Reina Valera Contemporánea (RVRC)
39

391»¿Sabes tú cuándo paren las cabras del monte?

¿Has visto acaso nacer a los cervatillos?

2¿Sabes cuántos meses dura su preñez,

y cuándo los cervatos tienen que nacer?

3Para que nazcan, la cierva se encorva,

y en cuanto nace su cría se calma su dolor.

4Y los cervatos crecen, y se hacen fuertes,

y se apartan de la madre para nunca volver.

5»¿Quién ha criado libre al asno montés?

¿Quién lo liberó de sus ataduras?

6Fui yo quien lo hizo habitar en la soledad,

quien le dio el páramo por hábitat.

7La ciudad y sus tumultos le resultan divertidos;

no sabe obedecer los gritos de los arrieros.

8Busca pastos en los altos montes,

y hace de toda hierba su alimento.

9»¿Y acaso el búfalo querrá servirte?

¿Se quedará tranquilo en tu pesebre?

10¿Podrás ponerle un yugo para trabajar la tierra?

¿Hará surcos en el valle porque se lo mandas tú?

11¿Podrás confiar en su gran fuerza?

¿Crees que puedes confiarle tus labores?

12¿Podrás encargarle que recoja tu semilla,

y que la amontone en tu granero?

13»El avestruz agita su bello plumaje,

que no es tan bello como el del pavo real.

14Pone huevos, y luego los abandona,

y los deja calentar bajo el polvo de la tierra.

15No le importa que alguien los aplaste,

ni que las bestias del campo los destrocen.

16Es cruel con sus polluelos, como si no fueran suyos,

no piensa que su trabajo pudo haber sido en vano.

17Y es que yo no lo doté de sabiduría;

tampoco lo doté de gran inteligencia,

18¡pero en cuanto emprende la carrera

se burla del caballo y de su jinete!

19»¿Acaso tú dotaste al caballo de su fuerza?

¿Cubriste acaso su cuello de ondulantes crines?

20¿Puedes asustarlo, como si fuera una langosta?

¡Si un resoplido suyo asusta a cualquiera!

21Tan fuerte es que escarba el suelo con sus cascos,

y así se apresta a entrar en combate.

22Nada le espanta, a nada le teme,

ni se arredra ante la espada.

23Suenan a su lado las flechas en la aljaba,

brillan las lanzas, chocan las jabalinas,

24pero él, impetuoso, escarba la tierra,

sin que le asusten los toques de trompeta.

25Más bien, el sonido del clarín lo excita,

y a la distancia percibe los olores del combate,

el griterío y las órdenes de ataque.

26»¿Acaso por órdenes tuyas vuela el gavilán,

y tiende el vuelo para dirigirse al sur?

27¿Acaso por mandato tuyo se remonta el águila,

y pone su nido en lo alto de las rocas?

28Su nido se halla en los altos montes,

en la punta de los más altos peñascos.

29Con sus dos potentes ojos,

desde lejos acecha a su presa,

30y alimenta a sus polluelos con la sangre de su presa.

“Donde hay un cadáver, hay un águila.”»

40

El Señor desafía a Job

401El Señor también le dijo a Job:

2«¿Te parece sabio discutir con el Todopoderoso?

El que discute con Dios, tiene que responderle.»

3Y Job le respondió al Señor:

4«Indigno soy. ¿Qué te puedo responder?

Más me conviene quedarme callado.

5Una vez he hablado, así que no voy a responder.

Hablé por segunda vez, y no lo volveré a hacer.»

Maravillas de la creación de Dios

6Entonces el Señor respondió a Job desde el torbellino, y le dijo:

7«Pórtate como hombre, y prepárate.

Yo te voy a preguntar, y tú me vas a responder.

8¿Acaso vas a invalidar mi justicia?

¿O vas a condenarme para justificarte?

9¿Tienes acaso el mismo poder que yo?

¿Puede tu voz resonar como la mía?

10»Revístete de majestad y de gloria;

cúbrete de honra y hermosura.

11Deja sentir todo el ardor de tu ira;

fija tu mirada en los orgullosos, y humíllalos.

12Fíjate en los soberbios, y abátelos;

quebranta a los malvados; ¡ponlos en su lugar!

13Sepúltalos a todos en la tierra;

cúbreles la cara y déjalos en tinieblas.

14Entonces yo tendré que reconocer

que tu diestra tiene el poder de salvarte.

15»Mira a Behemot, la bestia de las bestias;

criatura mía, lo mismo que tú.

Se alimenta de hierba, como los bueyes,

16su fuerza se concentra en sus lomos,

y su vigor se halla en los músculos de su vientre;

17¡sacude su cola como un cedro!

Los tendones de sus muslos se entrelazan,

18y sus huesos parecen barras de bronce;

¡sus patas son tan fuertes como el hierro!

19»Behemot fue mi primera obra;

yo lo hice, y solo yo puedo matarlo.

20En los montes crece hierba para él,

y allí retozan las bestias del campo.

21Behemot se echa entre los juncos;

se echa entre las matas de los esteros.

22La sombra de los árboles lo resguardan;

los sauces del arroyo lo rodean.

23Si el río se desborda, él no se espanta;

se queda tranquilo aunque el río Jordán lo cubra.

24¿Quién puede atacarlo, estando él despierto?

¿Quién puede acercarse a él y horadarle el hocico?

41

411»¿Acaso puedes pescar a Leviatán

41.1:
Sal 74.14
104.26
Is 27.1
con anzuelo?

¿Puedes atarle la lengua con una simple cuerda?

2¿Puedes atarle una soga en la nariz,

y horadarle con ganchos la quijada?

3¿Acaso crees que te pedirá clemencia,

o que con palabras dulces te pedirá su libertad?

4¿Crees que se comprometerá contigo

a ser tu siervo para siempre?

5¿Podrás jugar con él, como con un ave,

y ponerle un lazo para que se diviertan tus hijas?

6¿Ofrecerás con él un banquete para tus amigos?

¿Podrán los carniceros descuartizarlo y venderlo?

7¿Podrás cortar con cuchillo su dura piel?

¿Podrás clavarle un arpón en la cabeza?

8Haz el intento siquiera de tocarlo:

¡será una batalla memorable, que nunca más repetirás!

9»En vano espera quien pretenda domarlo;

de solo verlo cerca, el más valiente tiembla.

10No hay nadie tan osado que lo quiera despertar;

entonces, ¿quién podría enfrentarse a mí?

11¿Quién me ha dado algo, para que se lo devuelva?

41.11:
Ro 11.35

¡Mío es todo lo que hay debajo de los cielos!

12»Aún me falta decir algo acerca de sus miembros,

de su gran poder y de su elegante presencia.

13¿Hay alguien capaz de hacerle frente?

¿Alguien que se arme de valor y le coloque un freno?

14¿Quién podrá abrirle esas potentes quijadas,

sin que se espante al ver sus filosos colmillos?

15Está orgullosamente revestido de duros escudos,

cuyo cerrado tejido resguarda su cuerpo.

16Tan estrechamente unidos están unos con otros,

que ni el viento más fino los puede atravesar.

17Cada escudo se entrelaza con el otro;

están trabados entre sí, y no se pueden separar.

18Cuando esta bestia resopla, lanza fuego,

y sus ojos brillan como la luz del amanecer.

19De su hocico brotan lenguas de fuego;

¡chispas de lumbre salen disparadas!

20Por su trompa lanza humo como chimenea,

¡despide vapor como una olla en el fuego!

21Con sus resoplidos prende fuego a los carbones,

pues brama y lanza fuego por sus fauces.

22La fuerza de su cuerpo está en su cuello;

cuando ataca, cunde el miedo como polvo.

23Su piel parece blanda, pero es dura;

es tan firme y resistente como el hierro.

24Su corazón es duro como una roca,

rígido como una piedra de molino.

25Aún los más valientes se le enfrentan temerosos,

y llenos de miedo se rinden ante él.

26Si alguno le da alcance, con la espada no lo hiere,

ni con lanza ni flechas, ni su escudo lo protege.

27El hierro es para él como la paja,

y el bronce es como un tronco podrido.

28No le espantan las flechas que sobre él caen,

y las piedras lanzadas con honda le son como paja.

29Para él, las armas son como hojas secas,

y el silbido de la jabalina le resulta divertido.

30Su pecho está cubierto de agudas escamas,

y al arrastrarse va abriendo surcos en el fango.

31Si se lanza al mar, este hierve,

y brotan candentes burbujas de agua.

32Tras de sí va dejando una brillante estela,

¡cabellera de plata se torna la blanca espuma!

33Nada en la tierra se le puede comparar;

es un monstruo que a nada le teme.

34A los poderosos los mira con desprecio;

¡es el rey de todos los soberbios!»