Reina Valera Contemporánea (RVRC)
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Tercer discurso de Eliú

351Eliú también siguió diciendo:

2«¿De veras crees todo lo que has dicho,

y que te creas más justo que Dios?

3Tú le has dicho: “¿Qué provecho sacas

de que yo sea inocente, o de que haya pecado?”

4Esto yo lo puedo responder,

lo mismo a ti que a tus amigos.

5Levanta los ojos, y escudriña el cielo;

las nubes que ves están por encima de ti.

6Si haces lo malo, en nada afectas a Dios;

si aumentas tus pecados, tampoco le afectas.

7Si haces el bien, ¿en qué lo beneficias?

¿Qué provecho saca de tu buen comportamiento?

8»A la gente como tú le afecta su propia maldad,

otros como tú se aprovechan de la justicia.

35.6-8:
Job 22.2-3

9Claman por causa de tanta violencia,

y piden ayuda ante el poder de los poderosos.

10Pero no hay quien pregunte por Dios, su creador,

que durante la noche les infunde ánimo,

11que les da más entendimiento que a los animales,

que los hace más sabios que a los pájaros.

12Esa gente clama, pero Dios no los escucha

por causa de su maldad y soberbia.

13Dios no atiende a peticiones huecas;

el Todopoderoso no las toma en cuenta.

14»Tú dices que no puedes ver a Dios;

pero ten paciencia, que tu caso está en sus manos.

15Según tú, Dios no se enoja ni castiga,

ni se fija en la conducta del hombre;

16pero eso que dices, Job, no tiene sentido;

hablas mucho pero no sabes lo que dices.»

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Cuarto discurso de Eliú

361Todavía añadió Eliú:

2«Tenme un poco de paciencia, y te mostraré

que de Dios aún tengo mucho que decir.

3Lo que de él sé tiene una larga historia,

y voy a demostrarte que mi Creador es justo.

4En mis palabras no hay nada de mentira;

¡tienes ante ti a la sabiduría perfecta!

5»Aunque Dios es grande y poderoso,

no desprecia a los de corazón sincero;

6no da larga vida a los malvados,

y sí hace justicia a los oprimidos;

7está al pendiente de los hombres justos,

para exaltarlos siempre junto con los reyes.

8Aunque estén encadenados y en la cárcel,

sujetos a las ataduras de la aflicción,

9Dios da a conocer sus malas obras

y la insolencia de sus rebeliones.

10Les abre los oídos para que se corrijan,

y los exhorta a apartarse del mal.

11Si obedecen a Dios y le sirven,

Dios les concede días de paz y bienestar;

12pero si no obedecen, la espada les espera

y mueren sin llegar a tener entendimiento.

13»Los hipócritas son rencorosos con Dios,

y no piden clemencia aunque sufran su castigo.

14Pierden la vida en plena juventud,

como la pierden los que se han prostituido.

15Pero Dios libra al pobre de su pobreza,

y en la aflicción le enseña a ser obediente;

16lo libra de vivir siempre angustiado

y lo lleva a lugares espaciosos,

donde le prepara un suculento banquete.

17»Pero tú no llevaste a juicio al malvado,

ni defendiste al huérfano en los tribunales.

18Cuídate de no dejarte llevar por las riquezas,

ni te dejes seducir por el soborno.

19Ante Dios, de nada te sirven todas tus riquezas,

ni todo tu poder y tu fuerza.

20No esperes que llegue la noche,

momento en que los pueblos desaparecen.

21Cuídate de no caer en la maldad,

pues por preferirla ahora sufres.

22Mira que el poder de Dios es sublime;

no hay maestro que se le pueda comparar.

23¿Quién le puede señalar el camino a seguir?

¿Quién puede reprenderlo por lo que hace?

24»No te olvides de exaltar su creación,

la cual admira la humanidad entera.

25Todo el mundo puede contemplarla,

no importa cuán lejos se encuentre.

26Dios es grande, pero no lo conocemos;

nadie sabe cuántos años ha existido.

27Dios reúne las gotas de agua,

y hace que el vapor se convierta en lluvia;

28las nubes contienen esa lluvia,

y esta cae en abundancia sobre la humanidad.

29»¿Quién conoce la extensión de las nubes,

o entiende el estruendo de los rayos en su seno?

30Dios derrama su luz sobre la tierra,

y cubre con ella las profundidades del mar.

31Con la lluvia da vida a los pueblos

y la tierra produce el sustento de muchos.

32Las densas nubes esconden la luz,

y la tierra se cubre de sombras.

33El trueno denuncia la ira de Dios;

la tempestad proclama su rechazo a la maldad.

37

371»Al pensar en esto, mi corazón se acelera

y parece querer salirse de mi pecho.

2Presten atención al estruendo de su voz,

y al potente sonido que sale de su boca.

3Oigan cómo retumba a través del cielo,

y cómo su luz alumbra los confines de la tierra.

4Tras su luz se oye un bramido

que estalla con majestuoso furor;

al escucharlo, nadie puede sostenerse.

5Dios deja oír su voz atronadora

y hace grandes cosas que no logramos entender.

6A la nieve le ordena caer sobre la tierra,

y también a las lloviznas y a las lluvias torrenciales.

7La gente corre entonces a esconderse,

y así todo el mundo reconoce sus obras.

8Las bestias del campo corren a sus cuevas,

y allí en su refugio esperan con paciencia.

9»Desde el sur, viene el candente torbellino;

desde el norte llega el viento frío.

10Dios sopla y forma bloques de hielo,

y hace que las grandes aguas se congelen.

11Carga de humedad las densas nubes,

y desde ellas manda sus rayos luminosos.

12Revuelve las nubes de un lugar a otro,

y las lleva por toda la faz de la tierra,

para que cumplan con todos sus designios.

13Dios las usa para castigar al hombre,

pero también para mostrar su amor por la tierra.

14»Tenme paciencia, Job, y escúchame;

mira con atención las maravillas de Dios.

15¿Sabes cómo Dios ordena las nubes,

y hace que el relámpago brille entre ellas?

16¿Sabes por qué las nubes son diferentes,

que son una maravilla de sabiduría perfecta?

17¿O por qué tu ropa te acalora

cuando Dios detiene el cálido viento del sur?

18¿Acaso lo ayudaste a extender los cielos,

y los afirmaste como reluciente espejo?

19Enséñanos qué debemos decirle;

nuestra oscura mente no nos permite ordenar las ideas.

20¿Debo anunciarme cuando quiera hablar con él?

¿Quién se atreve a hablar para ser destruido?

21»No se puede ver de frente la luz del sol,

cuando el cielo está limpio y sin nubes.

22Desde el norte vienen rayos dorados

que anuncian la imponente majestad de Dios.

23No podemos comprender al Todopoderoso;

grande es su poder, y grande es su justicia.

24Por eso los seres humanos le temen,

aunque él no teme a los que se consideran sabios.»