Reina Valera Contemporánea (RVRC)
9

Misión de los doce discípulos

(Mt 10.5-15; Mc 6.7-13)

91Jesús reunió a sus doce discípulos y, después de darles poder y autoridad para expulsar a todos los demonios, y para sanar enfermedades,

2los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.3Les dijo:
9.3-5:
Lc 10.4-11
«No lleven nada para el camino. Ni bastón, ni mochila, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas.
4En cualquier casa donde entren, quédense allí hasta que salgan.5Si en alguna ciudad no los reciben bien, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies, como un testimonio contra ellos.»
9.5:
Hch 13.51
6Los discípulos salieron y fueron por todas las aldeas, y por todas partes anunciaban las buenas noticias y sanaban enfermos.

Muerte de Juan el Bautista

(Mt 14.1-12; Mc 6.14-29)

7Herodes el tetrarca se enteró de todo lo que hacía Jesús, y estaba perplejo, pues algunos decían que Juan había resucitado de los muertos;

8otros decían que Elías se había aparecido; y aún otros, que alguno de los antiguos profetas había resucitado.
9.7-8:
Mt 16.14
Mc 8.28
Lc 9.19
9Pero Herodes dijo: «¡Yo mandé decapitar a Juan! Entonces, ¿quién es este, de quien oigo decir tales cosas?» Y trataba de verlo.

Alimentación de los cinco mil

(Mt 14.13-21; Mc 6.30-44; Jn 6.1-14)

10Cuando los apóstoles regresaron, le contaron a Jesús todo lo que habían hecho. Entonces él los llevó a un lugar apartado de la ciudad llamada Betsaida.

11Pero la gente lo supo y lo siguió, y él los recibió y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser sanados.12Cuando el día comenzó a declinar, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos vecinos, y busquen comida y alojamiento, porque aquí no hay nada.»13Jesús les dijo: «Denles ustedes de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos a comprar alimentos para toda esta multitud.»14Allí había como cinco mil personas. Y Jesús dijo a sus discípulos: «Hagan que la gente se siente en grupos de cincuenta personas.»15Los discípulos lo hicieron así, y todos se sentaron.16Jesús tomó entonces los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, los bendijo, los partió, y se los dio a sus discípulos para que ellos los repartieran entre la gente.17Y todos comieron y quedaron satisfechos; y de lo que sobró recogieron doce cestas.

La confesión de Pedro

(Mt 16.13-20; Mc 8.27-30)

18Un día, mientras Jesús se apartó para orar, les preguntó a los discípulos que estaban con él: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

19Ellos respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros más, que eres alguno de los antiguos profetas que ha resucitado.
9.19:
Mt 14.1-2
Mc 6.14-15
Lc 9.7-8
»
20Entonces les preguntó: «¿Y ustedes, quién dicen que soy?» Y Pedro le respondió: «Tú eres el Cristo de Dios.»
9.20:
Jn 6.68-69

Jesús anuncia su muerte

(Mt 16.21-28; Mc 8.31—9.1)

21Jesús les mandó que de ninguna manera se lo dijeran a nadie.

22También les dijo: «Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, que sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que muera y resucite al tercer día.»

23Y a todos les decía: «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

9.23:
Mt 10.38
Lc 14.27

24Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí, la salvará.
9.24:
Mt 10.39
Lc 17.33
Jn 12.25
25Porque ¿de qué le sirve a uno ganarse todo el mundo, si se destruye o se pierde a sí mismo?26Porque si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, y en la gloria del Padre y de los santos ángeles.27Pero en verdad les digo, que algunos de los que están aquí no morirán hasta que vean el reino de Dios.»

La transfiguración

(Mt 17.1-8; Mc 9.2-8)

28Como ocho días después de que Jesús dijo esto, subió al monte a orar,

9.28-35:
2 P 1.17-18
y se llevó con él a Pedro, Juan y Jacobo.

29Y mientras oraba, cambió la apariencia de su rostro, y su vestido se hizo blanco y resplandeciente.30Aparecieron entonces dos hombres, y conversaban con él. Eran Moisés y Elías,31que rodeados de gloria hablaban de la partida de Jesús, la cual se iba a cumplir en Jerusalén.32Pedro y los que estaban con él tenían mucho sueño pero, como se quedaron despiertos, vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.33Mientras estos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: «Maestro, ¡qué bueno es para nosotros estar aquí! Vamos a hacer tres cobertizos; uno para ti, otro para Moisés, y otro para Elías.» Pero no sabía lo que decía.34Y mientras decía esto, una nube los cubrió, y tuvieron miedo de entrar en la nube.35Entonces, desde la nube se oyó una voz que decía: «Este es mi Hijo amado.
9.35:
Is 42.1
Mt 3.17
12.18
Mc 1.11
Lc 3.22
¡Escúchenlo!»
36Cuando la voz cesó, Jesús se encontraba solo. Pero ellos mantuvieron esto en secreto y, durante aquellos días, no le dijeron a nadie lo que habían visto.

Jesús sana a un muchacho endemoniado

(Mt 17.14-21; Mc 9.14-29)

37Al día siguiente, cuando bajaron del monte, una gran multitud les salió al encuentro,

38y con fuerte voz un hombre de la multitud le dijo: «Maestro, te ruego que veas a mi hijo. ¡Es el único hijo que tengo!39Sucede que un espíritu se apodera de él, y de repente lo sacude con violencia, y lo hace gritar y echar espuma por la boca. Cuando lo atormenta, a duras penas lo deja tranquilo.40Yo les pedí a tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no pudieron.»41Jesús dijo entonces: «¡Ay, gente incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? ¡Trae acá a tu hijo!»42Mientras el muchacho se acercaba, el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia, pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho, y se lo entregó a su padre.43Y todos se admiraban de la grandeza de Dios.

Jesús anuncia otra vez su muerte

(Mt 17.22-23; Mc 9.30-32)

Entre el asombro que causaba todo lo que Jesús hacía, dijo él a sus discípulos:

44«Pongan mucha atención a estas palabras: El Hijo del Hombre será entregado a los poderes de este mundo.»45Pero ellos no las entendieron, pues les estaban veladas para que no las entendieran, y tenían miedo de preguntarle qué querían decir.

¿Quién es el mayor?

(Mt 18.1-5; Mc 9.33-37)

46En cierta ocasión, los discípulos comenzaron a discutir acerca de quién de ellos era el más importante.

9.46:
Lc 22.24

47Cuando Jesús se dio cuenta de lo que estaban pensando, tomó a un niño y, poniéndolo junto a él,48les dijo: «Cualquiera que reciba a un niño así en mi nombre, me recibe a mí; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió.
9.48:
Mt 10.40
Lc 10.16
Jn 13.20
Porque el más insignificante entre todos ustedes, es el más grande de ustedes.»

El que no está contra nosotros, está a favor de nosotros

(Mc 9.38-40)

49Entonces Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros.»

50Jesús le dijo: «No se lo prohíban, porque el que no está contra nosotros, está a favor de nosotros.»

Jesús reprende a Jacobo y a Juan

51Se acercaba el tiempo en que Jesús había de ser recibido arriba, así que resolvió con firmeza dirigirse a Jerusalén.

52Envió mensajeros delante de él, y ellos se fueron y entraron en una aldea samaritana para prepararle todo;53pero los de allí no lo recibieron porque se dieron cuenta de que su intención era ir a Jerusalén.54Al ver esto, sus discípulos Jacobo y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos que caiga fuego del cielo, como hizo Elías, para que los destruya?»
9.54:
2 R 1.9-16
55Pero Jesús se volvió y los reprendió. [Y les dijo: «Ustedes no saben de qué espíritu son.56Porque el Hijo del Hombre no ha venido a quitarle la vida a nadie, sino a salvársela.»]9.55-56 El texto que aparece entre corchetes se halla solo en mss. tardíos. Y se fueron a otra aldea.

Los que querían seguir a Jesús

(Mt 8.18-22)

57Mientras seguían su camino, alguien le dijo: «Señor, yo te seguiré adondequiera que vayas.»

58Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.»59Y a otro le dijo: «Sígueme.» Aquel le respondió: «Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre.»60Pero Jesús le dijo: «Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el reino de Dios.»61Otro también le dijo: «Señor, yo te seguiré; pero antes déjame despedirme de los que están en mi casa.»
9.61:
1 R 19.20
62Jesús le dijo: «Nadie que mire hacia atrás, después de poner la mano en el arado, es apto para el reino de Dios.»
10

Misión de los setenta y dos

101Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos, y de dos en dos los envió delante de él a todas las ciudades y lugares adonde él tenía que ir.

2Les dijo: «Ciertamente, es mucha la mies, pero son pocos los segadores. Por tanto, pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies.
10.2:
Mt 9.37-38
3Y ustedes, pónganse en camino. Pero tengan en cuenta que yo los envío como a corderos en medio de lobos.
10.3:
Mt 10.16
4No lleven bolsa, ni alforja, ni calzado; ni se detengan en el camino a saludar a nadie.5En cualquier casa adonde entren, antes que nada digan: “Paz a esta casa.”6Si allí hay gente de paz, la paz de ustedes reposará sobre esa gente; de lo contrario, la paz volverá a ustedes.7Quédense en esa misma casa, y coman y beban lo que les den, porque el obrero es digno de su salario.
10.7:
1 Co 9.14
1 Ti 5.18
No vayan de casa en casa.
8En cualquier ciudad donde entren, y los reciban, coman lo que les ofrezcan.9Sanen a los enfermos que allí haya, y díganles: “El reino de Dios se ha acercado a ustedes.”10Pero si llegan a alguna ciudad y no los reciben, salgan a la calle y digan:11“Hasta el polvo de su ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra ustedes.
10.10-11:
Hch 13.51
Pero sepan que el reino de Dios se ha acercado a ustedes.”
10.4-11:
Mt 10.7-14
Mc 6.8-11
Lc 9.3-5
12Yo les digo que, en aquel día, el castigo para Sodoma será más tolerable
10.12:
Gn 19.24-28
Mt 11.24
que para aquella ciudad.
10.12:
Mt 10.15

Ayes sobre las ciudades impenitentes

(Mt 11.20-24)

13»¡Ay de ti, Corazín! ¡Y ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón

10.13:
Is 23.1-18
Ez 26.1—28.26
Jl 3.4-8
Am 1.9-10
Zac 9.2-4
se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ustedes, ya hace tiempo que, sentadas en cilicio y cubiertas de ceniza, habrían mostrado su arrepentimiento.

14Por tanto, en el día del juicio, el castigo para Tiro y para Sidón será más tolerable que para ustedes.15Y tú, Cafarnaún, que te elevas hasta los cielos, ¡hasta el Hades caerás abatida!
10.15:
Is 14.13-15

16»El que los escucha a ustedes, me escucha a mí.

10.16:
Mt 10.40
Mc 9.37
Lc 9.48
Jn 13.20
El que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.»

Regreso de los setenta y dos

17Cuando los setenta y dos volvieron, estaban muy contentos y decían: «Señor, en tu nombre, ¡hasta los demonios se nos sujetan!»

18Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.19Miren que yo les he dado a ustedes poder para aplastar serpientes y escorpiones,
10.19:
Sal 91.13
y para vencer a todo el poder del enemigo, sin que nada los dañe.
20Pero no se alegren de que los espíritus se les sujetan, sino de que los nombres de ustedes ya están escritos en los cielos.»

Jesús se regocija

(Mt 11.25-27; 13.16-17)

21En ese momento Jesús se regocijó en el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque estas cosas las escondiste de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. ¡Sí, Padre, porque así te agradó!

22Mi Padre me ha entregado todas las cosas,
10.22:
Jn 3.35
y nadie conoce al Hijo, sino el Padre; ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo,
10.22:
Jn 10.15
y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.»

23Jesús se volvió a los discípulos, y aparte les dijo: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven.

24Porque les digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron.»

El buen samaritano

25En ese momento, un intérprete de la ley se levantó y, para poner a prueba a Jesús, dijo:

10.25-28:
Mt 22.35-40
Mc 12.28-34
«Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?»

26Jesús le dijo: «¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees allí?»27El intérprete de la ley respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente,
10.27:
Dt 6.5
y a tu prójimo como a ti mismo.»
10.27:
Lv 19.18
28Jesús le dijo: «Has contestado correctamente. Haz esto, y vivirás.»
10.28:
Lv 18.5

29Pero aquel, queriendo justificarse a sí mismo, le preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

30Jesús le respondió: «Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones, que le robaron todo lo que tenía y lo hirieron, dejándolo casi muerto.31Por el camino descendía un sacerdote, y aunque lo vio, siguió de largo.32Cerca de aquel lugar pasó también un levita, y aunque lo vio, siguió de largo.33Pero un samaritano, que iba de camino, se acercó al hombre y, al verlo, se compadeció de él34y le curó las heridas con aceite y vino, y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura y lo llevó a una posada, y cuidó de él.35Al otro día, antes de partir, sacó dos monedas, se las dio al dueño de la posada, y le dijo: “Cuídalo. Cuando yo regrese, te pagaré todo lo que hayas gastado de más.”36De estos tres, ¿cuál crees que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?»37Aquel respondió: «El que tuvo compasión de él.» Entonces Jesús le dijo: «Pues ve y haz tú lo mismo.»

Jesús visita a Marta y a María

38Mientras Jesús iba de camino, entró en una aldea, y una mujer llamada Marta, lo hospedó en su casa.

39Marta tenía una hermana que se llamaba María,
10.38-39:
Jn 11.1
la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía.
40Pero Marta, que estaba ocupada con muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje trabajar sola? ¡Dile que me ayude!»41Jesús le respondió: «Marta, Marta, estás preocupada y aturdida con muchas cosas.42Pero una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.»
11

Jesús y la oración

(Mt 6.9-15; 7.7-11)

111En cierta ocasión, Jesús estaba orando en un lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.»

2Jesús les dijo: «Cuando ustedes oren, digan: “Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.3El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.4Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación.”»

5También les dijo: «¿Quién de ustedes, que tenga un amigo, va a verlo a medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes,

6porque un amigo mío ha venido a visitarme, y no tengo nada que ofrecerle”?7Aquel responderá desde adentro y le dirá: “No me molestes. La puerta ya está cerrada, y mis niños están en la cama conmigo. No puedo levantarme para dártelos.”8Yo les digo que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sí se levantará por su insistencia, y le dará todo lo que necesite.9Así que pidan, y se les dará. Busquen, y encontrarán. Llamen, y se les abrirá.10Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.11¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, en lugar del pescado le da una serpiente?12¿O si le pide un huevo, le da un escorpión?13Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!»

Una casa dividida contra sí misma

(Mt 12.22-30; Mc 3.20-27)

14Jesús estaba expulsando un demonio que había dejado mudo a un hombre, y cuando el demonio salió, el mudo comenzó a hablar y la gente quedó asombrada.

15Pero algunos dijeron: «Este expulsa a los demonios por el poder de Beelzebú, príncipe de los demonios.»
11.15:
Mt 9.34
10.25
16Otros, para ponerlo a prueba, le pedían alguna señal del cielo.
11.16:
Mt 12.38
16.1
Mc 8.11
17Pero él, que sabía lo que ellos pensaban, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda devastado. No hay casa que permanezca, si internamente está dividida.18Ya que ustedes dicen que yo expulso a los demonios por el poder de Beelzebú, ¿cómo podrá permanecer el reino de Satanás, si él está dividido contra sí mismo?19Porque, si yo expulso a los demonios por el poder de Beelzebú, ¿por el poder de quién los expulsan los hijos de ustedes? Por tanto, ellos mismos serán los jueces de ustedes.20Pero si yo expulso a los demonios por el poder de Dios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a ustedes.21Cuando un hombre fuerte está bien armado y protege su palacio, lo que posee no corre peligro.22Pero cuando otro más fuerte que él viene y lo derrota, le quita todas las armas en las que confiaba, y reparte el botín.23El que no está conmigo, está contra mí;
11.23:
Mc 9.40
y el que conmigo no recoge, desparrama.

El espíritu impuro que vuelve

(Mt 12.43-45)

24»Cuando el espíritu impuro sale del hombre, anda por lugares áridos en busca de reposo, pero al no encontrarlo dice: “Volveré a mi casa, de donde salí.”

25Y cuando llega y la encuentra barrida y adornada,26va y trae otros siete espíritus peores que él, y todos entran y allí se quedan a vivir. ¡Y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero!»

Los que en verdad son dichosos

27Mientras Jesús decía esto, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: «¡Dichoso el vientre que te dio a luz, y los senos que te amamantaron!»

28Jesús respondió: «Más bien, dichosos los que escuchan la palabra de Dios, y la obedecen.»

La gente perversa demanda señal

(Mt 12.38-42)

29Como la multitud que lo rodeaba iba en aumento, Jesús comenzó a decir: «¡Qué malvada es esta generación! Demanda una señal,

11.29:
Mt 16.4
Mc 8.12
pero no tendrán más señal que la del profeta Jonás.

30Porque así como Jonás fue una señal para los ninivitas,
11.30:
Jon 3.4
también el Hijo del Hombre será una señal para esta generación.
31En el día del juicio, la reina del Sur se levantará con la gente de esta generación, y la condenará; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón,
11.31:
1 R 10.1-10
2 Cr 9.1-12
y aquí hay alguien que es más grande que Salomón.
32En el día del juicio, los habitantes de Nínive se levantarán con esta generación, y la condenarán; porque al oír la predicación de Jonás se arrepintieron,
11.32:
Jon 3.5
y aquí hay alguien que es más grande que Jonás.

La lámpara del cuerpo

(Mt 6.22-23)

33»Nadie esconde la luz que se enciende, ni la pone debajo de un cajón, sino en el candelero,

11.33:
Mt 5.15
Mc 4.21
Lc 8.16
para que los que entran vean la luz.

34La lámpara del cuerpo es el ojo. Cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es malo, también tu cuerpo estará a oscuras.35Ten cuidado, no sea que la luz que hay en ti resulte ser oscuridad.36Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, y no participa de la oscuridad, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.»

Jesús acusa a fariseos y a intérpretes de la ley

(Mt 23.1-36; Mc 12.38-40; Lc 20.45-47)

37Después de que Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a que comiera con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.

38Al fariseo le extrañó ver que Jesús no se hubiera lavado antes de comer,39pero el Señor le dijo: «Ustedes los fariseos limpian por fuera el vaso y el plato, pero por dentro están llenos de robo y de maldad.40¡Necios! ¿Acaso el que hizo lo de afuera, no hizo también lo de adentro?41Den limosna de lo que está adentro, y así todo quedará limpio para ustedes.

42»¡Ay de ustedes, fariseos!, que dan el diezmo de la menta y de la ruda, y de toda clase de hortalizas,

11.42:
Lv 27.30
pero pasan por alto la justicia y el amor de Dios. Esto es necesario que lo hagan, sin dejar de hacer aquello.

43¡Ay de ustedes, fariseos!, que aman los primeros lugares en las sinagogas, y los saludos en las plazas.44¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Son ustedes como sepulcros que no se ven, y los que pasan por encima no lo saben.»

45Uno de los intérpretes de la ley, le dijo: «Maestro, cuando dices esto, nos insultas también a nosotros.»

46Y Jesús dijo: «¡Ay de ustedes también, intérpretes de la ley! Porque imponen a los otros cargas muy difíciles de llevar, pero ustedes ni siquiera con un dedo las tocan.47¡Ay de ustedes, los que erigen los sepulcros de los profetas que mataron los antepasados de ustedes!48Con ello, no solo son ustedes testigos sino cómplices de lo que hicieron sus antepasados, pues ellos los mataron y ustedes les erigen sus sepulcros.49Por eso, Dios en su sabiduría dijo: “Les enviaré profetas y apóstoles. De ellos, a unos matarán y a otros perseguirán.”50Por lo tanto, a la gente de esta generación se le demandará la sangre de todos los profetas, que desde la fundación del mundo ha sido derramada,51desde la sangre de Abel
11.51:
Gn 4.8
hasta la sangre de Zacarías,
11.51:
2 Cr 24.20-21
que murió entre el altar y el templo. Sí, les aseguro que será demandada de esta generación.
52¡Ay de ustedes, intérpretes de la ley! Porque se han apoderado de la llave del conocimiento, ¡y ni ustedes entraron, y a los que sí querían entrar se lo impidieron!»

53Como Jesús les decía todo esto, los escribas y los fariseos comenzaron a hostigarlo en gran manera, y a provocarlo para que hablara de muchas cosas,

54y le tendían trampas para atraparlo en sus propias palabras.