a los pies de Jesús, y delante de todo el pueblo le contó por qué lo había tocado, y cómo al instante había sido sanada.48Entonces Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha sanado. Ve en paz.»

49Mientras Jesús hablaba, alguien de la casa del jefe de la sinagoga llegó a decirle: «Tu hija ha muerto. No molestes más al Maestro.»

50Cuando Jesús oyó esto, le dijo: «No temas. Solo debes creer, y tu hija será sanada.»51Jesús entró en la casa y no dejó que nadie entrara con él, excepto Pedro, Jacobo y Juan, y los padres de la niña.52Todos estaban llorando y se lamentaban por ella. Pero él les dijo: «No lloren, que no está muerta, sino dormida.»53La gente se burlaba de él, pues sabían que la niña estaba muerta;54pero él la tomó de la mano, y con fuerte voz le dijo: «Niña, ¡levántate!»55La niña volvió a la vida, y enseguida se levantó, y Jesús mandó que le dieran de comer.56Sus padres estaban atónitos, pero Jesús les mandó que no dijeran a nadie lo que había sucedido.
9

Misión de los doce discípulos

(Mt 10.5-15; Mc 6.7-13)

91Jesús reunió a sus doce discípulos y, después de darles poder y autoridad para expulsar a todos los demonios, y para sanar enfermedades,

2los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.3Les dijo:
9.3-5:
Lc 10.4-11
«No lleven nada para el camino. Ni bastón, ni mochila, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas.
4En cualquier casa donde entren, quédense allí hasta que salgan.5Si en alguna ciudad no los reciben bien, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies, como un testimonio contra ellos.»
9.5:
Hch 13.51
6Los discípulos salieron y fueron por todas las aldeas, y por todas partes anunciaban las buenas noticias y sanaban enfermos.

Muerte de Juan el Bautista

(Mt 14.1-12; Mc 6.14-29)

7Herodes el tetrarca se enteró de todo lo que hacía Jesús, y estaba perplejo, pues algunos decían que Juan había resucitado de los muertos;

8otros decían que Elías se había aparecido; y aún otros, que alguno de los antiguos profetas había resucitado.
9.7-8:
Mt 16.14
Mc 8.28
Lc 9.19
9Pero Herodes dijo: «¡Yo mandé decapitar a Juan! Entonces, ¿quién es este, de quien oigo decir tales cosas?» Y trataba de verlo.

Alimentación de los cinco mil

(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Jn 6.1-14)

10Cuando los apóstoles regresaron, le contaron a Jesús todo lo que habían hecho. Entonces él los llevó a un lugar apartado de la ciudad llamada Betsaida.

11Pero la gente lo supo y lo siguió, y él los recibió y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser sanados.12Cuando el día comenzó a declinar, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos vecinos, y busquen comida y alojamiento, porque aquí no hay nada.»13Jesús les dijo: «Denles ustedes de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos a comprar alimentos para toda esta multitud.»14Allí había como cinco mil personas. Y Jesús dijo a sus discípulos: «Hagan que la gente se siente en grupos de cincuenta personas.»15Los discípulos lo hicieron así, y todos se sentaron.16Jesús tomó entonces los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, los bendijo, los partió, y se los dio a sus discípulos para que ellos los repartieran entre la gente.17Y todos comieron y quedaron satisfechos; y de lo que sobró recogieron doce cestas.

La confesión de Pedro

(Mt 16.13-20; Mc 8.27-30)

18Un día, mientras Jesús se apartó para orar, les preguntó a los discípulos que estaban con él: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

19Ellos respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros más, que eres alguno de los antiguos profetas que ha resucitado.
9.19:
Mt 14.1-2
Mc 6.14-15
Lc 9.7-8
»
20Entonces les preguntó: «¿Y ustedes, quién dicen que soy?» Y Pedro le respondió: «Tú eres el Cristo de Dios.»
9.20:
Jn 6.68-69

Jesús anuncia su muerte

(Mt 16.21-28; Mc 8.31—9.1)

21Jesús les mandó que de ninguna manera se lo dijeran a nadie.

22También les dijo: «Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, que sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que muera y resucite al tercer día.»

23Y a todos les decía: «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

9.23:
Mt 10.38
Lc 14.27

24Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí, la salvará.
9.24:
Mt 10.39
Lc 17.33
Jn 12.25
25Porque ¿de qué le sirve a uno ganarse todo el mundo, si se destruye o se pierde a sí mismo?26Porque si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, y en la gloria del Padre y de los santos ángeles.27Pero en verdad les digo, que algunos de los que están aquí no morirán hasta que vean el reino de Dios.»

La transfiguración

(Mt 17.1-8; Mc 9.2-8)

28Como ocho días después de que Jesús dijo esto, subió al monte a orar,

9.28-35:
2 P 1.17-18
y se llevó con él a Pedro, Juan y Jacobo.

29Y mientras oraba, cambió la apariencia de su rostro, y su vestido se hizo blanco y resplandeciente.30Aparecieron entonces dos hombres, y conversaban con él. Eran Moisés y Elías,31que rodeados de gloria hablaban de la partida de Jesús, la cual se iba a cumplir en Jerusalén.32Pedro y los que estaban con él tenían mucho sueño pero, como se quedaron despiertos, vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.33Mientras estos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: «Maestro, ¡qué bueno es para nosotros estar aquí! Vamos a hacer tres cobertizos; uno para ti, otro para Moisés, y otro para Elías.» Pero no sabía lo que decía.34Y mientras decía esto, una nube los cubrió, y tuvieron miedo de entrar en la nube.35Entonces, desde la nube se oyó una voz que decía: «Este es mi Hijo amado.
9.35:
Is 42.1
Mt 3.17
12.18
Mc 1.11
Lc 3.22
¡Escúchenlo!»
36Cuando la voz cesó, Jesús se encontraba solo. Pero ellos mantuvieron esto en secreto y, durante aquellos días, no le dijeron a nadie lo que habían visto.

Jesús sana a un muchacho endemoniado

(Mt 17.14-21; Mc 9.14-29)

37Al día siguiente, cuando bajaron del monte, una gran multitud les salió al encuentro,

38y con fuerte voz un hombre de la multitud le dijo: «Maestro, te ruego que veas a mi hijo. ¡Es el único hijo que tengo!39Sucede que un espíritu se apodera de él, y de repente lo sacude con violencia, y lo hace gritar y echar espuma por la boca. Cuando lo atormenta, a duras penas lo deja tranquilo.40Yo les pedí a tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no pudieron.»41Jesús dijo entonces: «¡Ay, gente incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? ¡Trae acá a tu hijo!»42Mientras el muchacho se acercaba, el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia, pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho, y se lo entregó a su padre.43Y todos se admiraban de la grandeza de Dios.

Jesús anuncia otra vez su muerte

(Mt 17.22-23; Mc 9.30-32)

Entre el asombro que causaba todo lo que Jesús hacía, dijo él a sus discípulos:

44«Pongan mucha atención a estas palabras: El Hijo del Hombre será entregado a los poderes de este mundo.»45Pero ellos no las entendieron, pues les estaban veladas para que no las entendieran, y tenían miedo de preguntarle qué querían decir.

¿Quién es el mayor?

(Mt 18.1-5; Mc 9.33-37)

46En cierta ocasión, los discípulos comenzaron a discutir acerca de quién de ellos era el más importante.

9.46:
Lc 22.24

47Cuando Jesús se dio cuenta de lo que estaban pensando, tomó a un niño y, poniéndolo junto a él,48les dijo: «Cualquiera que reciba a un niño así en mi nombre, me recibe a mí; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió.
9.48:
Mt 10.40
Lc 10.16
Jn 13.20
Porque el más insignificante entre todos ustedes, es el más grande de ustedes.»

El que no está contra nosotros, está a favor de nosotros

(Mc 9.38-40)

49Entonces Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros.»

50Jesús le dijo: «No se lo prohíban, porque el que no está contra nosotros, está a favor de nosotros.»

Jesús reprende a Jacobo y a Juan

51Se acercaba el tiempo en que Jesús había de ser recibido arriba, así que resolvió con firmeza dirigirse a Jerusalén.

52Envió mensajeros delante de él, y ellos se fueron y entraron en una aldea samaritana para prepararle todo;53pero los de allí no lo recibieron porque se dieron cuenta de que su intención era ir a Jerusalén.54Al ver esto, sus discípulos Jacobo y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos que caiga fuego del cielo, como hizo Elías, para que los destruya?»
9.54:
2 R 1.9-16
55Pero Jesús se volvió y los reprendió. [Y les dijo: «Ustedes no saben de qué espíritu son.56Porque el Hijo del Hombre no ha venido a quitarle la vida a nadie, sino a salvársela.»]9.55-56 El texto que aparece entre corchetes se halla solo en mss. tardíos. Y se fueron a otra aldea.

Los que querían seguir a Jesús

(Mt 8.18-22)

57Mientras seguían su camino, alguien le dijo: «Señor, yo te seguiré adondequiera que vayas.»

58Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.»59Y a otro le dijo: «Sígueme.» Aquel le respondió: «Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre.»60Pero Jesús le dijo: «Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el reino de Dios.»61Otro también le dijo: «Señor, yo te seguiré; pero antes déjame despedirme de los que están en mi casa.»
9.61:
1 R 19.20
62Jesús le dijo: «Nadie que mire hacia atrás, después de poner la mano en el arado, es apto para el reino de Dios.»
10

Misión de los setenta y dos

101Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos, y de dos en dos los envió delante de él a todas las ciudades y lugares adonde él tenía que ir.

2Les dijo: «Ciertamente, es mucha la mies, pero son pocos los segadores. Por tanto, pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies.
10.2:
Mt 9.37-38
3Y ustedes, pónganse en camino. Pero tengan en cuenta que yo los envío como a corderos en medio de lobos.
10.3:
Mt 10.16
4No lleven bolsa, ni alforja, ni calzado; ni se detengan en el camino a saludar a nadie.5En cualquier casa adonde entren, antes que nada digan: “Paz a esta casa.”6Si allí hay gente de paz, la paz de ustedes reposará sobre esa gente; de lo contrario, la paz volverá a ustedes.7Quédense en esa misma casa, y coman y beban lo que les den, porque el obrero es digno de su salario.
10.7:
1 Co 9.14
1 Ti 5.18
No vayan de casa en casa.
8En cualquier ciudad donde entren, y los reciban, coman lo que les ofrezcan.9Sanen a los enfermos que allí haya, y díganles: “El reino de Dios se ha acercado a ustedes.”10Pero si llegan a alguna ciudad y no los reciben, salgan a la calle y digan:11“Hasta el polvo de su ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra ustedes.
10.10-11:
Hch 13.51
Pero sepan que el reino de Dios se ha acercado a ustedes.”
10.4-11:
Mt 10.7-14
Mc 6.8-11
Lc 9.3-5
12Yo les digo que, en aquel día, el castigo para Sodoma será más tolerable
10.12:
Gn 19.24-28
Mt 11.24
que para aquella ciudad.
10.12:
Mt 10.15

Ayes sobre las ciudades impenitentes

(Mt 11.20-24)

13»¡Ay de ti, Corazín! ¡Y ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón

10.13:
Is 23.1-18
Ez 26.1—28.26
Jl 3.4-8
Am 1.9-10
Zac 9.2-4
se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ustedes, ya hace tiempo que, sentadas en cilicio y cubiertas de ceniza, habrían mostrado su arrepentimiento.

14Por tanto, en el día del juicio, el castigo para Tiro y para Sidón será más tolerable que para ustedes.15Y tú, Cafarnaún, que te elevas hasta los cielos, ¡hasta el Hades caerás abatida!
10.15:
Is 14.13-15

16»El que los escucha a ustedes, me escucha a mí.

10.16:
Mt 10.40
Mc 9.37
Lc 9.48
Jn 13.20
El que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.»

Regreso de los setenta y dos

17Cuando los setenta y dos volvieron, estaban muy contentos y decían: «Señor, en tu nombre, ¡hasta los demonios se nos sujetan!»

18Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.19Miren que yo les he dado a ustedes poder para aplastar serpientes y escorpiones,
10.19:
Sal 91.13
y para vencer a todo el poder del enemigo, sin que nada los dañe.
20Pero no se alegren de que los espíritus se les sujetan, sino de que los nombres de ustedes ya están escritos en los cielos.»

Jesús se regocija

(Mt 11.25-27; 13.16-17)

21En ese momento Jesús se regocijó en el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque estas cosas las escondiste de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. ¡Sí, Padre, porque así te agradó!

22Mi Padre me ha entregado todas las cosas,
10.22:
Jn 3.35
y nadie conoce al Hijo, sino el Padre; ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo,
10.22:
Jn 10.15
y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.»

23Jesús se volvió a los discípulos, y aparte les dijo: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven.

24Porque les digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron.»

El buen samaritano

25En ese momento, un intérprete de la ley se levantó y, para poner a prueba a Jesús, dijo:

10.25-28:
Mt 22.35-40
Mc 12.28-34
«Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?»

26Jesús le dijo: «¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees allí?»27El intérprete de la ley respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente,
10.27:
Dt 6.5
y a tu prójimo como a ti mismo.»
10.27:
Lv 19.18
28Jesús le dijo: «Has contestado correctamente. Haz esto, y vivirás.»
10.28:
Lv 18.5

29Pero aquel, queriendo justificarse a sí mismo, le preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

30Jesús le respondió: «Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones, que le robaron todo lo que tenía y lo hirieron, dejándolo casi muerto.31Por el camino descendía un sacerdote, y aunque lo vio, siguió de largo.32Cerca de aquel lugar pasó también un levita, y aunque lo vio, siguió de largo.33Pero un samaritano, que iba de camino, se acercó al hombre y, al verlo, se compadeció de él34y le curó las heridas con aceite y vino, y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura y lo llevó a una posada, y cuidó de él.35Al otro día, antes de partir, sacó dos monedas, se las dio al dueño de la posada, y le dijo: “Cuídalo. Cuando yo regrese, te pagaré todo lo que hayas gastado de más.”36De estos tres, ¿cuál crees que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?»37Aquel respondió: «El que tuvo compasión de él.» Entonces Jesús le dijo: «Pues ve y haz tú lo mismo.»

Jesús visita a Marta y a María

38Mientras Jesús iba de camino, entró en una aldea, y una mujer llamada Marta, lo hospedó en su casa.

39Marta tenía una hermana que se llamaba María,
10.38-39:
Jn 11.1
la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía.
40Pero Marta, que estaba ocupada con muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje trabajar sola? ¡Dile que me ayude!»41Jesús le respondió: «Marta, Marta, estás preocupada y aturdida con muchas cosas.42Pero una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.»